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Dentro de esa existencia nueva que deseo, le tomo la palabra y salgo a volar, ese vuelo que no hice estando junto a él, porque no salía de la habitación de cristal en la que me encontraba. No le acuso ni le echo en cara, no volé, no porque no me dejase, o sí quizás, sí lo evitaba y no me daba cuenta, pero da igual, no le reprocho nada, ese tiempo fue lo que fue y ya lo quiero dejar atrás, no darle más vueltas a mis errores ni a mis aciertos, le alejo, y retiro de mi pensamiento lo bueno y lo malo que pasé con él, más adelante quizás pueda regresar y enfrentarme a todo lo dado. Y ahora, sí quiero salir a por ese mundo nuevo, a conquistar y descubrir y levantar, con nuevos acompañantes, con nuevos horizontes. No quiero salir a buscar a los amigos pasados. Ellos, los amigos que siempre crees que estarán y que son apoyo y algo más en malos momentos, los descubres lejanos, de repente los has apartado. Aunque no te das cuenta de esa situación, sucede poco a poco y llega un día que no les ves. Están en la misma ciudad pero allí al otro lado, en otro mundo que ya no es el mismo, no ese que reconocíamos juntos, ese mundo que compartimos en nuestros inicios y descubrimientos. Y los primeros amigos y los sumados con “el amado”, no pueden acompañarnos en este nuevo camino. Ellos tienen su mundo y tú ya estás fuera de él, sin darte cuenta en principio, y después ahuyentada y espantada. Y a ellos tampoco se les puede culpar de este nuevo “estatus”. Y salgo corriendo para irme de allí, aligerando el equipaje emocional, para conseguir un efecto placebo en mi corazón, algo que evite el dolor aunque no lo cure. Ahora me doy cuenta, es la primera vez que me acuerdo del corazón, – según el tópico es ahí donde duele el desamor -, la verdad es que el dolor no está ahí, si no en la cabeza que lo piensa y rememora, se aflige y distorsiona, dudando a veces de lo que siente. Desde aquel día fatídico de ruptura y congoja, de rabia y furia contenida, rastreo en mi interior para encontrar donde estoy, si me perdí en los otros mundos y estoy a la deriva, o sin embargo tengo esperanza de explorar ahí afuera, en el exterior de mi cabeza, otras posibilidades, otros compañeros de viaje. Un viaje necesario para revelar un universo diferente, que me sorprenda todavía, sin renunciar al amor, eso nunca, pero sin búsqueda obsesionada, solo obstinada por  el amor a mí misma. Y siento la soledad, una soledad silenciosa, sin algarabías, sin todo ese ruido que siempre nos acompañaba cuando estaba con él. Desde aquél momento que sus labios dijeron “Vuela”, me acompaña la mudez, me he hecho más parca en palabras y taciturna en el trato, el sonido y el bullicio me altera y me pone en alerta, me acostumbré al recogimiento, a las ganas de llorar por dentro, y se hace difícil salir de este encierro mental que incomoda y aturde. Pero voy a cambiarlo, debo salir en busca de un nuevo mundo que habitar. Quiero encontrar y lo voy a hacer, un lugar donde me encuentre a gusto, y en él plantaré mi vida como un árbol que arraigará y florecerá, y echaré fuera las malas hierbas como él lo fue, para con mi anterior mundo que nunca fue mío del todo. Y hoy empiezo mi mundo nuevo.

 

 

…………………………………………………………………………………………….. Fin.

 

.     *El relato se cierra con optimismo de nuevas búsquedas y por ello lo acompañamos de las buenas vibraciones de Amparanoia y Los delinqüentes, que nos animan a buscar una vida nueva, un mundo nuevo, tomando aire de la calle y dejando atrás las tristezas.

 

La vida te da”                                                        “El aire de la calle

 

Después

.     **NA: Publicado originalmente el 12 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

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