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Cuando se marcha cierra despacio la puerta, y a veces echa la llave como si no quedase nadie dentro, como si no quedase nada. Pero yo sigo allí, aún en la cama, y me sonrío y pienso que su despiste le hace cerrar creyendo que ambos salimos. En ocasiones me recorre cierto escalofrío por el cuerpo como si lo que quisiera es dejarme allí sin poder marcharme como temiendo que no estuviese al volver. Otras veces ese escalofrío me es doloroso por creer que cierra porque ya no piensa en mí, porque al cruzar esa puerta, su mente ya se ha alejado del todo y he sido borrado por completo de él, de su vida. Sospecho que soy sólo un alto en el camino, un soplo de aire fresco necesario de vez en cuando para seguir avanzando cuando el aire de su vida diaria se vicia haciéndose irrespirable, y que me tiene como una ventana que se abre y renueva el oxígeno de una estancia. Quizá sólo soy para él esa ventana, que al salir de la casa cierra hasta que necesite ventilar de nuevo. Entonces veo a su mujer y a sus hijas como un gas tóxico que lo ahoga y que soy una solución temporal para no morir de asfixia.

 

 

 

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.    *El protagonista quisiera que al marcharse un día su amante le dijese lo que canta en esta canción Quique González; “No nos lo perdonarán, será definitivo, será para volver contigo otra vez”.

Caminando en círculos

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.     ** Publicado originalmente 19 de Mayo de 2019. Hoy recibe una segunda oportunidad.