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Una guitarra suena de fondo,

una melodía que está invocando

lo que ahora ya no siento a mi lado.

El lucero que brilla en la mañana

alumbrando lo que ya no estará.

 

Una llamada desesperada.

Ternura infinita,

respondiendo a lo rudo

del tiempo librado en la huella.

 

Horas felices tuvimos,

y desaparecen por el hueco de las cicatrices.

Te llamo y aún no te marchaste,

observando la senda que te me robará.

 

El camino que elegiste será duro,

unas veces con risa y otras con llanto.

Y llanto infinito me acompañará

en mi caminar,

por este destino sin entender lo sucedido.

 

Por causas y efectos ya no seguiremos al lado.

Por causas y azares la risa se fugo de mí.

Por afectos con defecto la depresión es en mí.

 

Me dejas tu nombre labrado en la mente.

Un nombre cegador que lo esconde todo,

bajo lágrimas de ausencias futuras

y azarosas, invitadoras a poner fin al sol que alumbra

nubes, que no dejan pasar la luz y hacen gris el existir.

 

*Silvio Rodríguez canta a ese nombre que ya se le escapa de su lado, igual que el poema,  evocador del abandono venidero y del nombre que queda, que todo lo ciega y deja nublado el futuro.

Rosana

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