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Oigo al otro lado del muro, de la pared, detrás de los cuadros colgados, traspasando esos recuerdos de viajes que descansan por encima de mi cabeza, arriba del cabecero de la cama. Escucho, aunque no entiendo todas las palabras, lo que más me llega son gritos y reproches. No los comprendo, intento adivinarlos. Las voces elevadas, las palabras malsonantes, me alteran, alteran mi descanso, me ponen en tensión. Es recurrente esta situación, las quejas de tono increpante se lanzan a los oídos del interlocutor, y éste contesta a esas palabras con otras que no percibo nítidas, siempre unas más altas que otras. Uno grita, el otro contesta con menos violencia, al menos con menos alarido. Parece que vocear le gusta más a uno que a otro, quizás el que brama con insistencia cree que así llevará la razón o quién sabe si es la manera que tiene de cargarse de ella, de una razón que no tiene o duda de ella. Y el contrincante en este duelo, se desespera de la chillería y termina por vociferar también, aunque es breve, enseguida recupera el tono bajo, más sosegado aunque su estado anímico no lo sea. No consigo saber el motivo de la discusión, pongo toda mi atención para saber. Será por ellos dos, será por el hijo, que muchas veces es el blanco de los aullidos. No lo puedo averiguar. Lo único que percibo es el desamor, cuando un sainete de este tipo se representa tan a menudo, te das cuenta que el amor se fugó, solo queda el aguantarse, el estar al lado uno del otro, solo queda la soledad compartida. La representación suele ser nocturna, algo que me desespera. El silencio absoluto lo envuelve todo, el sueño está llegando a mecernos, el descanso comienza a relajarnos, y de golpe, un chillido me sobresalta, luego un ulular constante que me desespera, es de madrugada y no hubo antes indicios de posible reyerta, no comprendo que pasó, de donde surgió tal desencuentro. Uno de ellos se desgañita, argumentando algo que es censurado por la otra parte, la otra que habla en vez de gritar, esto hace que no pueda coger el hilo del problema. Me dan ganas de golpear la pared, esa que nos separa, pero que no es suficiente para aislarnos. Quisiera no escuchar lo que oigo, me da miedo que un día esto acabe mal. Nunca se oyeron golpes, solo palabras, palabras insultantes, provocativas, de crítica, expresiones duras de agravio. Humillaciones verbales que son tan dolorosas como las físicas. Me pregunto como soportan vivir bajo el mismo techo, después de arrojar ese vocabulario feroz uno contra el otro. Y sigue la confrontación, la conversación si se le puede llamar así, va y viene en la noche, la voz sube y baja, el delirio acompaña cada instante, el menosprecio es infame. Después de lo oído una y otra vez, esperas oír una puerta cerrarse con gran estrépito, pero no llega, no llega ese portazo violento que cese el ruido y el zumbido de la pelea. Lucha de lenguas hirientes, de lenguaje asesino, de embestidas que pretenden dañar hondamente. Dónde quedó el amor que se tuvieron alguna vez, en qué lugar quedó enterrado, o abandonado ese cariño, para que surjan estas estocadas que buscan el mayor de los males en la mente y el cuerpo del otro. Pienso que cualquier día se oirán sirenas y cachetes y zurras y fricción física y objetos golpear y caer y romperse en pedazos, como ya lo está la vida y sentimientos de ellos. Y avanza la noche y la disputa comienza a disiparse, no igual que llegó abruptamente si no que poco a poco, no sé si por el cansancio o porque se les acabó la batería de rencores o porque la noche les derrotó, pero el silencio se va haciendo dueño de la oscuridad, y cada vez se oyen menos los sonidos que emiten sus bocas manchadas de sangre de las dentelladas dadas al aire con rigor de dañar y molestar, y ya todo vuelve a la calma y tardo en asimilar lo sucedido y tardo en dominarme y dormirme y dudo que esas personas puedan compartir lecho y me pregunto como podrán compartir algo si parece unirles nada.

 

 

.     *Sabina nos trae todo el ruido que nos acompaña cuando las promesas de amores eternos se diluyen con el tiempo, y quedan en nada.

Ruido

 

.     **NA: Publicado originalmente el 8 de Abril de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

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