La distancia hace el olvido

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Mi juventud era menor que su juventud, pero los dos éramos muy jóvenes. El lugar de encuentro fue un cruce de caminos, alejado de donde residíamos ambos, el verano hizo el resto. En un pueblo pequeño, muy pequeño, donde todo era paz y sosiego, y el ser que yo era se reconfortaba de la existencia. Las noches eran largas, y corto el amanecer. El sol, el alcohol, la conversación y la amistad se entrecruzaban cada día para compartir la vida que se nos ofrecía nueva y amplia cada mañana, y se hacía vieja y angosta cada atardecer cuando el paso de cada jornada se extinguía y el crepúsculo traía la oscuridad, y la diversión nocturna se alargaba incesante. Unos y otros queríamos aprovechar y saborear cada instante; el verano es esa estación del desenfreno de los sentidos, de la inhibición interna superada, estamos eufóricos, las ganas de vivir se nos agolpan dentro del cuerpo y necesitamos sacarlas, nos hace daño tanta efervescencia contenida, el estómago se nos encoge, nos vuelan mariposas por él, en la garganta la congoja por la dicha nos ahoga, y en los ojos nos aparece un brillo de lágrimas contenidas, que sin querer nos afloran y nos empujan a buscar acomodo distanciado de los demás para calmar tantas sensaciones incontroladas e incontrolables. La vida nos supura por todas partes, somos felices o creemos que lo somos, y todo lo bello nos parece más bello, el campo, el cielo, las puestas de sol, todo nos transmite deseos de compartir y querer que otros disfruten lo que nosotros percibimos, y la necesidad de amar se nos antoja misión principal. En este estado de excitación mental y de todo el cuerpo, podríamos llegar a decir del alma, la conocí. Quizás fuese este el motivo del enamoramiento, esa predisposición física y espiritual unida sin duda a la juventud. Cuando somos jóvenes sólo nos importa el ahora y queremos abordar el día a día como si ya no importase el mañana, como si lo que deba venir no interese, puesto que no está aquí, y lo que está es lo que interesa y debemos aprovechar. Y estando en ese estado, su belleza me pareció más atractiva, su dulzura y timidez me fueron ganando poco a poco, y las noches de verano mirando el cielo, tumbados, viendo las estrellas en la más absoluta oscuridad, disfrutando la lluvia sideral, ese espectáculo natural bellísimo, hizo que se consumase esa atracción mutua. Alguna de esas estrellas nos cayó encima como meteorito, incendiando nuestros cuerpos, y las bocas se buscaron en lo oscuro, y se encontraron ansiosas una de la otra y los besos se hicieron largos y pausados a veces y voraces otras, y nuestras manos lujuriosas en busca de los cuerpos incandescentes no se cansaban de explorar y acariciar y sentir la piel que se erizaba por el escalofrío del placer y por el frío de la noche que ya era madrugada, y así una y otra vez, alargando ese verano que no queríamos cesase, que hubiésemos detenido como única estación, pero el tiempo nos quitó la razón y avanzó y avanzó hasta que Septiembre se nos presentó inquisidor despertándonos de aquel ensueño, de un estío de placeres y delirios, de despedidas aplazadas apurando cada instante juntos, sabiendo que nos quedaba poco tiempo y que cada minuto era ganado a un futuro incierto.

Luego vinieron las cartas en la lejanía, primero muy seguidas, contando las andanzas nuevas y la añoranza de lo pasado, del verano, de los besos y las manos, de los ojos y las sonrisas, de las palabras dichas y guardadas en la memoria para saborearlas en el silencio y la ausencia. Después las cartas cada vez en intervalos más amplios y espaciados, fueron enfriándose y quedando en descripciones simples y áridas, sin la floración del recuerdo. Y la distancia iba asesinando lo que tuvimos, y el día que me trasladé para visitarla, – en aquella ciudad que ya conocía y que era una de mis favoritas -, ella no apareció, había salido en otra dirección aún sabiendo que probablemente iría, y se consumó lo que intuía, el dolor que me afligía en la lejanía, lo que yo no quería saber pero sabía se me presentó con crudeza, y me marché de la ciudad sin poder verla aquel día. Siguieron llegando las cartas, pero ya no las sentía y las mías se fueron haciendo más frías. Sus fotos enviadas no despertaban la pasión que me trasmitían aquellos ojos brillantes en la oscuridad, bajo las estrellas, esos ojos que me parecían como aquellas. Y pasó lo inexorable, como pacto tácito, sin decirlo. El recuerdo se quedó en eso, sólo recuerdo querido y mimado durante un tiempo y luego guardado aunque nunca olvidado, pese a que la distancia hizo el olvido.

 

 

 

.     *Efecto Mariposa acompañados de Javier Ojeda, nos cantan que aunque la persona amada nos despierte todo nuestro amor, la distancia hará perecer ese amor…

No me crees

.     **NA: Publicado originalmente el 16 Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad, con leves cambios.

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Para vivir

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En ciertos momentos el paso del tiempo lleva a la certidumbre de que estuvimos equivocados, que lo proyectado no se cumplió, que se jugó a intentarlo y que la realidad se nos echó encima, que el cansancio nos venció, y que ya no queda tiempo para vivir, que por el uno o por el otro hemos fracasado y nos quedamos desnudos sin nada del otro que nos acompañe, y con el dolor de no poder sentir.

 

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.     *Serrat nos golpea con esta dura ruptura, en la que se va desnudo como llegó y Pablo Milanés nos llena de dolor por no ver futuro, por no poder sentir.

.        Cuando me vaya”                                 Para vivir

     

 

.     **NA: Publicado originalmente el 4 de Enero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad. No te pierdas las canciones son lo mejor de la entrada.

Egeo

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Mar Egeo, azules las aguas, cálido sol, asfixiante calor, sudores de cuerpos en combustión por el deseo casi recién estrenado. Antes, ruinas de Acrópolis y noches en las calles de Plaka inaugurando pasiones fueron testigo de agradables paseos. El mar los meció, saltando de isla en isla, con el inicio y descubrimiento de nuevos sentimientos alzados sobre ellos, algo diferente, no esperado pero si aguardado desde hace tiempo cuando todo en Madrid era futuro incierto, donde las salidas eran disimulo y disfraz ante el resto. La luz de las Cicladas los envolvía y los cegaba, todo era resplandeciente, todo era visión turbada por los momentos que abordaban sin buscarlos y que todo lo llenaban. Todo era perfecto, y los días fueron avanzando acercándose el final, las jornadas se hacían cortas, en el horizonte se veía próxima la conclusión de unos días que un mes antes no eran ni imaginados. Ella le sorprendió con una propuesta ni por asomo presentida por él, cuando le sugirió unas vacaciones juntos. La contestación afirmativa no se hizo esperar y se pusieron a preparar el viaje.

La relación entre ambos era más o menos continua los fines de semana desde seis meses antes pero una proposición de convivencia de quince días era algo que él mismo se sorprendió de aceptar sin ninguna duda inicial, aunque luego, tras la respuesta rotunda y sin concesiones a la vacilación llegaron los miedos y reparos en la soledad de sus pensamientos cuando se planteaba qué camino estaba siguiendo, qué derrotero estaba tomando esa relación qué iba tan rápida y vertiginosa, él que huía del compromiso y de la repetición estaba avanzando de manera directa, sin rodeos ni desvíos, sin ambages que distorsionasen la ruta elegida, o no elegida conscientemente; quizás llevado por la casualidad y acontecer de las situaciones que se nos plantean y suceden, sin que nosotros seamos conscientes de ellas, nos surgen y les acompañamos o ellas nos guían y dirigen y somos conducidos sin nosotros pretenderlo, como llevados por un destino o providencia que nos transporta y separa de otras sendas y lugares que quedan apartados y al margen. Y sin darse cuenta él, siguió esos pasos tantas veces negados y re-direccionados cuando los intuía invasivos o cercenadores de su libertad, con anclajes de afectos que atan y anulan el vuelo. Pero esta vez fue diferente, cuando notó ese futuro que era presente y cambiaba sus pasos, percibió que algo mudaba en su interior, que lo evitado antaño, no lo quería reprimir, que hoy quería sentirlo y no apartarlo y sí afrontarlo como un destino deseado y no como antes rehusado, huyendo y eludiendo el compromiso para evitar dejar de ser uno y convertirse en dos, esta vez, no lo sorteó. Y después de esta travesía en su pensamiento, este cambio tan profundo, esta evolución, que lo había dejado con los sentimientos al aire, llegó esa proposición inesperada pero recibida con gran felicidad y a la vez turbación, -¿nos vamos de vacaciones juntos?, tú y yo, solos -. Apresurado dijo sí. Y el viaje fue mejor de lo esperado, el lugar idílico; Grecia y sus islas y su mar Egeo fueron el entorno fantástico en el que disfrutar y descubrirse uno al otro, donde el tiempo detenido servía para conocerse más, compartir los momentos que hasta esa ocasión les eran ajenos, todas las horas juntos, todos los instantes unidos, prueba para un posible mañana que aún era lejano.

Y el regreso se hace doloroso, siempre el fin lo parece, uno no quiere volver a la rutina, que asusta y ensombrece, que aburre y disipa el recuerdo grato de lo sucedido, y ese dolor se hace extenuante cuando se agrava, cuando no se entiende porqué pasa lo que pasa, qué hubo, qué se escapó al entendimiento que no se vio en ese momento. Allí casi todo fue perfecto, no entendía la ruptura si no hubo desencuentro, una semana después de volver llegaba el silencio. Barruntando cual era el problema, las llagas ulceraban la conciencia, las llamadas no eran respondidas, las palabras no se decían, y esquivadas las posibles citas no entendía que reparos había en ella. Pasó una semana y otra, y otra más, los mensajes dejados no eran contestados, y la tristeza calló inexorable, y como un cielo tormentoso, quedó gris su día a día, el recuerdo soleado de las fechas pasadas ya era imagen casi imaginada, era sombra convertida en vaticinio de lo que ya no será, de las luces que estarán en el olvido, ahora deseado, por estar tan dolido y traicionado. Y cómo entender que la dicha, que parecía compartida, de pronto quede quebrada, y sólo haya sido un espejismo, y él, se pregunta si era real su sonrisa, si sus actos eran verdaderos y no fingidos. Cómo pudo no intuir que lo vivido, podía no ser real, solo una puesta en escena. Y se pregunta muchas veces cómo no tuvo un presagio ni revelación que le alertase que algo no sería como creía, como sentía y vivía, que lo que estaba sucediendo no era definitivo ni puerta a un mañana pleno de proyectos e ilusiones, y que al regreso de esos días estivales, todo se convertiría en invierno, crudo invierno, cuando al fin consigue arrancarle de su boca y no solo de sus actos, ese definitivo – “no quiero verte más” -, y toda la decepción que había ido acumulando se le viene encima, y lo deja hundido y todo lo que siente es soledad, y ve las playas y el mar azul, y las ruinas, que ahora son sus ruinas, no ya sólo de imperios antiguos, si no las de su vida actual.

 

 

.     *Vega, nos trae hoy la música para este relato lleno de decepción.

Cuanta decepción

.     **NA: Publicado originalmente el de 28 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad levemente retocado.

1987 un sueño ardiente

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El frío me hace recordar que todo se truncó, que en esta ciudad siempre es invierno cuando no estás tú, que ya la primavera no entrará en la capital. Hoy me doy cuenta que cada abrazo que me dabas que cada beso recibido y dado no fueron para nada, que aquel 87 fue un año especial, que nuestro amor era sincero mientras duró, ese sueño ardiente nos mantuvo en un idilio que nunca creímos efímero. Hoy me doy cuenta que los labios partidos a besos nos dejaron con las bocas heridas de tanto hacerlo, y al principio, cuando encuentren otros labios escocerán los nuevos besos. Ahora que sé que te fuiste para no volver, me siento solo y sé que me olvidarás y encontrarás otros caminos y paseos que recorrer junto a otro que no seré yo, no te lo echo en cara, ni te lo reprocho, solo soy consciente hoy que eso pasará, tú no irás a buscarme ni yo te cogeré la mano, y tu brazo no se colgará de mi brazo, no nos perderemos por las calles de esta ciudad que hoy tan fría me parece, el invierno se prolongará indefinidamente y quizás tenga que migrar, todos los lugares me recuerdan las caminatas sin destino que ambos hacíamos, hoy soy consciente que nada volverá, tus pasos y mis pasos se podrán encontrar pero no irán uno al lado del otro más, lo probable es que se crucen con la cabeza baja, evitando mirar, yendo acompañados de otros que nada sabrán.

 

 

.    *Un año con sueños ardientes es especial para bien o para mal, Nadadora nos lo cuenta en estas canciones.

1987”                     “El sueño ardiendo

 

.     **NA: Publicado originalmente el de 4 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad levemente retocado.

Para no olvidar

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Solo sé que no sé nada de tu vida, creo que nunca te llegué a conocer aunque estuvimos muy cerca pronto nos apartamos uno del otro, presenté mis credenciales a tu risa pero tú no me devolviste la mirada, seguramente si alguna vez te encuentro será dormido, pero mientras tanto déjame soñar que me quedo en tu cintura atado hasta la mañana, y si un día me reconoces pasa de largo no quisiera salir de este letargo, estropear este recuerdo que tengo como una lanza en el costado, doloroso como una canción de amor despechado, como sentirse abandonado, y que recreo para hundirte más en el alcohol, pero que saboreo como si fuese lo único que hace de la vida tener sentido, trágico, pero sentido.
Cuando pienso y repienso, lo que trato de decirte es que no quiero salir a buscarte por no correr el riesgo de encontrarte, que me desespero de esperarte pero que me aterra la idea de encontrarte y no saber decir que no, que el recuerdo me invade pero que quiero que sea solo eso, recuerdo, iluminado por las noches en bares, desterrado de la conciencia para no sufrir un amor impracticable.

 

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.     *Hoy acompañados de unos jóvenes Los Rodríguez capaces de transmitirnos todas sus amarguras bajo un rock teñido con toques de rumba como ellos mismo reconocían.

Para no olvidar”                                   “Todavía una canción de amor

 

.     **NA: Publicado originalmente el 17 de Enero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

.     ***La música siempre inspira y este texto viene de la mano de estas dos buenísimas canciones; eran mis primeros pinitos escribiendo y básicamente uno reinterpreta, acomoda y reutiliza en el texto parte de las canciones para crear algo propio.

Todo pasa

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El hielo no me produce tanto frío como el que me provocas, no quiero verte más, ni tus recuerdos tener cerca, romperé tus fotos para poder librarme de este frío que tu presencia me causa, tus cartas las quemaré para que tus palabras no me congelen el alma, destruiré todo lo tuyo para poder sobrevivir, ya no queda tiempo para soñar, es tarde para todo lo que ayer fue y mañana no será, para que tu asistencia a mi vida no sea destructiva, el desapego que ahora quiero es para poder avanzar, para irme a un bar a emborracharme y lograr olvidar, tengo miedo he de reconocerlo, pero todo pasa y antes o después debo conseguir borrar tu cara, y buscar otras bocas que mi boca quiera besar, ya no me miento como tiempo atrás, no quiero que el frío me vuelva a paralizar, y no quiero pedir perdón, solo abandonar lejos tu evocación, quiero convencerme a mi mismo que todo pasa y arrinconar este frío que me abrasa.

 

 

.     *La Mosca tsé tsé nos trae con su música festiva el desamor destructivo que se necesita para borrar las huellas del pasado y recordarnos que antes o después todo pasa.

Para no verte más”                                                                    “Todo pasa

 

    

.    

 

 

 

 

***NA: Publicado originalmente el 30 de Enero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

Sin tu rostro

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ilustración de Rosa Fuster Serquera “Volver a empezar”

 

 

Borré tu rostro de todos los lugares

que me fueron posibles,

de todos los cuadros que te pinté

y aún te pinto

pensando que así no me dolería tu presencia,

que difusa tu imagen a fuerza de emborronarla

se iría desprendiendo de mí,

pero me engañaba a mí mismo,

no podré borrarte nunca

pues aunque allí ya nadie lo viese

ni mis ojos lo atestiguaran

yo te seguiré viendo,

completando la imagen,

es imposible borrar lo tan amado

y tan odiado a la vez,

tendría que cortar mi cabeza

y no la tuya, para extirpar tu imagen

definitivamente de mí,

para eclipsar tu rostro

y el recuerdo doloroso

de la ausencia decidida

solo por ti.

 

 

.     *Probablemente el protagonista desee que ella se queme en el infierno, como nos cantan Niños Mutantes en esta buenísima canción.

El Infierno

Náufragos - Niños Mutantes

 

.     **NA: En el blog “el bic naranja”, antes Fernando Vicente y ahora Anita Dinamita, los viernes propone un ejercicio de creatividad, mostrando un vídeo o una foto o un texto para que cada uno desarrolle y cuente la historia que le sugiera ese elemento; catalizador y detonante. Arriba leíste como poesía la aportación que hice allí en prosa sobre su propuesta;

      “Es en vacaciones cuando tenemos tiempo para pensar en cambiar de vida. ¿Qué historias te sugiere esta ilustración de Rosa Fuster Serquera “Volver a empezar”?

 

Ruido

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Oigo al otro lado del muro, de la pared, detrás de los cuadros colgados, traspasando esos recuerdos de viajes que descansan por encima de mi cabeza, arriba del cabecero de la cama. Escucho, aunque no entiendo todas las palabras, lo que más me llega son gritos y reproches. No los comprendo, intento adivinarlos. Las voces elevadas, las palabras malsonantes, me alteran, alteran mi descanso, me ponen en tensión. Es recurrente esta situación, las quejas de tono increpante se lanzan a los oídos del interlocutor, y éste contesta a esas palabras con otras que no percibo nítidas, siempre unas más altas que otras. Uno grita, el otro contesta con menos violencia, al menos con menos alarido. Parece que vocear le gusta más a uno que a otro, quizás el que brama con insistencia cree que así llevará la razón o quién sabe si es la manera que tiene de cargarse de ella, de una razón que no tiene o duda de ella. Y el contrincante en este duelo, se desespera de la chillería y termina por vociferar también, aunque es breve, enseguida recupera el tono bajo, más sosegado aunque su estado anímico no lo sea. No consigo saber el motivo de la discusión, pongo toda mi atención para saber. Será por ellos dos, será por el hijo, que muchas veces es el blanco de los aullidos. No lo puedo averiguar. Lo único que percibo es el desamor, cuando un sainete de este tipo se representa tan a menudo, te das cuenta que el amor se fugó, solo queda el aguantarse, el estar al lado uno del otro, solo queda la soledad compartida. La representación suele ser nocturna, algo que me desespera. El silencio absoluto lo envuelve todo, el sueño está llegando a mecernos, el descanso comienza a relajarnos, y de golpe, un chillido me sobresalta, luego un ulular constante que me desespera, es de madrugada y no hubo antes indicios de posible reyerta, no comprendo que pasó, de donde surgió tal desencuentro. Uno de ellos se desgañita, argumentando algo que es censurado por la otra parte, la otra que habla en vez de gritar, esto hace que no pueda coger el hilo del problema. Me dan ganas de golpear la pared, esa que nos separa, pero que no es suficiente para aislarnos. Quisiera no escuchar lo que oigo, me da miedo que un día esto acabe mal. Nunca se oyeron golpes, solo palabras, palabras insultantes, provocativas, de crítica, expresiones duras de agravio. Humillaciones verbales que son tan dolorosas como las físicas. Me pregunto como soportan vivir bajo el mismo techo, después de arrojar ese vocabulario feroz uno contra el otro. Y sigue la confrontación, la conversación si se le puede llamar así, va y viene en la noche, la voz sube y baja, el delirio acompaña cada instante, el menosprecio es infame. Después de lo oído una y otra vez, esperas oír una puerta cerrarse con gran estrépito, pero no llega, no llega ese portazo violento que cese el ruido y el zumbido de la pelea. Lucha de lenguas hirientes, de lenguaje asesino, de embestidas que pretenden dañar hondamente. Dónde quedó el amor que se tuvieron alguna vez, en qué lugar quedó enterrado, o abandonado ese cariño, para que surjan estas estocadas que buscan el mayor de los males en la mente y el cuerpo del otro. Pienso que cualquier día se oirán sirenas y cachetes y zurras y fricción física y objetos golpear y caer y romperse en pedazos, como ya lo está la vida y sentimientos de ellos. Y avanza la noche y la disputa comienza a disiparse, no igual que llegó abruptamente si no que poco a poco, no sé si por el cansancio o porque se les acabó la batería de rencores o porque la noche les derrotó, pero el silencio se va haciendo dueño de la oscuridad, y cada vez se oyen menos los sonidos que emiten sus bocas manchadas de sangre de las dentelladas dadas al aire con rigor de dañar y molestar, y ya todo vuelve a la calma y tardo en asimilar lo sucedido y tardo en dominarme y dormirme y dudo que esas personas puedan compartir lecho y me pregunto como podrán compartir algo si parece unirles nada.

 

 

.     *Sabina nos trae todo el ruido que nos acompaña cuando las promesas de amores eternos se diluyen con el tiempo, y quedan en nada.

Ruido

 

.     **NA: Publicado originalmente el 8 de Abril de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Mi imagen se hará en ti

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Te escribo y me recreo en contarte toda mi vida, en decirte que todo va bien, y sé que ya no es lo que era, que ya no esperas mis cartas, que esporádicas te llegan y las lees con desidia y pocas ganas, que mis recuerdos, no ocupan un lugar en tu cama. Sé que lo escrito está transmutado, no consigo llevar a tu lado todo el sentimiento que sale de mis manos, y de mi cabeza, que rehace un pasado ya lejano. Todo fue quedando en el olvido, allá en el desván que fuimos llenando con momentos y días, uno tras otro, amontonados ahora como bártulos y muebles viejos, sin orden, y enmarañados no nos dejan movernos libres por aquel espacio diáfano que era nuestra vida. Y al moverlos para intentar hacer hueco para otros nuevos se nos vienen encima, y nos caen y aplastan, y de repente todo se transforma en aquellos días, vemos aparecer nítidos esos momentos que antes apilados y hacinados no veíamos o no queríamos ver. Los teníamos tapados para no mirarlos o los creíamos perdidos y nos sobresalta encontrarlos, algunos con muchos arañazos y roídos por el uso que los dejó mal trechos, otros tan nuevos y conservados por el tiempo, que duele haberlos apartado y no entender lo que hicimos con ellos. Incluso con esos rallados y dañados nos confraternizamos, esos que fueron puestos allí por deseo y con cariño, o con imposición y rencor, o por despecho, detestados o amados todos están mezclados. Y cuando te escribo sacudo los trapos que tapan tus recuerdos y la polvareda me confunde, creo que lo que te cuento no fue, tengo la sensación de cambiar aquel tiempo. Si lo que ahora veo de aquello, fue lo que veo, por qué estamos separados y estoy aquí, en otro lado y rememorando otros momentos, no sé en qué me equivoqué. Y al pasar otra vez por ellos, un halo nos nubla la vista, y creemos tener ante nosotros lo acontecido, pero tamizado por un recuerdo matizado, queriendo, inconscientemente encontrar lo bueno de ellos, sólo lo bueno. Te lo digo todo desde la palabra, que se convierte en voz, en grito desesperado, por la necesidad de contarte que sigues aquí, que formas parte de mí, que sin yo saberlo lo has sido siempre, y hoy vuelvo a escribir, consciente que ya nada significa, que no es lo de antes, y no hay hueco. Pero yo lo necesito, no quiero respuesta, simplemente que sepas. Es mi terapia para no perder la razón, es una manera de ahuyentar los espíritus de mi corazón, la cabeza recrea lo que quiere y como quiere, y eso deja la mente dolida, por dudar del recorrido elegido. Siempre la duda, dudas de cómo pudo haber sido, si lo dicho no hubiese sido dicho, si lo no dicho se hubiese dicho, si las llamadas esperadas hubiesen sonado o si se hubiesen marcado los teléfonos, si las llamadas recibidas hubiesen sido contestadas y no esquivadas y falsamente evitadas, con excusas interpuestas por terceros, que se hacen cómplices.

Con la distancia se ve todo con extrañeza, decisiones tomadas con la mente joven y desligada del futuro, futuro que vemos lejano, y pensamos que no estará afectado por intrigas juveniles o no tan juveniles, con determinaciones poco meditadas o nada caviladas, y ensombreciendo estos días de hoy por la presunción de equivocados caminos, y hoy te vuelvo a escribir relatando este “no olvido”, desdeñando tu rechazo, y esperando tu sorpresa al recibir unas palabras escritas, que no te hablan, si no que susurran, y tú las verbalizas y repites cuando lees, y tu espalda se encrespa, y aunque tú lo quieras eludir, mi imagen se hará en ti.

 

 

.     *Hoy completando el texto La Quinta Estación, nos dicen que aunque las nubes se marchen el sol no regresa, que algunos recuerdos ensombrecen el mejor de los días, y entonces cuesta decir adiós o entender porque se dijo adiós.

El sol no regresa”                                                  “Cosa de dos

 

.     **NA: Publicado originalmente el 24 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Tiemblo

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Suena el teléfono y oigo tu voz, que noto fría, distante, sin la calidez de antes, de hace un día. No siento ese terciopelo suave y confortante que siempre fue. Escucho, y lo que intuyo vendrá, ensombrece mi día. Te siento dubitativa, con frases entrecortadas, frases que no terminan de expresar a donde quieres llegar, y yo mudo. Me da miedo seguir la conversación, no quiero articular palabra, no quiero que esto continúe, veo que me va a doler, y mi silencio te empieza a desesperar, llevas hablando unos minutos y me has repetido varias veces, si sigo ahí. Y sí que sigo, pero no lo quisiera, estoy pero intento no estar, intento pensar que lo que me llega a través del teléfono es un mal sueño, una pesadilla, de la que si sigo callado me despertaré y no habrá sido. Mi mente vaga con tu voz de fondo, voz amada, voz primaveral, voz que hace florecer lo mejor en mi, voz que como agua sacia mi sed, y cala mi interior, dándole frescor y humedad. Humedad que ahora se me desborda por la mirada. Vuelo lejos con tus palabras que me mecen, me llevan lejos, muy lejos, porque no hago caso a lo que significan, sin embargo noto que esas palabras me zarandean cuando entiendo su sentido, pero rápido lo eludo, prefiero no saber lo que me dices, pero no me dejas seguir extasiado y ausente, me repites qué si estoy ahí. Y ya bajo a la tierra y contesto que acabo de llegar, de aterrizar, que tus palabras me hicieron dejar de estar en el cielo, que me has devuelto a una realidad no esperada, en la que me dices que todo se acaba. Y vuelvo a callarme, para escucharte decir que no lo tome a mal, que seguiremos siendo amigos, que nada ha de cambiar. Pero yo no lo concibo sin algo más, y vuelvo a no querer escuchar, intento que el silencio solucione lo que no tiene solución. La angustia llega a mi garganta y ya el silencio no es elegido, es provocado por la imposibilidad de hablar, no me salen las palabras, solo emito un leve sonido, breve. Aspiro y trago saliva, y sorbiendo ligeramente por la nariz, evito romper a llorar. Empiezo a sentir en todo el cuerpo lo que la mente ya no puede soportar en soledad, y empiezo a temblar.

Tiemblo yo y tiembla mi voz, que se vuelve trémula y vibrante, que se escapa de mi boca con temor, con miedo a que mis palabras me lleven a un punto de no retorno, me lleven a decir cosas que no quiero decir, que me hagan daño o te hagan daño a ti. No quiero que las palabras que oigo venir de ti, se transformen en mi boca y las asuma, diciendo sí, lo comprendo, está bien así. No deseo asumir todos tus argumentos, ni entenderlos. No quiero preguntar, el cuándo y el porqué. Saber me puede doler, vuelvo a pensar que callado todo se va a resolver, no quiero que me cuentes como fue, si te besaste con él, si el adiós que me dices no es de hoy, ni de ayer, si es venidero de más atrás y que lo dilataste hasta cambiarme por completo por otro. Y ni siquiera quiero suplicarte, ni hacerte recordar lo que hubo hasta ayer, hasta hace unos minutos. Y sigo aquí parado, de pie con el teléfono en la mano, ya no escucho tu voz, solo silencio, que acompaña a mi silencio, hace rato que me has dicho; -“Voy a colgar”-.

 

 

.     *Los míticos Hombres G, nos prestan su música, y su temblor por la ruptura, al igual que el protagonista del texto.

Temblando

 

.     **NA: Publicado originalmente el 22 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.