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El paso de esta riera que fue tu pregunta, detesto esa pregunta, tantas veces repetida en mi cabeza, – “¿te enrollaste con mi hermana?” –  me dejó dañado, magullado, con la piel a jirones. El torrente me llevó por delante y me arrastró sin miramientos, me suprimió de tu vida, de un plumazo ya no era, dejé de existir, fui sombra, sólo sombra a tu lado, fulminado deje de ser para ti y tú te diluiste para mí, pero sólo físicamente, nunca en la mente. Mis excusas no sirvieron de nada, contar que fue algo leve, pueril, que casi ni fue, simplemente unos pocos besos sazonados con manos poco entrenadas, ávidas de cuerpo. Tú no quisiste escuchar mis explicaciones, argumentar que fue algo puntual, que no se repitió, que ya pasó, que no sé ni cómo surgió, no sirvió de nada, tú ya habías decidido el veredicto, decías que no me enjuiciabas, que no eras quién para hacerlo, pero que de cualquiera lo esperabas menos de mí.

Viniste a por una respuesta que ya intuías te daría pie a salir corriendo, y nos apartaríamos uno del otro. Lo que se sabe y no se dice, o no se escribe ni verbaliza, y queda dentro sin ser compartido nos da una excusa para seguir, pero si lo hemos nombrado ya no es lo mismo, no podemos seguir adelante, juntos y al lado, paseando nuestra amistad. Cuando lo sabido es compartido y conocido, ya no se puede hacer como que no se está enterado, que nada de ello ha sucedido, que todo sigue igual. Y más si es un acto que nos deja mal parados, o deja mal parado al otro, entonces todo se acentúa, y lo que queremos es poner distancia. Sentirse defraudado o haber defraudado nos deja tocados de tal manera que es difícil seguir con una carga de duda e incomprensión. Mi reconocimiento de los hechos por los que me preguntabas, por aquello de lo que fui protagonista activo, a veces arrepentido, por haber estado involucrado en esa situación, nos llevó a un adiós. Uno hace cosas que entiende intrascendentes, creyéndolas inconsecuentes, no evalúa el futuro que quedará marcado por algo pasado, previo a un “ahora” decisorio y concluyente, una acción nimia a los ojos precoces, que no saben ver ni medir las consecuencias de un episodio infantil, exploratorio, y de descubrimiento, que al hacerse presente por la palabra, nos deja sin un posible futuro, uno de ellos, de tantos que nos esperan, y que se irán borrando o definiendo según nuestras decisiones y hechos.

Y vuelvo a aquella tarde, donde emprendimos la separación aún estando todavía sentados, y me veo preguntando cómo arreglarlo, como puedo resolverlo, y sin movernos, siento que cada vez estás menos a mi lado, quisiera abrazarte pero estás más y más lejos, no te siento aquí, y sé que ya nuestras vidas seguirán sendas diferentes, divergentes o paralelas, y soy consciente que nunca se cruzarán, todo por una pregunta, todo por una respuesta, todo por una desilusión, por la ruptura de un nexo que no veía tan fuerte, por un vínculo que realmente no lo era, pero para ti lo fue, lo sentiste como una infidelidad cuando aún no existía el compromiso o ligazón, como una traición a la pareja que nunca fuimos y que desde ese instante no seríamos jamás.

Y tú me preguntaste y todo acabó sin haber empezado.

 

 

FIN.

.     *Pereza nos acompaña el texto, pensando en aquella tarde y en la noche que la siguió, donde todo fue invierno y no quedó sitio para los dos.

       “Pienso en aquella tarde”                        “Estrella Polar

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.     **NA: Publicado originalmente el 21 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

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