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El mito.

¿Me sirve el mito para contarme?

Quisiera pensar que sí, pero no estoy seguro.

Me encuentro en el laberinto cretense, busco y no encuentro el hilo, o a la propia Ariadna, busco alrededor y busco dentro, sobre todo adentro, y cada vez que miro, más complicado veo el camino, la salida se muestra esquiva, y en ese deambular solo estimo dolor, dolor y dolor. Sé que será momentáneo, pero no deja de ser pesaroso. Este laberinto no tiene hilo, y no tengo Ariadna que me guíe, este es un laberinto de paredes que se mueven, y lo que hoy parece un buen camino, ya ayer se convirtió en ciénaga peligrosa en la que hundirse más, y más, y más. Lodo que hace intransitable el camino y te hace regresar, no al punto de partida, aún peor, solo pasos atrás, sí fuese al lugar de salida, uno se sentiría a salvo para no emprender el viaje, pero el camino ya está iniciado, ya sin vuelta ni acomodo en el que sentirse a salvo, solo queda buscar otra senda, otra salida, otra vereda menos angustiosa, otra pared que evitar, el fin es seguir avanzando, inexorable, detenerse es perecer.

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 .   *Uno emprende el viaje para matar a su Minotauro particular, y el camino para salir indemne y entero se vuelve arduo y tortuoso, pero como canta Xoel López; “Del lodo crecen las flores más altas, más altas…”.

Lodo