Refugiado

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Llevaba en el baño varios minutos, ahora se miraba al espejo, había estado sentado en la taza con los pantalones bajados como si estuviese orinando, pero no lo había hecho, era casi una forma inconsciente para dar más realismo al motivo de estar en el aseo, pero después de varios minutos con la mirada perdida al frente, con los pensamientos abstraídos, pensando sin pensar, se preguntó en voz alta qué hacía, porqué estaba ahí encerrado fingiendo que tenía ganas de miccionar y por tanto sin echar una gota, -miccionar, esa palabra cursi siempre le hizo gracia, y esbozó una sonrisa, una mueca incongruente con su estado-. Casi se le saltaban las lágrimas, apretaba los dientes tensando toda la mandíbula, casi hasta hacerse daño. Rabia, era rabia lo que sentía en ese momento, y tristeza, se sentía muy triste.

Una vuelta de tuerca, un nuevo desencuentro, un alzar la voz, y decir cosas sin pararse a pensarlas, sin reflexionarlas. Había vuelto a pasar, su verbo brotó sin medida, había sucedido de nuevo, le había sacado de sus casillas, y sabía que esto le iba a pasar factura, los nervios se le cogerían a la tripa y estaría con dolores y malestar al regreso, ya casi esos nervios le tenían atenazado el estómago. No quería salir, pero no había otra opción, no podía volatilizarse de aquel lugar, de aquella situación, y que nada hubiese pasado, un salto en el tiempo de hace unas horas anteriores a unas horas posteriores. Y que lo pasado no hubiese existido, como un agujero en espacio-tiempo.

Últimamente los enfrentamientos eran más habituales, demasiado habituales diría, choques por todo, por lo más nimio, por lo más absurdo. Ahora, frente al espejo, en aquel lugar que olía a humedad, con paredes llenas de garabatos, se contemplaba perplejo. Sentirse como un niño que se encierra en el baño, no le gustaba, era adulto para afrontar los problemas, sin rehuirlos. Pero no era así, aunque más que huir de ellos, solo evitaba afrontarlos, mirarlos a los ojos, simplemente lo intentaba dejar estar, ahí aparcado a un lado como si ello solo se pudiese solucionar, como si el tiempo hiciese lo que él no se atrevía a solventar, a poner fin al asunto incómodo que día tras día iba creciendo como monstruo amenazante, como pesadilla en noche oscura y tormentosa. Todo se había acentuado últimamente, y la desgana de compartir se había instalado en él. Se dejaba llevar por la inercia de estar, por la rutina, por el miedo a la ruptura, miedo a empezar de nuevo, de cero, sin mochila, sin carga, salvo la de los recuerdos, los rencores y desprecios, que de esos iba a ser difícil desprenderse, si es que alguna vez optaba por ello, si se decidía a no arruinar más tiempo su vida, si quería aprovechar el tiempo que aún tenía. Cada día que dejaba pasar se daba cuenta que era un día perdido, un día errado en su búsqueda de felicidad.

 

 

 

.     *Como en un búnker a salvo se siente en el baño y no quisiera salir, y se querría evaporar como en la canción de Love of Lesbian, para desaparecer y huir, pero a él también le falta valor.

Belice

Love of lesbian. La noche eterna-los días no vividos

.     **NA: Publicado originalmente el 17 de Junio de 2013). Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

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Un reflejo en el azogue

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Ahora ya no puedo entrar en uno de ellos sin estremecerme un poco, sin cierta nostalgia, sin cierta tristeza, sin ese recuerdo asolador que me hace mirar el espejo y ver mi rostro tenso y algo ensimismado, retrotraído a otro lugar, a otros lugares que no son ese, pero que pudieron serlo, incluso dudo si ese mismo alguna vez no lo fue, aunque no es seguro, quizás fue otro de la misma “cadena”. Cuando así sucede, cuando son de una misma cadena,- ya casi no hay que no lo sean-, no se sabe si se está en una u otra, la de una calle o la de otra, todas son casi exactas por completo, hasta las perfuman con el mismo aroma para que sepas que estás en una de ellas, dando igual, incluso la situación geográfica. Cuando aparto la cortina y luego la corro o cierro la puerta, cuando la hay, y me giro, y frente a mi  queda el espejo, ya no me veo en ese momento, el espejo me devuelve la imagen de otro tiempo, cuando el deseo chisporroteaba en mis ojos y en sus ojos, y veía en él los nervios de la situación, del sexo furtivo, del orgasmo ahogado para no ser descubiertos. Veo en ese espejo su rostro tensarse, su mandíbula apretarse, y sus ojos cerrarse. Veo una figura detrás de mí, veo mis pechos libres del sujetador que me liberó, para acariciar mis senos, para sentir mis pezones endurecerse, como me suele pasar ahora cada vez que entro en uno de nuevo. Las prendas elegidas quedaban colgadas a la espera, mientras la ropa traída y desvestida era arrinconada, para vestirme con sus besos y sus caricias que abrigaban con un calor desmedido, y un rubor que quemaba tomaba mi piel blanca, y se licuaba mi entrepierna aun antes de tocarla, como ahora cada vez que lo pienso, cuando su mano descendía por mi vientre buscando mi vello, suave y recortado, acicalado para un dulce encuentro. Y yo, entre noes apagados y mentirosos, desmentidos por el deseo exacerbado, me apartaba y me giraba para no continuar con aquello, que era locura y peligro y miedo de ser descubiertos. Le pedía que me dejase probarme la ropa, que no era el momento, y él siempre decía; -No te preocupes, hay tiempo-. Entonces él, ante mi desnudez para probarme los ropajes, me cogía desde atrás y me abrazaba con todo su cuerpo. Yo no sentía su piel si no su ropa, menos allá abajo, en dónde ya percibía fuera su falo inhiesto, tan caliente como todo mi cuerpo. A veces caían sus los pantalones al suelo, otras solo su miembro quedaba del pantalón saliendo. Ya no le podía ver de frente ya solo le miraba a través del espejo, sus besos por mi cuello, sus manos acariciando mi sexo, mi húmedo sexo, que ya manchaba hace rato el tanga, con los flujos de mi deseo. No podía negarme a nada, el temblor recorría todo mi cuerpo, trémulo por las ansias de sentirle más pronto que tarde dentro. Veía como mi cuerpo se doblaba hacia adelante, en busca de esa imagen proyectada en el azogue, y mis nalgas buscaban impávidas su movimiento pélvico, cerraba los ojos y ya dejaba de ver su imagen para imaginármela embistiendo, con bravos movimientos, sin pausa ni mucho alarde técnico, deseando que durase hasta el último momento, que no se derramase antes de tiempo, que su sexo siguiese duro, bien entrando y saliendo. Acelerados por el riesgo, en vez de bloquearnos, lo que hacía es que esa excitación nos llevaba a culminar desaforadamente en un breve espacio de tiempo, pero ampliamente satisfactorio, llegando a un orgasmo simultáneo, terminando con las respiraciones sin resuello, acalladas para no delatarnos del acto clandestino. Reconozco que muchas veces en su compañía busqué ir de tiendas sin necesidad, o dando un paseo, decidía entrar en algún comercio, sólo para buscar ese encuentro, siempre deseosa de que él se lanzase a ello, o si no lo hacía yo le provocaba el deseo. Ahora ya no está, desapareció de mi lado. A veces creo que hace una eternidad de su marcha, otras veces creo que fue ayer mismo, cuando sus recuerdos son tan presentes que es impensable que fuesen de hace muchos días o semanas o meses. Pasado este tiempo y sin quererlo, correr la cortina y mirar al espejo es estremecerme por dentro, y en algunas ocasiones con la cabeza en ese otro tiempo, fluye mi pensamiento y miro por encima del hombro esperando ver su cuerpo, y creo que lo veo y no puedo evitar llevar mi mano a mi sexo, y acariciarlo y sentir mis dedos como sus dedos, buscando mi clítoris como en aquellos silencios de labios mordidos, de turbación por lo furtivo, y avanzo y sigo hasta llegar al último suspiro, y me vuelvo a mirar en el espejo que he evitado para creer que era aquello, aunque no me engaño y sé que era ficticio y falso ese momento. Le echo de menos, como en casa, como en el parque o en el paseo de domingo después del largo aperitivo que nos llevaba algo beodos y aturdidos por el alcohol a vagar por el casco viejo. Calles, que me pregunto si recorrerá con otra. Me pregunto si se habrá olvidado ya de que existo, o al contrario, también él, al ir de tiendas recordará esos instantes de manos ávidas y besos lúbricos, de excéntrico y algo demente comportamiento, más propio de jóvenes, que ya no lo éramos. Anhelo sus delicadas manos, de suaves caricias y su forma de tocarme; nadie lo ha hecho como él. Añoro su mirada limpia y directa tan chispeante siempre sin necesidad del reflejo, y algún domingo tras un largo aperitivo, algo tomada, recorro las calles del centro, y casi sin darme cuenta busco sentir y encontrar de nuevo todo ello al descorrer la cortina y ponerme frente al espejo.

 

 

 

 

.     *Hay lugares con espejos traicioneros que nos devuelven la imagen y el recuerdo de un comercio de caricias que desaparecieron, como nos cantan Esclarecidos.

Por amor al comercio

esclarecidos - poramoralcomercio87

.     **NA: Publicado originalmente el 25 de Febrero de 2014. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Dominio y sumisión

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Dominio y sumisión

Estoy susurrándote al oído las palabras que te excitan, que hacen que tus pezones se endurezcan. Pezones erectos que se me clavarán en mis palmas, pezones que pellizcaré y estiraré hasta el dolor, que no podrás verbalizar. Pezones que culminan esos pequeños pechos que tanto me gustan, senos que puedo acariciar por completo como frutos que recolecto. Pechos que amasaré con fuerza y fruición cuando introduzca el pene que llevo amarrado a la cintura. Y arqueas tu espalda en busca de mi cuerpo, que te domina, y que deseas que siga siendo así, aunque también deseas que no me demore, que avance más rauda hacia el orgasmo que te llegue explosivo. Pero yo disfruto tanto viéndote desear lo que yo te puedo dar que no puedo más que alargar tu agonía. Disfruto tanto dándote como tú recibiéndome. Te musito al oído, que te partiré en dos con la tranca que te entrará por detrás con la violencia y daño que añoras sentir, quizás incluso sientas la humedad de la sangre deslizarse por la entrepierna en el desgarro doloroso, y tu piel se eriza de pensar lo que te anuncio venidero, pero no será ahora, no serán aún las embestidas que anhelas, de un daño orgásmico. Aún queda mucho juego para tu deseo, para mi deseo, mi sumisa, sabes que no hay amor que solo es sexo.

 

 

.     *Los Romeos con su sonido guitarrero nos cantan que esta noche no la olvidarás, como a buen seguro, ellas tampoco la olvidarán.

Muérdeme

Los Romeos

En el blog “el bic naranja”, su autor Fernando Vicente, los viernes propone un ejercicio de creatividad, mostrando un vídeo o una foto para que cada uno desarrolle y cuente la historia que le sugiera ese elemento que actúa como catalizador y detonante.

Me traigo aquí mi aportación que hice allí a vuela pluma, sobre la foto que adjunto y de la que Vicente dice no saber su autor. Como siempre, completo el relato con música, esta vez con las potentes guitarras de Los Romeos.

 

.     **NA: Uno está tentado a retocar el texto viendo las imperfecciones del mismo, (que son muchas), pero me resisto, puesto que el juego es el de la improvisación y el resultado que se consigue en el momento, y así lo dejo.

.     ***NA: Publicado originalmente el 3 de Febrero de 2014. Hoy recibe una segunda oportunidad.

La humillación

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Uno no sabe lo que es la humillación hasta que no ha sido puesto frente a ella o la ha sufrido, aunque a veces uno se expone a ella y la nutre con sus actos o sus palabras y no se da ni cuenta de que se está humillando a sí mismo. Verla de frente, si son otros el objetivo de ella es doloroso y apena y avergüenza, por lo que uno ve, y piensa en la aberración que está presenciando, como cuando uno mira un programa de televisión y el que sale en pantalla es vilipendiado o sirve de diana para la mofa y escarnio de esas personas que le rodean allí si está presente en el plató y si no está da igual, lo denigran y calumnian igualmente, con grandes gritos y aspavientos; o cuando el invitado o entrevistado habla y se expresa fatal por su falta de costumbre ante las cámaras o a veces por incultura y falta de estudios; o todos esos que por la calle responden incongruencias a periodistas o reporteros, y en todos estos casos viéndolo uno se pone colorado por vergüenza ajena y ha de cambiar el canal, y parece que así se libra de ello y descansa de tal turbación.

Y también pasa escuchando la radio, cuando entra en antena una llamada y lo que dice el oyente o escuchante, que ahora dicen, como para darle categoría, no sé ya si a la persona que está al otro lado de las ondas o por vanidad de los profesionales de la radio que se sienten mejor pensando que para quienes hablan les escuchan y no solo les oyen, cosa que me parece horrenda y pretenciosa, aunque lo hagan para darle más empaque a sus seguidores, en el fondo me suena más que es para alimentar su propio ego, no sentir que hablan a la nada, que hablan para nadie. Como decía, también en la radio aparece este sentimiento de bochorno, a veces uno escucha el relato de quién ha llamado a la emisora a dar su opinión entrando en directo o dejándola en un “contestador” y uno intenta pasar de ser escuchante a ser sólo oyente puesto que lo que escucha es penoso, no ya solo por la idea transmitida si no como lo transmite, o se desmarca hablando de algo que no viene a cuento al programa, y es entonces cuando indefectiblemente se va la mano para cambiar el dial y poder librarse de esa humillante imagen que está dejando de sí mismo esa persona, que quizás ni se da cuenta de que se está poniendo en evidencia. Pero en estos casos se es un elemento pasivo, meros observadores y escuchadores, aunque las situaciones nos azoren hasta el punto de intentar desprendernos de aquella visión o de aquellos discursos que nos parecen deleznables para el sentido común, en cambio hay otras situaciones en las que somos participes, protagonistas en esa humillación, no ya impuesta por nosotros mismos ni elegida como algunos de los casos anteriores, si no infligida por otros, unos que creyeron el deber de dar un escarmiento, so pena de limpiar su honor. Un ajuste de cuentas, de unas cuentas que uno no cree deber ni ser moroso de nada para con ese que ahora quiere cobrar para su regocijo y reposición de honra. Invitados como elementos activos de la situación aunque nos reservan un papel pasivo.

De cualquier modo, verlo de frente  y sentirlo si no eres tú el humillado tampoco es lo mismo que si la humillación cae sobre ti, y la vejación se hace en tus propias carnes, y se ceba en tu rostro y en tu dolor y en tu llanto; perdida la dignidad, por el miedo y la indefensión y la repulsión al acto no consentido.

Es un sentimiento horroroso cuando se sufre, quizás difícil de imaginar si nunca has pasado por ello. Lo más próximo a veces es escucharlo de la boca de otros que tuvieron que pasar ese mal trance e incluso les cuesta pensar que la desgracia cayó de esa manera sobre ellos, y no aciertan con las palabras que determinen sus sentimientos, su estado anímico de ahora y de cuando lo sufrieron. El de ahora puedes intentar intuirlo si consigues verle los ojos; bajos, arrastrados por el suelo, van con la cabeza baja, muy agachada como con un gran peso, triste la expresión y el llanto en el borde de los parpados siempre a punto de salir. Pero el de aquel día no se puede intuir ni por aproximación saber si antes no lo has visto, no has visto el rostro del humillado en pleno acto, en pleno momento de ofensa y burla. Pero yo sí lo vi, brevemente o no tan breve siendo sincero; el morbo hace que uno se recree en esas cosas que siempre dice nunca vería, o por las que asegura no se dejará llevar por asco o aprensión y convencimiento de que mirarlo no te hace mejor persona y al verlo formas parte de ello y eres participe de algo nauseabundo, y en vez de apagar o cambiar de canal o de dial como siempre uno hace, o procura hacer y defiende esa postura ante otros, se deja llevar por aquello que resulta hasta desagradable visionar.

Las imágenes no necesitaban grandes comentarios, el sonido grabado era más que descriptivo del trauma acaecido allí.

Parece ser que el encuentro se produjo de manera casual y fortuita, pero llevó a un desenlace grotesco. En aquella discoteca atestada de gente, fue mala pata que el destino hiciese que se pudiesen juntar de nuevo sus vidas, era un local inmenso y con tanta gente que lo normal hubiese sido que no se hubiesen visto, ni haber sabido uno del otro, pero la mala fortuna hizo que él con varios amigos decidiese moverse del lugar donde estaban cerca de una barra para ir a pedir a otra y de paso ver como estaba “el ganado” por otras partes de la “disco”, donde se ubicaban no había chicas accesibles a sus intereses.

Al avanzar entre la multitud, en una zona alta en la que se podía apreciar la pista y gran parte del sitio, vio su cara casi de improviso, y al verlo no le dio gran trascendencia, sólo lo le sonrió y le saludó, pero enseguida se dio cuenta de que su saludo no era bien recibido, al ver como el conocido tensaba la mandíbula y abría ostensiblemente los ojos, y al llegar a su altura le agarró del brazo cuando éste le iba a dar la mano. Él iba el último del grupo, por lo que sus amigos no se percataron de que quedaba rezagado y enseguida lo perdieron de vista. La música estaba muy alta y casi no podían oírse si no se acercaban mucho, el conocido le dijo que cómo se atrevía a saludarlo.

–          ¿Cómo te atreves?

–          ¿Qué dices? – un poco confuso, no entendía ese recibimiento.

–          ¡Cabrón, que sé lo que pasó en la fiesta de fin de año!

(-Ah, era eso, -ya comenzó a comprender esa actitud del conocido).

Era el novio de una amiga suya, y en Nochevieja él no asistió a la fiesta en la que estuvieron, y finalizando la noche con bastante alcohol por las venas de todos los amigos y amigas, se enrolló con ella, con la novia de éste que ahora tenía enfrente. Aunque realmente solo estuvieron besándose sin llegar a nada más, dándose cuenta del error absurdo habían decidido olvidar el “percance”.

El caso es que ahora estaba frente al novio y se preguntaba cómo se había enterado él, a no ser que se lo hubiese dicho ella misma nadie más se lo podía haber contado, casi nadie fue testigo de ello, o eso creía. Pero estaba un poco aturdido, no entendía muy bien qué estaba pasando, él ya no iba con ese grupo de amigos, pero  por lo que tenía entendido, ellos ya no eran pareja, como para que viniese ahora con estas cuentas.

Lo que sucedió a continuación, pasó muy rápido.

El conocido le espetó si le gustaba joder a la gente y romper parejas, que qué era eso de liarse con las novias de otros. De repente se vio rodeado de tres individuos más y empezó a ponerse nervioso. 

En todo el rato el conocido no le soltó del brazo, y esto le había mantenido muy cercano a él, por el ruido estas pocas palabras que se cruzaron fueron muy cerca del oído, y como final y despedida le dijo:

–          ¡Anda, vete de aquí! lárgate de mí vista!

–          ¿De qué vas? ¿Quién eres tú para decirme que me vaya?

–          ¡Cómo que de qué voy, lárgate si no quieres que sea peor!

Una amenaza así de chulesca, en mitad de tanta gente,  es más fácil afrontarla, no creyendo que pueda ser llevado a cabo el acto amenazante. En cualquiera de los casos decidió no tentar a la suerte y marcharse.

–          ¡Que desaparezcas de mi vista!

–          Ya, ya me voy, ¡no hace falta que empujes!

El incidente le había dejado mal cuerpo, una situación así es desagradable y además en el transcurso había perdido de vista a sus amigos, dio una vuelta por el local oteando aquí y allá en busca de sus colegas, cerca de las barras era más fácil que los localizase, por la querencia que ésta tenía para ellos, pero tampoco hubo suerte. Pasada  casi media hora de búsqueda decidió marcharse. Se iba algo preocupado hacia la puerta, una sombra de intranquilidad le ocupaba la mente, estaba nervioso, era ya madrugada avanzada, y quizás sería difícil encontrar un Taxi, y temía volverse a encontrar con el conocido y sus amigos.

Los malos presagios ahogan, y él se ahogaba, el corazón le palpitaba en exceso, no sabía si achacarlo a la gran ingesta de alcohol o al suceso. También estaba un poco dubitativo en qué hacer, si debía marcharse sin sus amigos como si les diese plantón, aunque realmente era al contrario, la imposibilidad de encontrarlos le hacía sentirse plantado.

Todo lo siguiente, cuando a uno se lo cuentan no puede dar pábulo sobre su veracidad, por entenderlo exagerado y desorbitado, son esas cosas que uno no imagina que puedan suceder, salvo en las películas en las que se fuerzan los argumentos para generar historias entretenidas e impactantes, alejadas de la realidad, pero que a la gente le gusta ver. Y esto es, ver, lo que ha hecho que sí que crea no ya el relato del interior de la discoteca, si no lo habido fuera.

En la puerta había poca gente y poco tráfico, la zona no estaba muy bien iluminada y decidió cambiar de calle en busca de un Taxi, por allí a esas horas sería demasiada casualidad que pasase alguno. Según avanzaba oyó pasos a su espalda pero no le dio importancia, seguía saliendo gente de la discoteca aunque aún quedaban un par de horas hasta el cierre. Al girar la esquina fue cuando oyó unos pasos rápidos y fuertes como de alguien corriendo, varias personas corriendo, cuando giró la cabeza para mirar qué sucedía, vio como le agarraban cuatro individuos, y dos chicas que les acompañaban eran testigos de ello. Él quiso protestar, pero recibió un golpe en la cara que le hizo caer mareado, debió ser un golpe certero en el mentón, puesto que le dejó atolondrado, y no supo muy bien que pasó seguidamente, puesto que lo que recuerda es que estaba en el parque cercano a la discoteca, rodeado por los cuatro chicos y las dos chicas, una de ellas con un móvil grabándolo todo.

El miedo debe atenazar de tal manera que deja mudo, uno debe pensar que si grita todo será peor, y si no lo hace puede salir indemne de la situación comprometida en la que se encuentra, que los daños que sufrirá serán menores, que el agresor se compadecerá por no crear jaleo ni importunar su acción con alboroto, que el secuestrador lo liberará antes y sin represalia. Qué equivocado se está, en una situación así, todo lo malo que pienses se quedará corto, no da tiempo a pensar en lo malo que puede sucederte porque primero estás intentando ordenar tus pensamientos en saber por qué estás ahí, qué quieren de ti. Y cuando empiezas a entender y comprender ya es tarde y lo que pensabas podía pasarte ya te está pasando.

Oyó de nuevo la voz del conocido, le vio la cara con sonrisa cínica y los ojos brillantes inyectados en sangre, como de ido, un loco frente a él pensó, pero enseguida se dio cuenta de que estaba hasta arriba de alcohol y droga, posiblemente cocaína por el brillo de los ojos, y anfetaminas por la excitación en los movimientos y su hablar frenético, y que esas sustancias le diesen ese aspecto de demente, los amigos y amigas no le iban a la zaga, todos estaban muy alterados y con risas algo histéricas y absurdas, una de las chicas no dejaba de grabar toda esta situación incompresible para él.

Bajarse los pantalones era el inicio de la humillación, era el primer pago de una deuda no contraída o al menos no conocida, como cuando te embargan la cuenta por una multa de tráfico que no te llegó nunca ni nunca supiste de su existencia por no ser notificada, ni consciente de la posibilidad de ella por no saber que se cometió infracción alguna. La humillación se iba envolviendo de palabras y palabras, en las que sobresalían los exabruptos de machote, del tipo:

–          “Si te gusta joder a los demás también te gustará que te jodan”

–          “Te gustaría joderte también a mis amigas, ellas puede que quieran, dicen que eres guapete”

–          “Enseñadle las tetas, a ver si se le pone dura”

Y ellas divertidas le hacen caso y le muestran los pechos desnudos.

–          “Huy, no parece que te engorde la polla”

–          “No parece que como hace años te la ponga dura la novia de otro, quizás necesitas saber que ellas son nuestras novias para excitarte”

–          Ya sé lo que tú necesitas.

Por si acaso quisiera huir, estaba bien agarrado por dos de los cuatro chicos. Uno de ellos parecía más pasivo, sin intervenir, casi como no queriendo participar, aunque sin hacer nada por evitar la situación.

La denigración seguía avanzando y ya eran los calzoncillos los bajados, dejando su sexo al aire, sexo que supuso risitas de las chicas por verlo pequeño y asustado, tanto como el dueño de ese apéndice que casi desaparecía entre el vello púbico.

Las lágrimas ya asomaban y caían por las mejillas, había entrado en pánico y solo balbuceaba: “¡¡dejadme!!, yo no os he hecho nada”. Para evitar que hablase le taparon la boca con un pañuelo sacado del bolso de una de las chicas que al rebuscar sacó también un “consolador” que llevaba en él, algo que provocó las risotadas de todos los chicos, a la vez que le hacían comentarios de poco gusto sobre sus necesidades sexuales y que ellos le podrían proporcionar algo mejor.

La humillación iba subiendo de tono, le hicieron que se arrodillase  y se pusiese a “cuatro patas”, fue entonces cuando aquello se desbocaba sin remisión, tomando un cariz de juego feo, de burla y ofensa depravada, no ya para dar un susto y una lección por una afrenta lanzada en un remoto pasado y de la que se está cobrando prenda y pasando factura. Una de las chicas se subió a su espalda como si lo montase, y le golpeó en el culo cual si fuese un caballo al que arrease para avanzar. La otra chica no dejaba de grabar. La diversión ya no parecía poder ir más allá, cuando el conocido volvió a repetir: “Te gustará que te jodan”,  y se bajó los pantalones sacando su pene flácido, ante la mirada horrorizada del humillado. Unos segundos que se hicieron largos, muy largos, mirando el miembro viril de aquel tipo, a la vez que se movía con violencia para intentar desembarazarse de los que le sujetaban, y descabalgar a la chica.

“Lo malo es que, ¿ves?, no se me pone dura, no me pones, ´maricón´, estás de suerte”. Y un respiro pareció pasarle por la cara bien enfocada por la cámara. El rostro congestionado con el pañuelo amordazándolo, ese mismo rostro que pareció destensarse un segundo, sufrió un súbito cambio y el horror se hizo más patente de golpe, de repente, transmutando en deseo de morirse y desaparecer y que esta pesadilla terminase, cuando oyó al conocido decirle: “O quizás no tuviste tanta suerte”, a la vez que le mostraba el “consolador” bastante grueso con su forma de pene; “Hay días que es mejor no salir de casa, y lanzó una carcajada”.

Cuando has visto la cara de la humillación es difícil olvidarla, ver la rabia, el dolor, la vergüenza, el miedo. El relato no es comparable a la imagen, uno puede pensar que lo que le cuentan es humillante, degradante, uno puede oírlo de palabra por el mismo humillado o por terceros, o leerlo como relato del que lo sufrió o de otro que transcribe ese relato de lo acontecido, y solidarizarse con la persona que crees que no merece haber pasado por ello, haber recibido una tunda por una cuenta pendiente, por un acto de un pasado lejano, por algo habido en la juventud, cuando casi no somos conscientes de la transcendencia de los actos. Y si es impactante la imagen, ésta es aún más cuando va acompañada del sonido del llanto y el grito y el chillido desgarrador del que están desgarrando, y ver la sangre del vejado y la saña del que veja, es algo que difícilmente no deja huella, y uno piensa en cuantas de estas situaciones hay en el mundo que no nos llegan. Y uno no sabe lo que es la humillación hasta que no ha sido puesto frente a ella.

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*Nos lo canta Vetusta Morla, hay tanto idiota ahí fuera que avergüenza y daña, que solo nos queda el sálvese quien pueda.

Sálvese quien pueda

Vetusta_Morla-Un_Dia_En_El_Mundo-Frontal

.     **NA: Publicado originalmente el 13 de Agosto de 2013. Hoy recibe una segunda oportunidad

Una consulta terapéutica

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Sociabiliza. Me decía que sociabilizase. Allí frente a mí, mientras yo echaba otro vistazo a aquel lugar que me parecía algo horroroso. No sabía muy bien qué hacía allí, bueno sí que lo sabía, lo elegí yo, no ese lugar claro, pero el ir a un especialista sí.

Me sonrío, “un especialista”, cómo somos cuando no queremos llamar las cosas por su nombre, buscamos la generalidad para no ser precisos, para envolver entre mucho lo poco, que dicho de frente y aislado puede sonar más fuerte y duro.

En la sala de espera estuve a punto de marcharme, el retraso que llevaba con los pacientes  hizo que me diese tiempo a pensar y repensar en salir de allí. Intentaba no hacerlo, no darle vueltas al asunto, mirando a la gente, mirando las paredes, los posters contra el tabaquismo, los que ruegan silencio y las pancartas en tela de sábana en favor de la sanidad pública. Y casi cuando estaba vencido, llegó mi turno, sonó mi nombre desde el umbral de la consulta.

Me hizo pasar y sentarme, tomó asiento ella  y volvió a repetir mi nombre, como para asegurarse de que sí era yo, y que yo era consciente de que lo era y no otro, y yo asentí, a la vez que pronuncié un “sí” casi inaudible.

Luego, silencio. Ella se puso a mirar la pantalla del ordenador y a teclear algo, obviando mi presencia. Yo muy quieto, no sabía qué hacer. Miré un poco alrededor sin mucho aspaviento, ni movimiento, no quería importunarla, ni parecer nervioso ni impaciente ni ansioso por acabar antes de empezar.

El lugar era algo tétrico a mí parecer. Una sala cuadrada bastante desnuda, algo fría a la vista, con una mesa, su silla, dos sillas para pacientes, una camilla, un biombo, un mueblecito que dejaba ver en su interior algunos enseres médicos; guantes, vendas, y otras cosas que no sabría decir que eran. Las paredes desnudas, sin casi decoración, solo un dibujo de niño pegado en la pared tras la doctora, supongo del hijo, o sobrino, eso nunca se puede saber sin preguntar, incluso pudiera ser de un paciente. En la pared contigua un poster de “Turismo de Asturias”, y el resto de paredes vacías y toda la consulta pintada de verde clarito, nunca me gustó ese tono, aunque dicen que es el que más tranquiliza y relaja, o por lo menos alguna vez oí eso, y por eso pintan los institutos y colegios con ese color. Todas mis clases las recuerdo así pintadas. Quizás aquí sea ese el fin, relajar y tranquilizar al que llega, es una consulta para los que vienen con nervio y cierto desvarío o zozobra al menos.

Como el silencio se alargaba y empezaba a ser incómodo, sin mirarme, dijo que enseguida me atendía, y seguía tecleando, quizás estaba metiendo mis datos, o terminando algún comentario en el informe del paciente anterior.

Al fin termina, y comienzan sus primeras preguntas, y mis respuestas. Me mira intensamente, cosa que me inquieta, tiene una mirada y una forma de estar rara, pero bueno, entiendo que trata con gente “rara” y puede que ello se le contagie en su comportamiento, como una forma de mimetizarse y que el otro la vea como un igual. De vez en cuando escribe en el ordenador, no muy veloz, no tiene gran rapidez con el teclado. Tras esta batería de preguntas muy previsibles, dice que en principio habrá cinco sesiones, es el protocolo que siguen, que hoy la sesión será solo de contacto inicial y que en la siguiente sí que entraremos más en profundidad en busca de encontrar juntos la solución a mi estado anímico. Me sonrío, al oír anímico en vez de mental. Mental sonaría a enfermo, a locura o enajenación o distorsión en el discernimiento, pero el ánimo es algo menos mal visto, es una palabra con mejor prensa. Vuelve con otra batería de preguntas y tras mis respuestas, me dice que debo sociabilizar, que este desequilibrio emocional que ella empieza a ver puede venir debido esa carencia, que solo contactar con la gente desde un blog no es bueno, pero que no quiere adelantarse a dar un diagnóstico apresurado, que me hará un test para completar y preparar la siguiente sesión. Mientras, yo sigo escrutando el lugar.

Me da unos papeles con unas preguntas, me dice que es el test, y me presta un bolígrafo. No creo que ayude en nada contestarlo, pero no voy a ponerle problemas, lo relleno y veremos qué me dice luego.

Buff, al primer vistazo veo que son un montón de preguntas. Me llevará un rato largo.

TEST.

1-      ¿Cuántas preguntas inteligentes puedes contestar?

Qué tipo de pregunta es esta, qué significa pregunta inteligente, no sé qué podré poner aquí.

–          Espero no ser demasiado tonto y poder contestar alguna.

2-      Una duda.

Si tuviese solo una o tuviese las cosas claras no estaría aquí en la consulta.

–          Soy una duda andante.

3-      Una certeza.

Joder!!, entendí una cerveza, ya pensaba que vaya tipo de test raro es este, de psiquiatra están ellos, ja, ja. Pues mira, eso sí me tomaba yo ahora rellenado esto, una buena cervecita.

–          La muerte, eso siempre es verdad, antes o después se llegará.

No le voy a poner que a veces pienso que mejor que pronto que tarde, no vaya a ser que se lo tome a mal y al pie de la letra y piense en encerrarme.

4-      Un color.

Esta es fácil, no hay tantos, aunque siempre estoy dudando, y me va por épocas, bueno pongo varios, no soy muy original en los gustos, con lo que por ahí no pilla, en rarezas a estudiar.

–          Azul, rojo, verde.

5-      Un deseo.

Esta está clarísima.

–          Tener mucha pasta, quiero decir dinero.

6-      Una virtud.

Puf, esta creo que la dejo en blanco, ya empieza lo que me temía, la doctora me va a tomar por tonto, la mitad del cuestionario con “no sabe”, si es que, ¿quién me hizo venir a mí?

–          No sé. Creo que ninguna.

7-      Una frase.

Mal vamos!!

–          No sé. No suelo memorizar frases, ni las mías.

8-      Un sueño.

Este ya le he dicho, pero supongo que no penalizaran repetir respuesta.

–          Que me toque una Lotería Primitiva de esas millonarias, es decir tener mucha pasta.

9-      Un defecto.

Esta es fácil de contestar, lo imposible sería poner todos.

–          Supongo que muchos, no me los voy contabilizando.

10-   Como este cuestionario va dirigido a personas que escriben ¿qué significado tiene para ti una hoja en blanco?

Coño, y como sabía que escribía, ah! Joder, si se lo he dicho antes. Pero entonces tiene diferentes tipos de test, que curioso.

–          No tiene ningún significado, está en blanco, no hay nada.

Supongo que esto iría por el rollo ese de los escritores y el miedo al bloqueo en la hoja en blanco. A mí me ha recordado la obra de teatro “Arte”.

11-   ¿Escribes por necesidad o por afición?

Otra pregunta rara, qué quiere decir por necesidad, ¿Que es un trabajo, y necesitas escribir para vivir? Me lo tomaré así para contestar, pero también podría tomarse como que si no escribo, mi vida no tiene sentido, que necesito expresarme y exorcizarme con la escritura.

–          Afición.

12-   ¿Pones música en el espacio?

Sí en el “espacio sideral”, ja, ja. Bueno, me centro que se me va la cabeza y la doctora ya me ha mirado un par de veces, debo ser que voy lento.

–          Sí, para completar lo que escribo, va relacionado siempre con lo escrito, es otra manera de dar el mismo mensaje del texto, pero en bonito.

13-   ¿Eres una persona sentimental?

–          No lo sé seguro, soy un poco “raspa”, pero creo que en el fondo sí, algo ñoño debo de ser.

14-   ¿Si quisieras tener un único sentimiento cual elegirías?

Ya estamos con las elecciones, si dudo de todo, cómo voy a elegir entre tanto.

–          No quiero tener solo uno.

15-   Una frase.

Esto debe ser una trampa, yo creo que ya me preguntaron por ello; voy a releer, je, je ahí está. Sí, seguro que es trampa para ver si contesto diferente.

–          No suelo memorizar frases, ni se me quedan, debo tener memoria de pez para eso.

16-   Una pregunta.

Debe ser que si yo tengo alguna pregunta, pero si no tengo el interlocutor, no sé qué preguntar.

–           No tengo pregunta.

17-   ¿Si desearas algo que pedirías?

El test de la doctora es un poco repetitivo, deben ser preguntas de control para ver si eres bipolar o algo así, ya van tres preguntas sobre lo mismo, (Un deseo-un sueño-pedir un deseo)

–          Ya lo dije, mucho dinero.

18-   ¿Cuando escribes que sientes?

La verdad es que es difícil, tendré que analizarme la próxima vez que escriba, pero creo que si escribo no siento, y viceversa, me tengo que centrar en una de las cosas, con lo que creo que no siento nada en especial.

–          Si seré capaz de escribir y expresar bien lo que tengo en la cabeza todas ahí amontonadas y sin orden.

19-   ¿Creyente?

Supongo que esto va por el tema Teológico.

–          No.

20-   De no ser creyente, ¿en qué crees?

Seguro que voy a quedar fatal a partir de ahora si vamos por este camino.

–          En nada.

21-   ¿Qué esperas de la vida?

Lo dicho, fatal.

–          Nada.

22-   ¿Qué significado tiene para ti el amor?

Empezamos con las preguntas sin respuestas, vaya!!, y voy de mal en peor.

–          No lo sé, yo me lo suelo preguntar. Supongo que un sentimiento de bondad, de querer compartir, de desear lo mejor para los demás.

23-   ¿Cómo te consideras como persona?

Esta casi sobra diría yo, no creo que nadie diga que se considera un “cabrón”

–          En general buena persona.

24-   Tienes un espacio, o un blog ¿por qué?

Esta  no sé a qué viene, si lo sabe, que estoy en la consulta por ello.

–          Sí, para publicar mis historietas y si hay suerte, que alguien lea lo que escribo.

25-   ¿Crees que eres una persona a la que se le reconoce su valía?

Otra de esas complicadas de responder…

–          Quiero creer que sí.

26-   ¿Qué esperas del amor?

Ole, y ole, si no sé lo que es con certeza, cómo voy a esperar algo de ello…, Qué pongo sin parecer un monstruo!

–          Que me ayude a ser feliz o al menos a no ser infeliz.

27-   Y una última pregunta ¿qué le pedirías a la vida?

– Ser feliz (aunque no sé muy bien que es eso de la felicidad) y morir sin dolor.

28- Por último, haz sugerencias de lecturas o música o películas, que te gustaron y recomendarías.

No me gusta recomendar y sugerir, pero puedo poner algunas de las cosas que me gustaron leer cuando era joven y que me dejaron marca,  y algunas músicas y películas también.

–          Libros:

-El camino, M. Delibes; La sombra del ciprés es alargada, M. Delibes; La insoportable levedad del ser, M. Kundera; El lobo estepario, H. Hesse; El Principito, A. Sant-Exupéry; El señor de las moscas, W. Golding; Walden Dos, B.F. Skinner; Fahrenheit 451, R. Bradbury; La casa de los espíritus, I. Allende; El rayo que no cesa, Miguel Hernández; Geografías, Mario Benedetti.

-Nota: Hay otros muchos posteriores, pero estos fueron el origen de todo.

–          Música:

-No soy un gran melómano, y soy malo para recordar. Algo que me acompañó muchas veces y tan presente que no es necesario echar mano de la memoria,  son: “Adagio”, Albinoni; “Canon” Pachelbel; “Las cuatro Estaciones”, Vivaldi; “Preludio para Siesta de un Fauno”, C. Debussy; “Bolero”, M. Ravel. Y muchas cosas de Mozart, Bach, Verdi…

-Música contemporánea: Todo el álbum “Wish you were here” de Pink Floyd. Serrat, Sabina, Silvio Rodríguez, Aute. Luego con los años se unieron otras muchas músicas más.

–          Películas:

-El increíble hombre menguante, El hombre del traje blanco, La vida de Brian, El jovencito Frankestein, Un hombre lobo americano en Londres, Martín H, Un lugar en el mundo, Lugares comunes, y algunas otras.

Quizás con esta parte final, la doctora entienda mejor de donde vienen mis “problemas” y como ayudarme… aunque en el fondo creo que no necesito ninguna ayuda, me parece que a la siguiente sesión no asistiré. Si por lo menos estuviese buena.

 

 

.     *Ketama nos acompaña el relato y ayuda a autoconvencernos de que no estamos algo tarados, como el mismo personaje del texto hace creyendo que no necesita ayuda.

   

        **Aclaración sobre este texto:

No soy dado a seguir los premios que suelen llegarme tipo Liebster y similares, de los de preguntas a las que responder y hacer una cadena y demás. Estoy muy agradecido a quién me los otorga, eso está claro, hace que otra gente venga a leerme, pero me gusta más contar historias que estar contestando peguntas e imaginando que preguntas hacer a más gente (ésta es mi parte huraña). Pero a veces veo que dentro de lo que se propone hay una posibilidad de juego y divertimento con ello,  entonces me lanzo a intentar hacer algo para participar. En este caso Karmel, me propuso como “reto” un test, (las 27 preguntas del relato) y Bebe otorgándome el Liebster hace la sugerencia de seguir la cadena, pero sin preguntas si no que diésemos sugerencias de lectura, música, etc… (Pregunta 28 del relato). Y cuando estoy con el texto ya en la cabeza, Tania también me propone de nuevo para el Liebster, que amablemente le declino.

Acabando, valga esta entrada para agradecer a las tres y a todos los anteriores que antes lo hicieron (disculpadme por no nombraros uno a uno) y a los futuros que puedan venir a premiarme, el pensar en mi blog como algo que pueda interesar.

No estamos locos

ketama1

.     **NA: Publicado originalmente el 23 de Septiembre de 2013. Hoy recibe una segunda oportunidad

Encuentro para la perdición (4ª parte)

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Perdición. Me he repetido esa palabra más de una vez, perdición como pasión desenfrenada, otras como la ruina o daño irreversible en mí ser, en mi moral. Una decisión nada meditada que lleva a la condenación eterna; palabra cargada de negatividad, pero que te salvaguarda cuando los demás la utilizan para exonerarte, para decir que te llevaron por el camino equivocado, por la senda de lo que se sale de la norma y de lo convencional y tú no fuiste quién lo decidió si no una víctima de lo sucedido. Uno siempre se impone unos valores, unas actuaciones, unas líneas rojas qué nunca traspasará, lugares que no transitará. Y aquí estoy junto a ti, perdido, traicionando valores, actuando sin importar los avisos rojos, paseando por todos esos angostos caminos que me negaba. Abrazado por ti, por tu delgadez, por tus leves y lánguidos brazos que contrariamente aferran con fiereza.

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.     *Zoe y Bunbury ponen voz a esa perdición que siente el protagonista; “Nada que pueda perder, nada que no pueda hacer, algo que te alivie, algo que me cure”, y a eso se aferra, a esa “Nada” que ellos cantan.

Nada

Zoe-Musica_De_Fondo_Mtv_Unplugged-Frontal

.     **NA: Publicado originalmente el 11 de Junio de 2015. Hoy recibe una segunda oportunidad

Al dictado de tu boca. Encuentro para la perdición (3ª parte)

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Contigo siempre me muevo, -nos movemos-, al son de tus labios, al son de tu boca. Si el beso es apremiante y agitado las manos se nos vuelven veloces y presurosas, y los cuerpos van detrás rudos y bruscos, despezándose con cierta violencia, pero si el beso es lento y sosegado, el resto del cuerpo se contagia de esa cadencia y las manos se nos vuelven suaves plumas acariciadoras que se toman su tiempo para saber y explorar el cuerpo del otro, y ellos, los cuerpos, se amoldan con delicados movimientos. Todos los actos se acomodan al dictado de las bocas, y tu boca me dicta lo que deseas en cada momento, unas veces me guías por la desbocada locura y otras por el cuerdo actuar, tu boca es mi perdición, hasta que ella no me da paso no sé cómo obrar, ella manda y yo obedezco. Tus ojos me dicen que avance y que me lance, pero es tú boca la que después toma el mando y me para y me voltea y me dice así o asá, o me incita; ¡vamos!, o por el contrario; basta de lamernos es hora de regresar. El cuerpo quiere participar, e ir todo él detrás de la lengua, meterse en tú boca que ya no es boca es toda tu carnalidad. Carnalidad que se hace insoportable al verte con esos vaqueros que te quedan tan bien, ajustando toda tu figura, marcando un culo perfecto y unos muslos que parecen más contundentes por las apreturas de la tela de lo que son en realidad, y no puedo dejar de mirar cuando, sabedora de ello, te giras delante de mí al llegar a mí encuentro, en un bar o en una estación de metro o en la misma calle, no pudiendo dejar de pensar cuánto me gustaría que estuviesen a mi alcance ya mismo en otro lugar más íntimo. Y a veces, cuando ha sido posible llevarlo a efecto pronto, ese deseo y esa calentura siguen al recordarlo después, cuando ya no estás, cuando me has abandonado, y sigo colgado de tu figura y de tus labios, de toda tu boca; que es jugo que es agua que es vida y que me hunde un poco más en la perdición. Y ese ardor persiste más aún al pensarte en el inicio loco, no hace tanto tiempo, con ese cuerpo de nívea ondina de desfachatez atroz en la semioscuridad de mi habitación, tumbada en clandestinidad primero, o tocando el órgano bañada de iridiscencia con mi consentimiento, después. Siempre pareciste maestra aun con tu juventud, mucho más diestra e implacable en esos lances que yo en toda mi madurez.

 

 

 

.     *Tu boca es mi perdición canta Christina Rosenvinge, como le pasa a nuestro protagonista con su joven y ardorosa amante.

Tu boca

Christina Rosenvinge - tu-labio-superior

 

**NA: Por si quieres saber de donde proviene la perdición:

– Encuentro para la perdición

Encuentro para la perdición (2ª parte)

.     **NA: Publicado originalmente el 9 de Marzo de 2015. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Encuentro para la perdición (2ª parte)

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En el blog “el bic naranja”, su autor Fernando Vicente, los viernes propone un ejercicio de creatividad, mostrando un vídeo o una foto para que cada uno desarrolle y cuente la historia que le sugiera ese elemento; catalizador y detonante. Me traigo aquí mi aportación que hice allí a vuela pluma, sobre la foto de debajo, de la cual desconozco el autor.

La chica irisada - elbicnaranja Foto: Autor desconocido por mi parte; publicada en el blog “el bic naranja”.

 

Encuentro para la perdición (2ª parte).

Insistías divertida en que tocásemos juntos en aquel cuarto cuando tu madre no estaba en la casa, insistías en seguir con los encuentros para la perdición que tanta angustia y placer me provocaban al mismo tiempo. Una culpa interior, por no estar haciendo lo correcto, un goce sin igual cada vez que me perdía dentro. Imposible negarme a tus deseos con sólo pensar en esa luz irisada sobre tu cuerpo, haciéndote celestial y etérea en esas tardes calurosas, juguetona tú con el órgano, después del sexo.

 

 

.     *Ay de ti, ay de mí, dice la canción de Aute, y algo parecido es lo que sienten los protagonistas del relato, por caer en este amor que es un error imperdonable.

 

.     **NA: En este caso no fui muy original, pero es que la foto me guio casi sin darme cuenta como posible continuación con un relato que de allí mismo surgió otro viernes “El bic naranja; Viernes creativo 15/11/2013“,  y que luego amplié aquí,  “desafectos: Encuentro para la perdición“.

Ay de ti, ay de mí

Aute - alma

 

.     **NA: Publicado originalmente el 22 de Julio de 2014. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Encuentro para la perdición

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En el blog “el bic naranja”, su autor Fernando Vicente, los viernes propone un ejercicio de creatividad, mostrando un vídeo o una foto para que cada uno desarrolle y cuente la historia que le sugiera ese elemento; catalizador y detonante. Aquel día, la foto era la que nos acompaña. (Desconozco su autor).

Esta vez no me traigo sólo la aportación que hice allí, breve y concisa, y que sería la parte inicial del relato de hoy y que resultó ser germen propicio para el resto del texto. Cuando volví a leer aquello se me antojaba que en esa imagen veía más de lo que escribí como simple fogonazo. Aquí está el resultado final o quizás, -no podría asegurarlo-, primera parte del resultado final.

A Perdición

Encuentro para la perdición.

El susto fue mayúsculo cuando al salir del baño me encontré con aquella chica tumbada en la cama; desnuda, con los pezones de sus pechos púberes todavía, excitados y erectos, y con su mano alargada hacia mí como una invitación al acercamiento. Ser amable y complaciente con la hija de la dueña de la casa rural me había metido en un buen problema. Allí estaba, ofreciendo su cuerpo con un brillo en sus ojos entre la travesura y el deseo, entre la provocación y la imprudencia, sabiendo que lo que estaba haciendo no era correcto y que era una gamberrada, consciente de que yo no podría armar demasiado jaleo sin que la situación se me volviese en mi contra o al menos me generase un conflicto difícil de explicar. Ella era extremadamente guapa. Sus quince años, despertaban y desperezaban todavía en su cuerpo la mujer que será, pero que aún deja vislumbrar la niña que fue, aquel cuerpo que me mostraba como ya había imaginado casi sin querer, cuando con las camisetas de tirantes y sin sujetador intuía unos breves pechos que con facilidad marcaban en la camiseta su pezones por cualquier aire fresco que corriese al atardecer, allí en el porche de la casa mientras charlábamos. La madre, de unos cuarenta años se parecía mucho a ella, tenía un cuerpo delgado, sin mucho pecho, pero algo más que la hija, algo normal por otro lado, la adolescente estaba aún en proceso de acabar de madurar su cuerpo, pero si se las observaba con cierta atención se las veía muy parecidas. La madre con las caderas más anchas y con más curvas, era muy atractiva, no era de extrañar que la hija fuese tan bonita superando en belleza a la madre, aunque para mi gusto el cuerpo de la madre aún ganaba a la hija. Quizás el padre también fuese un hombre guapo y entre ambos hubiesen engendrado este ángel caído en mi cama. Del padre no había rastro en la casa, quiero decir alguna foto o retrato que pudiese darme una visión de cómo era. Estaban separados desde hace seis años y él residía fuera de España, según me contaron en una tarde de confidencias, tomándonos una cerveza, disfrutando del atardecer y la llegada del frescor nocturno tras regar el patio donde estábamos sentados, que tenía una buenas vistas, dejándonos ver cada tarde una puesta de sol entre montañas y árboles. Esto fue al cuarto día de mi hospedaje en la casa. Estaban haciéndome una estancia muy agradable en aquel lugar al que había llegado tras reservar por Internet, sin demasiado conocimiento de la zona, salvo un reportaje que había visto en televisión. La casa solo tenía cuatro habitaciones para clientes, el resto de la misma conformaba su propia vivienda, es decir que el salón y cuarto de estar y la cocina y el patio con su porche era compartido por ellas y los visitantes. La que me tocó en suerte era  una habitación con decoración agradable y elegante, como toda la casa, todo decidido por la dueña del negocio que además se encargaba, con la ayuda de la hija, de todas las labores de cambio de toallas y sábanas de las habitaciones.  Para la limpieza tenía contratada a una mujer del pueblo más cercano, a menos de dos kilómetros. Además, en el alojamiento estaba incluido el desayuno que se podía tomar en las mesas habilitadas en el patio o en la misma cocina, amplia y agradable. Suculento desayuno con zumo, fruta y yogur, pan tostado con mantequilla y mermelada,  o si se prefería, con tomate rallado y aceite, y un buen café.

Había decidido tomarme quince días para estar solo, dedicarme a mí mismo, a visitar la zona pero sin rutina marcada, es decir, cuando me apeteciese haría turismo por los pueblos y parajes cercanos, otras veces me quedaría en la casa, tenía muy buenas vistas y caminos por los que pasear y hacer alguna de las rutas pedestres que salían desde el pueblo. Rutas fáciles y sencillas, más como paseo campestre que ruta propiamente dicha para la caminata larga y alejada. Mi otra idea era la de descansar y leer, dejar pasar el tiempo acompañado de la lectura de los libros que me había llevado. Y así había transcurrido la primera semana. La lectura siempre me acompañaba por la tarde, y fue por lo que empecé a intimar más con ellas, al sentarse en el porche a pasar la tarde al igual que yo, me resultaba extraño estar tres personas en el mismo lugar, solos, y cada una a lo suyo, la muchacha escuchando música con cascos puestos, yo leyendo y la madre unas veces leyendo, otras solo escudriñando el paisaje, otras escuchando música también con cascos, incluso a veces éramos los tres que cada uno estaba con los oídos tapados para escuchar las músicas elegidas y no compartidas. Como fuere, yo veía que la adolescente me miraba con ojos más libidinosos que curiosos. Aunque había levantado la curiosidad de las dos; un hombre de treintaicinco años que aparenta menos de treinta, -no guapo pero lo suficientemente atractivo para interesar a las mujeres sin demasiado esfuerzo-, buscando la soledad, no pasa fácilmente sin llamar la atención. La joven, con ese descaro que da la edad, no escondía su mirada, y era franca y directa. La madre también algo atraída, pero mucho más batallada, intentaba guardar mejor que la hija su posible interés, pero no lo conseguía del todo, – cuando gustas a una mujer se nota, y yo era consciente de que esto estaba pasando, de que les gustaba a las dos-. No he de negar que hasta fantaseé la primera noche cuando llegué por la tarde y vi que estábamos sólo los tres y que a priori no había ninguna reserva más para los próximos días.

Le dije que debería marcharse, que lo que estaba haciendo era una locura, que por favor se vistiese. Todo esto, medio paralizado entre la sorpresa y el azoramiento por la situación pero sin poder dejar de mirar su cuerpo desnudo. Ella, con media sonrisa, dijo que no tuviese miedo, que no iba a pasar nada malo, que nadie había en la casa, sólo ella y yo. – Tú tranquilo, Mamá, no volverá hasta la noche-.

No podía creer que esas palabras saliesen de la boca de ella, se supone que debería ser al contrario, yo, el que tranquilizase y animase a la calma, yo, el que se colase en su habitación si fuese un depravado, yo, si fuese emboscado para conseguir un fruto prohibido, y ella debería ser la asustada y turbada y mis palabras saldrían en busca de alentar su sosiego y calmar el desorden mental que le supondría mi irrupción en su cuarto o donde la abordase; en el jardín al ir desapareciendo la luz, en la escalera de acceso a las habitaciones o en la cocina aprovechando la intimidad de la mañana cuando la madre estuviese en las labores enfrascada. Insinuando con descaro mis intenciones seductoras y lascivas, intentándolo con delicadeza, con el mayor mimo que mis palabras consiguiesen trasmitir, pero a la vez con el nervio y el miedo de que mis pensamientos me hubiesen traicionado y que las señales que yo había percibido claras y nítidas, no lo fuesen tanto, y que más por mi deseo de que fuesen ciertas yo las creyera certeras, y con tal anhelo, que hubiese apartado de mi cabeza las voces que me animaban a dejarlo, a disuadirme de un acto de éxito tan poco probable.

Pero no era el caso, era ella, la que me engatusaba con palabras que me llevasen a la serenidad, a dar tregua a mis nervios por una situación no buscada y que podía ponerme hasta en dificultades legales si su madre aparecía, o si ella misma me denunciase por estupro. Mis palabras eran balbuceantes, y repetitivas, vacías de argumentos que no fuesen los esperados por la sensatez, mi boca seca soltaba una tras otras frases para que la muchacha entrase en razón, frases que llevaban dentro las palabras; confusa, locura, equivocación, confusión, diferencia de edad, muy joven, no era mi intención o madre. Ella no atendía a mis razonamientos ni se movía ni apartaba su vista de mi ni dejaba esa pose que me instigaba, esa desnudez de ninfa marmórea que mis ojos no podían dejar de mirar, me estaba turbando, mi mente y mis labios decían una cosa pero mi cuerpo aun pétreo e inmóvil por el shock decía otra muy diferente. Notaba que se estaba despertando en mí una fuerte atracción sexual un instinto animal que pugnaba con el raciocinio que me esmeraba que fuese el dominante de la situación. Dejarme llevar por el instinto y el deseo podría traerme problemas, podría llevarme a hacer algo de lo que luego me arrepentiría.

Con su voz insistía; lánguida, suave y susurrante, deliberadamente sensual, – No seas tonto, no va a pasar nada que yo no quiera, ni que tú tampoco quieras, ya soy mayor para saber qué me gusta y qué no-. Con su cuerpo reiteraba más cada una de las palabras que decía, seguía tumbada y con su brazo volvía a ese primer gesto invitador, gesto de atracción hacia ella, gesto que tengo grabado, gesto como imán humano que me hizo salir de mi cuerpo estatuario dando unos pasos hacia ella, hacia la posible perdición.

 

 

.     *Hay tentaciones que vemos que nos llevarán a la ruina si no somos capaces de controlarlas, tentaciones que nos arrancarán la piel, como nos canta M Clan.

Carolina

M clan - Sin enchufe

.     **NA: Publicado originalmente el 19 de Diciembre de 2013. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Palabras incómodamente complejas

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Hay palabras que tontamente les he dado un significado, quizás mayor y más etéreo de lo que en realidad tienen en sus acepciones del diccionario. Quiero decir que las palabras son sólo eso, palabras, pero cada uno las viste con unas solemnidades diferentes, y en mi caso hay palabras que están rodeadas de un halo especial que me obliga a usarlas con mucho cuidado y mimo, a tenerlas apartadas de mis labios, ya lo sabes tú, y de tan evitadas, en algún caso incluso, cuando hube de vocalizarlas salieron trastabilladas de mi boca, casi tartamudeadas por el pudor que me da o daba decirlas en esos momentos, por sentirlas falsas o incompletas o no acertadas para designar lo que de verdad sentía. Esas palabras como; amor, te quiero, querer, felicidad, feliz, amigo. Dar tanta importancia a la palabra dicha, seguramente es una obstinación absurda por mi parte, un intento de decir con la mejor palabra de manera certera lo que se quiere expresar y lo que se siente. Se gasta el lenguaje y pierde valor cuando se usa de manera vacua, sin el sentir, sin llenarla de verdad y utilizándolas meramente para decirlas sin ser sentidas. Por ejemplo feliz, es una palabra que podría ser muy fácil de usar, el diccionario dice: “Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. Satisfacción, gusto, contento”. Por tanto, si estoy a gusto y contento, podría decir que soy feliz, al aparecer cómo sinónimos, pero para mí feliz tiene un escalón superior, feliz es una agrupación de cosas mucho más complejas que ese estar a gusto, estar a gusto es eso “estar a gusto”, disfrutando y contento. Sin embargo, yo lo siento más como un estado idealizado y casi místico, es decir casi imposible de conseguir, sería un compendio de muchas cosas unidas. Diferentes sentimientos y sensaciones que juntas se transformarían en esa palabra; -FELICIDAD. Como ves sería una acepción más compleja que la habitual y que la gente usa (como es normal) a la ligera. Y claro, con esa utopía metida en mi cabeza, me lleva a pensar que la felicidad no existe. Por eso no te contesté en ese momento.

Me hiciste mirar atrás, muy muy atrás con aquellas preguntas sobre los momentos de felicidad en la infancia y más tarde de adulto. Tuve que estar bastante tiempo escrutando por esos años que se me muestran muy poco nítidos, más partes son las borrosas que las que puedo reconocer con facilidad. Incluso hay algunas que creo que las reconozco no por mi recuerdo si no por lo que me han contado, contaminado ese recuerdo por lo que otros han dicho que sucedió o he visto en una fotografía y me han contado sobre ella, y en la que me distingo a duras penas. Y también tuve que pensar en cada uno de los días del hoy, a los que casi ni presto atención, y que suceden rápidos aún en su lenta rutina; la rutina siempre se me antoja lenta y aburrida, como lo triste, frente a lo alegre que parece pasar deprisa, mientras los momentos menos gratos se nos ralentizan una eternidad.

–  ¿Qué te hace feliz en el día a día?-, preguntabas.

–  ¿Cuál ha sido el momento o momentos más felices de la infancia y de adulto?-, continuabas, pidiendo algo más concreto por lo ya vivido, y no lo venidero o futurible o deseado, o lo inmediatamente pasado del día a día, como era la primera interpelación.

Ante tus preguntas, pensé en ese día a día de ahora y del pasado. Busqué en el ayer y en la actualidad algún estado de ánimo de; satisfacción, gusto, contento, para poder responder. Y no encontraba uno que sobresaliese más por encima de los otros. Pero me apliqué para cuando volviésemos a vernos y conversar sobre ello, y ser capaz de darte respuesta. Aunque tú insististe en que no era necesario darle muchas vueltas al asunto e incluso que podía olvidarlo, que era una pavada. Pero sabes de lo tremendo que soy y no pude tomármelo como juego infructuoso para pasar el rato.

Me estuve preguntando durante algunos días, -¿Qué me hace feliz en el día a día?-, y me costaba responder, no encontraba nada en el paso de los días cotidianos que me suponga una satisfacción para así destacarla sobre nada de lo que me depara la vida desde el despertar hasta el acostarme. Hace años, desde mi juventud o desde siempre podría decir, este mismo pensamiento, -ahora casi apartado-, me abrumaba y me rondaba la cabeza con la desazón y sentimiento de desventura por estar perdiéndome algo, por no encontrar en cada uno de los días algo que diese sentido a esa palabra; “Feliz”. Con los años relativicé todo y ya no siento ese peso, esa necesidad de buscar alrededor constantemente momentos de aventura o acción o sexo que sacudan el tedio y el aburrimiento de lo corriente. Por eso, después de cerciorarme que verdaderamente ya no estaba idiotizado por ese afán de juventud, me llegó la respuesta, que es algo sosa, muy prosaica, incluso quizá decepcionante para ti:

–No tener contratiempos; siempre me alteran-.

Esa fue mi conclusión final, como ves nada atractiva. Nada de lo que alardear y hacer público a bombo y platillo, ni gritar a los cuatro vientos, no un objetivo inalcanzable, sino algo muy fácil de conseguir, a primera vista.

Luego rastreé en el pasado como me pedías; -¿Cuál ha sido el momento o momentos más felices en la infancia y de adulto?-, e igual que antes, no acertaba con ello, por ese hecho de que no existieron tal cual, por mi concepto particular de la felicidad. Después de insistir en los vericuetos de mi memoria, hallé uno que podría servir como ejemplo de un momento que resalta de entre los demás; son sobrados los que se ajustan a esas acepciones de contento y satisfacción. Siendo bastante pequeño recuerdo bien un gol que metí, y tengo grabado en la cabeza ese instante de mi infancia, en la que tanto me gustaba jugar a fútbol. Y si todavía lo veo nítido es porque quizás en ese momento fui feliz. Que absurdo puede sonar esto, ¿verdad?

Respecto a adulto, no sabría decir uno solo, he tenido muchos compartiendo con la familia, con amigos, contigo mismo más que con nadie, pero bueno por ceñirme a algunos más concretos; siempre que he viajado, que viajo, y quizás podría acotarlo un poco más al primer viaje que hicimos juntos, fue un momento, el de viajar para conocer mundo, que de niño jamás imaginé que pudiese cumplir. Luego he sentido gran satisfacción y contento en otros muchos viajes, en casi todos diría, como al alcanzar Machu Pichu, o durante los paseos por la Habana Vieja, o al llegar a Lhasa y ver el Potala y transitar por él, y cómo no, al viajar por la India. Tendría que enumerar muchos momentos y lugares para dar cuenta de esos “instantes felices”, pero tan efímeros e imperfectos que no llenan mí concepto idealizado. Quizás puedes pensar por esto que te digo, que me falta y no encuentro la alegría de vivir, y no te lo puedo reprochar, a veces yo mismo reflexiono sobre ello. Sé que no te gusta cuando me pongo así.

 

Por fin me quedo callado, algo sombrío. Tú me dejas hablar y hablar y hablar, como tantas veces que estamos juntos y conversamos. Mientras yo divago, tú escuchas. En ese momento no me doy cuenta de que quizás te aburro con mi perorata, que muchas veces se hace repetitiva y  redundante, y es largo rato después cuando tu silencio resuena, y me hace caer en la cuenta, de que de nuevo estoy con el verbo suelto y fácil, y que quizás hace rato que sobre lo que elucubro dejó de interesante y aunque fuiste tú quién hizo la pregunta, a veces no ya hoy sino en otra ocasión y yo me la llevé como tarea para la siguiente vez, soy yo el que no mide la respuesta y va dando rodeos y hago elipses argumentales que me acercan y me alejan del tema central de la conversación que deja de ser conversación para convertirse en monólogo. Me doy cuenta que soy incorregible, y te lo hago saber y tu sonrisa, -que me desarma-,  ya me da el perdón a mis pecados y tu mano acercándose a la mía me dice que no hay nada que perdonar que te gusta oírme divagar. Y es cuando me doy cuenta que eso es la felicidad, ver y sentir tu mano sobre mi mano, ver esa sonrisa y saber que me escuchas y me miras, y yo estoy bien, “estoy a gusto” así, mirando esa sonrisa y esos ojos que me sonríen a la vez.

 

 

*Yo lo busco y no lo encuentro, mi manera de sentir… nos canta Ray Heredia, como a veces el protagonista del relato.

Alegría de vivir”

Ray Heredia - quien-no-corre-vuela

**NA: A Bypils, que me provocó el relato que iba postergando.

.     **NA: Publicado originalmente el 11 de Marzo de 2014. Hoy recibe una segunda oportunidad.