Etiquetas

, , , , , , , , , , ,

Un mundo que reconocía cada mañana, cada amanecer, cada día, y luego al caer la tarde seguía reconociendo, y al anochecer aún lo conocía, incluso en las madrugadas no tenía duda de cuál era. Todo estaba pautado, mi familia, mi trabajo, mi ocio, y mis amigos. Pero todo cambia en la vida, y sin darse cuenta una, las cosas varían y mutan, y un nuevo orden, un nuevo mundo se cierne sobre nosotros. Lo que creíamos impasible, se transmuta en cambiante, aquello que pensábamos inamovible se transforma en ambulante y sin fijeza, y rápidamente nos tenemos que acomodar a la nueva situación a veces buscada, otras nos hemos visto envueltos en ella sin darnos cuenta, pero nuestra capacidad de adaptación nos intenta facilitar que estos cambios no nos sean traumáticos para con nuestro anterior mundo. Todo empieza con la aparición de alguien nuevo que nos deslumbra, unas veces a primera vista y otras paulatinamente, poco a poco, como si se nos inoculase despacio y lentamente por nuestro organismo, en el que va transmutando todos nuestros sentidos, arrastrándonos a su mundo que no es el nuestro. Nos adecuamos a estas nuevas percepciones, a estas otras formas de ver las cosas, de sentir como otros y ampliar nuestros sentimientos con los de otros. Nos entregamos a la otra persona, empujados por ese veneno que se nos metió bajo la piel, como una pócima que hubiésemos bebido y nos ha trastornado e intoxicado. Perdemos nuestra personalidad, ya no la queremos, nos dejamos llevar por quién nos parece nuestro guía y gurú espiritual, por quién nos dejaríamos quemar o incluso nos prenderíamos fuego por una orden suya, y realmente nos inmolamos como personas, nos autodestruimos sin concesiones a la duda, sin saber que lo estamos haciendo, con inconsciencia. Nos abduce, nos separa y quedamos prendados de su persona. Nos apartamos de quién nos quería y a quien queríamos. Y no notamos que no somos dueños de nuestro destino, que todo está bajo la batuta de otro que nos lleva y nos dice y decide por nosotros, sin que nuestro discernimiento sea el que manda nuestros actos, y nuestra conducta está enajenada. Y así estuve yo, a ese estado llegué, cuando él arribó a mí vida, y me dijo vamos y yo fui, y le seguí  y en ese espacio de tiempo breve, brevísimo, desenfoqué todo mi mundo que ya no iba a volver a ser, dejé de golpe en un instante todo lo mío y lo cambié por lo suyo, y tuve que ir integrando, otros lugares, otras rutinas, otros encuentros, otras personas, que debían ser nuevos amigos. Perdido todo contacto con mi anterior realidad, no supe ver que caía por un abismo, una caída libre, sin objeto donde asirme, y cuando quise hacerlo, no podía encontrar nada que me salvara del miedo al instante de despertar de un letargo tan grande. Y se precipitó el final, el día menos esperado cuando me dijo que se iba a otro lado, que me dejaba volar como si yo se lo hubiese reclamado, y de sopetón se me cayó su mundo, ese mundo que él había hecho mío, y en el que yo nunca encajé del todo. Lo compartido ya era solo suyo o mío, y la habitación donde todo era felicidad, -al menos mía, ya dudo si suya-, no era cálida y acogedora, si no fría e inhóspita. Donde antes hubo amor hoy sólo veo rencor, quizás el tiempo lo cambie todo y el recuerdo bueno aplaque este odio. Odio no al otro si no a una misma por sentirme estúpida, por haberlo dado todo.

 

 

…………………………………………………………………………………………..(Continúa…)

 

.    *Tulsa nos musicaliza hoy el relato, hablándonos de los cambios para siempre, y de lo estúpidos que nos sentimos cuando todo cambia y no es como creíamos.

Estúpida”                                              “Algo ha cambiado para siempre

 

    **NA: Publicado originalmente el 8 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Anuncios