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Cuando se sale de este ensueño en el que estuve sumida y vuelven las facultades de comprensión y de decisión, te das cuenta de lo errado que era el camino, claro que el camino estaba marcado y no veíamos otras veredas, no nos lo permitían nuestras orejeras, auto-impuestas. El camino hay que desandarlo para volver a una senda nueva, y ese regreso, ese paso por los parajes compartidos, se convierte en tortuoso por los recuerdos y las vivencias, por sentir el dolor de lo que hubo, de pensar que no fue cierto lo vivido, que lo que hubo fue farsa, y has de tomar distancia para no sentir tu vida y tu tiempo  perdido, y empezar a quererte y pensar que no hubo mentira, que lo acaecido no fue culpa tuya ni de nadie, que lo que pensaste definitivo no lo era y que son cosas de la vida. Pero no se entiende nada de lo sucedido, se buscan mil gestos, mil imágenes que nos alertasen de lo que se nos vino encima y no vimos, queremos ver lo que no vimos, entender lo que no comprendemos, saber el motivo, si fuimos causantes de lo que nos pasa o simples sujetos pasivos. Miras atrás y maldices el día que le conociste, que te embrujó y que caíste a sus pies como una tonta, que cambiaste todo lo que tenías por él, por apostar a una sola carta. Y ese día que te dice “vuela”, le miras incrédula, sin concebir el porqué, le miras aturdida con la rabia desbordada, y las preguntas atropelladas y la petición urgente de respuestas a las interrogantes que suscita ese bofetón dialéctico que tanto dolor te causa.

Las lágrimas brotaron, no las pude contener, quería evitarlo, no hacer una escena, pero era duro enfrentarse con él, cara a cara y ver su mirada compasiva, hiriente. Peor que la ruptura es dar pena, esa espina se queda dentro, muy dentro. Sentirse tan vulnerable en ese momento, tan en manos del otro, -que curiosamente-,  siempre lo habíamos estado pero hasta ese instante no lo habíamos notado. Y Justo ahí es cuando nos damos cuenta de lo absurdo de nuestro comportamiento anterior, de nuestra vida cedida, dada a otro, y que ahora nos toca recuperar. Nos la devuelven toda enredada, ovillada, enmarañada, y nos toca empezar a deshilar y deshacer nudos, y esa labor es dañina, deshacer los lazos duele, pero es necesario para poder coger otra vez el cabo bueno por el que empezar a enrollar de nuevo nuestra vida. Y en ese día señalado en mi calendario, me recreo cada vez, para decirme que no habrá una segunda vez, que este dolor recibido no lo quiero volver a tener, y tomo las riendas de mi ser, y juro que no volveré a ser una muñeca de trapo en las manos de otro, y desligo uno tras otros los recuerdos atados a él, y despacito, muy despacito emprendo el viaje a mi mundo, ese mundo que reconocía cada salida de sol y cada atardecer, volviendo al lugar de donde partí, pero antes de llegar me paro y giro sobre mí, cambio el rumbo, quiero otro mundo, no el que tuve en principio ni el que viví por él, no quiero repetir, quiero algo nuevo que me haga querer existir.

 

………………………………………………………………………………………(Continúa…)

.     *Deluxe proyecto anterior del músico Xoel López, nos pone música al relato, dándonos un último encuentro con cambio de rumbo y un adiós, como en el texto.

Adiós corazón”              Este último encuentro

.     **NA: Publicado originalmente el 9 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

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