Mal verano

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Te vi al llegar y ya no pude evitar la sensación de que mi elección no iba a ser lo mejor ni lo más normal, el verano caluroso me hizo mal, trastornó sin duda mi identidad, si no, cómo se me fue a ocurrir pensar en ti, soñar despierto que tú bajando por aquella calle serías mi futuro angelical. Y al final como después intuí eres futuro infernal. La piel morena recién estrenada me impactó en la mirada, la piel dorada reflejaba la vitalidad que tu cuerpo destilaba, y cómo no me iba a prendar de esos andares que giraban la vista de todos y todas que se cruzaban en tu caminar. Bajabas por el empedrado que parecía alisarse a tu paso, tu esbeltez se cimbreaba en cada zancada. Segura, y con la sonrisa resplandeciente ibas encandilando a la gente, el vestido sedoso y vaporoso, aumentaba ese aire de anuncio que enmudecía al mundo que no podía apartar la vista en tu transitar. Pero, casualidades de la vida, resultaste ser amiga de mi amiga, ésa que en mi pensamiento inicial sería la que compartiría este verano ideal, que entonces no era fatal. Ella era mi objetivo, hacía tiempo que nuestros gustos eran los mismos y entre esos gustos estaban nuestros físicos. Allí, sentado en la terraza del bar, todo esto se esfumó cuando te vi avanzar hacia nosotros y mi amiga se levantó para recibirte con gran algarabía y alegría de reencuentro esperado en ese lugar en el que habíais quedado y que lo cambió todo. Volvíais a veros después de largo tiempo, cruzasteis piropos y flores, besos y abrazos cargados de recuerdos pasados. Y yo observando como un bobo. Ya fascinado. Pasé la tarde escuchando vuestras aventuras en las que yo no participé, pero en cada una de ellas a tu lado yo me imaginé, con cierta envidia y celo por haberme perdido todas esas correrías y divertimentos que con tan buen recuerdo celebrabais en ese momento. El día era cálido, y tu mirada tras las gafas de sol, me daban más calor, no podía apreciar tus ojos pero intuía que me descifraban tras los cristales. Recibía tus ademanes de cierta coquetería, señales de humo me llegaban con sonrisas de grana, labios coloreados de intenso carmín, que turbaban mi imaginación pensando en besos con fuerte pasión.

Cuando uno está casi al margen de una conversación aunque esté allí presente, y le hagan participe a ratos, tiene la oportunidad de vagar con la mente, por otros lugares que no son los de allí, puedes fantasear e inventar, con lo que rodea, y en ese estado yo me dejé llevar lejos, con el espejismo de estar contigo, en otros sitios en otras playas, en otros caminos, y sin moverme de mi silla estuve esa tarde en una puesta de sol, dándonos besos, caricias y mimos. Me dejé llevar por ese delirio, ya estaba perdido. Tras varios días de preguntarme si lo que sentía por mi amiga era menos fuerte que lo que ahora me embriagaba por la suya, su amiga, que ahora eras ya mía, y era con quién intercambiaba insinuaciones y flirteos, sustituyéndole a ella como centro. Todo parecía tan evidente y rápido, tú sentías lo mismo que yo, un irrefrenable deseo de juntar nuestras manos, nuestros labios y sentir próximos los cuerpos, que el tacto se abriese paso antes que otros sentidos y sentimientos. Días de tonteo infinitos, hasta que una noche se cumplió mi utópico pensamiento de aquella tarde de inesperado encuentro. Mi amiga me miró con cierto resentimiento, todas mis palabras, antes para ella, dejaron de serlo. Aunque sentía que me equivocaba en la elección, no tenía otra opción, me habías obnubilado y todo mi verano planeado con antelación se me resquebrajó con tu llegada. Esa noche, me sentía eufórico pensando en lo afortunado que era, pero poco duró aquella felicidad. Enseguida me di cuenta que no todo sería genial, que yo estaba enamorado, pero para ti iba a ser solo un rollo de verano. En cuanto pasaron varios días, tu interés por mi quedó en la orilla y ya me veías con desinterés, quizás te atrajo quitarle el pretendiente a tu amiga, por lo que contabais cuando más niñas, competíais con ese fin, pero era tarde para mí, el verano se había chafado, y lejos de ser lo esperado, se convirtió en desengaño para el corazón. Y no poder estar a tu lado compartiendo no solo el espacio, me mataba y cada noche me hundía en el alcohol, enmascarando mi dolor, y si algo podía ir peor, sucedió, descubrí a mi amiga ligando por ahí. Pero qué esperaba, ¿que estuviese preparada para recogerme y perdonarme lo ruin que fui? Y el verano ha tocado a su fin y aún estoy aquí, destrozado y recordando el peor verano que viví. Vengo de un verano fatal, me enamoré nada más empezar y terminó con funesto final.

 

 

 

.     *Esto es lo que nos puede suceder en verano a cualquiera, cambiar lo que tenemos por una novedad que nos ciega. Christina Rosenvinge y Nacho Vegas ponen música a mi mal verano, con su verano fatal.

Verano fatal

.     **NA: Publicado originalmente el 3 de Julio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad

 

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Afectos y desafectos

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Los afectos y desafectos son lo mismo, unos vigentes y otros caducados o trasmutados, pero que siguen siendo afectos que dejan o dejaron poso y huella. Hablo de afectos desaparecidos o perdidos o con posibilidad de caer en el olvido o ya prescritos o también de afectos dolidos que pasan a ser odios reprimidos. Los afectos a veces se dejan y apartan por decisión propia y ya entonces son desafectos, no siempre barnizados por la inquina y el resentimiento, o el rencor. Los afectos  nos llegan de nacimiento unas veces, y encontrados por el camino muchas más. El cariño que nos profesan nada más nacer y que nosotros devolvemos, es ese primer afecto que nos llena durante tanto tiempo, que no existen casi otros. El más duradero de todos los afectos, ese, familiar, de madre y padre y hermanos, y toda la consanguineidad que nos rodea, como manta que nos quiere proteger de las intemperies que nos llegan, de los fríos con los que nos tendremos que enfrentar y nadie podrá evitar por más que ese abrazo de todos ellos nos quieran aislar de esos gélidos vientos. Y este afecto inicial no está a salvo ni siquiera de ser mutado en desafecto, en malquerencia, por motivaciones que no están muy claras. Cuando niños nos aparece y nos da por pensar que se nos omite la libertad, que nos asfixian con las normas y todo el amor que recibimos o damos se vuelve contra quién nos lo da o quién lo recibe, en forma de desdén y alejamiento, y ya no hay reconciliación, solo desafecto. La ternura desaparece y ese niño que fuimos ya no la inspira, incluso ese recuerdo tierno se entierra, y se borra cualquier posible marca que nos diga donde estuvo ese sentimiento, y al hijo se le repudia, y al padre y la madre se les destierra del futuro del hijo. Y cuando la envidia surge entre hermanos, se ahonda un distanciamiento que la vida abundará, y cada uno llevará su vida y será el desafecto el nexo de unión, un afecto alejado, distante, teñido de amor enrarecido, no indiferente pero en el fondo poco afectivo.

Luego con los años aparecen la amistad y el aprecio por ciertas personas que avanzan junto a nosotros en el día a día, y creemos que ellos nos acompañarán durante todo nuestro camino, no se nos pasa por la cabeza que irán quedándose en la cuneta, por el destino, cambios de residencias, de estudios y de juegos compartidos, mudados a otros lugares, que nos llevan a encontrar a otros compañeros de viaje, también por tiempo limitado. Pero otras veces esos amigos, dejan de serlo no por el devenir de la cotidianidad de los días, o por los caprichos de la vida. La enemistad surge de pronto, por un roce, por una desilusión, por un enfado fundado o infundado, por suspicacias o por cualquier nimiedad, y entonces apartamos al camarada, lo mandamos al exilio, dudando de la fidelidad a nuestra causa, y el desafecto lo deja en un Gulag interior, que mucho tiempo después quizás se rehabilite en la memoria, pero que por siempre quedará como un afecto osco, lejano, sin el calor de algo que nos toque y nos despierte emoción, solo recuerdo de un pasado donde iniciábamos nuestro periplo en comunidad, con otros que no eran los de la sangre propia.

Luego llega el afecto de los afectos, la estima y devoción, el amor. El primero es el más bonito, por lo menos en la memoria así queda, a no ser que por algún motivo como un Mr. Hyde se transforme y ya no quede ese dulce recuerdo. El apego emocional hacia otro nos mueve constantemente, siempre queremos tener a alguien a quién amar, con quién compartir, hacer proyectos, sentirnos importantes para el otro y consecuentemente para nosotros mismos, que nos crecemos al pensar que somos un referente para ese otro en la pareja. Y nos vaciamos y nos damos y se vacían y nos dan todo, tanto que quedamos secos y necesitamos del otro para recuperar energías, y es a la vez un conducto que retroalimenta la relación, nos seca y nos consume, secamos y absorbemos, y acumulamos y colmamos de vigor y fuerzas, y nos recargan con mimos y halagos, devociones y aprecios, que a veces se trastornan y se vuelven desprecios. Y el respeto antes cultivado, queda destronado y se instaura el rencor y toda la tolerancia de antes se hace intransigencia, y todo lo bueno se gira en malo, las bondades de antes se enturbian y parecen vilezas, y ya todo rezuma desafecto. Un desafecto acentuado y tildado de odio y crueldad, la perversión toma el mando y todo lo que antes hacíamos por el bien del  cónyuge, con complacencia y diligencia, con fervor de ofrenda, se transfigura, y la piedad desaparece, de tal manera que nos trasladamos al otro extremo, convertidos en inclementes. Y es ahí con esa fuerza con la que se nos compone todo el desafecto malicioso que podemos dar y recibir, encontrar que nos lo suministran o encontrarnos endilgándoselo al antes amado. Y el aborrecimiento ensombrece nuestro día a día, y llegada la separación física, no nos basta para pasar página, se queda enquistado en la médula la mortificación que nos supone pensar en el otro, no nos conformamos con la ruptura y el olvido. En algunos casos la obsesión es la recuperación del amor y estimas perdidos en el otro, y viendo la imposibilidad, el deseo creciente es el de insuflar el mayor mal, el mayor dolor a la pareja perdida, que nos haga catarsis del nuestro que no nos deja vivir y nos ciega. Y esa enfermedad es el mayor peligro, caer en ese pozo es hacer del desafecto el motivo de vida, pero no como indiferencia si no como sinónimo de penitencia, escarmiento y deseo de castigo. Otras veces aún siendo fortuito y no esperado, el desafecto es tomado como avatar de vida y el alejamiento es civilizado y tomado como un estigma y muesca más que nos deja el oficio de vivir, y el desafecto se queda solo en eso, en desvío de la estima hacia el otro, dejar a otros huérfanos de nuestra estima o al menos con ella bajo mínimos.

Pero otras muchas veces los desafectos son la salida buscada por el miedo a un abrazo de futuro que nos inquieta y del que no estamos seguros, es una puerta de escape para el acorralado, al que los sentimientos le tienen amarrado y atado y duda de que sea lo que él estimaba sería, o de lo que imaginó y de pronto ya no quiere que sea. La mayoría de las veces no queremos el daño del otro como fin al apartarnos, es la consecuencia de auto-protegernos, de salvaguardar nuestro sueño, nuestros anhelos, que a veces simplemente son seguir libres durante más tiempo, no sentir ataduras, ni grilletes que nos mantengan en una celda, o que nosotros vemos como tal. Y aunque no deseamos hacer mal, el mal aparece y la incomprensión, la falta de entendimiento a ese celo que prestamos hacia nuestra intimidad que ya no queremos compartir y que el otro ve como frustrante rechazo por nosotros, y desencadena dolor.

Más allá de todo esto tan cercano, tan de piel con piel, están los otros afectos, esos que son fugaces, cotidianos, que están cincelados por la simpatía, son esos que nos rodean en nuestras relaciones menos profundas o que nosotros estimamos así, más frívolas, sin la hondura que otorgamos a los otros lazos, en estos el vínculo lo manejamos con distanciamiento, intentando que no nos marque, que no deje en nuestra piel el roce cálido que nos traiga afinidades y familiaridades, y que evitamos pues no nos interesan esas bondades que no queremos que profundicen en nosotros. Y estos afectos son muchos menos que los desafectos que destilamos, cuando miramos alrededor son muchas más las antipatías que nos despiertan y despertamos, que las conexiones con las que confraternizamos. La gente la vemos con animosidad, y con aversión, nos molesta el comportamiento de prójimo constantemente, sus acciones nos parecen plagadas de egoísmo y así es en la mayoría de la veces, montarse en un vehículo es encontrar adversarios con los que luchar en la carretera, la solidaridad está escondida, no se sabe dónde, pero claramente atrincherada en algún lugar que no vemos y que se nos muestra como fugitiva y refugiada de una guerra, allá en cualquier sitio menos cerca.

Los desafectos, son afectos perdidos, miedo a los afectos, recuerdos de afectos desaparecidos. Simiente para un futuro de indiferencia, odio o rencor. Siempre de dolor, breve o indefinido.

 

 

 

.     *Para el texto de hoy, traigo varias canciones que recorren los diferentes afectos y desafectos contados en él.  Love of Lesbian nos cantan los familiares, Sr. Chinarro los de pareja, y Presuntos Implicados los de las amistades y amores primeros, transformados por el tiempo.

Cuestiones de familia”          “Anacronismo”          “Como hemos cambiado

  

 

 

 

 

 

 

 

.     **NA: Publicado originalmente el 29 de Junio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad

Cesar

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No estar, no querer jugar. Bajo la persiana para no ver, cierro las ventanas para no oír, no me llaméis, no voy a salir. Ya mi piel no quiere sentir. Huyo de todo, no entendéis que quiero cesar de seguir, ausentarme de vosotros y que vosotros os ausentéis de mí. Dimito de lo que esperáis de mi, ya no quiero defraudarme, ni traicionarme, solo busco vivir, pero lejos de aquí. No quiero formar parte de vosotros ni que vosotros forméis parte de mí, no quiero justificarme solo quiero dormir. Descansar de vuestras rutinas que me absorben la vida, esa que ya no quiero vivir, y cerrar los ojos para no ver, y cerrarlos para poder huir. Los amores que me donáis no los quiero, esos me atan a este mundo y necesito romper con ello, por eso no puedo seguir. Encerrado en mí, buscando solo la manera de sacarme de dentro este vacío que lo llena todo y ahoga y asfixia, es la manera que tengo de desasirme de lo que rodea mi existencia, que quizás ya no quiera.

Partir, esa palabra, dice tanto a la vez para mí, significa emprender el viaje pero también significa ruptura, por eso quizás ese verbo que lo llena todo, que lo aúna todo, sea el que ronda constantemente en mi cabeza. Inicio de un viaje, búsqueda de un nuevo destino, quizás no espacial pero si mental, marchar hacia un nuevo horizonte, emigrar hacia nuevos sentimientos que no estén emponzoñados por lo baldío y lo que nos ha secado. Mudarse y mudar a los otros, por otros nuevos o mejor por ningunos, para ser solo y solitario, para no sufrir, y no dañar. Abandonar el lugar, y los sentimientos, quedarse carente de afectos y emociones, ser un Ser vacuo. Irse, no ser. Partir también es cortar, fragmentar, romper con todo lo que hay, o creemos que hay, pues llegado este momento dudo de que haya algo. Miro dentro y lo que hallo es el enrarecimiento que lo llena todo. Separar y separarnos, eso es partir. Separar de nosotros lo que no queremos o hemos dejado de querer, y aquello que se agotó y que antes nos daba fuerzas y razones para ser y estar, y todo esto nos lleva a separarnos sin muy bien saber el fin de ello, el motivo que nos empuja, pero que nos obliga a correr hacia un lugar nuevo, como tierra prometida donde descansar. Descanso para nosotros y para los que nos rodean, puesto que nuestro estado anímico, osco y duro les hace mal y nos hace mal a nosotros. Y todo se vuelve noche en este encierro que necesito, y no sé ni siquiera, si quiero que llegue el día. Si prefiero quedarme así en la oscuridad tenebrosa y que la tristeza sea razón de ser, razón de vida, o esperar que un rayo de luz me devuelva las ganas de vida, o romper por siempre con esta rutina.

 

 

 

.     *Christina Rosenvinge pide que la dejen dormir, al igual que en el relato el protagonista pide que le dejen no ser, no estar en este lugar.

Cerrado

 

 

.     **NA: Publicado originalmente el 04 de Julio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad

Efusión nocturna

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Por fin te he tenido, esta noche te he tenido, esta noche la he pasado contigo, soñaba hace tanto con este momento que se hacía eterno y hoy me paseé por tu cuerpo con todos mis sentidos. Mis manos, mis labios, unidos con un mismo fin, el placer de estar contigo y darte placer que siempre es mi mayor anhelo, y mis ojos que no querían perder detalles lo han grabado a fuego. Había preparado tanto este momento que no podía ni quería dejar nada a la improvisación, aunque todo ha sido improvisado y no esperado hoy, pero si fantaseado mil veces cada vez que te alejabas y yo cerraba los ojos para quedarme con esa imagen, para robarte el alma como dicen algunos indígenas cuando les hacen fotografías.

Y de pronto todo se hizo presente y real. Tú estás aquí a mi lado. Despacio, lento, suave, es tu petición, siempre tranquilo, todo tranquilo, relajado. No quieres ningún estrés, el sosiego es tu fin, te gusta saborear los momentos y dices que eso solo se puede hacer despacio, con calma, relajadamente. Y así lo hago, alargando cada uno de mis besos, cada una de mis caricias, muy suavemente, enredándome a tu cuerpo, y tú dejándome hacer.

Miro tu desnudez que es la mía, la de mi alma ante ti, estoy despojado de todo en tu presencia. Y tu cuerpo resplandece en la semioscuridad en la que nos encontramos, donde me puedo recrear con tus curvas rotundas de mujer, alejada de las sílfides doncellas que poco me atraen. Mis manos no resisten más tiempo estar alejadas de tu piel, y se lanzan al tacto de tus senos que solícitos me esperan y me atraen como imanes. Mis dedos buscan tus pezones, y después se deslizan por el contorno abismal hasta tu vientre, surcándolo seguidamente hasta llegar a ese vello púbico tan recortado por el que retozo y me recreo un rato, y me dejo llevar en busca de ese punto donde la yema de mi dedo te hace estremecer, con leve opresión inicial, y después con un pequeño masaje para aumentar poco a poco la presión y el movimiento rítmico de mi dedo que ya no es uno si no dos. Y mis labios ardientes recorren tus pechos, y se detienen en la cúspide rosada que en el fragor del encuentro se tornan carmesí. Mi lengua sale en busca de tu pezón que lame con delicadeza y mis dientes aprietan esa dureza hiniesta, redonda y alargada a la vez, como canica deforme que tanto me excita ver así y jugar con ella. Pero no me detengo ahí, sigo besándote toda la piel que se muestra como estepa entre tus pechos y el surco entre tus piernas. Paro mi mano y tú destensas por un segundo todos tus músculos contraídos por ese gusto que te está recorriendo todo el cuerpo, y tiene su centro en ese punto, vulva volcánica, a la que me dirijo ávido de que se encuentre con mi boca, que pretende besar, y succionar. Deslizo mi lengua por todo tu sexo, de abajo a arriba, rozando todos tus labios cómplices de mi boca, y tú sientes mi respiración entre tus piernas. Ese aire que exhalo te hace sentir cosquillas, que te hacen sonreír. Y te retuerces aún más, cuando mi lengua pasa con deleite por tu clítoris, y mis labios lo aprisionan con cuidado de no hacer daño pero dar placer, y tú ya agarras mi cabeza pues ya no puedes soportar dilatar ese orgasmo venidero que te está recorriendo todo el cuerpo, tu piel tersa se encrespa y sientes como por la nuca el cabello también. Y te dejas llevar, y yo al ver tu placer lo convierto en mi placer y mi sexo duro y erecto, no aguanta más su flujo interno y me corro contigo, a la vez, y mi semen deja toda la sabana empapada, dando y recibiendo placer, y exhaustos seguimos uno al lado del otro con la respiración alterada y sin resuello pero felices. Y una leve lágrima se me escapa, cuando despierto mojado por tanta felicidad y desventura por no ser cierto lo sucedido. Y conformarme con tenerte en sueños es lo que me queda desde que me dijiste: “ni sueñes que te quiero”.

 

 

 

.     *Raimundo Amador y Andrés Calamaro nos cantan el gustito de estar enterradito entre unas piernas, como en el delirio del sueño.

Ay que gustito pa mis orejas

.     **NA: Publicado originalmente el 25 de Junio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad

 

Todo acabado

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Noche triste

.     noche amarga

.         porque sajaste mi alma

 

Sin querer quererme

    has logrado vencerme

lo hemos firmado

      ya todo ha acabado

 

Por fin

    lo puedo decir

te quise tanto

     que ya me da igual

             veo el final

lo he superado

aún abandonado

 

Por fin

   lo puedo decir

aunque ahora llames

             ya no me ardes

es demasiado tarde

           tú ya lo sabes

incluso amándote

       ya no te amo

          no te reclamo

 

No quiero renunciar

      a otra piel amar

          mundos que explorar

 

He esperado

     y he desesperado

ahora me da igual

        lo tengo superado

me dejaste sin planes

         todo he abandonado

 

Por fin

   lo puedo decir

todo ha acabado.

 

 

.     *Quique González nos deja sus arañazos para este poema, que también tiene los suyos en el alma.

Arañazos de piel roja

.     **NA: Publicado originalmente el 24 de Mayo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Soñada primavera

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Solo quiero comprensión,

comprensión del dolor último

de perderte, del que rebosa

por mí mente, clamando

a lo lejos, verte.

Pidiendo tu regreso, necesito

gritarlo a los cuatro vientos,

a nadie digo el dolor que

por ti siento

que por no sentirte rompe mi

interior, paz que zozobra

ante un suspiro de la

melancolía que irrumpe y

mortifica.

Llegan lágrimas, secas lágrimas

de dolor desquiciadas,

transformadas en puñales

sajan en su camino,

surcos de tristeza.

 

Consuelo encuentro

con la llegada de la primavera

soñada primavera, haz florecer

campos sin dolor, campos de amor

campos sin tristeza.

 

Siembra de esperas sin llamadas

Dagas sin sorpresas, alma

desmembrada.

Arrugas convertidas en

risas desenfrenadas.

 

Triunfará la espera

de esta primavera.

 

Nostalgia de otra primavera

que se me escapa

(tu llamada, tu regreso).

 

 

.     *Estopa nos trae la primavera que se les escapa, pero que les vale la pena. Para un texto que sueña con una primavera que nos haga florecer.

La primavera

.     **NA: Publicado originalmente el 27 de Abril de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

Tal vez

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Tal vez

la audacia

sirva para algo

tal vez

esta rabia

sirva para algo

tal vez

algo sirva para algo.

 

Pero los gatos no bajan

del tejado

siguen locos

por esos tejados

buscando cada día,

¿buscando qué?

 

Tal vez

buscando el calor

tal vez

buscando el candor

de gente ingenua

de gente buena.

 

Lujo lejano,

quisiera creer

tal vez

alguna vez

estará cercano.

 

Gato sin dueño

buscando amor

buscando lo que tú

no supiste dar.

 

Tal vez

yo no te lo puse fácil

tal vez

te ahogué

o simplemente te acosé.

 

Tal vez

no supe motivarte

quizás fuera

espejismo de un día

el amor que creía te tenía.

 

Tal vez mi duda actual

simplifique y desdramatice

este dolor que creía tener.

Tal vez

solo tal vez

pueda volver a querer.

 

Tal vez

algún día piense en ti

y la astucia

me sirva para no herir

como yo caí

gigante herido

 

Tal vez

esta rabia

me sirva para no herir

como yo caí.

Tal vez

te quise

o solo creí.

 

 

 

 

.     *Vetusta Morla nos acompaña los tal vez de dudas del poema con los suyos de alarmas encendidas por los vaivenes de la vida.

Lo que te hace grande

.     **NA: Publicado originalmente el 7 de Mayo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Suspira

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Que ésta senda por ti elegida

partiéndome el alma

al menos sea la felicidad plena

que a mi lado no te llega,

que en este periplo lejos de mí

te llegue todo lo que no te di,

pero quiero que sepas

que estas lágrimas que no puedo contener

son la prueba de cuanto te amo

amor que ni el tiempo ni la distancia

podrán cambiar,

si alguna vez quieres volver

no lo dudes házmelo saber

llama y suspira

todo se abrirá

olvidando esta despedida.

Suspira…

 

 

 

.     *Enrique Bunbury nos deja su canción en la que, como en el poema, la separación si es por la felicidad del otro es dolorosamente aceptada.

Aunque no sea conmigo

.     **NA: Publicado originalmente el 13 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Cuando te vas

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Cada día

me cuesta más la despedida,

el vacío.

Vacío me quedo

cuando desde abajo te miro,

en el estómago un nudo siento,

triste, vacío me quedo.

Tu ausencia tan reciente

me hiela,

se nubla la mirada,

internas lágrimas resbalan,

si pudieran salir

impúdicas en público.

Pero el nudo,

garganta que aprieta

me ahoga,

me ahoga la lágrima que

trago para evitar salir.

Rubor en público por

no querer verte partir.

 

 

 

.     *En mi andén, como en el de Melon Diesel están todos los miedos a que tras la última despedida no haya regreso, y siempre da pudor mostrar en público esta debilidad.

En el andén

.     **NA: Publicado originalmente el 18 de Junio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

 

Beso, verdad o atrevimiento

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En mi infancia de precoz sexualidad, fueron los primeros juegos de descubrimiento. Juegos sexuales de besos, tactos y verdades reales o medio inventadas, y si no inventadas, encubiertas o falseadas. Allá, arriba de mi calle, cuesta empinada, que como desde almena de un castillo veía el resto de la calle y de mi casa allí abajo a un paso. Bajo la luz de las farolas, amarilla y cálida, en aquella acera de cemento y piedra, pegados a la pared para refugiarnos del frío, en tardes y noches invernales de calles desiertas, que se convertían en cómplices de estos rituales, de diversiones menos infantiles que las acostumbradas por la edad que me tocaba. Yo, el más pequeño de todos, participaba como principiante y descubridor de secretos guardados bajo ropajes. Volvía tarde a casa con la bronca consecuente por parte de la madre, preocupada por la hora de regreso para un infante tan pequeño, más de una vez tuvieron que subir mis hermanos en mi busca, pero quién iba pensar en la vuelta con tales juegos. Primeros besos o morreos que se decían, con lenguas que se enlazaban húmedas, primeros contactos de esa parte que siempre había sido utilizada para otros menesteres menos sexuales y más gastronómicos. Por primera vez se progresaba de los besos, en un inicio en las mejillas ruborizadas, para después avanzar por el rostro y ser más osados, acercándonos a los labios que se convertían en el paradigma del placer, en la tierra prometida, pero que tras sentir ese calor de los labios del otro, que se hacía efímero, ya estábamos pensando en más. Y más vendría después, cuando ya no se hablaba de besos, de unir y juntar los labios, ya era un paso más, era dejar que la lengua pasase al otro lado de nuestros dientes en busca del interior de aquella boca que se nos ofrecía tímida, a veces primero teniendo que rozar con nuestra lengua los otros labios para que nos dejasen pasar, y ese breve roce de la lengua con el labio ya era una maravilla nueva, ya era algo mucho mejor que el paraíso anterior de labios unidos, y luego sentir la viscosidad de otra carne, otra lengua que se enredaba, y era algo rápido, muy veloz, con vergüenza por hacer algo nuevo y prohibido o mal visto, y no realizado antes, y que pocas veces será repetido en un futuro cercano. Y tímidos nos mostrábamos todos y todas, que éramos novatos en estas lides. Y más yo, el benjamín del grupo, que no levantaba dos palmos del suelo.

Después, llegaría el atrevimiento, en el que por primera vez se tocarían unos pechos, unas veces incipientes, pues estaban empezando a salir y crecer y que pronto necesitarían de sujetadores, y otras, ya bien formados de mujer recién estrenada, primero sobre la ropa, después, más lanzados aún, bajo la vestimenta.  Y se palparían los primero vellos púbicos, mucho antes que fuese yo quien lo tuviese. Aquellas caricias de carnes suaves y pezones que se encrespaban al roce, eran delirios pacatos, y en el avanzar de la mano, el dulce tacto de la piel de la tripa tan tersa y aterciopelada, no se olvida.

Dentro del juego, la verdad importaba menos, era la elección menos elegida, solo se buscaba ella cuando entre los participantes, el que podía decidir no quería el trato más sexual con el otro, o por el contrario, cuando deseaba saber del otro algo que les conciliase a otros lugares, a otros momentos y este era ese instante en el que poder cerciorarse si el deseo de uno era compartido por el otro más allá de lo inmediato, como si esta confesión fuera la llave para algo más, lejos de allí, sin los otros. Y todos estos actos eran tan livianos y raudos que realmente casi no nos deleitábamos en ese momento que se nos hacía fugaz, si no después en la casa, con el recuerdo agigantado de lo sucedido y vivido, de las nuevas sensaciones aprendidas y aprehendidas con avidez de la novedad que queremos guardar bajo la almohada para que nunca se nos olviden, primeros recuerdos de aromas de sexualidad y deseo.

Aquellos juegos son recuerdos también de los primero desafectos, doliente afecto por aquellas chicas, algunas con mote, qué duros somos en la infancia con las etiquetas y apelativos. En esa época quedé ya marcado por el desafecto, no era el primero, ese me vino aún más pequeño. Las gemelas fueron mis primeros iconos sexuales, los primeros pechos vistos y tocados con libidinosa lujuria y no como mero tacto furtivo, en ese momento eran todas tan mayores que nunca me engañé a mí mismo, con destinos fingidos, sabiendo que lo de aquellos días eran bocas prestadas. Y ellos y ellas, mayores que yo, me descubrieron estos deleites de la vida demasiado pronto. Y pasó después mucho tiempo para que volviera por esos caminos, pero desde entonces solo queda eso, buscar. “Beso, verdad y atrevimiento”.

 

 

 

.     *Marlango nos prestan sus bocas, para poner música al recuerdo de aquellas bocas que nos fueron prestadas para los primeros besos y descubrimientos sexuales en la infancia.

Bocas prestadas

.     **NA: Publicado originalmente el 19 de Junio de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.