Tiemblo

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Suena el teléfono y oigo tu voz, que noto fría, distante, sin la calidez de antes, de hace un día. No siento ese terciopelo suave y confortante que siempre fue. Escucho, y lo que intuyo vendrá, ensombrece mi día. Te siento dubitativa, con frases entrecortadas, frases que no terminan de expresar a donde quieres llegar, y yo mudo. Me da miedo seguir la conversación, no quiero articular palabra, no quiero que esto continúe, veo que me va a doler, y mi silencio te empieza a desesperar, llevas hablando unos minutos y me has repetido varias veces, si sigo ahí. Y sí que sigo, pero no lo quisiera, estoy pero intento no estar, intento pensar que lo que me llega a través del teléfono es un mal sueño, una pesadilla, de la que si sigo callado me despertaré y no habrá sido. Mi mente vaga con tu voz de fondo, voz amada, voz primaveral, voz que hace florecer lo mejor en mi, voz que como agua sacia mi sed, y cala mi interior, dándole frescor y humedad. Humedad que ahora se me desborda por la mirada. Vuelo lejos con tus palabras que me mecen, me llevan lejos, muy lejos, porque no hago caso a lo que significan, sin embargo noto que esas palabras me zarandean cuando entiendo su sentido, pero rápido lo eludo, prefiero no saber lo que me dices, pero no me dejas seguir extasiado y ausente, me repites qué si estoy ahí. Y ya bajo a la tierra y contesto que acabo de llegar, de aterrizar, que tus palabras me hicieron dejar de estar en el cielo, que me has devuelto a una realidad no esperada, en la que me dices que todo se acaba. Y vuelvo a callarme, para escucharte decir que no lo tome a mal, que seguiremos siendo amigos, que nada ha de cambiar. Pero yo no lo concibo sin algo más, y vuelvo a no querer escuchar, intento que el silencio solucione lo que no tiene solución. La angustia llega a mi garganta y ya el silencio no es elegido, es provocado por la imposibilidad de hablar, no me salen las palabras, solo emito un leve sonido, breve. Aspiro y trago saliva, y sorbiendo ligeramente por la nariz, evito romper a llorar. Empiezo a sentir en todo el cuerpo lo que la mente ya no puede soportar en soledad, y empiezo a temblar.

Tiemblo yo y tiembla mi voz, que se vuelve trémula y vibrante, que se escapa de mi boca con temor, con miedo a que mis palabras me lleven a un punto de no retorno, me lleven a decir cosas que no quiero decir, que me hagan daño o te hagan daño a ti. No quiero que las palabras que oigo venir de ti, se transformen en mi boca y las asuma, diciendo sí, lo comprendo, está bien así. No deseo asumir todos tus argumentos, ni entenderlos. No quiero preguntar, el cuándo y el porqué. Saber me puede doler, vuelvo a pensar que callado todo se va a resolver, no quiero que me cuentes como fue, si te besaste con él, si el adiós que me dices no es de hoy, ni de ayer, si es venidero de más atrás y que lo dilataste hasta cambiarme por completo por otro. Y ni siquiera quiero suplicarte, ni hacerte recordar lo que hubo hasta ayer, hasta hace unos minutos. Y sigo aquí parado, de pie con el teléfono en la mano, ya no escucho tu voz, solo silencio, que acompaña a mi silencio, hace rato que me has dicho; -“Voy a colgar”-.

 

 

.     *Los míticos Hombres G, nos prestan su música, y su temblor por la ruptura, al igual que el protagonista del texto.

Temblando

 

.     **NA: Publicado originalmente el 22 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

Una nota en la pared

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Me dejaste sentado en el sillón, diciendo que marchabas, que volverías, y hoy sigo aquí sentado todavía. Con la luz apagada, en la penumbra de las velas, siempre con las persianas bajadas, no dejando nunca que se filtre la luz del sol en el salón, para no recordar que pasan los días cuando me encierro. En mi delirio te recreo sumida en un sueño, ese que te dejaba tan entregada a mí en la cama, que hacía que al mirarte me enamorara más cada día. Allí con tu cabeza en la almohada, toda ida, en un mundo infranqueable para mi, cuantas veces deseé estar en tu cabeza, para saber de tus sueños, y ahora con la distancia también para saber si yo estaba en esos sueños, por los que te preguntaba siempre cuando te despertabas, y tú nunca recordabas, o decías no recordar, pero que parecías disfrutar. Y me decías que era un pesado, que los sueños no se piensan, se sienten y se quedan dentro, por eso no se recuerdan, y yo me quedaba celoso de no saber si en tu ánimo interno, yo era parte de eso que se siente y se queda dentro.

Los paseos interminables con el frío del otoño y del invierno, hacían que nos apretásemos uno junto al otro como los matrimonios de antes, cogidos del brazo y bien estrechados. Pisando la hojarasca, ese sonido que acompañaba nuestros pasos y que tanto te gustaba y me gustaba y ahora procuro evitar. Ese ruido rasgado siempre me atrajo desde niño, y me gustaba la palabra, esa palabra que al pronunciarla suena casi igual que lo que describe, suena crujiente, como al pisar esas hojas muertes, caídas de los árboles, y ya secas en el suelo, como manto que arropa a la tierra. Ahora es otoño en mi interior, y no quiero el manto de tu recuerdo que tanto daño me hace, me pesa y me asfixia, me da calor y quema, qué haré si tú no vuelves. No puedo salir por donde salíamos a deambular, cada senda, cada árbol me trae tu imagen, pero si me quedo en casa, el silencio me atenaza y las paredes me susurran las conversaciones que tuvimos, los espejos me devuelven tu mirada, y cierro los ojos y tapo mis oídos, pero no sirve de nada, estás más dentro de mí que fuera, que en el entorno, y da igual que me aísle del mundo, que no quiera ver, ni mirar, ni oír, ni escuchar, todo viaja en mí. Y en el lecho me siento solitario y busco a mi lado tu cabeza con la melena esparcida por la almohada, como una cabeza de “Medusa”, en la que me gustaba enredarme. Tentáculos que me agarraron fuerte y de los que ya nunca podré liberarme. Y mirar la blancura de la almohada sin tu rostro allí, duele, rostro acariciado por las delicadas sábanas en aquel tiempo, y esa visión hace que estire mi mano para acariciar lo que ya no está ni estará. Qué haré si tu no vuelves. Me hago esa pregunta constantemente, y ya ha pasado el suficiente tiempo para saber que no debo creer en tu vuelta y que debo empezar a buscar la respuesta, pero cuesta. Cada noche busco una estrella que me haga compañía, que sustituya la que fuiste, la que me sirvió de guía, ya no serás esa estrella, al menos para mí, no quisiste seguir siendo mi guía. Y desorientado me quedé cuando leí aquella nota en la pared, aquella que me adelantaba que ya no estarías, aunque su fin no era adelantar si no zanjar, pero llegué antes de que partieras y me lo tuviste que decir de palabra, me tuviste que repetir lo que yo no entendía, que tenías que alejarte para tomar perspectiva, que después de tomar aire volverías, y la voz no se te quebró como esperaba, no te tembló como yo creía, las palabras te salieron tersas y duras, no blandas y dubitativas, me las dijiste claras y breves, directas sin muchas explicaciones, según tú no eran necesarias, ya las habría. La nota sigue en la pared aunque han pasado muchos días, y cuando la leo, oigo tu voz diciendo una a una esas sílabas dolorosas que nunca podré entender. Pero ahora sé, que no soy parte de eso que se siente y se queda dentro, ahora estoy seguro, que no estoy en tus sueños.

 

 

.     *Bosé nos pone la música a este relato.

Si tú no vuelves”                                              “Hojas secas

  

.     **NA: Publicado originalmente el 21 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Sin tu piel, la hiel

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Mi piel sin tu piel no es piel

es desierto, aridez y fango

es hiel

es dolor, angustia y llanto

 

Mi piel sin tu piel no es fiel

es búsqueda de un canto,

lisonja a mis oídos

que traiga otra piel

a mis sentidos

que se van apagando

 

Recuerdo tu piel rozando mi piel

dulce miel,

ahora olvidada

 

Mi piel ajada

ya no es piel,

es corteza arrugada,

es cáscara partida

por donde escapa mi vida

 

Busco tu piel en otra piel

cada madrugada,

y siento que mi piel es infiel

 

En la búsqueda no soy fiel

ni a tu piel

ni a otra piel que no sea tu piel

 

Y por no tener tu piel

mi vida es hiel

y dolor al alba.

 

 

.     *Hoy, la música de La Unión nos acompaña el poema, también ellos buscaron en otros lechos lo perdido, y tampoco consiguieron olvidar.

Pecado

.     **NA: Publicado originalmente el 15 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Piel sin piel

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La pareja que éramos, quedó herida de muerte aquella primera vez que nos supimos traicionados. No era fácil asimilar un desencuentro como aquel, aunque en los últimos meses nuestra relación estaba en un punto raro, estábamos juntos pero no nos sentíamos unidos, ¿qué nos pasa?, nos preguntábamos, y no había respuestas, solo silencios, realmente el silencio era lo que nos confortaba, era el estado ideal, cada uno en un mutismo y reserva, que dejaba al otro fuera y alejado, algo que ocultábamos con horarios incompatibles para no estar obligados al encuentro no deseado. Y la distancia hace el olvido, aunque esa distancia sea de centímetros, la piel necesita piel, y cuando nos distanciamos de ella, de su tacto y roce, pierde ese recuerdo de calor y escalofrío de la otra piel, de la del amado. La ausencia de piel acentúa el breve trecho que nos separa, convirtiéndolo en kilómetros de distancia. A veces nos aísla más ese espacio tan pequeño y a la vez tan grande, que se transforma en continentes separados por un océano que nos parece infranqueable y nos da pereza comenzar el viaje, el trayecto se nos antoja cansado, y ni siquiera buscamos sacar el pasaje. Y la rutina, nos vuelve la vida insoportablemente tediosa, y quizás ese hastío, nos lleva a buscar algún aliciente a la desgana, algo que nos impulse y active. Nos seduce la novedad, siempre lo novedoso nos excita, nos abre nuevas ventanas por donde mirar, nuevos paisajes con los que deleitarnos, nuevas sensaciones que nos vitalizan y nos sentimos renovados. Sería el empeño de encontrarnos otra vez así, con nuevas fuerzas y nuevas ilusiones lo que hizo que nos distanciáramos más, quizás sería lo que te movió a ti a serme infiel. Y ese día en el que te confesabas, ese día que me clavaste la daga y comencé a sangrar, ese día todo cambió.

Tu reconocimiento de la falta, que acaso ni lo fuese, pensando en lo lejos que estábamos uno del otro aún tan cerca, hizo que lo poco que quedaba se resquebrajase y que incluso con los esfuerzos por minimizar tus palabras y que lo contado quedase en una anécdota, una circunstancia que no interferiría entre nosotros, no fue posible. La llaga ya estaba abierta, y la duda, el peor de los virus entrando por ella, gangrenando todo el sentimiento. Yo por mi parte también buscaba distracciones, aunque nunca hasta culminar, siempre marcando un final antes de caer en la traición, por un pudor que ahora veo absurdo, era juego y diversión, y yo lo ensuciaba con remordimiento y falso sentimiento de lealtad a lo nuestro, cuando sabía que lo nuestro ya no era, pero todavía me sentía en la necesidad de serte fiel, de no caer en la felonía, pues aún no había habido la ruptura verbal, aunque la física, la de la piel, ya era evidente hacía tiempo, pese a que no la queríamos ver. Y necesitábamos a alguien que la arropase, y nos atemperase el frío que sentíamos por la falta de piel próxima, con risa y entretenimiento que nos hiciese olvidar la incomunicación del hogar, donde estaba el otro esperando en su encierro.

Cuando tú me declaraste tu acto, diciendo que estuviste con alguien y que lo sientes, que nos sabes cómo fue, que no lo querías hacer pero pasó, me dolió, más por rabia que por celos, más por ira que por envidia, más por ser el acto antes que la separación, saberse presa del engaño es sufrimiento, incluso cuando ya no había vínculo real, y nuestros sentimientos estaban anestesiados, pero de repente, ese acto, los convierte en sensibles y delicados, los despierta de ese sueño lánguido, y ese despertar nos duele, y recobramos los afectos que en un tiempo creíamos muertos y enterrados. La posesión sobre el otro que creímos eterna, se muestra en fuga y vemos distanciarse, nos sorprendemos diciéndonos que nos daremos tiempo para la reflexión, cuando sabemos que la reflexión ya está hecha y la decisión tomada, pero aún así, lo hicimos y seguimos un poco más, andando uno al lado del otro cada día, siguiendo con nuestros silencios, acompañándonos en la soledad que ambos nos infligíamos, pero la pareja estaba herida de muerte y las palabras que nos negábamos a decir, brotaron solas y el desencuentro se hizo verbo y nos dijimos, ya no puedo.

 

 

 

.     *La oreja de Van Gogh nos arropa el texto con dos canciones que también nos hablan del final de la pareja, cuando ya no queda nada que haga seguir.

Tú y yo”                                                                   “Qué puedo pedir

  

 

.     **NA: Publicado originalmente el 14 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Mundos inconstantes (3ª Parte)

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Dentro de esa existencia nueva que deseo, le tomo la palabra y salgo a volar, ese vuelo que no hice estando junto a él, porque no salía de la habitación de cristal en la que me encontraba. No le acuso ni le echo en cara, no volé, no porque no me dejase, o sí quizás, sí lo evitaba y no me daba cuenta, pero da igual, no le reprocho nada, ese tiempo fue lo que fue y ya lo quiero dejar atrás, no darle más vueltas a mis errores ni a mis aciertos, le alejo, y retiro de mi pensamiento lo bueno y lo malo que pasé con él, más adelante quizás pueda regresar y enfrentarme a todo lo dado. Y ahora, sí quiero salir a por ese mundo nuevo, a conquistar y descubrir y levantar, con nuevos acompañantes, con nuevos horizontes. No quiero salir a buscar a los amigos pasados. Ellos, los amigos que siempre crees que estarán y que son apoyo y algo más en malos momentos, los descubres lejanos, de repente los has apartado. Aunque no te das cuenta de esa situación, sucede poco a poco y llega un día que no les ves. Están en la misma ciudad pero allí al otro lado, en otro mundo que ya no es el mismo, no ese que reconocíamos juntos, ese mundo que compartimos en nuestros inicios y descubrimientos. Y los primeros amigos y los sumados con “el amado”, no pueden acompañarnos en este nuevo camino. Ellos tienen su mundo y tú ya estás fuera de él, sin darte cuenta en principio, y después ahuyentada y espantada. Y a ellos tampoco se les puede culpar de este nuevo “estatus”. Y salgo corriendo para irme de allí, aligerando el equipaje emocional, para conseguir un efecto placebo en mi corazón, algo que evite el dolor aunque no lo cure. Ahora me doy cuenta, es la primera vez que me acuerdo del corazón, – según el tópico es ahí donde duele el desamor -, la verdad es que el dolor no está ahí, si no en la cabeza que lo piensa y rememora, se aflige y distorsiona, dudando a veces de lo que siente. Desde aquel día fatídico de ruptura y congoja, de rabia y furia contenida, rastreo en mi interior para encontrar donde estoy, si me perdí en los otros mundos y estoy a la deriva, o sin embargo tengo esperanza de explorar ahí afuera, en el exterior de mi cabeza, otras posibilidades, otros compañeros de viaje. Un viaje necesario para revelar un universo diferente, que me sorprenda todavía, sin renunciar al amor, eso nunca, pero sin búsqueda obsesionada, solo obstinada por  el amor a mí misma. Y siento la soledad, una soledad silenciosa, sin algarabías, sin todo ese ruido que siempre nos acompañaba cuando estaba con él. Desde aquél momento que sus labios dijeron “Vuela”, me acompaña la mudez, me he hecho más parca en palabras y taciturna en el trato, el sonido y el bullicio me altera y me pone en alerta, me acostumbré al recogimiento, a las ganas de llorar por dentro, y se hace difícil salir de este encierro mental que incomoda y aturde. Pero voy a cambiarlo, debo salir en busca de un nuevo mundo que habitar. Quiero encontrar y lo voy a hacer, un lugar donde me encuentre a gusto, y en él plantaré mi vida como un árbol que arraigará y florecerá, y echaré fuera las malas hierbas como él lo fue, para con mi anterior mundo que nunca fue mío del todo. Y hoy empiezo mi mundo nuevo.

 

 

…………………………………………………………………………………………….. Fin.

 

.     *El relato se cierra con optimismo de nuevas búsquedas y por ello lo acompañamos de las buenas vibraciones de Amparanoia y Los delinqüentes, que nos animan a buscar una vida nueva, un mundo nuevo, tomando aire de la calle y dejando atrás las tristezas.

 

La vida te da”                                                        “El aire de la calle

 

Después

.     **NA: Publicado originalmente el 12 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Mundos inconstantes (2ª parte)

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Cuando se sale de este ensueño en el que estuve sumida y vuelven las facultades de comprensión y de decisión, te das cuenta de lo errado que era el camino, claro que el camino estaba marcado y no veíamos otras veredas, no nos lo permitían nuestras orejeras, auto-impuestas. El camino hay que desandarlo para volver a una senda nueva, y ese regreso, ese paso por los parajes compartidos, se convierte en tortuoso por los recuerdos y las vivencias, por sentir el dolor de lo que hubo, de pensar que no fue cierto lo vivido, que lo que hubo fue farsa, y has de tomar distancia para no sentir tu vida y tu tiempo  perdido, y empezar a quererte y pensar que no hubo mentira, que lo acaecido no fue culpa tuya ni de nadie, que lo que pensaste definitivo no lo era y que son cosas de la vida. Pero no se entiende nada de lo sucedido, se buscan mil gestos, mil imágenes que nos alertasen de lo que se nos vino encima y no vimos, queremos ver lo que no vimos, entender lo que no comprendemos, saber el motivo, si fuimos causantes de lo que nos pasa o simples sujetos pasivos. Miras atrás y maldices el día que le conociste, que te embrujó y que caíste a sus pies como una tonta, que cambiaste todo lo que tenías por él, por apostar a una sola carta. Y ese día que te dice “vuela”, le miras incrédula, sin concebir el porqué, le miras aturdida con la rabia desbordada, y las preguntas atropelladas y la petición urgente de respuestas a las interrogantes que suscita ese bofetón dialéctico que tanto dolor te causa.

Las lágrimas brotaron, no las pude contener, quería evitarlo, no hacer una escena, pero era duro enfrentarse con él, cara a cara y ver su mirada compasiva, hiriente. Peor que la ruptura es dar pena, esa espina se queda dentro, muy dentro. Sentirse tan vulnerable en ese momento, tan en manos del otro, -que curiosamente-,  siempre lo habíamos estado pero hasta ese instante no lo habíamos notado. Y Justo ahí es cuando nos damos cuenta de lo absurdo de nuestro comportamiento anterior, de nuestra vida cedida, dada a otro, y que ahora nos toca recuperar. Nos la devuelven toda enredada, ovillada, enmarañada, y nos toca empezar a deshilar y deshacer nudos, y esa labor es dañina, deshacer los lazos duele, pero es necesario para poder coger otra vez el cabo bueno por el que empezar a enrollar de nuevo nuestra vida. Y en ese día señalado en mi calendario, me recreo cada vez, para decirme que no habrá una segunda vez, que este dolor recibido no lo quiero volver a tener, y tomo las riendas de mi ser, y juro que no volveré a ser una muñeca de trapo en las manos de otro, y desligo uno tras otros los recuerdos atados a él, y despacito, muy despacito emprendo el viaje a mi mundo, ese mundo que reconocía cada salida de sol y cada atardecer, volviendo al lugar de donde partí, pero antes de llegar me paro y giro sobre mí, cambio el rumbo, quiero otro mundo, no el que tuve en principio ni el que viví por él, no quiero repetir, quiero algo nuevo que me haga querer existir.

 

………………………………………………………………………………………(Continúa…)

.     *Deluxe proyecto anterior del músico Xoel López, nos pone música al relato, dándonos un último encuentro con cambio de rumbo y un adiós, como en el texto.

Adiós corazón”              Este último encuentro

.     **NA: Publicado originalmente el 9 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Mundos inconstantes

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Un mundo que reconocía cada mañana, cada amanecer, cada día, y luego al caer la tarde seguía reconociendo, y al anochecer aún lo conocía, incluso en las madrugadas no tenía duda de cuál era. Todo estaba pautado, mi familia, mi trabajo, mi ocio, y mis amigos. Pero todo cambia en la vida, y sin darse cuenta una, las cosas varían y mutan, y un nuevo orden, un nuevo mundo se cierne sobre nosotros. Lo que creíamos impasible, se transmuta en cambiante, aquello que pensábamos inamovible se transforma en ambulante y sin fijeza, y rápidamente nos tenemos que acomodar a la nueva situación a veces buscada, otras nos hemos visto envueltos en ella sin darnos cuenta, pero nuestra capacidad de adaptación nos intenta facilitar que estos cambios no nos sean traumáticos para con nuestro anterior mundo. Todo empieza con la aparición de alguien nuevo que nos deslumbra, unas veces a primera vista y otras paulatinamente, poco a poco, como si se nos inoculase despacio y lentamente por nuestro organismo, en el que va transmutando todos nuestros sentidos, arrastrándonos a su mundo que no es el nuestro. Nos adecuamos a estas nuevas percepciones, a estas otras formas de ver las cosas, de sentir como otros y ampliar nuestros sentimientos con los de otros. Nos entregamos a la otra persona, empujados por ese veneno que se nos metió bajo la piel, como una pócima que hubiésemos bebido y nos ha trastornado e intoxicado. Perdemos nuestra personalidad, ya no la queremos, nos dejamos llevar por quién nos parece nuestro guía y gurú espiritual, por quién nos dejaríamos quemar o incluso nos prenderíamos fuego por una orden suya, y realmente nos inmolamos como personas, nos autodestruimos sin concesiones a la duda, sin saber que lo estamos haciendo, con inconsciencia. Nos abduce, nos separa y quedamos prendados de su persona. Nos apartamos de quién nos quería y a quien queríamos. Y no notamos que no somos dueños de nuestro destino, que todo está bajo la batuta de otro que nos lleva y nos dice y decide por nosotros, sin que nuestro discernimiento sea el que manda nuestros actos, y nuestra conducta está enajenada. Y así estuve yo, a ese estado llegué, cuando él arribó a mí vida, y me dijo vamos y yo fui, y le seguí  y en ese espacio de tiempo breve, brevísimo, desenfoqué todo mi mundo que ya no iba a volver a ser, dejé de golpe en un instante todo lo mío y lo cambié por lo suyo, y tuve que ir integrando, otros lugares, otras rutinas, otros encuentros, otras personas, que debían ser nuevos amigos. Perdido todo contacto con mi anterior realidad, no supe ver que caía por un abismo, una caída libre, sin objeto donde asirme, y cuando quise hacerlo, no podía encontrar nada que me salvara del miedo al instante de despertar de un letargo tan grande. Y se precipitó el final, el día menos esperado cuando me dijo que se iba a otro lado, que me dejaba volar como si yo se lo hubiese reclamado, y de sopetón se me cayó su mundo, ese mundo que él había hecho mío, y en el que yo nunca encajé del todo. Lo compartido ya era solo suyo o mío, y la habitación donde todo era felicidad, -al menos mía, ya dudo si suya-, no era cálida y acogedora, si no fría e inhóspita. Donde antes hubo amor hoy sólo veo rencor, quizás el tiempo lo cambie todo y el recuerdo bueno aplaque este odio. Odio no al otro si no a una misma por sentirme estúpida, por haberlo dado todo.

 

 

…………………………………………………………………………………………..(Continúa…)

 

.    *Tulsa nos musicaliza hoy el relato, hablándonos de los cambios para siempre, y de lo estúpidos que nos sentimos cuando todo cambia y no es como creíamos.

Estúpida”                                              “Algo ha cambiado para siempre

 

    **NA: Publicado originalmente el 8 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Lluvia interior

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Miro caer el agua, y sin que toque mi cuerpo siento como empapa. Y lo percibo, porque es por dentro por donde me estoy mojando, es en el interior donde se inunda todo. La lluvia tras la ventana, cayendo sobre los chopos, ponen un punto de melancolía y tristeza en este día, que al mirar hacia dentro, hacia mí, veo esa lluvia que cala lo más profundo, quizás sean las lágrimas que bajan por mi mejilla lo que hace que sienta toda esa humedad interior que da frío. Cuando llegan estos días en los que la vida se nos presenta deprimente y gris, todo es otoño en el interior, pero un otoño de días fríos y sin sol, sin luz, todo oscuridad. Y los recuerdos caen uno a uno, como las hojas de los árboles, y llenan el suelo de ellos, lo tapizan, y los ves todos amontonados, mezclados, y resurgen y se levantan por una brisa que los zarandea de un lado a otro, no con ventolera si no con la suavidad de una corriente de aire suave y fresca, que eriza nuestra piel al sentirla y observar cómo se alzan esas memorias, que se ponen en pié y se visualizan, claras y evidentes, como si sucediesen en ese momento. Los días pasados se nos aparecen como presente, y lo que estaba allí parado, se pone en marcha y sale de la sombra a la luz y pasea delante de nosotros y todos nuestros sentimientos que estaban con ellos dormidos despiertan y brotan con fuerza, resurge un dolor abandonado y aislado, que encerrábamos en un armario apartado en el interior, y que al escaparse de él nos desconsuela y atormenta por no saber cómo tratarlo. Allí estaba oculto y bien guardado pero en estos días de lluvia intensa dentro de nosotros lo arrastra a un lugar tan visible que hace daño verlo allá silente tanto tiempo y ahora alborotado, y como una jauría nos empieza a devorar las entrañas ese dolor de ausencias, queridas o encontradas, buscadas o impuestas, pero ausencias desconsoladas. La agobiante sensación de descontrol de nuestra vida, nos aborda de golpe, hiriente, siendo tu reflejo en el cristal de mi ventana interior llena de gotas de agua las que distorsionan tu imagen, y no te veo nítido como eras antes, el delirio que me acompaña en estos momentos me hace dudar de lo que aprecio este día de otoño interior que te trajo a mí con otros muchos recuerdos, pero el tuyo se hace con más fuerza y vigor y anula el resto, quedando como siempre por encima de todos los demás. En esa época todo lo que no fueses tú no tenía consistencia para mí, y cada vez que emerges vuelve a suceder, todo lo puedes, todo lo velas y todo queda bajo un halo que envuelve cualquier situación y entonces solo quedas tú como protagonista, y es cuando quisiera ser tú, para poder decidir quedarte a mi lado y que nunca hubiese existido el alejamiento que nos separó, y que me hizo saber que no hay nada después de ti, que lo que vino no era como lo que tuve contigo, que los días no lucieron igual, que los que vinieron detrás no eran lo esperado y es que desde que tú no estás solo llueve y llueve, fuera y dentro de mí, lágrimas que trago y limpio de mi rostro que siente como dejan marcas en él, y la soledad no ayuda a salir de este eterno otoño, con cielo cerrado de nubes que no dejan llegar un sol que ilumine mi vida, y vuelve el agua a caer por mi interior inundándolo todo y ahogando mi corazón.

 

 

 

.     *El relato de hoy lo acompañamos con Vega, que nos trae lluvia y soledad, con el deseo de que vuelvan a cuidarla.

.               Y llueve”                              “Quiero ser tú

 

.     **NA: Publicado originalmente el 7 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

En cada latido

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Tengo un amor

no correspondido

que me hunde

en cada latido.

.

Hoy en mi delirio

he vuelto a encontrarte,

te odio por éste sentimiento

de amarte.

Oigo el deseo susurrando,

expectante, porque

no te tengo cerca,

ni ahora ni antes,

sólo fue un espejismo

que me partió en dos,

uno ha muerto, otro vive

suplicante.

Vuelve,

te necesito cuanto antes.

.

Tengo un amor

no correspondido

que me hunde

en cada latido.

 

 

*Luis Eduardo Aute nos presta su música para acompañar y enriquecer la poesía de hoy.

Sin tu latido

 

.     **NA: Publicado originalmente el 18 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Por la luz de tus ojos

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Por la luz de tus ojos me podría ir muriendo, luz que emanaba secretos, dulces miradas que detenían el tiempo. Y es morir recordar tus labios que fueron promesas de lascivias y besos mundanos, y sentir tu cuerpo apretado al mío, cálido y tibio, y tu piel sensible a mi tacto, que se estremecía y me hacía estremecer. Abrazos en la desnudez de los sentidos, no nos movíamos por no romper el hechizo. Tras el tiempo amándonos y libándonos mutuamente, nos llegaba el silencio y el sosiego, y el orgasmo quedaba parado, allá, mítico, y nuestra memoria y nuestros cuerpos entrelazados, morían a cada segundo por haberse encontrado. Y el brillo de tu mirada, me hacía temblar, mirada intensa que deslizabas sobre mí. Y el vello se erizaba con tu simple mirar, anticipándose al placer venidero, goces traídos de otro tiempo.

Fingir que aquello no existió es hacernos un flaco favor, sobre todo, es arrancarnos parte de nuestra vida, extirpar lo bueno y bello que nos sucedió. Aquellas tardes, horas en la cama, infinitas, descanso al desenfreno para volver a iniciarlo, una y otra vez, hasta que el atardecer se convertía en noche y la noche en amanecer, y seguíamos allí, encerrados en las sombras del placer. En la penumbra, tus ojos resplandecían aún más, iluminando toda la estancia, y entonces tu sonrisa plena de felicidad se veía clara y diáfana, entregada a mí para que me perdiera por ella. Y yo lo hacía, me iba tras los dientes blancos, perfectos, tras la boca carnosa, presagio de húmedos besos, y por allí me deshacía en ti. No nos queríamos ir, no salir, estar siempre así, uno al lado del otro con la vida alejada, en el lugar que habíamos decidido para que nadie encontrara nuestra fragilidad, que compartíamos y alimentábamos uno del otro, cada vez más quebradizos y sensibles a un mundo hostil.

Y los ojos por los que se me iba acabando la vida, me susurraban esos días que no acabaría nunca ese sentir, y yo lo creí. Y fuimos avanzando, reconociéndonos y explorando los deseos, y los cuerpos indefensos recibieron unos cuantos arañazos, que se profundizaron, y fueron heridas,  que hoy convertidas en cicatrices no se olvidan. Nuestras manos y dedos ansiosos por tener al otro amarrado, nos fueron marcando, y poco a poco asfixiando. Apretando y apretando sin medir el daño, pero cada vez que nos mirábamos, tus ojos me curaban del espanto, en el fondo de ellos yo me diluía y no sentía el daño.

Hoy por aquellos ojos seguiría muriendo, en la distancia lo hago, con el recuerdo, luz que emanabas y te guardaste secretos, y no los compartirás si no con otro, no yo desde aquellos tiempos. De tanto amarnos nos dábamos sufrimiento, de tanto querernos, los afectos se convirtieron en puñales, dagas que se nos clavaron profundas, o peor aún fueron saetas que son difíciles de sacar, más complicadas de extraer, con su punta de garfio. El filo frío, cortante del acero entra y sale, rápido y limpio, sólo manchado de sangre, raudo y mortífero al instante, pero los arpones te desangran poco a poco y la herida que dejan al sacarlos es grande.

Y por los tajos y picas recibidas, nos fuimos vaciando y no quedó nada dentro, quedamos débiles y flojos y sin fuerzas para avanzar, secos los sentimientos, de tanto amar dejamos de amarnos, y el cariño se transformó en cansancio y hastío, que minó lo más profundo, lo de adentro, lo que no se ve y nos mueve, el deseo.

Deseo del otro, deseo de fundirnos en uno, sentirnos inmunes al mundo. Pero no lo fuimos, no fuimos inmunes a lo de alrededor, a la vida, y la burbuja estalló y la eclosión nos lanzó lejos, uno del otro, volvíamos a ser dos. Nuestro estado delicado, nos hizo buscar otros de quién tomar fuerzas, que nos diese lo que nos dejamos atrás, succionado por el otro. Y creíamos que ya no podríamos sentir igual, pero al poco, supimos que no era así, que hay más, y buscaste a quién dar secretos que se quedaron allí dentro de tus ojos, y lo encontraste y me dejaste atrás y yo busqué y encontré, pero nunca secretos como los de tus ojos, por los que aún en este tiempo, por ellos me podría ir muriendo.

 

 

 

.     *Los Rodríguez y Ariel Rot, nos dejan sus miradas para acompañar otra mirada, otros ojos, los del texto.

La mirada del adiós”               “Dulce mirada

 

.     **NA: Publicado originalmente el 2 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.