Todo pasa

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El hielo no me produce tanto frío como el que me provocas, no quiero verte más, ni tus recuerdos tener cerca, romperé tus fotos para poder librarme de este frío que tu presencia me causa, tus cartas las quemaré para que tus palabras no me congelen el alma, destruiré todo lo tuyo para poder sobrevivir, ya no queda tiempo para soñar, es tarde para todo lo que ayer fue y mañana no será, para que tu asistencia a mi vida no sea destructiva, el desapego que ahora quiero es para poder avanzar, para irme a un bar a emborracharme y lograr olvidar, tengo miedo he de reconocerlo, pero todo pasa y antes o después debo conseguir borrar tu cara, y buscar otras bocas que mi boca quiera besar, ya no me miento como tiempo atrás, no quiero que el frío me vuelva a paralizar, y no quiero pedir perdón, solo abandonar lejos tu evocación, quiero convencerme a mi mismo que todo pasa y arrinconar este frío que me abrasa.

 

 

.     *La Mosca tsé tsé nos trae con su música festiva el desamor destructivo que se necesita para borrar las huellas del pasado y recordarnos que antes o después todo pasa.

Para no verte más”                                                                    “Todo pasa

 

 

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.     **NA: Publicado originalmente el de 30 de Enero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

Sin tu rostro

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ilustración de Rosa Fuster Serquera “Volver a empezar”

 

 

Borré tu rostro de todos los lugares

que me fueron posibles,

de todos los cuadros que te pinté

y aún te pinto

pensando que así no me dolería tu presencia,

que difusa tu imagen a fuerza de emborronarla

se iría desprendiendo de mí,

pero me engañaba a mí mismo,

no podré borrarte nunca

pues aunque allí ya nadie lo viese

ni mis ojos lo atestiguaran

yo te seguiré viendo,

completando la imagen,

es imposible borrar lo tan amado

y tan odiado a la vez,

tendría que cortar mi cabeza

y no la tuya, para extirpar tu imagen

definitivamente de mí,

para eclipsar tu rostro

y el recuerdo doloroso

de la ausencia decidida

solo por ti.

 

 

.     *Probablemente el protagonista desee que ella se queme en el infierno, como nos cantan Niños Mutantes en esta buenísima canción.

El Infierno

Náufragos - Niños Mutantes

 

.     **NA: En el blog “el bic naranja”, antes Fernando Vicente y ahora Anita Dinamita, los viernes propone un ejercicio de creatividad, mostrando un vídeo o una foto o un texto para que cada uno desarrolle y cuente la historia que le sugiera ese elemento; catalizador y detonante. Arriba leíste como poesía la aportación que hice allí en prosa sobre su propuesta;

      “Es en vacaciones cuando tenemos tiempo para pensar en cambiar de vida. ¿Qué historias te sugiere esta ilustración de Rosa Fuster Serquera “Volver a empezar”?

 

Ruido

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Oigo al otro lado del muro, de la pared, detrás de los cuadros colgados, traspasando esos recuerdos de viajes que descansan por encima de mi cabeza, arriba del cabecero de la cama. Escucho, aunque no entiendo todas las palabras, lo que más me llega son gritos y reproches. No los comprendo, intento adivinarlos. Las voces elevadas, las palabras malsonantes, me alteran, alteran mi descanso, me ponen en tensión. Es recurrente esta situación, las quejas de tono increpante se lanzan a los oídos del interlocutor, y éste contesta a esas palabras con otras que no percibo nítidas, siempre unas más altas que otras. Uno grita, el otro contesta con menos violencia, al menos con menos alarido. Parece que vocear le gusta más a uno que a otro, quizás el que brama con insistencia cree que así llevará la razón o quién sabe si es la manera que tiene de cargarse de ella, de una razón que no tiene o duda de ella. Y el contrincante en este duelo, se desespera de la chillería y termina por vociferar también, aunque es breve, enseguida recupera el tono bajo, más sosegado aunque su estado anímico no lo sea. No consigo saber el motivo de la discusión, pongo toda mi atención para saber. Será por ellos dos, será por el hijo, que muchas veces es el blanco de los aullidos. No lo puedo averiguar. Lo único que percibo es el desamor, cuando un sainete de este tipo se representa tan a menudo, te das cuenta que el amor se fugó, solo queda el aguantarse, el estar al lado uno del otro, solo queda la soledad compartida. La representación suele ser nocturna, algo que me desespera. El silencio absoluto lo envuelve todo, el sueño está llegando a mecernos, el descanso comienza a relajarnos, y de golpe, un chillido me sobresalta, luego un ulular constante que me desespera, es de madrugada y no hubo antes indicios de posible reyerta, no comprendo que pasó, de donde surgió tal desencuentro. Uno de ellos se desgañita, argumentando algo que es censurado por la otra parte, la otra que habla en vez de gritar, esto hace que no pueda coger el hilo del problema. Me dan ganas de golpear la pared, esa que nos separa, pero que no es suficiente para aislarnos. Quisiera no escuchar lo que oigo, me da miedo que un día esto acabe mal. Nunca se oyeron golpes, solo palabras, palabras insultantes, provocativas, de crítica, expresiones duras de agravio. Humillaciones verbales que son tan dolorosas como las físicas. Me pregunto como soportan vivir bajo el mismo techo, después de arrojar ese vocabulario feroz uno contra el otro. Y sigue la confrontación, la conversación si se le puede llamar así, va y viene en la noche, la voz sube y baja, el delirio acompaña cada instante, el menosprecio es infame. Después de lo oído una y otra vez, esperas oír una puerta cerrarse con gran estrépito, pero no llega, no llega ese portazo violento que cese el ruido y el zumbido de la pelea. Lucha de lenguas hirientes, de lenguaje asesino, de embestidas que pretenden dañar hondamente. Dónde quedó el amor que se tuvieron alguna vez, en qué lugar quedó enterrado, o abandonado ese cariño, para que surjan estas estocadas que buscan el mayor de los males en la mente y el cuerpo del otro. Pienso que cualquier día se oirán sirenas y cachetes y zurras y fricción física y objetos golpear y caer y romperse en pedazos, como ya lo está la vida y sentimientos de ellos. Y avanza la noche y la disputa comienza a disiparse, no igual que llegó abruptamente si no que poco a poco, no sé si por el cansancio o porque se les acabó la batería de rencores o porque la noche les derrotó, pero el silencio se va haciendo dueño de la oscuridad, y cada vez se oyen menos los sonidos que emiten sus bocas manchadas de sangre de las dentelladas dadas al aire con rigor de dañar y molestar, y ya todo vuelve a la calma y tardo en asimilar lo sucedido y tardo en dominarme y dormirme y dudo que esas personas puedan compartir lecho y me pregunto como podrán compartir algo si parece unirles nada.

 

 

.     *Sabina nos trae todo el ruido que nos acompaña cuando las promesas de amores eternos se diluyen con el tiempo, y quedan en nada.

Ruido

 

.     **NA: Publicado originalmente el de 8 de Abril de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Mi imagen se hará en ti

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Te escribo y me recreo en contarte toda mi vida, en decirte que todo va bien, y sé que ya no es lo que era, que ya no esperas mis cartas, que esporádicas te llegan y las lees con desidia y pocas ganas, que mis recuerdos, no ocupan un lugar en tu cama. Sé que lo escrito está transmutado, no consigo llevar a tu lado todo el sentimiento que sale de mis manos, y de mi cabeza, que rehace un pasado ya lejano. Todo fue quedando en el olvido, allá en el desván que fuimos llenando con momentos y días, uno tras otro, amontonados ahora como bártulos y muebles viejos, sin orden, y enmarañados no nos dejan movernos libres por aquel espacio diáfano que era nuestra vida. Y al moverlos para intentar hacer hueco para otros nuevos se nos vienen encima, y nos caen y aplastan, y de repente todo se transforma en aquellos días, vemos aparecer nítidos esos momentos que antes apilados y hacinados no veíamos o no queríamos ver. Los teníamos tapados para no mirarlos o los creíamos perdidos y nos sobresalta encontrarlos, algunos con muchos arañazos y roídos por el uso que los dejó mal trechos, otros tan nuevos y conservados por el tiempo, que duele haberlos apartado y no entender lo que hicimos con ellos. Incluso con esos rallados y dañados nos confraternizamos, esos que fueron puestos allí por deseo y con cariño, o con imposición y rencor, o por despecho, detestados o amados todos están mezclados. Y cuando te escribo sacudo los trapos que tapan tus recuerdos y la polvareda me confunde, creo que lo que te cuento no fue, tengo la sensación de cambiar aquel tiempo. Si lo que ahora veo de aquello, fue lo que veo, por qué estamos separados y estoy aquí, en otro lado y rememorando otros momentos, no sé en qué me equivoqué. Y al pasar otra vez por ellos, un halo nos nubla la vista, y creemos tener ante nosotros lo acontecido, pero tamizado por un recuerdo matizado, queriendo, inconscientemente encontrar lo bueno de ellos, sólo lo bueno. Te lo digo todo desde la palabra, que se convierte en voz, en grito desesperado, por la necesidad de contarte que sigues aquí, que formas parte de mí, que sin yo saberlo lo has sido siempre, y hoy vuelvo a escribir, consciente que ya nada significa, que no es lo de antes, y no hay hueco. Pero yo lo necesito, no quiero respuesta, simplemente que sepas. Es mi terapia para no perder la razón, es una manera de ahuyentar los espíritus de mi corazón, la cabeza recrea lo que quiere y como quiere, y eso deja la mente dolida, por dudar del recorrido elegido. Siempre la duda, dudas de cómo pudo haber sido, si lo dicho no hubiese sido dicho, si lo no dicho se hubiese dicho, si las llamadas esperadas hubiesen sonado o si se hubiesen marcado los teléfonos, si las llamadas recibidas hubiesen sido contestadas y no esquivadas y falsamente evitadas, con excusas interpuestas por terceros, que se hacen cómplices.

Con la distancia se ve todo con extrañeza, decisiones tomadas con la mente joven y desligada del futuro, futuro que vemos lejano, y pensamos que no estará afectado por intrigas juveniles o no tan juveniles, con determinaciones poco meditadas o nada caviladas, y ensombreciendo estos días de hoy por la presunción de equivocados caminos, y hoy te vuelvo a escribir relatando este “no olvido”, desdeñando tu rechazo, y esperando tu sorpresa al recibir unas palabras escritas, que no te hablan, si no que susurran, y tú las verbalizas y repites cuando lees, y tu espalda se encrespa, y aunque tú lo quieras eludir, mi imagen se hará en ti.

 

 

.     *Hoy completando el texto La Quinta Estación, nos dicen que aunque las nubes se marchen el sol no regresa, que algunos recuerdos ensombrecen el mejor de los días, y entonces cuesta decir adiós o entender porque se dijo adiós.

El sol no regresa”                                                  “Cosa de dos

 

.     **NA: Publicado originalmente el de 24 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Tiemblo

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Suena el teléfono y oigo tu voz, que noto fría, distante, sin la calidez de antes, de hace un día. No siento ese terciopelo suave y confortante que siempre fue. Escucho, y lo que intuyo vendrá, ensombrece mi día. Te siento dubitativa, con frases entrecortadas, frases que no terminan de expresar a donde quieres llegar, y yo mudo. Me da miedo seguir la conversación, no quiero articular palabra, no quiero que esto continúe, veo que me va a doler, y mi silencio te empieza a desesperar, llevas hablando unos minutos y me has repetido varias veces, si sigo ahí. Y sí que sigo, pero no lo quisiera, estoy pero intento no estar, intento pensar que lo que me llega a través del teléfono es un mal sueño, una pesadilla, de la que si sigo callado me despertaré y no habrá sido. Mi mente vaga con tu voz de fondo, voz amada, voz primaveral, voz que hace florecer lo mejor en mi, voz que como agua sacia mi sed, y cala mi interior, dándole frescor y humedad. Humedad que ahora se me desborda por la mirada. Vuelo lejos con tus palabras que me mecen, me llevan lejos, muy lejos, porque no hago caso a lo que significan, sin embargo noto que esas palabras me zarandean cuando entiendo su sentido, pero rápido lo eludo, prefiero no saber lo que me dices, pero no me dejas seguir extasiado y ausente, me repites qué si estoy ahí. Y ya bajo a la tierra y contesto que acabo de llegar, de aterrizar, que tus palabras me hicieron dejar de estar en el cielo, que me has devuelto a una realidad no esperada, en la que me dices que todo se acaba. Y vuelvo a callarme, para escucharte decir que no lo tome a mal, que seguiremos siendo amigos, que nada ha de cambiar. Pero yo no lo concibo sin algo más, y vuelvo a no querer escuchar, intento que el silencio solucione lo que no tiene solución. La angustia llega a mi garganta y ya el silencio no es elegido, es provocado por la imposibilidad de hablar, no me salen las palabras, solo emito un leve sonido, breve. Aspiro y trago saliva, y sorbiendo ligeramente por la nariz, evito romper a llorar. Empiezo a sentir en todo el cuerpo lo que la mente ya no puede soportar en soledad, y empiezo a temblar.

Tiemblo yo y tiembla mi voz, que se vuelve trémula y vibrante, que se escapa de mi boca con temor, con miedo a que mis palabras me lleven a un punto de no retorno, me lleven a decir cosas que no quiero decir, que me hagan daño o te hagan daño a ti. No quiero que las palabras que oigo venir de ti, se transformen en mi boca y las asuma, diciendo sí, lo comprendo, está bien así. No deseo asumir todos tus argumentos, ni entenderlos. No quiero preguntar, el cuándo y el porqué. Saber me puede doler, vuelvo a pensar que callado todo se va a resolver, no quiero que me cuentes como fue, si te besaste con él, si el adiós que me dices no es de hoy, ni de ayer, si es venidero de más atrás y que lo dilataste hasta cambiarme por completo por otro. Y ni siquiera quiero suplicarte, ni hacerte recordar lo que hubo hasta ayer, hasta hace unos minutos. Y sigo aquí parado, de pie con el teléfono en la mano, ya no escucho tu voz, solo silencio, que acompaña a mi silencio, hace rato que me has dicho; -“Voy a colgar”-.

 

 

.     *Los míticos Hombres G, nos prestan su música, y su temblor por la ruptura, al igual que el protagonista del texto.

Temblando

 

.     **NA: Publicado originalmente el 22 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

Una nota en la pared

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Me dejaste sentado en el sillón, diciendo que marchabas, que volverías, y hoy sigo aquí sentado todavía. Con la luz apagada, en la penumbra de las velas, siempre con las persianas bajadas, no dejando nunca que se filtre la luz del sol en el salón, para no recordar que pasan los días cuando me encierro. En mi delirio te recreo sumida en un sueño, ese que te dejaba tan entregada a mí en la cama, que hacía que al mirarte me enamorara más cada día. Allí con tu cabeza en la almohada, toda ida, en un mundo infranqueable para mi, cuantas veces deseé estar en tu cabeza, para saber de tus sueños, y ahora con la distancia también para saber si yo estaba en esos sueños, por los que te preguntaba siempre cuando te despertabas, y tú nunca recordabas, o decías no recordar, pero que parecías disfrutar. Y me decías que era un pesado, que los sueños no se piensan, se sienten y se quedan dentro, por eso no se recuerdan, y yo me quedaba celoso de no saber si en tu ánimo interno, yo era parte de eso que se siente y se queda dentro.

Los paseos interminables con el frío del otoño y del invierno, hacían que nos apretásemos uno junto al otro como los matrimonios de antes, cogidos del brazo y bien estrechados. Pisando la hojarasca, ese sonido que acompañaba nuestros pasos y que tanto te gustaba y me gustaba y ahora procuro evitar. Ese ruido rasgado siempre me atrajo desde niño, y me gustaba la palabra, esa palabra que al pronunciarla suena casi igual que lo que describe, suena crujiente, como al pisar esas hojas muertes, caídas de los árboles, y ya secas en el suelo, como manto que arropa a la tierra. Ahora es otoño en mi interior, y no quiero el manto de tu recuerdo que tanto daño me hace, me pesa y me asfixia, me da calor y quema, qué haré si tú no vuelves. No puedo salir por donde salíamos a deambular, cada senda, cada árbol me trae tu imagen, pero si me quedo en casa, el silencio me atenaza y las paredes me susurran las conversaciones que tuvimos, los espejos me devuelven tu mirada, y cierro los ojos y tapo mis oídos, pero no sirve de nada, estás más dentro de mí que fuera, que en el entorno, y da igual que me aísle del mundo, que no quiera ver, ni mirar, ni oír, ni escuchar, todo viaja en mí. Y en el lecho me siento solitario y busco a mi lado tu cabeza con la melena esparcida por la almohada, como una cabeza de “Medusa”, en la que me gustaba enredarme. Tentáculos que me agarraron fuerte y de los que ya nunca podré liberarme. Y mirar la blancura de la almohada sin tu rostro allí, duele, rostro acariciado por las delicadas sábanas en aquel tiempo, y esa visión hace que estire mi mano para acariciar lo que ya no está ni estará. Qué haré si tu no vuelves. Me hago esa pregunta constantemente, y ya ha pasado el suficiente tiempo para saber que no debo creer en tu vuelta y que debo empezar a buscar la respuesta, pero cuesta. Cada noche busco una estrella que me haga compañía, que sustituya la que fuiste, la que me sirvió de guía, ya no serás esa estrella, al menos para mí, no quisiste seguir siendo mi guía. Y desorientado me quedé cuando leí aquella nota en la pared, aquella que me adelantaba que ya no estarías, aunque su fin no era adelantar si no zanjar, pero llegué antes de que partieras y me lo tuviste que decir de palabra, me tuviste que repetir lo que yo no entendía, que tenías que alejarte para tomar perspectiva, que después de tomar aire volverías, y la voz no se te quebró como esperaba, no te tembló como yo creía, las palabras te salieron tersas y duras, no blandas y dubitativas, me las dijiste claras y breves, directas sin muchas explicaciones, según tú no eran necesarias, ya las habría. La nota sigue en la pared aunque han pasado muchos días, y cuando la leo, oigo tu voz diciendo una a una esas sílabas dolorosas que nunca podré entender. Pero ahora sé, que no soy parte de eso que se siente y se queda dentro, ahora estoy seguro, que no estoy en tus sueños.

 

 

.     *Bosé nos pone la música a este relato.

Si tú no vuelves”                                              “Hojas secas

  

.     **NA: Publicado originalmente el 21 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Sin tu piel, la hiel

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Mi piel sin tu piel no es piel

es desierto, aridez y fango

es hiel

es dolor, angustia y llanto

 

Mi piel sin tu piel no es fiel

es búsqueda de un canto,

lisonja a mis oídos

que traiga otra piel

a mis sentidos

que se van apagando

 

Recuerdo tu piel rozando mi piel

dulce miel,

ahora olvidada

 

Mi piel ajada

ya no es piel,

es corteza arrugada,

es cáscara partida

por donde escapa mi vida

 

Busco tu piel en otra piel

cada madrugada,

y siento que mi piel es infiel

 

En la búsqueda no soy fiel

ni a tu piel

ni a otra piel que no sea tu piel

 

Y por no tener tu piel

mi vida es hiel

y dolor al alba.

 

 

.     *Hoy, la música de La Unión nos acompaña el poema, también ellos buscaron en otros lechos lo perdido, y tampoco consiguieron olvidar.

Pecado

.     **NA: Publicado originalmente el 15 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Piel sin piel

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La pareja que éramos, quedó herida de muerte aquella primera vez que nos supimos traicionados. No era fácil asimilar un desencuentro como aquel, aunque en los últimos meses nuestra relación estaba en un punto raro, estábamos juntos pero no nos sentíamos unidos, ¿qué nos pasa?, nos preguntábamos, y no había respuestas, solo silencios, realmente el silencio era lo que nos confortaba, era el estado ideal, cada uno en un mutismo y reserva, que dejaba al otro fuera y alejado, algo que ocultábamos con horarios incompatibles para no estar obligados al encuentro no deseado. Y la distancia hace el olvido, aunque esa distancia sea de centímetros, la piel necesita piel, y cuando nos distanciamos de ella, de su tacto y roce, pierde ese recuerdo de calor y escalofrío de la otra piel, de la del amado. La ausencia de piel acentúa el breve trecho que nos separa, convirtiéndolo en kilómetros de distancia. A veces nos aísla más ese espacio tan pequeño y a la vez tan grande, que se transforma en continentes separados por un océano que nos parece infranqueable y nos da pereza comenzar el viaje, el trayecto se nos antoja cansado, y ni siquiera buscamos sacar el pasaje. Y la rutina, nos vuelve la vida insoportablemente tediosa, y quizás ese hastío, nos lleva a buscar algún aliciente a la desgana, algo que nos impulse y active. Nos seduce la novedad, siempre lo novedoso nos excita, nos abre nuevas ventanas por donde mirar, nuevos paisajes con los que deleitarnos, nuevas sensaciones que nos vitalizan y nos sentimos renovados. Sería el empeño de encontrarnos otra vez así, con nuevas fuerzas y nuevas ilusiones lo que hizo que nos distanciáramos más, quizás sería lo que te movió a ti a serme infiel. Y ese día en el que te confesabas, ese día que me clavaste la daga y comencé a sangrar, ese día todo cambió.

Tu reconocimiento de la falta, que acaso ni lo fuese, pensando en lo lejos que estábamos uno del otro aún tan cerca, hizo que lo poco que quedaba se resquebrajase y que incluso con los esfuerzos por minimizar tus palabras y que lo contado quedase en una anécdota, una circunstancia que no interferiría entre nosotros, no fue posible. La llaga ya estaba abierta, y la duda, el peor de los virus entrando por ella, gangrenando todo el sentimiento. Yo por mi parte también buscaba distracciones, aunque nunca hasta culminar, siempre marcando un final antes de caer en la traición, por un pudor que ahora veo absurdo, era juego y diversión, y yo lo ensuciaba con remordimiento y falso sentimiento de lealtad a lo nuestro, cuando sabía que lo nuestro ya no era, pero todavía me sentía en la necesidad de serte fiel, de no caer en la felonía, pues aún no había habido la ruptura verbal, aunque la física, la de la piel, ya era evidente hacía tiempo, pese a que no la queríamos ver. Y necesitábamos a alguien que la arropase, y nos atemperase el frío que sentíamos por la falta de piel próxima, con risa y entretenimiento que nos hiciese olvidar la incomunicación del hogar, donde estaba el otro esperando en su encierro.

Cuando tú me declaraste tu acto, diciendo que estuviste con alguien y que lo sientes, que nos sabes cómo fue, que no lo querías hacer pero pasó, me dolió, más por rabia que por celos, más por ira que por envidia, más por ser el acto antes que la separación, saberse presa del engaño es sufrimiento, incluso cuando ya no había vínculo real, y nuestros sentimientos estaban anestesiados, pero de repente, ese acto, los convierte en sensibles y delicados, los despierta de ese sueño lánguido, y ese despertar nos duele, y recobramos los afectos que en un tiempo creíamos muertos y enterrados. La posesión sobre el otro que creímos eterna, se muestra en fuga y vemos distanciarse, nos sorprendemos diciéndonos que nos daremos tiempo para la reflexión, cuando sabemos que la reflexión ya está hecha y la decisión tomada, pero aún así, lo hicimos y seguimos un poco más, andando uno al lado del otro cada día, siguiendo con nuestros silencios, acompañándonos en la soledad que ambos nos infligíamos, pero la pareja estaba herida de muerte y las palabras que nos negábamos a decir, brotaron solas y el desencuentro se hizo verbo y nos dijimos, ya no puedo.

 

 

 

.     *La oreja de Van Gogh nos arropa el texto con dos canciones que también nos hablan del final de la pareja, cuando ya no queda nada que haga seguir.

Tú y yo”                                                                   “Qué puedo pedir

  

 

.     **NA: Publicado originalmente el 14 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Mundos inconstantes (3ª Parte)

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Dentro de esa existencia nueva que deseo, le tomo la palabra y salgo a volar, ese vuelo que no hice estando junto a él, porque no salía de la habitación de cristal en la que me encontraba. No le acuso ni le echo en cara, no volé, no porque no me dejase, o sí quizás, sí lo evitaba y no me daba cuenta, pero da igual, no le reprocho nada, ese tiempo fue lo que fue y ya lo quiero dejar atrás, no darle más vueltas a mis errores ni a mis aciertos, le alejo, y retiro de mi pensamiento lo bueno y lo malo que pasé con él, más adelante quizás pueda regresar y enfrentarme a todo lo dado. Y ahora, sí quiero salir a por ese mundo nuevo, a conquistar y descubrir y levantar, con nuevos acompañantes, con nuevos horizontes. No quiero salir a buscar a los amigos pasados. Ellos, los amigos que siempre crees que estarán y que son apoyo y algo más en malos momentos, los descubres lejanos, de repente los has apartado. Aunque no te das cuenta de esa situación, sucede poco a poco y llega un día que no les ves. Están en la misma ciudad pero allí al otro lado, en otro mundo que ya no es el mismo, no ese que reconocíamos juntos, ese mundo que compartimos en nuestros inicios y descubrimientos. Y los primeros amigos y los sumados con “el amado”, no pueden acompañarnos en este nuevo camino. Ellos tienen su mundo y tú ya estás fuera de él, sin darte cuenta en principio, y después ahuyentada y espantada. Y a ellos tampoco se les puede culpar de este nuevo “estatus”. Y salgo corriendo para irme de allí, aligerando el equipaje emocional, para conseguir un efecto placebo en mi corazón, algo que evite el dolor aunque no lo cure. Ahora me doy cuenta, es la primera vez que me acuerdo del corazón, – según el tópico es ahí donde duele el desamor -, la verdad es que el dolor no está ahí, si no en la cabeza que lo piensa y rememora, se aflige y distorsiona, dudando a veces de lo que siente. Desde aquel día fatídico de ruptura y congoja, de rabia y furia contenida, rastreo en mi interior para encontrar donde estoy, si me perdí en los otros mundos y estoy a la deriva, o sin embargo tengo esperanza de explorar ahí afuera, en el exterior de mi cabeza, otras posibilidades, otros compañeros de viaje. Un viaje necesario para revelar un universo diferente, que me sorprenda todavía, sin renunciar al amor, eso nunca, pero sin búsqueda obsesionada, solo obstinada por  el amor a mí misma. Y siento la soledad, una soledad silenciosa, sin algarabías, sin todo ese ruido que siempre nos acompañaba cuando estaba con él. Desde aquél momento que sus labios dijeron “Vuela”, me acompaña la mudez, me he hecho más parca en palabras y taciturna en el trato, el sonido y el bullicio me altera y me pone en alerta, me acostumbré al recogimiento, a las ganas de llorar por dentro, y se hace difícil salir de este encierro mental que incomoda y aturde. Pero voy a cambiarlo, debo salir en busca de un nuevo mundo que habitar. Quiero encontrar y lo voy a hacer, un lugar donde me encuentre a gusto, y en él plantaré mi vida como un árbol que arraigará y florecerá, y echaré fuera las malas hierbas como él lo fue, para con mi anterior mundo que nunca fue mío del todo. Y hoy empiezo mi mundo nuevo.

 

 

…………………………………………………………………………………………….. Fin.

 

.     *El relato se cierra con optimismo de nuevas búsquedas y por ello lo acompañamos de las buenas vibraciones de Amparanoia y Los delinqüentes, que nos animan a buscar una vida nueva, un mundo nuevo, tomando aire de la calle y dejando atrás las tristezas.

 

La vida te da”                                                        “El aire de la calle

 

Después

.     **NA: Publicado originalmente el 12 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Mundos inconstantes (2ª parte)

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Cuando se sale de este ensueño en el que estuve sumida y vuelven las facultades de comprensión y de decisión, te das cuenta de lo errado que era el camino, claro que el camino estaba marcado y no veíamos otras veredas, no nos lo permitían nuestras orejeras, auto-impuestas. El camino hay que desandarlo para volver a una senda nueva, y ese regreso, ese paso por los parajes compartidos, se convierte en tortuoso por los recuerdos y las vivencias, por sentir el dolor de lo que hubo, de pensar que no fue cierto lo vivido, que lo que hubo fue farsa, y has de tomar distancia para no sentir tu vida y tu tiempo  perdido, y empezar a quererte y pensar que no hubo mentira, que lo acaecido no fue culpa tuya ni de nadie, que lo que pensaste definitivo no lo era y que son cosas de la vida. Pero no se entiende nada de lo sucedido, se buscan mil gestos, mil imágenes que nos alertasen de lo que se nos vino encima y no vimos, queremos ver lo que no vimos, entender lo que no comprendemos, saber el motivo, si fuimos causantes de lo que nos pasa o simples sujetos pasivos. Miras atrás y maldices el día que le conociste, que te embrujó y que caíste a sus pies como una tonta, que cambiaste todo lo que tenías por él, por apostar a una sola carta. Y ese día que te dice “vuela”, le miras incrédula, sin concebir el porqué, le miras aturdida con la rabia desbordada, y las preguntas atropelladas y la petición urgente de respuestas a las interrogantes que suscita ese bofetón dialéctico que tanto dolor te causa.

Las lágrimas brotaron, no las pude contener, quería evitarlo, no hacer una escena, pero era duro enfrentarse con él, cara a cara y ver su mirada compasiva, hiriente. Peor que la ruptura es dar pena, esa espina se queda dentro, muy dentro. Sentirse tan vulnerable en ese momento, tan en manos del otro, -que curiosamente-,  siempre lo habíamos estado pero hasta ese instante no lo habíamos notado. Y Justo ahí es cuando nos damos cuenta de lo absurdo de nuestro comportamiento anterior, de nuestra vida cedida, dada a otro, y que ahora nos toca recuperar. Nos la devuelven toda enredada, ovillada, enmarañada, y nos toca empezar a deshilar y deshacer nudos, y esa labor es dañina, deshacer los lazos duele, pero es necesario para poder coger otra vez el cabo bueno por el que empezar a enrollar de nuevo nuestra vida. Y en ese día señalado en mi calendario, me recreo cada vez, para decirme que no habrá una segunda vez, que este dolor recibido no lo quiero volver a tener, y tomo las riendas de mi ser, y juro que no volveré a ser una muñeca de trapo en las manos de otro, y desligo uno tras otros los recuerdos atados a él, y despacito, muy despacito emprendo el viaje a mi mundo, ese mundo que reconocía cada salida de sol y cada atardecer, volviendo al lugar de donde partí, pero antes de llegar me paro y giro sobre mí, cambio el rumbo, quiero otro mundo, no el que tuve en principio ni el que viví por él, no quiero repetir, quiero algo nuevo que me haga querer existir.

 

………………………………………………………………………………………(Continúa…)

.     *Deluxe proyecto anterior del músico Xoel López, nos pone música al relato, dándonos un último encuentro con cambio de rumbo y un adiós, como en el texto.

Adiós corazón”              Este último encuentro

.     **NA: Publicado originalmente el 9 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.