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Aquella tarde se me salía el corazón por la boca, los latidos eran fuertes y asfixiantes, tú me habías citado para hablar, hacía algunos días que me dijiste si me podías hacer una pregunta y yo te dije que sí, pero luego me propusiste que lo olvidara, que era una tontería, una necedad, una niñería, pero yo insistí, y te di mil razones por las que seguir adelante, quería ese encuentro, solo estar a tu lado me hacía feliz, pensar que era alguna confidencia o secreto o declaración, sobre todo esto último, soñaba que tú te atreverías a decir lo que yo no, que ésta proximidad en los últimos tiempos nos había acercado más. En el fondo pensé que me revelarías tu interés por mí, que me preguntarías si era mutuo el sentimiento, y planeaba y recreaba ese momento, intuía que había llegado ese día anhelado, con tu sonrisa tímida y radiante, con tu mirada de ojos caídos observando el suelo, sin querer confrontarlos con los míos que vagan por tu pelo, no concebía que no fuese así, nunca podría pensar que lo que me ibas a demandar o interrogar no estuviese relacionado contigo y conmigo, y no con los otros, con los amigos y hermanos, con acciones mías y de otros sobre alguien o algo que no fueses tú y yo, pero uno cuando fantasea e imagina no es realista, se ven y se sienten y se interpretan los gestos acomodándolos a nuestros deseos, y si son palabras las tergiversamos y las adecuamos a lo que queremos oír, las disponemos de tal manera que nos acaricien y no nos dañen o hagan sufrir, las amoldamos de tal manera que no se las reconoce, y quién las dice no sabe que son las que dijo de tan cambiadas que están desde que salieron de su boca, que nosotros transformamos en nuestra boca para que diga lo que se suspira oír, y fue esto lo que pasó cuando tu accediste a conversar sobre lo que me anunciabas era una bobería, yo encandilado iba avizor de unas noticias gratas y de buenaventura, cuando esa tarde, nervioso y entregado me dirigía a nuestra reunión, ilusionado y expectante, ridículo visto desde aquí, agonizante allí. Sentados en la escalinata, donde otras veces charlábamos y reíamos y nos inventábamos juegos con los que poder tocarnos y levemente rozar nuestras pieles adolescentes que de niños se tocaban más, y el pudor del crecimiento había desterrado como naturales, y tu cuerpo ya rotundo era un imán para mí inalcanzable, pero al sentarnos uno junto al otro y después de titubeos inmaduros al fin me espetaste esa pregunta que tantas veces me rehago, y dudo si volvería a responder, si la sinceridad es el mejor camino, si esa franqueza no es innecesaria en ciertos momentos, me digo, si no cometí un error o imprudencia que marcó toda mi vida, y me solicito respuestas que me nieguen ese presagio y me hagan creer que una acción tan nimia no puede cambiar todo el devenir de los días futuros de dos personas jóvenes y tiernas, que aún no están corrompidas por el tiempo y las relaciones, por el paso intrínseco de la existencia y los aprendizajes, y aquél jarro de agua fría que fueron tus palabras a bocajarro, inesperadas; – “¿te enrollaste con mi hermana?” –. Y yo, desprevenido balbuceé, intentando tomarme el tiempo necesario para ordenar mis pensamientos, que rápidamente se me nublaron, toda esa alegría y felicidad cayó de golpe, herido en lo más hondo de mí, no era yo el centro de tus pensamientos, – aunque sí -, era tu hermana unida a mí la que quebraba tu mente, la que hacía que estuviésemos allí uno al lado del otro, pero no por nosotros sólo, si no por terceros, y eso era lo más doloroso, todo lo divagado fue hecho añicos, la primera vez que los sueños se convertían en espantos y pesadillas, y un cielo negro se cernía sobre ese verano soleado.

 

.        (Continúa…)

 

.     *Enrique Urquijo y los Problemas nos acompañan hoy el texto para cantar a esa persona que no sabe lo que le echamos de menos..

Aunque tú no lo sepas

.     **NA: Publicado originalmente el 16 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

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