Obediencia

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Saber que era uno de esos pocos rebeldes me hizo verle con cierto punto de admiración, por no aceptar el incumplimiento sobre algo acordado y no aceptar la orden de callar y seguir como si no pasase nada. Contestatario de lo que no era asumible por ser gravoso para él y los que le rodean. Su acción de rebeldía posible, significaba enfrentarse al poder fáctico, y le puso en el punto de mira, le etiquetaron como un ser peligroso por oponerse y no plegarse, por no someterse al dictamen de los que ordenaban. Le tacharon de peligro social, de incitador a la ruptura en la convivencia, y responsabilizaron de provocar enfrentamiento entre unos y otros por su postura de insubordinación.

No creo en la anarquía, creo en las normas y que éstas se deben seguir para poder vertebrar los derechos y deberes en la ciudadanía, y la insumisión sin un argumento que razone la negativa o la protesta no entra dentro de mi ideario, pero cuando las decisiones se tornan injustas, o pueden dañar a otros, incluso llevarles a la muerte, o en detrimento del respeto y protección de minorías, o cuando esas decisiones incluso son contrarías a los derechos de las personas, estos argumentos se hacen tan evidentes que no cabe otra posibilidad que alzar la voz y decir: “no estoy de acuerdo”, “lo que se quiere hacer no es justo”, o “no puedo hacer eso”, cuando se nos conmina a ser los actores en ello.

Con su acto, me hizo pensar que yo también debería hacerlo, que debería salir de la cueva y luchar por lo justo, que no debemos ser cómplices del verdugo, que no debemos ser partícipes y mucho menos la herramienta con la que golpear a otros bajo la idea que nos inculcan de que no hay para todos, y así ser nosotros los que hagamos el trabajo sucio pisando a los demás insolidariamente, creando la coartada perfecta para reforzar la insidia de quién nos ordena.

Y su acción me hizo pensar que no ya solo contra las instituciones viciadas debería tener desobediencia, también cuando lo pactado y contratado me sea cambiado y variado, y no aceptar esas modificaciones con conformidad cuando las reglas han sido transformadas y el juego ya no termina según las condiciones iniciales, siendo alteradas unilateralmente y sin pacto alguno.

Pienso en mi actitud y en la de la mayoría de los que me rodean y veo disciplina extrema sin analizar si es correcto o incorrecto lo que se nos inculca y transmite, o a veces sabiendo que no es bueno, nos decimos: “no podemos hacer nada”, “es lo que hay” o “ellos tienen la sartén por el mango”, incluso a veces les respaldamos diciendo: “cierta razón tienen”; y todas estas respuestas que percibo no me gustan, pero dar el paso al frente angustia, y genera temor e incertidumbre. La pasividad contemplativa de muchos se convierte en el motor de transmisión para sentirse a salvo y que ellos lo entiendan como un acto activo de confirmación de sus acciones. Y ese dócil pasivo queda convertido en sumiso activo que da pavor.

La obediencia debida; asusta, da miedo cuando es llevada al fin último. No hay más que mirar al pasado. No alzar la voz, sumisión sin pensamiento. Nos auguran y anuncian el paso a seguir y en una carrera ciega nos lanzamos por la senda aprendida, silentes no dudamos la orden a cumplir cómplices del poder. Olvidamos la lucha y la trasgresión para estar confortables con nosotros mismos. Nos decimos: yo no he decidido, fueron de otros las órdenes, los castigos, los dolores infligidos, los desmanes sociales por otros fueron debidos, no yo, que no decidí, no yo, que sólo actué como me mandaron, como me dijeron que debía de hacer, ellos dijeron que era por su bien, por nuestro bien. Traicionamos lo conseguido, con voluntad rendida, nos refugiamos en obediencia debida. Callamos, asumimos y otorgamos la verdad por otros decidida, bajo el manto de la sumisión nos amparamos para no decir no, cerramos o nos vendamos los ojos para no sentir, y con un balido nos vale para asentir.

Nos quedamos quietos, sin decir ni hacer, acurrucados en el seno del hogar, y las protestas las miramos lejanas, como si ellos, los que las hacen y se oponen, fueran de otro lugar, de otro país, de otro planeta, no vecinos y amigos, ni compañeros ni familia, y los miramos como a niños que tienen pataleta, puesto que los que mandan así nos lo cuentan: “que no te influya”, dicen,  y procuran el desprestigio argumentando el capricho insolidario de aquellos que se manifiestan y se rebelan. Nos plegamos a su envite de sosegada incumbencia, y nos piden transigencia por nuestro bien. Disciplinados aceptamos el mandato de fiel siervo que a su amo debe respeto, si el daño es a otros y a nosotros no nos va en ello, que luchen los demás por conseguir lo que todos perdemos. Perdida nuestra dignidad y nuestra moral, y nuestros principios añicos hechos, que podemos esperar de una sociedad que se esconde bajo el halo del mandato satisfecho.

Cuando con gran excitación le conté a ella lo que había hecho él, y todo lo que había provocado en mí, cómo había revuelto todo mí interior, me miró raro. Llevábamos cuatro años conviviendo y nos sabíamos diferentes uno del otro pero nunca había visto esa mirada. No coincidíamos en muchas cosas, pero sí en la atracción y el amor que nos teníamos desde que nos conocimos, todo bien sazonado con buen sexo, eso nunca nos faltó. Pero esa mirada me puso en alerta, y tanto me movió como la acción de él.

Me había dejado llevar por el conformismo, casi siempre siguiendo las decisiones de ella, y no poniendo nunca en duda que era lo mejor para ambos, siempre evitando la confrontación y guardando en un cajón los temas en los que divergíamos. Ella pensaba en nosotros como un todo, y quería estar en una burbuja, que no nos influyeran las cosas que nos rodeaban, decía que nuestra felicidad estaría asegurada si nos manteníamos al margen de lo que podría perturbarnos. Pero,  ¿cómo se vive al margen de la sociedad que nos rodea?, ¿cómo podemos evitar que no nos afecten los actos de los demás? Esa mirada me descubrió que aunque la quiera no puedo ni quiero dejar de alterarme con las acciones de los otros, pero quiero tener a alguien que me acompañe en ese camino, no quiero la obediencia ciega que estaba teniendo con ella y hacía ella, y supe que por ese camino no me seguiría. Descubrí que la primera rebeldía la tenía que afrontar en casa, decidirme, y no resignarme, ¿cómo convivir con esa mirada? Y fue ver sus ojos en mí y brotar las palabras calladas sin saber que las callaba, fue ver su asombro y su displicencia a lo que le contaba, y surgir con brillo de tristeza en mis ojos la frase que lo precipitó todo: tenemos que hablar.

 

 

 

.     *Para el texto de hoy la banda sonora nos la pone Supersubmarina con su llamada a despertar del letargo, un mensaje muy próximo al del relato.

El baile de los muertos

Supersubmarina-Santacruz-Frontal

    **Os dejo el enlace a la noche temática “El juego de la muerte” un buen documental (que recomiendo) sobre la obediencia y la influencia del medio televisivo, y que tuvo mucho que ver en que surgiera este texto.

El juego de la muerte

.     *** Publicado originalmente 1 de Octubre de 2013. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Quién vendrá

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Quién vendrá

que no parezca sobrar,

sí no hay hueco después de lo compartido,

todo está tan a rebosar

que parece que no hay sitio

para nada ni para nadie en este mi nido,

completo todo, de su recuerdo

aún no perdido.

 

 

 

.     *Vendrán días en los que su peso ya no será carga -que todo lo ocupe-… pero mientras, en estos días me seguirá faltando el aire; canta Manolo García para completar y mejorar mi poema.

Vendrán días

manolo_garcia-nunca_el_tiempo_es_perdido-front

.     ** Publicado originalmente 14 de Enero de 2015. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Gotas con sal

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En el mismo bar, en el mismo lugar,

donde hubo besos afrutados,

tus labios se hacen pétalos salados.

Me miras,

te miro,

pero ya no nos miramos igual,

me miras distante, alejada,

con una mirada ajada

por el deseo de huir.

Te miro triste

por el deseo que me impediste,

veo borrosas tus pupilas que dicen en la distancia ya no,

mis ojos miopes, tan lejanos

no ven ya los tuyos brillar,

los míos sí que lo hacen, gotas con sal.

 

 

 

.     *No es tan trágico como dice la canción de Fito Paez acompañado de Marlango, pero sin dramatismo sí que es cierto que con los años todo aquello se nos vuelve pétalos de sal…

Pétalo de sal

fito-paez-no-se-si-es-baires-o-madrid

.     ** Publicado originalmente 23 de Abril de 2014. Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

Otra idea de felicidad

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Dormir separada de su hombre,

no era su idea de felicidad.

Dormir con un cuchillo bajo la almohada,

no era su idea de felicidad.

 

Poner cerrojo en la puerta de su alcoba,

no era su idea de felicidad.

Los gritos a su regreso,

no era su idea de felicidad.

 

Que le llamen puta,

no era su idea de felicidad.

El olor a alcohol a su vuelta,

no era su idea de felicidad.

 

Las amenazas de quitarle la vida,

no era su idea de felicidad.

El maltrato psicológico,

no era su idea de felicidad.

 

Evitar encontrarse en el hogar con su marido,

no era  su idea de felicidad.

Vivir con miedo,

no era su idea de felicidad.

 

Ser su esclava y sirvienta,

no era su idea de felicidad.

Sentirse culpable,

no era su idea de felicidad.

 

Odiar,

no era su idea de felicidad.

Desear la muerte de alguien,

no era su idea de felicidad.

 

Convivir con el padre de sus cuatro hijos,

se convirtió en su idea de infelicidad.

 

Su muerte supuso liberación.

Su muerte le devolvió la felicidad.

 

La suerte le dio otra oportunidad.

 

 

 

.     *Quizás ella debía haberse vuelto como el fuego y haber sacado el valor para quemar sus puños de acero como dice la canción de Bebe, y no esperar y tentar con su pasividad a que la vida le diese una nueva oportunidad, que por suerte tuvo.

Malo

Bebe Pa fuera telarañas

.     ** Publicado originalmente 5 de Diciembre de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Un sueño de habitación

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En el blog “el bic naranja”, su autor Fernando Vicente, los viernes propone un ejercicio de creatividad, mostrando un vídeo o una foto para que cada uno desarrolle y cuente la historia que le sugiera ese elemento; catalizador y detonante. Esta es mi aportación sobre la foto de Frédéric Fontenoy, que podréis descubrir abajo tras leer el relato.

(I)

Un sueño de habitación.

Esa habitación del placer era mi sueño. Sabía de ella por un amigo, aunque poco me había contado, se pedía discreción y secreto a los que allí habían estado, un club selecto al que yo deseaba unirme, pero no era un lupanar y no se pagaba por el sexo por lo que el dinero no me abriría las puertas, sólo se tenía acceso por invitación. Me presentaron a dos chicas una noche de copas, y durante el trascurrir de la noche, en un aparte, me revelaron ser partícipes en aquello que yo anhelaba. Mi amigo no me lo había puesto en aviso cumpliendo con la discreción pedida, pero sí a ellas sobre mi interés. En principio me quedé algo sorprendido y perplejo por lo inesperado, además parecían dos chicas “normales”, una de ellas incluso algo entrada en carnes; uno absurdamente no se imagina que la gente que estima común se preste a esos juegos, pero ante su invitación a ser partícipe no lo dudé. Era un lugar de diversión centrado en juegos sexuales entre adultos; todo consentido, salvo golpes y violencia, nada de fustas, como me dejaron claro después, no era realmente un lugar de BDSM como pensé en un principio, y que era algo que me daba cierto reparo, aunque estaba dispuesto a enfrentarme a ello por entrar en aquel cuarto. Me dieron la dirección a donde me debía dirigir la noche del miércoles, era en un barrio céntrico de alto nivel adquisitivo, la finca era señorial. Al llegar al portal desde un coche llamaron mi atención con un toque de claxon, me acerqué y vi que era una de las chicas, que con una bonita sonrisa me dijo que montase, nos dimos un par de besos y me indicó que debía taparme los ojos para llevarme al lugar del encuentro y que a la hora de marcharme todo sería de la misma forma. Transitamos sólo un par de minutos, por lo que intuí que sería en una de las calles aledañas el destino. Estaba nervioso. Entramos en un garaje y desde allí subimos en ascensor unas cuantas plantas que no pude determinar. Entramos a una casa  y me condujo por un largo pasillo, me hizo detenerme y me quitó el pañuelo que tapaba mis ojos, estábamos frente a una puerta, y me dijo; – entraremos, y durante cinco minutos podrás ver como es la habitación y a quiénes estaremos ahí, a la vez te explicaremos cómo será el juego. Aún estás a tiempo de decidir si entrar o no. 

– Si entras, querrás repetir, pero sólo depende de nosotras que vuelvas a estar aquí -, insistió ante mi silencio.

Ligaduras y ataduras, guantes negros, tacones, corsés y ligueros, culos y coños ofreciéndose para dar y recibir placer, es lo que vi y cuanto os puedo contar. Siete mujeres en poses provocadoras, y yo con nervios y miedo de no estar a la altura de la invitación.

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(II)

El Juego.

Sé que deseas saber cómo es ese juego y él no puede contarlo por su promesa de secreto y discreción, ya contó demasiado y quiere volver, pero yo sí puedo decir cómo será ese juego si entras en aquella habitación. Te taparán los ojos y entre todas te desnudarán y calentarán para enderezar tu pene y ponerle un preservativo, luego se repartirán por la habitación bien oferentes y tendrás que ir recorriéndola en busca de coños y culos, y el primero encontrado será el follado a ciegas y sin miramientos, procaz y lascivamente. Las demás en ese momento podrán participar de tu cuerpo si lo desean, besándolo, rozando sus tetas o su sexo, chupándote los testículos, penetrándote con sus consoladores o haciendo cualquier cosa que se les ocurra sin mediar violencia. O si lo prefieren, jugarán entre ellas hasta ver cómo acabas corriéndote con tus embestidas. Luego abandonarán la estancia para que los dos podáis continuar a solas ya liberados tus ojos del pañuelo. Será en ese  momento cuando veas realmente a tu pareja de juegos, quizá no la que hubieses elegido, quizá no la que se ajusta a tu canon de belleza, quizá la entrada en carnes o quizás la de rostro feo, pero ahí radicaba el juego que ellas han decidido montarse eligiendo a sus invitados, así ninguna podrá ser rechazada por su aspecto, todas tienen las mismas oportunidades y eso les divierte y excita. Iniciado el juego ningún hombre ha dejado a medias lo empezado. Un juego de gallina ciega, en el que el premio es una buena penetración a ciegas primero, y después toda una noche para seguir jugando junto con la agraciada; ella por azar, tú seleccionado.

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Frederic Fontenoy - Foto

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.     *Sólo se vive una vez dice Gabinete Caligari, quizás por no se duda en aceptar ciertas invitaciones iniciáticas.

Solo se vive una vez

Gabinete Caligari - Privado

.     ** Publicado originalmente 6 de Octubre de 2015. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Lo mal que nos comunicamos

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Llego a casa cansado físicamente, pero sobre todo mentalmente, bregar a diario con las palabras es agotador, todo el día decidiendo e interpretando y gestionando las expresiones de otros; que hablan, escriben y cuentan cada vez peor o de manera más críptica, no ya con su intencionalidad si no por la falta de destreza con el idioma, con el lenguaje, y no hablo de hacerlo con errores gramaticales o sintácticos, si no por la elección de conceptos y palabras equivocadas en un intento de mostrar nítidas sus opiniones, pero no consiguiéndolo, y contrariamente creando una nebulosa por la que adentrarse en busca de algo que aprovechar, algo con sentido lógico, es toda una aventura. Hay gente que cuando se comunica con nosotros debería darnos un anexo explicativo para que su mensaje lo podamos entender. Muy alejados ellos del dardo en la palabra que decía Lázaro Carreter. Y el cansancio se hace mayor cuando has de convencer a un tercero de que lo que está leyendo no es con el sentido que a él le llega o él interpreta, si no con otro que no se ajusta a lo que se ha preguntado o de lo que se está hablando, o que lo dicho va en otra dirección a la que esos vocablos nos podrían llevar en una primera impresión por su falaz utilización y que tan lejanas quedan de su finalidad real. También he de reconocer que a veces nuestras preguntas son demasiado ambiguas o no están del todo bien redactadas.

Me descalzo, es una delicia liberar los pies de la opresión sufrida todo el día, me pongo ropa cómoda de la que tengo para estar por casa, sólo con estos dos gestos parece que uno ya empieza a revitalizarse, a tomar fuerzas, el proceso físico de recuperación ya está en marcha, ahora queda el dejarse caer en el sillón y que la mente se una a ese proceso de relajación. Antes, cojo una cerveza del frigorífico y la vierto en un vaso que también mantengo dentro de la nevera. Según la estoy echando ya casi la saboreo, como en esos anuncios que al caer la cerveza se forma la espuma y se te hace la boca agua deseando tener una cerca para beberla; en este caso ese sueño se va a cumplir ya mismo, y además sin la necesidad de irme a una isla o una cala y pasármelo “superdivertido” ligando o quizás en un concierto, todo muy hípster.  Se dará cuenta esa gente que esta idea publicitaria ya está agotada.

Me siento en mi sillón preferido, es preferido por que no hay otro, pero me gusta darle ese protagonismo, “Mi sillón”, una tonta extravagancia. Me quedo ahí unos segundos callado escuchando el silencio, respiro hondo, doy un sorbo de mi cerveza y abro un libro, aunque esto parezca contrario al descanso necesario, si llego como he dicho, con la cabeza atiborrada de palabras-; pero éstas lúcidas, por una vez en el día, me ayudan a desintoxicarme. Pero hay días, en los que esas palabras escritas no entran en mi cabeza ocupada sin darme cuenta en buscarte, buscar alrededor de la estancia entre los muebles que los dos decidimos colocar en ese o aquel rincón, buscarte en las paredes en donde aún cuelgan los cuadros que elegimos en nuestros viajes. Es imposible encontrarte pero es difícil no verte en cada mirada a mí alrededor, todo eres tú, todo es tuyo y mío, aunque ahora sólo es mío. Quizás yo tan embebido en mis palabras laborales no dejaba ninguna para las cuestiones domésticas, quizás llegaba tan desgastado que no me salían las necesarias para poder comunicarme, quizás como esos textos que leo en el trabajo y no dicen lo que deberían decir, yo tampoco supe expresarme ante tus interrogantes, ante las preguntas de tus ojos que quizás no miraba tanto como hubiese sido necesario. No supe interpretar tus gestos, ni interpretar tus frases, ni ese; – no pasa nada, y mis palabras ante ello no eran réplica coherente para discernir que algo nos pasabas, por supuesto no supe darme cuenta de que mi discurso era una entelequia indescifrable para ti y para lo nuestro y quizás te cansaste como yo de darle vueltas y sentido a mi decir fuera y alejado de lo que tú querías y necesitabas oír. Me fijo en la pantalla bien grande de la nueva televisión, aquella que compramos no hace tanto en la que queríamos ver películas de amor, bien pegados los dos en el sofá. Y recuerdo cómo te reías de mi cuando veías que las lágrimas humedecían mis ojos y tragaba saliva cuando la peli era sensiblera o con un duro embate para el devenir de los personajes, y cómo en esos casos me abrazabas y me decías; – Amor, si es que eres muy sensible. Veo mi propio reflejo en la negra pantalla que se me ofrece como un oscuro espejo, hago una mueca y me digo que la sensibilidad no es un aval para que te quieran por siempre.

Necesito seguir sacudiéndome el cansancio y ahora también tu imagen, y enciendo el televisor. Me dejo llevar sin mucha atención por los programas y publicidades que les acompañan y les dan de comer.  Y es ahí donde vuelvo a sufrir otro revolcón comunicativo de los que estaba consiguiendo desembarazarme con metódica dedicación. Ante mí, una batería de anuncios, intentando seducirme para que sea un consumidor de su producto o marca, o al menos que lo tenga en cuenta si surge la necesidad de ello o más aún, algunos osados intentan que sin esa necesidad en mi vida yo me la cree bajo el influjo de su sugestión, y he de reconocer que algunos lo consiguen.  Lo hacen de mil maneras diferentes, de lo racional a lo irracional, de lo tradicional a lo más vanguardista, del reclamo con aires del pasado que ahora dicen “Vintage” a la utilización de la tecnología más futurista. Y en esa amalgama de imágenes e ideas y formas de comunicar, surgen los que nos dan un bofetón, y te quedas noqueado, pero no por lo positivo, sino porque dos segundos después de acabar el anuncio dices:

-¿Qué me han querido decir? ¿Qué se ha fumado el creativo? ¿Cómo ha conseguido colar este anuncio a esa empresa?

En otros casos dices; -Qué bonito, pero no me he enterado de nada. Estos son resultado de muchos artificios visuales, llamativos la mayoría de ellos, pero que no llegas a entender que han querido decir. Por ejemplo; una especie de náufrago recorriendo un trasatlántico. Todo muy visual y con ritmo siguiendo la línea de sus buenas campañas anteriores, pero, esta vez  ¿qué me han querido contar? ¿Qué me haga un crucero? Normalmente sus anuncios aunque algo surrealistas contaban una historia más o menos “seguible” o entendible, pero en esta ocasión me perdí.

Y pienso otra vez, como antes con la gente que se expresa mal, que algunos anuncios nos deberían llegar con un anexo explicativo para poder entender esa deriva creativa.

La intención de diferenciarse llega a hacer que algunos anuncios sean descabellados y que en vez de beneficiar a la marca sólo se convierta en un absurdo despilfarro, que si bien no llega perjudicar a la marca sí posiciona mentalmente a la marca en un área del cerebro del usuario que quizás no sea el idóneo, y sin duda sí que es un derroche de dinero sin retorno. Aunque es evidente que en algunos casos lo que se intenta solamente es notoriedad, llamar la atención, buscar esa “viralidad” tan de moda, que es tan fugaz como intrascendente la mayoría de las veces, que convierte ciertas campañas publicitarias en algo ridículo. Esto como en todo va por modas; recuerdo la moda de las canciones y bailes en los anuncios como si fuesen musicales, y como a una marca le dio resultado, muchas se lanzaron en busca del mismo maná, fracasando o cansando al personal por insistentes y pesados con una fórmula que ya no resultaba original. Algo parecido pasó en la época de los anuncios surrealistas de los Hipermercados que también la alargaron en el tiempo en exceso siendo unos cansinos y perdiendo toda la gracia inicial. Muchas veces los publicistas se ahogan en su propio éxito intentando agotar hasta la saciedad una línea publicitaria o peor aún trasladar una idea que tuvo éxito con un producto a otros muy diferentes como si lo que funciona para un mercado pudiese hacerlo para cualquier otro. Y ya no hablemos del responsable de la publicidad de una compañía que llama a la empresa del creativo de turno y les dice; – Quiero que me hagáis lo que habéis hecho para esa marca.

Y en estas estoy medio aturullado otra vez como en el trabajo con mensajes absurdos y confusos; viendo perros que rastrean, gente que es golpeada por una mano gigante, un tipo recibiendo bofetadas en la cara, mensajes poco cívicos, como el de llevar un perro suelto en el asiento delantero del coche, y los que más me asquean de responsabilidad social corporativa. Cuando llega el unicornio rosa ya no me queda otra que apagar el televisor si no quiero caer otra vez en el agotamiento y perder el poco equilibrio mental que me queda. Todo queda en silencio, muy en silencio, ya no estas para enredarnos con las palabras y hablar de la mala publicidad, no estas para que compartamos esas dudas sobre lo que nos han querido decir esos anuncios tan raros y absurdos, ni alabar en algunos pocos casos los buenos que a veces nos hacían reír.

 

 

 

.     *Como en la publicidad que no da bien su mensaje evitando con ello la fidelización del cliente, en cualquier campo de la vida, una mala comunicación nos lleva a que no nos entendamos por exceso de palabras o por defecto de ellas, y en la pareja esto se acentúa y todo acaba por lo mal que nos comunicamos. Al final todo son palabras más, palabras menos, como nos cantan Los Rodríguez.

Palabras más, palabras menos

Los Rodriguez - palabras-mas-palabras-menos

.     **Publicado originalmente 27 de Noviembre de 2014. Hoy recibe una segunda oportunidad.

No molestar aun soñando algo contigo

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Me obceco en impedir que aparezcan las preguntas insidiosas, los celos desatinados, inexcusables siempre, sin derecho a espetártelos como lanza hiriente. Los celos posesivos, siempre injustificados; nadie es posesión de nadie y tú menos aún de mí, más cuando veo claro lo baldío de mis intenciones, apartadas y esquivadas por ti. Pero en mi soledad no puedo evitar instigarme a tener algo contigo, cuesta tanto el control y el alejamiento falsamente voluntario. No exagero, intento cada vez molestar menos, no acosar y guardar mi lengua para que no diga lo que no debe, y así, si  no lo pronuncio tampoco lo escribo, pero a veces no lo consigo y me traiciono y hablo de más y digo inoportunamente lo que debería acallar y esconder para que no aflore, y no decir, cuánto deseo tener algo contigo.

.     *Es difícil convivir con el objeto de nuestro deseo tan cercano y tan esquivo a la vez, y acallar las palabras y no decirle lo que nos canta Calamaro.

Algo contigo

Andres-Calamaro-El-Cantante-Del-2004-Delantera

**NA: Esta canción de Chico Novarro popularizada por los Panchos, ha sido y es muy versionada, os dejo algunas de ellas por sí queréis escuchar esas variaciones.

Fiel al Original: Los Panchos

Con un ligero toque de Jazz: Isabel Vinardell

Intimista (voz, guitarra y suave arreglo electrónico): Isabel Vinardell y Isabelle Laudenbach

Con leve pincelada aflamencada: Rosario

Con acento de México: La Rumorosa

Por el tamiz salsero: Vicentico (El que fuera componente de Los Fabulosos Cadillacs)

.     *** Publicado originalmente 13 de Abril de 2015. Hoy recibe una segunda oportunidad

Afligida solución temporal

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Cuando se marcha cierra despacio la puerta, y a veces echa la llave como si no quedase nadie dentro, como si no quedase nada. Pero yo sigo allí, aún en la cama, y me sonrío y pienso que su despiste le hace cerrar creyendo que ambos salimos. En ocasiones me recorre cierto escalofrío por el cuerpo como si lo que quisiera es dejarme allí sin poder marcharme como temiendo que no estuviese al volver. Otras veces ese escalofrío me es doloroso por creer que cierra porque ya no piensa en mí, porque al cruzar esa puerta, su mente ya se ha alejado del todo y he sido borrado por completo de él, de su vida. Sospecho que soy sólo un alto en el camino, un soplo de aire fresco necesario de vez en cuando para seguir avanzando cuando el aire de su vida diaria se vicia haciéndose irrespirable, y que me tiene como una ventana que se abre y renueva el oxígeno de una estancia. Quizá sólo soy para él esa ventana, que al salir de la casa cierra hasta que necesite ventilar de nuevo. Entonces veo a su mujer y a sus hijas como un gas tóxico que lo ahoga y que soy una solución temporal para no morir de asfixia.

 

 

 

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.    *El protagonista quisiera que al marcharse un día su amante le dijese lo que canta en esta canción Quique González; “No nos lo perdonarán, será definitivo, será para volver contigo otra vez”.

Caminando en círculos

quique-gonzalez-ajuste-de-cuentas

.     ** Publicado originalmente 19 de Mayo de 2019. Hoy recibe una segunda oportunidad.

El hotel, no era un dulce hotel

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Me desangro por los recuerdos cada vez que por azar escucho aquellas canciones oídas hasta la saciedad en mi cuarto, en la penumbra del mediodía o en la aburrida y ociosa tarde de verano o en la oscuridad insomne de la noche, a solas, dando una y otra vez la vuelta a la cinta en ese cacharro que llamábamos magnetofón, aquel “Hotel, dulce hotel” que tan melancólico me ponía con algunas de sus canciones, sonando una y otra vez. Reviviendo y haciendo mío lo que cantaba Sabina. Yo también me sentía así, como él decía en cada una de sus comparaciones, -incluida esa rima algo absurda del torero tras el telón de acero- , y cada vez que el repetía en su canción; “Así estoy yo, así estoy yo, sin ti”, yo lo aseveraba y repetía como una letanía. Y al son de otra canción, me imaginaba que tendríamos amor eterno, pero que también temía durase lo que dura un corto invierno y que tú volases, como poco a poco veía que se hacía realidad. Nunca hubo nada, sólo conversación, miradas, risas y deseo, un deseo tan contenido, y tan contenido de vergüenza que ahogaba y que finalmente ahogó o mejor dicho no llegó a ahogar, eso hubiese sido que respirábamos vida conjunta y la verdad es que no la llegamos a respirar. La duda e inseguridad lo que hizo es evitar que en ese aire hubiese oxigeno que pudiésemos inhalar, con lo que allí realmente entre los dos nunca hubo vida que ahogar. Y aunque yo no me daba cuenta de que no había oxígeno, si era consciente de que no había besos, ansiados besos, pero incluso así, sentía la letra de “Los besos de judas” como una certeza de lo que estaba pasando; me daba cuerda y de pronto un tirón, y sentía que lo nuestro era jugar al gato y el ratón, y cuando yo más le buscaba y me mostraba, ella más se escondía y me esquivaba. No era “Mónica” como él cantaba pero lo era con otro nombre suspirado entre las paredes de mi habitación, y en las escaleras en donde hacía guardia con la esperanza de verla y que desapareciese esa indecisión, que a mí me paralizaba y que creía que a ella le dominaba, pero que en el fondo no era indecisión era un cierre de puerta y en el umbral me había quedado yo. Saltaba las canciones que menos me gustaban y volvía una y otras vez a las letras que más arrugaban mi corazón, era lo único que me arrullaba y me dormitaba el desvelo, la angustia y la soledad; esa amante inoportuna. Y cuando sonaba esa melodía, ya el aire era irrespirable por la densa melancolía. Los meses pasaban y ese estado y sentimiento no cambiaba, era aún peor; -ella desaparecida por completo-, por lo que las frases se tornaban más reales y me sentía más identificado con esa canción; “Que se llama soledad”, y cuando la nostalgia de momentos juntos me atacaba, salía a mandarle un mensaje en una botella que primero tenía que vaciar, y después, claro, no era capaz de mandar el mensaje, y de tanto no hacer y esperar desesperé y no hubo otra opción que llegar a los “Cuernos”; que tontería decir cuernos cuando no hay relación, pero así lo sentía, cuando buscaba los brazos y senos de otras, los labios dulces que se dejaban besar, como besaba los suyos cada noche, con la banda sonora del cassette de fondo y rumiando alguna imagen suya del día o de otros días si ese no la había conseguido ver.

Aquel hotel empezó a dejar de ser dulce para parecerme más que amargo, incluso hubo un tiempo que casi lo aborrecía, pero con el paso de los años cesó tal amargura y su sabor ha quedado en agridulce, porque cada vez que vuelvo a ellas, a esas canciones, o me siento sorprendido por ellas, totalmente desprevenido, llega abrumador su recuerdo; entonces, dulcemente la amo y agriamente la detesto a partes iguales, dulcemente la deseo y agriamente me detesto.

 

 

 

.     *En ese develo, atormentado por la incomprensión, cuando nuestra amante no es quién quisiéramos y sí otra inoportuna que es la soledad, toma más fuerza esta canción de Sabina.

Que se llama soledad

Sabina - Hotel_Dulce hotel

.     ** Publicado originalmente 24 de Septiembre de 2014. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Cómo será la huella

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-Hay veces que me desvelo y pienso en ti, y en mí, y en aquellos momentos, en aquellos años, y me pregunto si tú pensarás alguna vez en mí, o soy tan pasado que ni por un segundo soy presente en tu pensamiento. Puede que en tu cabeza esté tan enterrado en vida que no sea ya, aun viviendo-.

Unas veces es una y otras veces es otra la que aparece en ese desvelo, y me pregunto qué será de cada una de las que acompañaron algún instante de mi vida, unas por unas horas, por un día, otras por varios, algunas por unas semanas, las menos por algunos meses, pero todas y cada una de ellas siguen ahí, vivas, no enterradas en vida, aún respiran dentro de mí, y me pregunto si yo vivo en ellas, si respiro en otros cuerpos, o si alguna vez levemente, surjo como sombra de un pasado, o si por el contrario escribieron mi nombre y me borraron como en aquel relato de By y ya no soy, y mi nombre se les desvaneció y con él mi imagen, lo vivido y lo compartido, poco o mucho, quedando en nada. Cada una moldeó un poquito de mí, tanto de las que salí huyendo o aparté o me aparté como de las que desertaron o decidieron otro camino. Me pregunto si cuando ellas hacen bagaje, o echan la vista atrás o miran pretéritamente su vida aunque sea por un segundo, seré uno de los actores que recobran vida o por el contrario no aparezco en escena, ni con una simple frase, ni como secundario, o más aún ni siquiera formo parte de los títulos de crédito. O quizás en algún caso tomo protagonismo y surgen sentimientos hacia mi imagen, unas veces afectuosos y otras de desprecio y odio o resentimiento, algunas otras de indiferencia, supongo que esto último la mayoría de las veces llegado el caso de ese protagonismo ilusionante a la vez que iluso. Uno quisiera que siempre fuese su paso por la vida de otros agradable y amable y no lacerante e hiriente, y ser visto con los ojos del cariño y no con la mirada del rencor y la antipatía. Y sea en un sentido u otro; el afable y benigno o el dañino y desfavorable, el ego empuja a querer conocer el impacto sobre otros y creer que no ha pasado desapercibido para esa gente, que algo dejó en la vida de ellos y más de ellas, claro. Me gustaría saber si dejé huella; profunda o liviana, pero al menos huella, porque ellas, unas y otras sí que la dejaron. Y sin querer evocarlas surgen inesperadas en ocasiones, como en esos desvelos que cada vez aparecen más cotidianos. Todas están dentro de mí, forman parte de mí, aunque algunas de esas huellas son algo más difíciles de rastrear puesto que su paso fue tan veloz que casi ni posaron en su fugacidad, -como esos animales que al correr casi no apoyan sobre la superficie que pisan-. Pero sin gran esfuerzo las encuentro, y aparecen claras y evidentes y me hacen ver a aquella que la dejó y aquel momento que fue. Siempre evitando amarrarme, sé que no me porte bien algunas veces, y que muchas de ellas no nos acompañamos más que en un breve naufragio, a veces mutuamente decidido otras producto de mi escapada y huida, en mi afán de no quedar anclado, por mi deseo de no perderme otros labios y otros cuerpos, por pensar que lo que estaba acaeciendo no era amor definitivo si no sólo deseo, y había tanto deseo alrededor, que uno actuaba pensando que siempre había y habría alguien más con quién disfrutar y que ella, la de ese momento, evitaría que conociese a otras en espera de que llegase la definitiva, aunque realmente dudando de que la hubiese y quizás en el fondo no queriendo que apareciese, convenciéndome de que cada una de ellas, de las que aparecían no era la idónea y plena, engañado por el pecado de juventud  que empujaba  a pensar que podría pasarme la vida de flor en flor con mi libertad intacta, en búsqueda eterna. En esta senectud que va llegando, rememoro esos brazos y esos abrazos y esos besos dados y los no dados que dolientes quedaron y merodean sobre esas huellas, todas encontradas, ninguna sin referencia clara, por mi cuerpo por mi mente por mi alma. Las difusas y las nítidas, las suavemente marcadas y las profundas, las que sajaron y dejaron herida y las dulces que acariciaron.

Y en el insomnio, cuando aparece el recuerdo y vago por él para ir siguiendo los pasos dejados por esa huella, acechante durante el rastreo surge la duda sobre lo apropiado o errado de ese instante, -absurdamente, pues no hay remedio para bien o para mal-. En ese vagar, rememorando el momento que dejó esa huella, a veces me distrae una nueva y me aparta del rastro que me trajo el desvelo y me lleva por otro camino, haciéndome tomar conciencia de que unas y otras huellas se solapan e incluso que sus dueñas cohabitaron, y aparece la pregunta; ¿Cómo sería todo, si hubiese sucedido de otra manera?, y emergen más las equivocaciones que los aciertos, los ahora no haría esto o hubiese debido de actuar de otra manera o que gran error fue decir o hacer, o más aún no hacer no decir, y en estas divagaciones ridículas me envuelvo y acuno para ir mortecinamente entrando en el sueño por el ensueño del pasado, y brumosas flotan las preguntas. ¿Y en ellas? ¿Quedó rastro o rasgo alguno de mi presencia en sus vidas? ¿Se acordarán cuando miran atrás de que estuve allí a su lado? ¿Cómo será, -si la hubo-, esa huella?

 

 

 

.     *Lo dice Aute interpretado por Silvio; vivir era vértigo y no una carrera. Y como a él, a veces, nos va la vida en saber lo que hemos significado para otros y dar sentido a lo vivido, y no pensar que todo ha sido naufragio por malentender el verbo amar.12

Me va la vida en ello

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.     ** Publicado originalmente 2 de Octubre de 2014. Hoy recibe una segunda oportunidad.