Etiquetas

, , , , , , , , , , ,

La pareja que éramos, quedó herida de muerte aquella primera vez que nos supimos traicionados. No era fácil asimilar un desencuentro como aquel, aunque en los últimos meses nuestra relación estaba en un punto raro, estábamos juntos pero no nos sentíamos unidos, ¿qué nos pasa?, nos preguntábamos, y no había respuestas, solo silencios, realmente el silencio era lo que nos confortaba, era el estado ideal, cada uno en un mutismo y reserva, que dejaba al otro fuera y alejado, algo que ocultábamos con horarios incompatibles para no estar obligados al encuentro no deseado. Y la distancia hace el olvido, aunque esa distancia sea de centímetros, la piel necesita piel, y cuando nos distanciamos de ella, de su tacto y roce, pierde ese recuerdo de calor y escalofrío de la otra piel, de la del amado. La ausencia de piel acentúa el breve trecho que nos separa, convirtiéndolo en kilómetros de distancia. A veces nos aísla más ese espacio tan pequeño y a la vez tan grande, que se transforma en continentes separados por un océano que nos parece infranqueable y nos da pereza comenzar el viaje, el trayecto se nos antoja cansado, y ni siquiera buscamos sacar el pasaje. Y la rutina, nos vuelve la vida insoportablemente tediosa, y quizás ese hastío, nos lleva a buscar algún aliciente a la desgana, algo que nos impulse y active. Nos seduce la novedad, siempre lo novedoso nos excita, nos abre nuevas ventanas por donde mirar, nuevos paisajes con los que deleitarnos, nuevas sensaciones que nos vitalizan y nos sentimos renovados. Sería el empeño de encontrarnos otra vez así, con nuevas fuerzas y nuevas ilusiones lo que hizo que nos distanciáramos más, quizás sería lo que te movió a ti a serme infiel. Y ese día en el que te confesabas, ese día que me clavaste la daga y comencé a sangrar, ese día todo cambió.

Tu reconocimiento de la falta, que acaso ni lo fuese, pensando en lo lejos que estábamos uno del otro aún tan cerca, hizo que lo poco que quedaba se resquebrajase y que incluso con los esfuerzos por minimizar tus palabras y que lo contado quedase en una anécdota, una circunstancia que no interferiría entre nosotros, no fue posible. La llaga ya estaba abierta, y la duda, el peor de los virus entrando por ella, gangrenando todo el sentimiento. Yo por mi parte también buscaba distracciones, aunque nunca hasta culminar, siempre marcando un final antes de caer en la traición, por un pudor que ahora veo absurdo, era juego y diversión, y yo lo ensuciaba con remordimiento y falso sentimiento de lealtad a lo nuestro, cuando sabía que lo nuestro ya no era, pero todavía me sentía en la necesidad de serte fiel, de no caer en la felonía, pues aún no había habido la ruptura verbal, aunque la física, la de la piel, ya era evidente hacía tiempo, pese a que no la queríamos ver. Y necesitábamos a alguien que la arropase, y nos atemperase el frío que sentíamos por la falta de piel próxima, con risa y entretenimiento que nos hiciese olvidar la incomunicación del hogar, donde estaba el otro esperando en su encierro.

Cuando tú me declaraste tu acto, diciendo que estuviste con alguien y que lo sientes, que nos sabes cómo fue, que no lo querías hacer pero pasó, me dolió, más por rabia que por celos, más por ira que por envidia, más por ser el acto antes que la separación, saberse presa del engaño es sufrimiento, incluso cuando ya no había vínculo real, y nuestros sentimientos estaban anestesiados, pero de repente, ese acto, los convierte en sensibles y delicados, los despierta de ese sueño lánguido, y ese despertar nos duele, y recobramos los afectos que en un tiempo creíamos muertos y enterrados. La posesión sobre el otro que creímos eterna, se muestra en fuga y vemos distanciarse, nos sorprendemos diciéndonos que nos daremos tiempo para la reflexión, cuando sabemos que la reflexión ya está hecha y la decisión tomada, pero aún así, lo hicimos y seguimos un poco más, andando uno al lado del otro cada día, siguiendo con nuestros silencios, acompañándonos en la soledad que ambos nos infligíamos, pero la pareja estaba herida de muerte y las palabras que nos negábamos a decir, brotaron solas y el desencuentro se hizo verbo y nos dijimos, ya no puedo.

 

 

 

.     *La oreja de Van Gogh nos arropa el texto con dos canciones que también nos hablan del final de la pareja, cuando ya no queda nada que haga seguir.

Tú y yo”                                                                   “Qué puedo pedir

  

 

.     **NA: Publicado originalmente el 14 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Anuncios