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Miro caer el agua, y sin que toque mi cuerpo siento como empapa. Y lo percibo, porque es por dentro por donde me estoy mojando, es en el interior donde se inunda todo. La lluvia tras la ventana, cayendo sobre los chopos, ponen un punto de melancolía y tristeza en este día, que al mirar hacia dentro, hacia mí, veo esa lluvia que cala lo más profundo, quizás sean las lágrimas que bajan por mi mejilla lo que hace que sienta toda esa humedad interior que da frío. Cuando llegan estos días en los que la vida se nos presenta deprimente y gris, todo es otoño en el interior, pero un otoño de días fríos y sin sol, sin luz, todo oscuridad. Y los recuerdos caen uno a uno, como las hojas de los árboles, y llenan el suelo de ellos, lo tapizan, y los ves todos amontonados, mezclados, y resurgen y se levantan por una brisa que los zarandea de un lado a otro, no con ventolera si no con la suavidad de una corriente de aire suave y fresca, que eriza nuestra piel al sentirla y observar cómo se alzan esas memorias, que se ponen en pié y se visualizan, claras y evidentes, como si sucediesen en ese momento. Los días pasados se nos aparecen como presente, y lo que estaba allí parado, se pone en marcha y sale de la sombra a la luz y pasea delante de nosotros y todos nuestros sentimientos que estaban con ellos dormidos despiertan y brotan con fuerza, resurge un dolor abandonado y aislado, que encerrábamos en un armario apartado en el interior, y que al escaparse de él nos desconsuela y atormenta por no saber cómo tratarlo. Allí estaba oculto y bien guardado pero en estos días de lluvia intensa dentro de nosotros lo arrastra a un lugar tan visible que hace daño verlo allá silente tanto tiempo y ahora alborotado, y como una jauría nos empieza a devorar las entrañas ese dolor de ausencias, queridas o encontradas, buscadas o impuestas, pero ausencias desconsoladas. La agobiante sensación de descontrol de nuestra vida, nos aborda de golpe, hiriente, siendo tu reflejo en el cristal de mi ventana interior llena de gotas de agua las que distorsionan tu imagen, y no te veo nítido como eras antes, el delirio que me acompaña en estos momentos me hace dudar de lo que aprecio este día de otoño interior que te trajo a mí con otros muchos recuerdos, pero el tuyo se hace con más fuerza y vigor y anula el resto, quedando como siempre por encima de todos los demás. En esa época todo lo que no fueses tú no tenía consistencia para mí, y cada vez que emerges vuelve a suceder, todo lo puedes, todo lo velas y todo queda bajo un halo que envuelve cualquier situación y entonces solo quedas tú como protagonista, y es cuando quisiera ser tú, para poder decidir quedarte a mi lado y que nunca hubiese existido el alejamiento que nos separó, y que me hizo saber que no hay nada después de ti, que lo que vino no era como lo que tuve contigo, que los días no lucieron igual, que los que vinieron detrás no eran lo esperado y es que desde que tú no estás solo llueve y llueve, fuera y dentro de mí, lágrimas que trago y limpio de mi rostro que siente como dejan marcas en él, y la soledad no ayuda a salir de este eterno otoño, con cielo cerrado de nubes que no dejan llegar un sol que ilumine mi vida, y vuelve el agua a caer por mi interior inundándolo todo y ahogando mi corazón.

 

 

 

.     *El relato de hoy lo acompañamos con Vega, que nos trae lluvia y soledad, con el deseo de que vuelvan a cuidarla.

.               Y llueve”                              “Quiero ser tú

 

.     **NA: Publicado originalmente el 7 de Marzo de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

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