Etiquetas

, , , , ,

El reconocimiento de algo, que no es falta, pero que las circunstancias hacen que lo parezca, donde la pregunta convierte la respuesta en justificación de un delito inexistente, no cometido, de una irregularidad en nuestro comportamiento. Interrogatorio sobre un supuesto delictivo, de un defectuoso comportamiento que hasta ese momento no nos lo pareció, y de pronto todo es culpabilidad, es certeza de que hemos fallado y que vamos a defraudar a quién nos interpela, que la verdad nos arrastrará al fango, a la miseria afectiva, que ya nada será igual, y nos hace dudar si contestar o no, si evadir esa réplica que se nos demanda. Y aunque no es exigencia su querer saber, nos transmite esa necesidad de aclarar que lo que han oído es o no es, cerciorarse si el rumor va cargado de realidad, que no es bulo ni chisme, que lo escuchado no es propagado sin fundamento, y entonces nosotros estamos en la tesitura de la confesión dolorosa para ambos o deslizarnos por el embuste que nos saque en ese momento del aprieto, a sabiendas que más pronto que tarde todo se sabrá y que quedaremos en peor situación, la confesión de una trasgresión es perdonada antes que la mentira, aunque esa mentira quiera ser piadosa para esquivar el sufrimiento de quién la recibe, no habrá indulto si hay una negación falsa y se descubre más tarde, cuando ya todo se ha enquistado por la conversación baldía, y ya no tendremos oportunidad de nuevas explicaciones ni defensas. Por eso cuando la pregunta nos golpea, nos quedamos en desventaja, y más si no era esperada, si fuimos con la guardia baja, si nos dirigimos al lugar sin saber que habría combate y llegamos sin escudo ni lanza, ni plan para evitar la emboscada y la trampa. Durante unos segundos ordenamos nuestros pensamientos, y hablamos para rellenar ese “impasse” de tiempo que nos ayude a decidir, y pasan unos minutos en los que a su vez, incómodos, intentamos descubrir el porqué quiere saber y averiguar, contraatacando y dilucidando si decir o callar, si la perorata sin hondura ni fundamento nos servirá para salvar el envite, y nos damos cuenta de que no valdrá, que tendremos que mojarnos para vadear este caudal que nos separa, que nos va a llevar por delante, que antes de dar respuesta, sabemos que seremos arrastrados y volteados y lanzados contra una mirada incesante, escrutadora y lacerante.

Y empiezo a escurrir el bulto con vaguedades, casi negaciones, sin serlo para no mentir, diciendo sin decir, ahuyentando las palabras que dijeran sí, o que me llevasen a ese fin, y elucubro con quién te pudo decir esa canallada y te digo que no hay que creer lo que se habla, pero tú me atajas y me dices que quieres la verdad, que nadie te lo dijo a la cara, que lo escuchaste como si estuvieras tras una ventana, donde los chismes se hablan sin saber que hay gente tras la persiana, que no lo creías y que por eso estamos donde estamos, y me veo en un callejón sin salida, sin poder dar marcha atrás sin espacio para rectificar, ya lo sucedido ha sucedido, ya no hay vuelta de hoja, los hechos están consumados y no se pueden borrar, me siento ruborizar. Y digo, sí. Ese sí, resuena en todas partes, recorre la calle de abajo a arriba, de arriba a abajo, y se superpone un silencio desolador, que me parece dura una eternidad, – seguramente no sea así y sólo sea un segundo -, observo transmutarse tu rostro y me doy cuenta que ya estás lejos de mí, que todo se ha roto, que el hechizo se ha difuminado, y nuestro futuro juntos, veo desvanecerse.

 

(Continúa…)

 

.     *La buena vida nos pone la música al texto, preguntándose que nos va a pasar después de ese “sí”, siendo conscientes que ya nada será posible…

Que nos va a pasar”                “Después de todo

la buena vida - hallelujah

 

.     **NA: Publicado originalmente el 20 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

Anuncios