Destemplado cuerpo

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Ya son muchas las mañanas en las que se repite ese estado anímico, desde aquella primera vez en la que lo sentí así. Cada mañana aparece el recuerdo de su calor, y la cama se hace fría. Las mañanas son gélidas sin un cuerpo que te temple. Ese cuerpo, que furtivo se escabulló de entre las sábanas, dejando un aroma que no se evapora en el aire, que ha quedado impregnado, no ya en las sábanas si no en todo el cuarto, las paredes no consiguen librarse de él. Y cada amanecer ese olor me arrebata los sentidos y caigo otra vez, en el no olvido, aunque lucho cada día por librarme de él y olvidar.

La casa, es pequeña pero se me hace gigante, de pasillos infinitos y estancias enormes. Y no quiero salir de la cama para no perderme por el piso en busca del ser que ya no está, en busca del que dijo sentirse desertor cuando propuso un adiós. Y giro el cuerpo y la cabeza y pongo la cara apretada contra la almohada. La nariz y la boca oprimidas por el peso, sienten la ausencia de aire que respirar y quisiera sentir esa asfixia hasta el final, pero no me atrevo a seguir. Y creo percibir su perfume aún en ella, como si no hubiese pasado ya mucho tiempo sin recibir su cabeza para darle descanso, como si en todo este tiempo ese cabezal no hubiese sido cambiado y lavado, aunque hubo tentaciones de no hacerlo para salvaguardar esa esencia que hoy se vuelve dañina al fantasear que aún está y se aspira. Me doy media vuelta y miro la pared, la silla, el armario. Quizás ahí dentro esté la solución momentánea a esta sensación de tristeza azul, de frescor de auroras invernales que dejan el cuerpo yerto, esperando entrar en calor con el abrazo del amado.

Allí tengo su jersey, ese jersey que le cogí para sentir los abrazos que ya casi no me daba e intuía que no me daría más, y que hace que me acurruque por aquí y por allá de vez en cuando, en los momentos que ya no puedo más con la soledad y la ausencia, los días en los que deambular por la casa que ya no pisará, y por la que paseo y paseo como si de un palacio se tratase, dando pasos y más pasos, recorriendo una y otra vez las mismas habitaciones y el mismo salón, una y otra vez, como si en algún momento fuese a encontrar a quién bien sé que no hallaré. Volvió con su familia, que es lo normal, – me repito-,  que supiese que no iba a prosperar no hace que me deje de odiar, por estúpida, por creer que lo podía cambiar. Y en esas ocasiones en las que me pongo el jersey y me abrazo para sentirle, y cierro los ojos, y su perfume, el que su cuerpo dejó en el tejido que aproximo a mi cara y rozo con suavidad, y son mi nariz y mi olfato los que quieren recuperar para mis adentros aquel resto de él tan leve y efímero y falso. Y acurrucada en un rincón, la angustia y las lágrimas caen y se deslizan lentamente por la mejilla para precipitarse sobre su jersey, ese que ahora le sustituye, y me rasga el alma. Y cada mañana tengo el deseo de sentir sus abrazos y hundir mi cabeza en su jersey y dejarme llevar al tiempo pretérito, al de las promesas, sabedores de la imposibilidad de cumplirlas pero aún así dichas y lanzadas y refrendadas con actos que las hiciesen creíbles y venideras en un futuro, que hoy ya no existe. Solo existe el frío de la soledad no querida, no buscada. Y la mañana se vuelve el peor momento del día y el deseo de acabar por siempre lo empaña todo, y cuesta levantarse sin esa necesidad del llanto, de la triste mueca frente al espejo, y bajo la ducha las lágrimas que me bañan un mañana sí y otro también. Y debería partir y cambiar y huir y empezar, y sé lo que tendría que hacer pero el cuerpo destemplado no ayuda a viajar.

Miro el armario, la distancia hasta la cama se me hace tan larga que me da miedo levantarme, y congelarme por el camino antes de encontrar allá adentro, la fibra que me traiga su calor. Quisiera despedirme de él, tirar su jersey y dejarle atrás, pero no puedo, me cuesta tanto que cuando lo intento me puede la imagen de los buenos ratos y los buenos tiempos, me olvido de la afrenta por la renuncia a seguir, a avanzar juntos. Olvido que la ausencia es para siempre, y su regreso al hogar del que me dijo que escapó para conmigo encontrarse está consumado. Con este frío interior, busco calor, y solo encuentro dentro de mí tu abrazo, para hacerme creer que con ese recuerdo no me hielo. Y no añoro sus ojos, ni sus besos, ni sus palabras, sino sus brazos que abrigaban mi desasosiego, que me daban el cariño que hoy ya no siento. La nostalgia de los días anteriores al abandono, cuando no había traición ni engaño, me acomoda cada amanecer un estado de embriaguez, que me tumba y aplasta, que evita la posibilidad de iniciar el día con ánimo renovado de vida, y aunque ya ha pasado tiempo, es ayer siempre para mí y me deja destemplado el cuerpo.

 

 

 

 

.     *Las mañanas de Christina Rosenvinge se convierten en duros amaneceres por el recuerdo de una dolorosa ruptura, igual que la protagonista del texto, con ese frío que no se puede sacar de adentro.

Nadie como tú

.     **NA: Publicado originalmente el 17 de Agosto de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

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Vacío amanecer

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Mira de reojo el hueco de su cuerpo ausente, un frío le recorre el suyo, una presciencia le llena de incertidumbre. Se acumula de golpe toda la melancolía, la nostalgia de ese olor que no sabe si es ya suyo, ese olor que no le pertenece, inspira profundamente con los ojos cerrados, pero el aroma no llega, su mente vuela en busca de lo que no está, quiere traer algo que llene la ausencia, ¿pero qué elegir entre tanto recuerdo? Y por un instante fluye el deseo de que vuelva ese mundo que hoy se ha parado, su pájaro no le dio cuerda, pero la mente traicionera no le ayuda, quizás para poner distancia, para darse cuenta  si quiere empezar de nuevo, si otro mundo es posible.

Retornó aquel pensamiento, cuando años atrás se planteó dejarlo todo, empezar de la nada, pero el mundo giraba tan aprisa que el vértigo apartó de su mente esa posibilidad, ahora la decisión no había sido suya, estaba como ausente, sin saber qué hacer, qué decir, todo el mundo que conocía de pronto se había desplomado, mejor dicho, se había quedado quieto, sin movimiento, todo detenido. Un incesante deseo de recuperar la normalidad agitaba su ser, estaba empezando a tener ansiedad por saber, por comprender qué sucedía, y por qué sucedía, que pasó la noche anterior para que este nuevo día fuese tan diferente, tan abrupto, tan… extraño. Salirse de la costumbre ha trastocado todo, no consigue controlar la brújula de su mente, no sabe qué camino tomar, qué dirección será la correcta, cierra los ojos y aspira en busca de un olor que le devuelva la tranquilidad, aún sabiendo que no llegará, ni la esencia ni el sosiego.

Soñamos mucho con el paraíso o paraísos sucesivos que desde ya son paraísos perdidos, este pensamiento le taladra una y otra vez, su paraíso encontrado ha desaparecido de golpe, sin esperarlo, ayer estaba, hoy ya no.

Temor, pero temor a qué. Quizás a levantarse y deambular por la casa, que le hará ser consciente del vacío, del silencio doloroso a sus oídos. Siente un mareo que le ata a las sábanas, siente un gran peso que le aturde y aplasta. Es como una enorme resaca que le embota la mente y el estómago le amenaza con nauseas. Ese estado de malestar que sube desde las entrañas a la cabeza le hace sentir un sudor frío como fiebre por enfermedad que empapa la almohada. Mira de soslayo una vez más, como no queriendo afrontar. El tiempo pausado que parece no avanzar se eterniza aún más en su pensamiento vacuo por la imposibilidad de fijar su pensamiento. Se pregunta si eso será la enfermedad mental, no poder fijar ideas, no ser dueño de los pensamientos y que estos salten de aquí a allá sin razón, y llevándonos a la sinrazón. Siente el latido en la cabeza, que le está mortificando. Porqué se siente así, se pregunta, si no hubo promesas de eternidades. Esa imposibilidad de hilar sus pensamientos le atormenta aún más. Si no consigue dominarse y dominar su juicio, no podrá saber, y sin saber, la duda no desaparecerá, y su sueño se desvanecerá.

 

 

 

.     *Pablo Milanés nos presta su breve espacio de vacío para dar voz al vacío encontrado por el protagonista del texto.

El breve espacio en que no estás

.     **NA: Publicado originalmente el 14 de Agosto de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Varado

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Hoy buscando para republicar, releo este poema escrito y publicado casi 6 años antes de que sucediese realmente lo que luego fue un reflejo anticipado en el poema de lo que sentí.

Cuando aquella última noche volví del hospital algo me hizo pensar que todo acabaría en unas horas, y así fue, tres horas después de abandonar el hospital estaba de regreso para verle marmóreo y frío, sin esa respiración angustiosa que nos entristecía pensando que estaba sufriendo.

Tras la llamada dando la noticia, me sentí como cuenta el poema, con una angustia difícil de describir, un llanto interior, sin lágrimas, y mucha sensación de vacío y ausencia, ya no estaría más, papá sólo viviría en nuestros recuerdos.

Ha pasado un año y tres meses, pero cada día que le pienso se me hace un nudo en la garganta.

 

 

Varado aquí,

con una angustia vespertina,

todo queda en mi retina,

borroso por el llanto,

todo me parece lejano,

y sin embargo no hace tanto.

Fue hace una hora,

cuando intuí el fatal desenlace.

No puedo llorar,

sólo angustia me queda,

tanto tiempo preparándome,

y al final surge el llanto,

llanto interior, que nubla

la visión.

Lágrimas no hay,

solo mirada ausente.

Nada más.

 

 

 

.     *El poema, como la canción de Silvio Rodríguez nos trae la angustia de la vida que pasa, sabiendo que no hay nada más…

Y nada más

.     **NA: Publicado originalmente el 9 de Agosto de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Perdido

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– No te fíes de un animal herido – me dijiste cuando nos encontramos por el camino. Te vi como presa fácil, yo iba de caza y tú venías dañada. Resultó que me quisiste arañar nada más contactar y tuve que dar un paso atrás. Lo intenté por otro sitio, me acerqué con sigilo queriendo descubrir qué te sucedió en este periplo. Venías de un infierno, y se te notaba en todos los huesos, tu tez pálida me decía que habías perdido las ganas de vida, tus ojeras denotaban las lágrimas derramadas en estos días que no fueron los felices que te prometían. No me querías dar detalles, a quién iba a importarle tu vida dolorosa con quién dijo que te amaba, y transformó todo en un delirio que te humillaba. Procuré apartarte del parapeto que utilizabas para que no te atacaran, pero fue imposible, no te dejabas, y yo cada vez más me interesaba.

Dejé pasar unos días para olvidar que ahora te conocía, pero cada vez que te pensaba, por la ventana se reflejaba el sol que me recordaba el brillo de tu mirada. Te resististe en un principio, pero tras encontrarnos en otro garito, me diste la oportunidad de llamarte cuando por insistencia te decía; “desde que te he conocido me he perdido”. Tú sonreíste pensando que mentía, como tantos hombres, pero yo sin quererlo te decía lo que no quería decir. Me tenías hipnotizado, con tu tristeza que se rompía con la sonrisa desencantada, pensando que otra vez te acorralaban. El pelo en larga melena me hacía perder la cabeza. Seguimos el ritual de palabras, miradas y risas algo amargadas. Luego sin poder evitarlo, se me fueron mis manos en busca de tus manos y tú las apartaste, no fuese a hacerte daño. Yo pedí perdón, por querer acariciar tus heridas. Tú me dijiste que aún no estabas preparada, que te lo habías prohibido, que diese media vuelta y saliese al camino en busca de otra presa, que tú herida no eras un animal de fiar. Pero yo ya estaba perdido, y lo único que pude decirte es que me matases en tu defensa si ya no te era necesario, pero que no podía dejar de intentarlo. Te levantaste y te fuiste de mi lado, diciendo; “Ahí te quedas ya nos veremos”.

No te fiabas del calor que te mostraban mis manos. El invierno es frío y el calor a veces hace daño, cuando no estamos acostumbrados. Recibirlo después de largo tiempo ausente se nos hace doloroso. Sentirlo en la piel que creíamos había quedado insensible. Y cuando venimos acompañados del odio, es complicado cambiarlo por otro sentimiento que no creamos falso. Intentar limpiar los escombros que somos y desnudarnos, no ya de ropa si no de intenciones, para mostrarnos tal cual, y poder desnudar al otro en igualdad de condiciones y que no nos vea como amenaza. Y más tarde, me diste una oportunidad pero diciéndome,  – déjame llevar, si quieres que lo intentemos no es así como debemos –. Y yo me dejé llevar. Cómo lo iba a evitar, si desde hacía tiempo estaba perdido. Aunque me advertiste: No te fíes de un animal herido. No te fíes de un animal herido. No te hice caso, y después de curar tus heridas, hoy estoy aquí, solo y consumido.

 

 

 

.     *Nacho Vegas y Christina Rosenvinge nos cantan su encuentro, inspirador de este texto.

Me he perdido

.     **NA: Publicado originalmente el 31 de Julio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

Mánchate de barro

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Descubrí que no era lo que quería. Era un tipo demasiado limpio, no se entienda mal, no hablo de la higiene, hablo de conciencia. Prefiero la gente que se mancha, la gente que está con los demás y no solo con uno mismo, que está sobre todo con los desfavorecidos. No me gustan los tipos asépticos, los que no quieren mancharse las manos y los zapatos con las desigualdades. Quiero a alguien que le duela el dolor ajeno, cuando ese dolor es venido y sobrevenido por la indiferencia social, por las desigualdades, y generado por aquellos que se lucran de los desheredados, auspiciando que estos últimos están en esa situación porque ellos no han puesto los medios para evitarlo.

Cuando vi que me miraba raro por mis opiniones sobre lo oído en el telediario, empecé a sospechar que no estábamos en la misma onda, que su pensamiento jamás se igualaría al mío, ni el mío se plegaría al suyo. Me despedí dándole mis mejores deseos de que tuviese suerte, que sé en el fondo que no necesitará. Esta gente es la que sabe mejor que nadie girar la rueda de la fortuna para que siempre les sonría a ellos, pese a quién pese, y sobre los demás. Quizás creamos que el amor sirve para limar diferencias, pero no es así, el amor es mucho más, es compromiso, y compartir no sólo las caricias y los besos, es compartir las ideas, es comprometerse con el ideario del otro. Lo antagónico no puede convivir dulcemente, no puede fluir sin roces y abrasiones que desgasten las relaciones. El amor empieza con el deseo, y acaba siendo el apoyo para sobrellevar la rutina. Y qué mayor rutina que lo social, lo que aún siendo exógeno a nosotros, nos condiciona tanto, y nos contamina. Mirar la vida, e intentar que nada de lo que nos rodea nos afecte, que la solidaridad no sea un motor de nuestro estar en el mundo, y no digo ni siquiera que sea el principal, solo que al menos entre dentro de los pilares innegociables. Y que el egoísmo mande sobre todo lo demás, es lo que no podría soportar. Y cuando miré sus ojos, vi todo eso que no quisiera reconocer en quién amo. Vi una bonita cara, y un destello en sus ojos hacia mí. Parecía que le gustaba y que podría quererme. Pero yo entendí que jamás podría amarle igual. Con esa condescendencia que exhalaba, como perdonando al individuo de al lado por su ignorancia y pensando que el otro que no piensa como él es un pobre hombre. Me alivia pensar que no he tardado en verlo, en sentir como es de verdad, poder apartarme de sus dulces caricias y su amor, que me lo daba sinceramente a mí.

Tendré que salir en busca de otros brazos, de otras conversaciones, de alguien que sonría simplemente por mi risa, que desee arreglar el mundo como yo. Y que quiera y crea mis utopías. Buscaré una mirada limpia que pretenda la justicia y respete la diversidad. La diferencia de unos con otros nos enriquece. No quiero olvidarme de los otros porque a mí me va bien. Aunque sepamos que es difícil cambiar las cosas, cuando veamos injusticias debe querer salir conmigo a protestar, sin violencia, tampoco quiero a nadie que use la violencia para imponerse, si se manchan las manos con el odio al final no podré pensar que esas manos pueden acariciar con amor, cuando esa piel está teñida de malevolencia. Eso es tan malo como el que usa guantes para no mancharse y sus caricias son falsas, están faltas de piel. Necesito sentir la piel de quién me ame, una piel que nos podamos lavar ambos en la alcoba cuando vayamos a descansar del mundo. Allí nos desembarazaremos de los otros y nos daremos el sosiego y las fuerzas para seguir, y buscaremos el orgasmo con delicadeza, para acabar exhaustos por la lucha y el amor. No será fácil encontrar. Sé que tendré que buscar en los páramos, allí donde los que están no les importa mancharse de barro.

 

 

 

 

.     *Tulsa prefiere buscar entre el barro para encontrar a su pareja ideal, como nuestra protagonista.

Barro

.     **NA: Publicado originalmente el 3 de Agosto de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Doloroso rumor

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Un rumor corre por la calleja,

dice que me deja.

Un murmullo por la alameda,

me avisa, que no se queda.

Un susurro por las plazas,

declara que me da calabazas.

Un zumbido a mi costado,

asevera, nunca más estará a tu lado.

Un runrún cercano,

afirma que me quiere lejano.

Un son con sordina,

señala que me abomina.

Un sonido estridente,

propone que no soy su referente.

Un ruido ominoso,

sostiene que le soy doloroso.

La voz de una garganta,

ora que ya no me aguanta.

 

Bataholas y hablillas

llegan a mi inconsciente este amanecer,

deseo huir para no enloquecer.

Interferencias distorsionan la realidad,

me hacen dudar si no serán verdad.

 

Oigo un grito interno,

si marcha, enfermo!!.

 

 

.     *Love of lesbian nos dejan su canción sobre voces y ruidos distorsionados que enloquecen, como el poema que también nos trae un rumor de voces y ruidos dolorosos y enfermizos.

Wio

.     **NA: Publicado originalmente el 1 de Agosto de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Tu prima

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Ese verano, no recuerdo exactamente qué año era, tu prima llegó desde Sevilla, vino a pasarlo en casa de tus tíos, en el portal al lado del nuestro. Por aquel entonces tú trabajabas y estudiabas, o solo trabajabas, o solo estudiabas y ya habías dejado la peluquería, no recuerdo muy bien. El caso es que tan ocupada andabas que de un tiempo a esa aparte era difícil verte, y por las tardes muchas veces estabas con Ana en su casa. En cambio, yo estaba sin trabajar y había acabado las clases, con todo un verano para aburrirme. La llegada de tu prima era un cambio a lo que había en el barrio, un soplo de aire fresco a lo rancio que se me tornaba todo, al hastío que el horizonte veraniego cernía sobre los meses próximos y quizás más allá, en esos instantes la vida se me hacía difícil, no sabía hacia dónde iría, qué sería de mi futuro. Los estudios no los llevé al ritmo que hubiese debido, habiendo suspendido algún curso por estúpido, por no presentarme a los exámenes de septiembre de una asignatura sin importancia lectiva.

Ella era, si no recuerdo mal, algún año mayor que nosotros, quizás un par de ellos. Sigo sin tener muy claro esos detalles. Cierto que me atraía, y tonteaba con ella. En esa época a un chico le atraen casi todas las chicas, y más si es atractiva, y ella lo era, o así lo recuerdo, y sobre todo tenía un buen cuerpo y unos pechos grandes, esto último a los chicos en esa edad nos atrapa mucho, (será el instinto animal). Contigo era complicado coincidir, y cada vez te me antojabas más lejana, como si estuvieses intentando escapar del barrio, de los que estábamos allí, como si no tuvieses mucho que ver con nosotros, con nuestras inquietudes que no eran las mismas las de unos y otros pero que podrían parecer las mismas, y tú sí que las veías todas ellas lejanas de las tuyas. Siempre te imaginaba lejos de aquel barrio de gente pobre sin demasiados recursos económicos, buscando una mejora, buscando un mejor futuro apartado de aquel lugar. Yo también añoraba esa posibilidad, pero ciertamente sin mucha creencia en conseguirlo, era como algo utópico e idealizado.

Cuando salíamos los fines de semana a la discoteca, no hacía mucho que éramos admitidos en ellas, tú casi nunca te venías con nosotros, preferías hacer otras cosas y te ibas con Ana, por otros lugares, en busca de otros amigos, o ya con otros amigos, que os daban otras conversaciones, otras compañías diferentes a las ya conocidas con nosotros, probablemente más interesantes para vosotras por ser novedosas, nunca lo supe. Era evidente que no rechazabas nuestra compañía, pero sí que iniciaste otro camino para ir alejándote. Te me hiciste inalcanzable y tu prima era algo nuevo. En las horas matinales, cercanas al medio día, con el calor del verano en plena efervescencia, o en la caída de la tarde, cuando el sol se ponía, me bajaba al portal para intentar coincidir con ella, unas veces solo, otras con el resto de amigos que éramos en el barrio. Ella con ese acento sevillano que me parecía tan gracioso, y dándome coba. Cómo no pensar en que podía enrollarme con ella, pasando tantos ratos juntos. Aunque por otra parte era consciente de que solo sería un ligue de verano, un ligue con fecha de caducidad, cuando al final del estío ella regresase a su ciudad, además ella allí tenía pareja, aunque estaban en crisis y por eso ella se había venido a Madrid, para distanciarse de él un tiempo, creo.

Hoy me recuerdas que yo tonteaba con ella, y que quizás ello abundó en que dieras por cerrada una perspectiva futura entre ambos, entre dos que nos gustábamos desde hacía años, desde nuestros juegos de chavales y en la primera pubertad, dos que nunca supimos como decirnos “me gustas”. Recuerdo aquella noche de la que me hablas, en la que tu prima y una vecina nuestra se fueron a casa de la hermana de ésta para hacer de canguros, y nos hicieron la propuesta de ir allí a mí y a otro amigo mayor que nosotros. La cosa no salió como me esperaba, y no fui yo el agraciado en pasar con tu prima la noche o, mejor dicho, la media noche, pues nos marchamos de madrugada. Fue una media encerrona que me habían hecho a mí, puesto que los dos, tanto tu prima como el amigo, ya tenían en vista culminar aquella noche juntos, lo que por otra parte ya iba intuyendo, y yo debía ser la pareja de nuestra vecina, a la cual gustaba, pero que hasta ese momento, yo no había sido partícipe de ello. La noche se me presentaba fácil para liarme con ella, pero teniendo en cuenta que era de la edad de mi hermana, y por esta diferencia de edad, que ahora con el tiempo es absurda, pero en ese momento no lo era, nunca me había planteado ni fijado como una posibilidad tener relaciones con ella, generando ese día la frustración de nuestra vecina, que sintió que era rechazada. Por lo que la noche fue una noche de frustraciones compartidas,  la de ella y la mía, puesto que mi objetivo real se había ido a una habitación con otra persona, y la noche pasó sin que yo hiciese nada, con nadie.

Ahora, tras largos años me entero de que alguien te informó de esa noche, y que fue el detonante final para borrarme de tu imaginario futuro. Si al inicio del verano casi no te veía, al final del mismo, ya nunca más nos vimos. Nunca se me pasó por la cabeza que este acontecimiento fuese conocido por ti, es más,  por nadie. Creía yo que en aquellos días no lo supo prácticamente nadie, y me sorprende. Entiendo que ese tonteo con tu prima te molestase, pero nos traicionamos por el deseo que nos ciega, y más en épocas en las que todo es un torrente y todo avanza como en una riera que se lleva por delante lo que está varado en los lados. Mirando aquel verano, lo recuerdo como el último de una época. Y ahora sé por qué fue nuestro último verano, aunque realmente ya venía diluyéndose como te contaba, con la ausencia de salidas en común los fines de semana. En cierta manera envidiaba a Fernando, que estaba más próximo a vosotras, y se llevaba tan bien con Ana, y subía a su casa, y mientras tanto yo sin saberlo, estaba fuera, en la calle, solo en espera de ser rescatado de la soledad que tanto me acompañaba. Y me dolía muchísimo veros salir por el portal, después de haber pasado la tarde los tres en casa de ella, y yo no había sido convidado, no habíais contado conmigo para estar. Y solo quería eso, estar, para permanecer cerca de ti, para seguir soñando y disfrutando de tu compañía, y oír que dijeses ese Guau!!, de sorpresa y admiración por cualquier cosa. Pero ya acechaba en mi cabeza la imposibilidad de que yo estuviese en tu órbita, me veía lanzado al espacio como satélite que debiera buscar otro planeta en el que orbitar. Y me quedé tanto tiempo esperando un gesto, una palabra que nunca llegó. Y quise hacer un gesto, y decir alguna palabra que tampoco brotó jamás. Y se fue, y se terminó, aquel verano en el que tu prima acabó por separarnos.

 

 

 

.     *Los Elegantes dicen adiós al verano como cierre de una época, igual que el protagonista que tuvo un verano en el que cerró una etapa. Un final de verano aunque sin ese adiós que le avisase que aquello acaba por completo.

Adiós al verano

.     **NA: Publicado originalmente el 30 de Julio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Adiós silente

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Desde mi mesa en el bar, observaba a aquella pareja que parecía algo distante, bueno mejor dicho muy distante. Las caras muy largas denotaban el enfado, no estaban en su mejor día, era evidente. No se miraban, los ojos de ella con la vista perdida en lontananza, yendo tras la vidriera que daba a la calle, en busca de transeúntes que la llevasen lejos de allí. Él con la vista en la mesa, jugueteando con el vaso, (que estaba) lleno de cerveza, solo le había proferido un pequeño sorbo nada más traerla, ya hacía al menos 10 minutos.- Se le va a calentar- pensé. Desde que llegaron no habían cruzado casi palabra, salvo un inicial reproche de ella  nada más sentarse, en cuanto el camarero desapreció de su lado a por las bebidas que habían pedido. Ella, pelirroja, con melena abundante recogido en una coleta, y con esa belleza algo dura de las mujeres con ese color de pelo, tenía pecas, no demasiadas, las justas para darle un toque singular a su rostro. Ni muchas ni pocas, se diría que se eligió la cantidad justa para no afear la cara y sí para hacerla más atractiva, uno mirándola, desearía contarle esos lunares de un marrón suave, que se ven algo más por estar sobre una tez lechosa, pero que por efecto del sol, había tintado en un tono algo bronceado, no mucho, pues este tipo de pieles si se pasan con el sol, se enrojece demasiado y no toma ese color tostado. Me pareció reconocer en esa muchacha en su paso veloz cerca de mí a una actriz, y quizás eso es lo que me hizo interesarme en ellos, a él no lo reconocía. Después, ya el interés no era por ser una persona con posible fama, no era actriz de primera fila, pero sí de carrera incipiente y posiblemente podría destacar en el futuro. Como digo, no fue ese el objeto de mí interés, fue más el intentar descubrir cuál era el motivo de esa desavenencia, porqué estaban con ese enfado, qué se traslucía en sus rostros y sus gestos. El cuerpo nos dice mucho de nuestro estado anímico, y en este caso era un libro abierto, sus cuerpos aún estando cerca mostraban una predisposición al alejamiento, un alejamiento que deseaban. Cosa que me llamó la atención más si cabe: Porqué seguir allí si no querían estar allí. Los ojos no se miraban frente a frente, la vista huidiza delataba que mirarse era reprocharse, enfrentarse con los ojos del otro podría hacer que tuviesen que hablarse y quizás si hablaban, podrían decirse palabras hirientes, quizás ese fuese el motivo esencial de no mirarse, no hacerse más daño. Él intentó un leve acercamiento verbal, dijo algo inaudible para mí, no estaba próximo a ellos, por una parte esto me beneficiaba para poder observar sin ser descubierto pero por otro lado me daba rabia, pues no podía escuchar nada de lo dicho. Me gusta escuchar y elucubrar sobre lo que veo que me rodea y me llama la atención, por eso lo que sucede cerca o no tan cerca, me genera expectación, igualmente voy paseando por las calles y una ventana abierta con las cortinas descorridas atrae por completo mi necesidad de mirar y espiar lo hallado allí, me intereso por la decoración, por cómo viven los que habitan el lugar, imagino cómo será la estancia completa, pues solo vislumbro una muy pequeña parte de ella. Cualquiera podría decir que soy un cotilla y si bien no es exacto, sí que  en el sentido visual mi actitud se podría definir así, aunque en mi caso me atrevería a decir que en su sentido más suave y menos malicioso del término, diría que es más en sentido de voyeur, pues es búsqueda visual y no de saber para utilizarlo como información en beneficio propio o de daño de los otros.

En este caso como no había tenido una visión anterior de la posible discusión, o un gesto o una voz más alta que otra en la que hubiese podido intuir de dónde venía ese enojo, era más intrigante saber de dónde procedía la riña. Ella giró su cabeza, tras las palabras de él, espetándole algo y volviendo a mirar por el ventanal. Se la veía realmente enfadada. Él cogió aire e hizo un gesto de malestar, girando su cuerpo hacia un lado, dio un trago largo de la cerveza. Ella no había probado su bebida de refresco, quizás el nudo que tenía en la garganta no le dejaba tragar, quizás la angustia de la situación le hacía no tener ganas de nada, ni de beber, ni de conversar. Pero sí que se le notaba una ira contenida, un chispazo en sus ojos, dejaba ver que podría llorar si se dejase llevar, seguramente en otro lugar, sin público, seguro que ya estaría soltando lágrimas. Intentaba imaginar qué dolor le había infligido él, qué se habría derrumbado entre los dos. Sin duda era una gran decepción para ella, más que para él, o al menos él no parecía sufrirlo tanto, no parecía tan afectado. En la cara de ella había preguntas sin respuesta. Allí seguían sin hablarse, en tenso silencio, con muchas conversaciones alrededor de ellos, con muchos ruidos que para ellos quedaban en segundo plano, como banda sonora, a un inminente adiós. Desde mi mesa era partícipe de su tristeza, sobre todo la de ella. No sé porqué pero la entendía y a la vez la compadecía, era una situación incómoda para la pareja, e incluso lo estaba siendo para mí. A él le veía como verdugo e inspirador de esta situación, ella parecía preguntarle, aún sin mirarle, sin dirigirle la palabra; qué quería de ella, dónde habían quedado esos días por los que por ella vivía, qué hacía allí aún. Porqué destruyó el amor que le dio con ilusión. Porqué no se marchaba ya, y dejaba de regodearse del dolor que le estaba produciendo. En completo silencio, parecía estar gritándole ¡Vete!.

 

 

.     *El silencio muchas veces dice más que las palabras. Desde la distancia ese silencio nos habla a los que observamos, como en el relato, que nos muestra el final y el adiós de una relación, un silencio que parece estar diciendo márcharte, vete, igual que en la versión que hace Marlango de esta canción para la banda sonora de Malas Temporadas.

Vete

.     **NA: Publicado originalmente el 25 de Julio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Viejos tiempos (10ª parte)

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Pensar. Eso es lo malo, pensar, se dice a sí mismo. Hasta hace unas horas, su vida era su presente sin fisuras, su día a día, su ensueño. Él y ella, juntos, como estaban ahora sentados, y en mil facetas más, comprando, leyendo, escuchando música, saboreando comidas y viajando, sobre todo viajando. Divagar sobre otra cosa no se le pasaba por la cabeza, o no al menos con tal fuerza, con esa potencia que hoy le mantiene tenso. Alguna vez le cruzó una visión de un presente futuro diferente, pero tan rápido como ese reflejo aparecía, desaparecía. Se decía que cómo por un deslumbramiento iba a apartarse de lo bueno, de lo mejor que tenía en la vida, de todo lo que había recibido, y abandonar también todo lo dado. Él había dejado parte de sí en esta relación, se había volcado en ella y ahora dudaba de todo lo puesto y de lo expuesto. De esa exposición que lo deja vulnerable y desprotegido. De lo que estaba seguro es que tenía que dejar de pensar, se tenía que dejar llevar, fluir por la vida, estar, simplemente estar. Disfrutar de lo bueno, de lo común y desterrar lo egoísta.

Pero eso,  ¿no sería, no “Ser”?

Simplemente existir, sería lo suficiente para no sufrir, no darle vueltas a lo que estamos haciendo aquí, pensar en disfrutarlo sin padecer, ¿sería suficiente?

Solo buscar la ausencia de dolor, no físico sino mental, con una auto-lobotomía, borrar de la conciencia  lo que nos perdemos, no pensar en otras posibilidades, conformarse con lo hallado, no buscar más allá, no explorar otros horizontes.

Renunciar es la determinación que toma fuerza, renunciar a una vida de dolor. Un dolor impuesto por él mismo, con sus devaneos. Y piensa, que  si está en su mano evitar esa angustia vital porqué no decidir eludirla. Comienza a ver luz en este día tan tenebroso que está padeciendo. No sabe si está temeroso o es un temerario con estos pensamientos de ruptura con su propio pensamiento. Él, surcador siempre de nuevas experiencias y sensaciones, siente que está a punto de cambiar su vida, de tomar una decisión que marcará su presente futuro, y lo va a decidir en un lugar tan extraño como es un bar, a raíz de unos viejos tiempos que se le presentaron hoy, y que le acompañarán ya para siempre. Nunca pensó que lo esencial aparece cuando menos te lo esperas, las determinaciones importantes siempre las imaginó tomadas en lugares más místicos, menos prosaicos. En sus lecturas, los cambios en la vida de algunos, los virajes que la gente contaba haber tenido en su existencia, iban ligados a viajes iniciáticos, y aparecían tras viajar al Tíbet, a la India, a África u otros lugares exóticos, barnizando todo con tintes de introspección personal, por la religiones encontradas y basadas en la meditación o incluso simplemente por ver a otras gentes que no tienen las mismas oportunidades que ellos. Encontraron la luz que les hizo cambiar su destino, cambiar su presente. Pero él, habiendo estado ya en esos lugares nunca tuvo esa necesidad de elección, no se le presentó en aquellos días vividos lo que hoy, en un lugar como este, en un día casi como otro cualquiera, salvo por esos nuevos recuerdos que no conocía y ya son suyos, ya forman parte de su vida. En este lugar, en esta espera, mirando de soslayo a su pareja, intentando averiguar lo que ella podría estar pensando, si ha intuido sus locuras y dudas, si es mejor hablar ya o callar para hacerlo luego más tarde, en soledad, cuando su amiga haya sido despedida de nuestro lado. Tiene decidido que hacer, pero el vértigo le mantiene en un estado ido, con cierta sensación de mareo, la visión no llega a ser borrosa pero sí poco nítida, como en el inicio de una borrachera, en el que empezase a perder facultades, pero sin perder todavía el control, esa sensación de aturdimiento que precede al descontrol y el malestar. Lleva así varias horas, como en un vahído constante. No sabe si su decisión en el fondo es de un paso al frente o de cobardía, de un mayor compromiso consigo mismo o de dejarse vencer por las circunstancias habidas en el día de hoy, de miedo o de coraje.

Está deseando que regrese la amiga de su pareja, desea decir que mejor no van a otro lugar, desea irse a casa. Piensa en los viejos tiempos con su pareja, en aquel presente pasado, los inicios, las primeras citas, las llamadas interminables en las noches de invierno, las citas deseadas, las separaciones retrasadas al máximo por no ser queridas. La belleza de ella cuando bajaba del tren, con el corazón palpitante por el deseo del encuentro. Piensa en los viejos tiempos en los que él no estaba, en lo sabido hoy, en lo descubierto y que le hizo daño injustificado por su pensamiento egoísta, por enterarse de lo oculto. Compara esos tiempos pretéritos. Ambos forman parte de su presente, y añade sus viejos tiempos sin ella, y que a ella no ha hecho partícipe de muchos de ellos. Y piensa en lo injusto que ha sido con ella y con él mismo, cuánto oculto tiene él. Y le pregunta, que si se marchan, y ella contesta que falta su amiga, y él sonríe, y ella le sonríe.

 

 

                                                                                           .FIN

 

.     *Como en la canción de Presunto Implicados el protagonista decide que si ese es el camino que trazaron juntos es mejor no mirar atrás… En sus ojos se ha encontrado siempre que se ha perdido, por ello sabe que es el lugar donde mejor estar.

Todas las flores

.     **NA: Publicado originalmente el 26 de Julio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Viejos tiempos (9ª parte)

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Tiene lo mejor que nunca hubiese imaginado. Toda su vida se sintió a la deriva, y cuando mira hacia atrás ve el trayecto recorrido, y de pronto siente a su lado todo el presente pasado, compañeros de viaje que van junto a él, situaciones que se repiten en su mente y hasta llega a visualizar, aunque algunas quizás algo distorsionadas por la distancia, puesto que aunque siguen con él, van rezagadas. Ella le llegó como una brújula con la que no perderse, el derrotero por el que se estaba deslizando comenzaba a ser peligroso, y con su aparición, deslindó y esclareció cuál debería ser la senda a seguir. Y cuando se le tuerce el pensamiento como hoy, se siente mal, injusto con ella, injusto con él. La sensación de desilusión de lo que tiene, le quema. Todo le parece insustancial. Insatisfacción es la palabra que mejor define su estado. Cuando le ataca ese virus de nostalgias y deseos, cuando lo que posee le parece no ya poco, pero sí no ser lo que quisiera que fuese, cuando lo material no le llena y lo emocional se le atraganta y le ahoga, cuando esto le pasa la depresión le entristece de tal manera que teme por su salud mental. Y hoy está al borde de un abismo.

Su pareja regresa del aseo, con ánimos renovados y deslumbrante vitalidad. Él respira hondo, temía que con lo sucedido antes de marcharse, volviese con la tez mutada por la seriedad y las suspicacias, ahora la preocupación es no dejarlas a solas, de momento, por si la amiga le cuenta, aunque sea de pasada, su comentario invitador a la huída.

La amiga toma el relevo de su pareja, iniciando el camino hacia los aseos, y es ahora entre la pareja donde surge el silencio, que no es incómodo. Con la gente que se conoce y estima, el silencio no es turbador, no sentimos la necesidad de cubrirlo constantemente con palabrería, con sonidos, con ruidos que nos asusten menos que la ausencia de ellos. Al fin ella rompe el silencio, preguntando que si está a disgusto, y él le contesta que no, pero ella insiste en que entonces cuál es el motivo del comportamiento tan raro que está teniendo. Empieza a sentirse algo acorralado. Decide dar una respuesta evasiva, diciendo que es una percepción de ella, incluso contraataca, diciendo que al fin y al cabo, no es que él esté raro si no que está un poco al margen de ellas, puesto que están comentando recuerdos que le dejan sin posibilidad de intervenir, él no estaba en aquellas situaciones, solo podía ser mero escuchador de las aventuras relatadas por ellas. Le dice que se divierte viendo como las “batallitas” del pasado les traen a la cara la felicidad de momentos perdidos, que se las ve radiantes. De pronto ella le hace un comentario que lo pone en guardia, aún esperándolo no lo esperaba ya allí mismo, pensó que sería al regreso cuando ya se hubiesen despedido de la amiga, cuando los comentarios sobre la cita, empezasen a deslizarse entre ambos con algún reproche sobre el comportamiento poco adecuado de él. Pero tan rápido, no lo creía, le hizo repetirlo como si no la hubiese oído bien para tomarse tiempo de pensar en qué sería lo más correcto decir. Y tomó la decisión de no mentir puesto que se notaría demasiado, era tan evidente que decir lo contrario lo hubiese dejado a los pies de los caballos, es mejor una verdad innegable a una mentira muy clara por lo patente de la realidad. Prefirió contestar con un lacónico, “Sí, la verdad que sí que lo es”.

Y era tan cierto que era guapa y simpática, que negarlo era hacer el ridículo, incluso podría generar más desconfianza en su pareja. Ella le dijo que ya había notado por sus miradas que le gustaba. Más atrapado todavía se sentía, demasiado transparente para su pareja, que le conocía a la perfección, no se le escapaba nada de él, como cuando salía una locutora de Telediario y le hacía el mismo comentario, y él solo torcía un poco la boca con una mueca de medio sonrisa, como pillado en renuncio, y negando la verdad. Él enrojeció. Qué podía decir para salvar la situación. Optó por callar. A veces es lo mejor, no hablar. Al hablar se comenten errores, se dicen palabras que nos descubren y nos dejan indefensos por destapar lo encerrado y guardado con precisión para sentirnos protegidos y preservar lo conquistado. Hablar en ocasiones genera un derroche de frases que nos desnudan dejándonos a la intemperie, al frío cortante de miradas gélidas por la incomprensión de palabras que quizás no queríamos decir, que se nos escaparon por decir sin querer decir y que al final dicen más de lo que quisiéramos que hubiesen dicho. Esas ocasiones en las que queremos utilizar la verborrea para enmascarar y no ser claros, que queremos disfrazar el no decir diciendo muchas cosas, que sean vacuas, pero sin darnos cuenta empezamos a filtrar verdades que quisiéramos no decir, que se revelan tras las engañosas locuciones traídas por vocablos que intentan enmarañar y distraer. Por eso él decide guardar silencio. Cree que si habla, dirá lo que no quiere decir. Necesita pensar si sincerarse o no, si dar un paso al frente o no moverse, si mostrar toda la debilidad de su ser, o seguir con su fachada de tranquilidad y control. Si seguir con todo como hasta ahora o salir corriendo, salir en busca de lo que echa en falta en su vida, al menos lo que echa en falta hoy. Si él, que lo tiene todo completamente no se conforma con ello y abiertamente lo menta, o sigue conformándose con una vida que no le llena.

 

 

 

.     *Anni B Sweet nos deja esta versión para el recopilatorio de Mun Records, en la que el protagonista de la canción como nuestro personaje, teniéndolo todo le parece poco.

Completamente

.     **NA: Publicado originalmente el 24 de Julio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

                                                         …Continúa “Viejos tiempos (10ª parte)