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Ellos eran parte del local, no tenían que esperar la “cola” y si había mucha gente entraban por la puerta de atrás, el jefe de la sala les invitaba, los camareros les conocían y en cuanto les veían les servían, no era necesario decir lo que querían ellos ya sabían cual trago era el que escanciar, la fuerza de la costumbre les había unido y conocían sus gustos, iban al menos un par de veces por semana, cuando no alguna más, después de varias rondas siempre eran invitados a unos chupitos de whisky y a la tercera o cuarta ronda eran premiados con una gratuita, como es normal esta ingesta de alcohol hacía sus efectos, estimulando todos los sentidos y dejando la mente en un estado de ebriedad soñolienta que hacía que todas las chicas flotasen como bellezas inalcanzables, pero que de vez en cuando se hacían alcanzables, y hubo un periodo de tiempo que las vacas gordas pulularon a su alrededor, la suerte sobre las conquistas se hizo creciente y eran muchas las que entablaban conversación con él. Curioso que cuanto más ligaba, más chicas se le acercaban, saludaba a unas y otras de días anteriores, y quizás fuese esto lo que hacía que otras nuevas se interesasen por él.  Un día besaba apasionadamente a una chica y otro a una diferente, sin esconderse de la primera, la audacia le llevaba a un descaro sin miramientos, la seguridad en sí mismo le conducía a tal atrevimiento que en una misma noche llegaba a estar besándose con varias en diferentes momentos, bailando con unas y otras, pero llegada la madrugada allí donde roza con el alba, se solía ir solo, sin compañía, seguido solamente por el séquito del alcohol, y beodo, comenzaba el regreso a casa. Él creía que esta bonanza nunca se acabaría, que esa soledad de regreso era elegida y que cuando quisiera podría cambiarla y quedarse con alguna de las chicas en vez de con el alcohol, pero se equivocaba, llegó el instante en el que empezaron a desaparecer las devotas mujeres que le miraban con deseo y esas miradas pasaron a ser de desdén, y ya no hubo más bailes ni besos ni ojos invitadores, todo se truncó, y entonces recapacitó sobre los últimos meses, sobre su comportamiento con algunas de aquellas mujeres, pasando por su cabeza muchas situaciones vividas, y entonces, supo que la chica de ojos saltones, boca amplia y sonrisa limpia, con cierto aire a Susan Sarandon, a la que él no encontraba del todo bella, es con quién más a gusto se descubría, él intuía que a ella le gustaba mucho, pero ella no se dejaba atrapar cuando, algo bebido, él se le insinuaba más sexual. Le decía que a él realmente la que le gustaba era su amiga y que ella “pasaba”, que era “un cara”. Pero poco tiempo después consiguió traspasar esa barrera que ella le imponía y una noche ambos se dejaron seducir mutuamente, y su boca se le entregó y él entregó la suya, y surgieron como un soplo placeres contenidos de un tiempo detenido, allá en esos días iniciales en los que sus destinos sólo eran paralelos en base a terceros. Y desde ese momento, cuando iba al local, sin darse cuenta siempre la buscaba oteando desde la barra hasta localizarla para más tarde, ya avanzada la noche, procurar dejarse caer por sus proximidades y saludarla y hablar e intentar volver a besar su amplia y limpia sonrisa, y empezó a echarla de menos cuando ella no iba o no la localizaba desde su atalaya, pero seguía intentando nuevas conquistas estuviese o no estuviese ella, aunque si aparecía terminaba a su lado charlando; su grata conversación lo envolvía en un estado de deleite acrecentado por la bebida consumida, y sucedió, casi como presagio de lo que vendría después, que desapareció, dejó de ir por el local y la ausencia lo dejó algo vacío, sintiéndolo como anticipo de la soledad que vendría después al desaparecer el resto, y aunque tenía su teléfono nunca lo marcó para saber de su ausencia, al fin y al cabo quién era él para decirle porqué me has abandonado, por qué no nos vemos, cuando le había dado tantos motivos al no dejar de coquetear con tantas otras.

El destino quiso juntarles una vez más, por azar, se encontraron una noche en otro lugar, ella llegó por la espalda y le tapó los ojos, tras la alegre sorpresa, se pusieron al día de todos estos meses sin verse, y llegó por fin lo deseado, la larga noche terminó en su portal que estaba cerca de este nuevo lugar de copas que fue testigo de su reencuentro, ya era de día y se alargaba la despedida, tras insistencias de él accedió a que subiese, y tras un breve titubeo se enlazaron con desenfreno; ella tenía unos pechos turgentes, redondos y duros y su boca estaba más lasciva que nunca, sus besos siempre fueron suaves y lentos, pero esa noche fueron duros y violentos, sus bocas se partieron una y mil veces, terminaron dejando sus ropas esparcidas por toda la casa según avanzaban hasta el dormitorio, y allí, en la cama, hicieron el amor descubriéndose todo el deseo acumulado durante tanto tiempo, el sexo lo inundó todo, con fiebre de amor, con intemperancia y sin medida, recorriendo todos los rincones de sus cuerpos con manos ávidas uno del otro, con las bocas carnívoras y deseosas de la piel y la carne, y con el orgasmo supurando por todo el cuerpo quedaron exhaustos de placer inmenso, y agotados, durmieron largo tiempo.

Ella trabajaba al día siguiente en turno de tarde, y él le acompañó al trabajo, después no se volvieron a ver nunca, y de vez en cuando la echa de menos y no sabe todavía porqué no la llamó, porqué cuando hubo alguna llamada de ella no respondió, porqué desertó, qué miedo le dio aquel sentimiento que sufrió aquella noche, qué negra espalda se cernió sobre su mente para salir corriendo, quizás fue porque estúpidamente no le parecía lo bastante bella, y a veces se le aparece su sonrisa amplia y limpia, tan carnosa y seductora que se pregunta por qué huyó de ella.

 

 

.     *Supersubmarina nos trae su música potente para completar el texto de hoy.

Niebla”                                                       “Ana

.     **NA: Publicado originalmente el 14 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

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