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Diosa y reina y centro de todos mis poemas, de todas las canciones que escuchaba, de todos mis pensamientos, todo lo escrito y oído era por ti, tú eras el núcleo y eje de mi vida, girando y rotando siempre sobre ti, y ese viraje sin cesar me aturdía y confundía y me atolondraba de tal manera que perdía la noción de realidad, y sería esto o no, o no sé muy bien qué fue, pero llegaron a temer por mi juicio y alguien me avisó que el camino que seguía no me convenía, todas las alarmas que se encendían en los demás yo no las percibía, que extraño me sentía cuando unos y otros me lo advertían y prevenían y yo solvente les rechazaba esas palabras de inquietud que me espetaban para despertar de mi letargo cognitivo, y me enfrenté a ellos y quedé varado en la soledad puesto que veía en todos la intención de apartarme de ti y sentía fantasmas deseosos de mi mal, no llegaba a comprender que les podría mover a cuantos me rodeaban para ponerse de acuerdo en arruinar mi vida, hundir lo que teníamos juntos o yo cría tener junto a ti, y no se muy bien cómo, si fue un amanecer o atardecer o noche cerrada oscura sin luna o simple día lo que me zarandeó y sacudió, lo que me hizo abrir los ojos que debía llevar cegados largo tiempo. La luz que divisé era fuerte y potente, pero reveladora, me mostró sin miramientos una verdad que se presentaba desnuda, fría, impasible, era doloroso ese haz luminoso que ponía de manifiesto todo lo que me negaba a ver hasta ese instante que se exponía con toda su fuerza, sentí que me liberaba de mi mismo, salí de mi inopia y necedad, por fin me di cuenta de lo dañina que estaba resultando esta relación que llevaba a tenerte en un altar, en un trono, un lugar desde donde dirigías mi existencia que no era tal ya que no era un ser libre si no esclavo de tu voluntad, mi sentido era sinsentido, anulado, enajenado, por un querer que me estaba matando sin yo notarlo, pero por suerte un viento nuevo llegó a mi cabeza, me despejó y libró de tu yugo y opresión y ha dejado manar un nuevo sentimiento que no reconocía desde hace tiempo, y ha llegado el momento de las grandes despedidas y he encontrado el cerrojo que abrir para seguir y hoy empiezo de nuevo y si no me quieres ver como soy y te vas, me quedaré solo y ya no escucharé boleros ni canciones tristes ni escribiré versos para ti aunque se me aparezcan mil veces en la mente los lugares por donde paseé junto a ti.

 

 

.     *Pastora nos envuelve con su música el relato de hoy con 1000 km que recorrer en busca de unos brazos que desaparecen en grandes despedidas.

1000 Km”   “Grandes despedidas”   “Paseo encendido

   

 

.     **NA: Publicado originalmente el 5 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

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