En cada latido

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Tengo un amor

no correspondido

que me hunde

en cada latido.

.

Hoy en mi delirio

he vuelto a encontrarte,

te odio por éste sentimiento

de amarte.

Oigo el deseo susurrando,

expectante, porque

no te tengo cerca,

ni ahora ni antes,

sólo fue un espejismo

que me partió en dos,

uno ha muerto, otro vive

suplicante.

Vuelve,

te necesito cuanto antes.

.

Tengo un amor

no correspondido

que me hunde

en cada latido.

 

 

*Luis Eduardo Aute nos presta su música para acompañar y enriquecer la poesía de hoy.

Sin tu latido

 

.     **NA: Publicado originalmente el 18 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Por la luz de tus ojos

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Por la luz de tus ojos me podría ir muriendo, luz que emanaba secretos, dulces miradas que detenían el tiempo. Y es morir recordar tus labios que fueron promesas de lascivias y besos mundanos, y sentir tu cuerpo apretado al mío, cálido y tibio, y tu piel sensible a mi tacto, que se estremecía y me hacía estremecer. Abrazos en la desnudez de los sentidos, no nos movíamos por no romper el hechizo. Tras el tiempo amándonos y libándonos mutuamente, nos llegaba el silencio y el sosiego, y el orgasmo quedaba parado, allá, mítico, y nuestra memoria y nuestros cuerpos entrelazados, morían a cada segundo por haberse encontrado. Y el brillo de tu mirada, me hacía temblar, mirada intensa que deslizabas sobre mí. Y el vello se erizaba con tu simple mirar, anticipándose al placer venidero, goces traídos de otro tiempo.

Fingir que aquello no existió es hacernos un flaco favor, sobre todo, es arrancarnos parte de nuestra vida, extirpar lo bueno y bello que nos sucedió. Aquellas tardes, horas en la cama, infinitas, descanso al desenfreno para volver a iniciarlo, una y otra vez, hasta que el atardecer se convertía en noche y la noche en amanecer, y seguíamos allí, encerrados en las sombras del placer. En la penumbra, tus ojos resplandecían aún más, iluminando toda la estancia, y entonces tu sonrisa plena de felicidad se veía clara y diáfana, entregada a mí para que me perdiera por ella. Y yo lo hacía, me iba tras los dientes blancos, perfectos, tras la boca carnosa, presagio de húmedos besos, y por allí me deshacía en ti. No nos queríamos ir, no salir, estar siempre así, uno al lado del otro con la vida alejada, en el lugar que habíamos decidido para que nadie encontrara nuestra fragilidad, que compartíamos y alimentábamos uno del otro, cada vez más quebradizos y sensibles a un mundo hostil.

Y los ojos por los que se me iba acabando la vida, me susurraban esos días que no acabaría nunca ese sentir, y yo lo creí. Y fuimos avanzando, reconociéndonos y explorando los deseos, y los cuerpos indefensos recibieron unos cuantos arañazos, que se profundizaron, y fueron heridas,  que hoy convertidas en cicatrices no se olvidan. Nuestras manos y dedos ansiosos por tener al otro amarrado, nos fueron marcando, y poco a poco asfixiando. Apretando y apretando sin medir el daño, pero cada vez que nos mirábamos, tus ojos me curaban del espanto, en el fondo de ellos yo me diluía y no sentía el daño.

Hoy por aquellos ojos seguiría muriendo, en la distancia lo hago, con el recuerdo, luz que emanabas y te guardaste secretos, y no los compartirás si no con otro, no yo desde aquellos tiempos. De tanto amarnos nos dábamos sufrimiento, de tanto querernos, los afectos se convirtieron en puñales, dagas que se nos clavaron profundas, o peor aún fueron saetas que son difíciles de sacar, más complicadas de extraer, con su punta de garfio. El filo frío, cortante del acero entra y sale, rápido y limpio, sólo manchado de sangre, raudo y mortífero al instante, pero los arpones te desangran poco a poco y la herida que dejan al sacarlos es grande.

Y por los tajos y picas recibidas, nos fuimos vaciando y no quedó nada dentro, quedamos débiles y flojos y sin fuerzas para avanzar, secos los sentimientos, de tanto amar dejamos de amarnos, y el cariño se transformó en cansancio y hastío, que minó lo más profundo, lo de adentro, lo que no se ve y nos mueve, el deseo.

Deseo del otro, deseo de fundirnos en uno, sentirnos inmunes al mundo. Pero no lo fuimos, no fuimos inmunes a lo de alrededor, a la vida, y la burbuja estalló y la eclosión nos lanzó lejos, uno del otro, volvíamos a ser dos. Nuestro estado delicado, nos hizo buscar otros de quién tomar fuerzas, que nos diese lo que nos dejamos atrás, succionado por el otro. Y creíamos que ya no podríamos sentir igual, pero al poco, supimos que no era así, que hay más, y buscaste a quién dar secretos que se quedaron allí dentro de tus ojos, y lo encontraste y me dejaste atrás y yo busqué y encontré, pero nunca secretos como los de tus ojos, por los que aún en este tiempo, por ellos me podría ir muriendo.

 

 

 

.     *Los Rodríguez y Ariel Rot, nos dejan sus miradas para acompañar otra mirada, otros ojos, los del texto.

La mirada del adiós”               “Dulce mirada

 

.     **NA: Publicado originalmente el 2 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Entre tú y yo no hay nada

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Entre tú y yo ya no hay nada. Cuando llegué a tu lado robaste mi voluntad, tú me mirabas y tu mirada me abrasaba, las tardes compartidas en la puerta de tu casa deseando una y otra vez tu sonrisa despreocupada. Mi imaginación desbordada con mi inocencia que me ahogaba esperaba tus señales que a veces llegaban y me confundían hasta el alba, no entendía nada, hoy me acogías y mañana me apartabas, y cierto odio y rencor se fue instalando en mí, y sin darme cuenta, apartándome de ti. Entre los dos solo quedó un halo de traición, no nos supimos decir lo que nos amábamos a la cara y desembocó en amargura y dolor que me inundaban de lágrimas y tristeza mi fachada. Los recuerdos de aquel ayer aún me duelen aunque entre tú y yo no hay nada, solo dolor, y me pregunto qué pasó entre los dos, porqué lo nuestro nunca se consumó si fuiste el amor de mi vida, porqué nunca tus besos fueron reales, porqué tu marcha inesperada. Recuerdo aquel ayer cuando me preguntaba, porqué te vas y mis abrazos quieres rechazar, porqué tú no me puedes querer, porqué. Y no encuentro respuestas que me hagan descansar, me hundo y sólo el ansia por entender me mantiene en pie, pero no entiendo que me quisieras olvidar, que me dijeras “basta” sin empezar, y aún después de tanto tiempo solo en la oscuridad intentando cerrar la herida con los ojos vidriosos me repito; entre tú y yo no queda nada.

 

 

.     *Los Romeos nos traen su potente batería y sus guitarras esta vez un poco más sosegadas para hablarnos de las dos caras del amor y preguntarse porqué lo nuestro no fue, mostrando que del amor al desprecio no hay más que un paso.

Las dos caras”                                    “Porqué, Porqué

Los romeos sin conexiónLos Romeos

 

 

 

 

 

 

.     **NA: Publicado originalmente el 28 de Enero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad, con algunas modificaciones.

 

El hueco de tu cuerpo

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Veo el hueco de tu cuerpo, miro al lado, y solo veo el hueco dejado, la cama se hace gigante, miro de soslayo, me da miedo afrontarlo. Solo veo hueco, vacío donde antes hubo tanto, todo lleno, repleto de vivencias, aciertos y fracasos. Ausencia del cuerpo ajado, hoy solo carencia de tu peso a mi lado. Y no recuerdo lo bueno o lo malo, solo la falta de tu presencia, todo lo demás quedó en el pasado. En el despertar me veo solitaria y no encuentro donde posar mis ojos, que siempre buscaron ese lugar que tú ocupabas, hoy reduciendo mis sentimientos a nostalgias, pero no veo nada de lo que fue, solo veo que no estás. Me recreo en buscar, buscarte, me imagino o fantaseo que te levantaste por cualquier motivo que invento, y espero, espero tu vuelta en cualquier momento. Y  me giro, toco tu hueco, ese hundimiento que te acoge en tu sueño, y caigo, vuelvo a equivocarme, ya no acoge tu dormir, desde hace tiempo estás desaparecido, pero a veces no lo tengo asumido. Y me vienes a la mente y te creo conmigo, y te miro sin sentido, no hay nada que mirar no te voy a encontrar, pero sin quererlo insisto. Hace tiempo que lo sé, y me lo repito, pero casi todas las mañanas me pasa lo mismo, me quedo aturdida y por un instante, abstraída, ensoñando como sería el despertar de este día, si tú otra vez, me lo alegrarías, como antes, tantas veces. Y quiero que te aparezcas y visualizar aquellos días de dulzuras, de juegos y  risas, pero no lo consigo ver, se ha borrado tu cuerpo de mi cama y muchas cosas con él, y me pone triste que no pueda sentir otra vez ni siquiera dentro de mi cabeza, lo vivido junto a ti. Es como si todo lo que va unido a tu imagen se haya difuminado o embarrado de tal manera que no lo reconozco, y si aparece no me parece aquello que fue, si no que creo que mezclo las historias y te atribuyo lo que no es y en cambio no consigo atribuirte lo que compartimos. Tu hueco frío, nadie lo ha calentado desde tu partida, lo miro, y lo remiro, y la angustia primera se pasa, dos segundos de tristeza cada mañana, saltan las lágrimas y las trago y me digo “ya pasó”, pero cada amanecer vuelve a suceder. Respiro hondo, muy profundo, cierro los ojos, los abro otra vez, pero todo sigue igual, el silencio atruena por toda la habitación y me hace daño a los oídos. Busco en mi mente qué sonidos nos hubiesen acompañado en el despertar y no los encuentro, ni encuentro las palabras que me decías y me dirías ahora aquí al lado de mi cuerpo, qué susurros eran aquellos que ya no recuerdo, y no hace tanto que fueron, y te maldigo por llevarte todo ello con tu cuerpo. El silencio que no se trunca, hace caer más lágrimas sobre mis manos, que intentan consolar todo este desánimo, este ritual de miedos y preguntas, de alboradas que asustan. Miro el hueco, aún hundido, o es mi invención que lo cree hundido, y me sigo engañando para no sentir el daño, saber que ya no estarás no lo quiero aceptar, y me hurgo dentro para sacarte poco a poco pero ni así puedo, y no sé porqué no te saco de adentro, y me confundo, ¿quiero o no quiero?, e intento corregirme y decir que ya nunca estarás en ese hueco, y tiemblo con la soledad del amanecer, en el que no sé lo que siento, si rabia, odio, amor, tristeza o miedo, no sé qué me pasa, pero sé que te echo de menos.

 

 

 

.     *Zahara nos acompaña el texto con su música sosegada, tranquila y desgarrada de ausencias y huecos vacíos en las madrugadas.

Con las ganas”                            Sin haber venido                                 

.     **NA: Publicado originalmente el 5 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Amenaza y chantaje en los días raros

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Demasiados días moviéndome entre la amenaza y el chantaje, en una marea incesante. A ratos la tristeza toma el mando, y me veo incómodo, falso, basándome en el engaño y en su inocencia, pero no veo otra manera de convencer y corregir y enderezar. Aunque me dicen; -no hay que verlo así-, y salvan la crudeza del asunto con eufemismo llamándolo negociación. Me consuelo pensando que pronto ha de pasar, que no es lo normal, que estos son los días raros.

 

 

.     *Como dicen Vetusta Morla; “Aún quedan vicios por perfeccionar en los días raros”. Supongo que esto lleva su tiempo y quedan aún muchos días raros…

Los días raros

 

Febrero

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Si estás pensando en dejarme, hazlo. Pero no lo hagas todavía, espera un poco más, no lo hagas en febrero que es como empezar de nuevo. Si recuerdas bien, nuestras vidas se juntaron en este mes, y si me abandonas no lo podré soportar, sentir el inicio y el final todo en una palabra me puede matar. Lo que no entiendo es qué pasó, ya sé que nada es igual, que han pasado muchos febreros y el desgaste entre nosotros acabó con la pasión, pero mi cariño no se terminó, y no comprendo qué te pasó a ti, que mi amor ya no te vale, y dónde quedó el tuyo por mí. Aquél primer febrero hizo más frío que en todos los inviernos, nos acurrucábamos en los bancos de cualquier calle, no teníamos dinero para refugiarnos en los bares. Ese primer febrero nos sentíamos inmunes al viento helador que golpeaba nuestros rostros, que se juntaban para besarse, nuestros labios calientes se fundían y desafiaban a los copos de nieve que nos caían y se derretían en nuestras caras, que hoy evitamos mirarnos. Tus ojos tan próximos en ese febrero hoy no logro verlos, los cierras y apartas para evitar mi mirada, que te suplica para que no te vayas. Dices que te miro y te imploro, y que eso no lo aguantas, que ya no queda nada, que no insista con ese mirar, no soportas volver a mis súplicas para hacerte recordar. El hielo que fundimos aquel febrero hoy te hiela el corazón en este que hace calor. Tenemos que tomar caminos diferentes, que nos alejen, fuera de cinismos lo sé, pero que no sea en febrero, espera un poco más, si no, no lo podré soportar, recordar cada vez este mes ya no con cariño si no con todo lo demás, con el rencor ahogado por el abandono que me harás y que siempre a ti me unirá en este mes tan amado que a partir de ahora no podría sobrellevar. Vete, pero un poco más tarde, no me dejes en febrero, con el dolor en el mes que más quiero, aunque tú ya no estés no me rompas febrero, ya me destrozas el corazón si te marchas de mí, pero detente, que no sea en febrero, cada vez que lo pienso me pongo a morir.

Y sé que te pido una estupidez que ya no hay nada, que ya nada va a cambiar y que piensas que da lo mismo la fecha, sé que en el fondo ya no estás y no estarás en lo que queda y nada va a cambiar, pero para mí no es igual, recordar que te conocí en febrero me hace temblar, y cada vez que llegue otro año pasearé por las mismas calles, quizás te vuelva a encontrar, pero si me abandonas en febrero no podré salir en busca de esa piedra donde poder volver a tropezar, habrá otro recuerdo que me lo impedirá. Te lo pido, en febrero no lo hagas, no me digas adiós, espérate a mañana, que ya marzo será.

 

 

.     *La música de La habitación roja nos trae su febrero, que me ha inducido a situar mi historia de abandono en este mes, para enlazarlo con la canción.

Febrero

.     **NA: Publicado originalmente el 29 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

De temores y fantasmas, vuelve la poesía.

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Llegan las necesidades del hijo y desbaratan la poesía,

pero sobrevive, y vuelve

de temores y fantasmas vencidos sobre el hijo.

 

 

.     *Como dice la canción de Vetusta Morla, “Fue tan largo el duelo que al final casi lo confundo con mi hogar”.

Cuarteles de invierno

vetusta_morla_la_deriva-portada

 

 

Perdida otra vez

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Cuando llegó, hacía bastantes años que no sabía de ella, éramos de esos amigos que se ven sólo de copas, y la fuerza de la costumbre y la repetición y el encuentro fortuito o no buscado hace que te vayas creando un lazo de amistad lejana, más de vista que de sentimiento, más visualizada que sentida. Todo empieza con la presentación por medio de un amigo común y continúa con leves saludos, con gestos y miradas alejadas, breves movimientos de cabeza y sonrisa livianas, y poco a poco eso da paso a conversaciones cortas en la barra cuando se coincide allí por la necesidad de pedir una consumición, y sin posibilidad de escape, y después  otros días los saludos son más largos y efusivos y las barreras de cortesía se van limando y se convierten en confidencias y risas, y ya los contactos no se producen en la barra o en la distancia si no que hay un acercamiento al lugar donde está el otro, y parece que se llega  a una complicidad que se transforma en afecto y poco a poco aparece la atracción física, esa que hasta el momento no había sido el motivo de relación, y surge lo inesperado, una noche larga, sin darse uno cuenta aparece el deseo y los besos se abren camino entre el humo del local, rodeados de gentes que ya no importan, y de música que se oye pero no se escucha, se transforma el entorno en un lugar en el que se flota ajeno a lo que sucede alrededor y los ojos se cierran y el aire se vicia de vicio, hasta que encienden las luces y hay que iniciar la marcha a otro sitio donde poder aplacar la calentura y ardor y lascivia, encendidos y difíciles de apagar, y es cuando ofrece su casa y todo se inunda de prisa y urgencia y celeridad, y de cierta inseguridad, no es un ducho amante, no ha tenido tantas experiencias que le den cierta solvencia en las distancias finales que no le generen dudas del éxito al término de la noche, pero se lanza y va, y tardan en llegar y se enfría la situación, y parece que todo acaba, pero de las cenizas queda un rescoldo y cuando se quedan solos ella pone música y se mecen con ella y resurge el calor aplazado y la pasión urge de nuevo al encuentro, los besos, las caricias y finalmente el sexo, mundano y  enérgico, toda una combustión entre los dos.

Y llega de nuevo después de haber desaparecido, y me veo a su lado tanto tiempo después de aquella noche sin fin en la que fuimos amantes y en la despedida me dijo; -hasta pronto, nos veremos por ahí-, y no fue así, no nos vimos por ahí. Han pasado los años y aparece ahora como renacida, me cuenta que vivió fuera que lo estuvo haciendo en una isla, y que volvió a la ciudad hace poco, que quedemos, que salgamos por ahí, y yo tonto caigo otra vez, quizás ansiando repetir lo vivido al son de aquella canción de Bosé que puso en su casa la noche que fuimos uno y no dos, que rodamos por su salón, desnudos y sin pudor, y le hago caso y salimos y tomamos y nos divertimos y vuelve a llevarme a su casa que ya no es aquella casa, es otra diferente, en otro lugar, y los recuerdos no me invaden como creía y esperaba al entrar, hasta que pone otra vez “Te amaré” y todo el recuerdo se viene encima, y me pregunto qué pretende de mí y no lo logro entender, pero me dejo querer y hacemos el amor otra vez, y me dice que he mejorado con los años que lo ha pasado muy bien, que hoy fue mejor que ayer, pero los dos sabemos que aun siendo peor aquello queda como mejor, lo de ayer está en la memoria, y lo que está allí como primera vez está idealizado y no se puede competir con ello, aunque lo de hoy nos parezca mucho mejor con el paso de los días entendemos que aquello perdurará más que lo nuevo, que lo de hoy, que lo de este momento, que quizás con tiempo, con mucho tiempo sustituya a ese primer recuerdo, y pensando en esto, que podría suceder si se repite una y otra vez, despierto de golpe del ensueño al encontrarme que ya no está, que varios días después se ha vuelto a perder.

 

 

.     *Hoy con la música de Love of lesbian y su primera combustión como la del protagonista, y la de un jovencísimo Bosé cuya canción forma parte del texto.

Te amaré”                                        “Mi primera combustión

  

.     **NA: Publicado originalmente el 15 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad, algo modificado el texto y el título.

Resquebrajado

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Me parte el alma. Me parte el alma cuando se gira y desde allí con la puerta entornada, casi cerrada, de la mano de las monitoras y cuidadoras que lo acompañan en ese lapso de tiempo antes de que llegue la hora de clase me mira, con una mirada intensa, fija, con esa cara llena de seriedad y tristeza, con esos ojos suplicantes que me dicen; no te vayas, quiero seguir a tu lado, quiero estar contigo, no me abandones, y que me deja unos segundos petrificado sin poder evitar devolverle esa misma desazón ese mismo desamparo que percibo en él y que de repente me asola a mí, y aunque no llora, sé que por dentro se rompe como yo me rompo, que siente un frío que quizás aún no entiende, como yo siento ese escalofrío que me recorre todo el cuerpo que me angustia y ahoga, que hace que sienta los ojos inflamarse y puntearse de brillos líquidos, y salgo con todo el amor que le tengo anudado a la garganta, y exánime me quedo unos minutos dentro del coche reponiéndome, con la tristeza borboteando dentro y fuera de mí.

 

 

.     *Y  en ese cruce de miradas resuena “Cavatina” de la BSO de “The deer hunter

Cavatina

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Me gusta cuando me hablas bajito

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Me gusta cuando me hablas bajito, como en susurros, como si fuese un secreto lo que vas a decir y no debe llegar en voz alta a los oídos de cualquiera. Me fascina todo lo que haces y dices, que no sé muy bien de donde lo has sacado, supongo que lo aprendiste de nosotros en algunos casos y de la escuela en otros. Me gusta cuando me contestas con tu hilo de voz ese “vale” que me desarma, y también ese otro que dentro de unos años no me hará ninguna gracia, ese “vaaale” alargándolo como de hastío por lo que te digo y que a tus dos años y medio de edad ya te empezaba a salir como cansado por mi insistencia sobre lo que debes hacer o no, y tú accedes a ello con esa obediencia a ratos rebelde que tienes, con ánimo de fastidio unas veces y de juego la mayoría.

Me gusta cuando durante el juego te corrijo y te digo que eso no puede ser, y me dices qué sí puede ser, que estamos jugando, y en el juego eso sí puede suceder, dejándome claro que sabes en todo momento discernir el juego de la realidad con una madurez impropia de tu edad. Me gusta cuando después de haberte dado un buen golpe o tras romperse algún juguete o de haber hecho alguna pequeña trastada, me dices; -no pasa nada-. Y es verdad, no pasa nada.

Me gusta cuando me dices; – vamos a jugar a malos-, y me pides en bajito que me quite los zapatos para subirme a la cama contigo y así poder revolcarnos abrazados, yo dándote besos y rozándote la barba por el cuello y la cabeza porque te hace cosquillas y te da escalofríos, y tú intentando zafarte de mis brazos y de mis manos que también te hacen cosquillas por todo el cuerpo, pero en cuanto lo logras enseguida me buscas subiéndote encima, poniéndote de pie sobre mí pecho para que siga la pugna, y hacemos como que luchamos pero sin ninguna violencia, sólo besos y cosquillas y tu risa lo inunda todo, y buceo en ella y soy feliz porque te veo disfrutar, y aunque termino agotado creo que estás siendo feliz en ese momento, y eso ya lo es todo.

 

 

.     *Me gusta acompañarlo por su mundo, que bien podría ser esa Albanta de Aute.

Albanta

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