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Llegó con sus amigos y sus pantalones rotos, raídos, a la moda en ese momento, bueno más bien a la moda de algunos atrevidos, llamaron la atención en ese pequeño pueblo, habían llegado a pasar el fin de semana, mejor dicho a pasar la noche del sábado. Primero visitaron a la abuela que hizo un comentario al respecto de los pantalones, y después marcharon al mini-salón de actos del pueblo donde se celebraba el baile por las fiestas patronales, el lugar era algo desangelado, patético y decadente como todo el pueblo, formaban un grupo de cuatro que rápidamente tomaron la barra, llegaron con ganas de juerga y baile, no había demasiada gente, la noche no prometía ser memorable pero el alcohol fue nublándolo todo, no sabe muy bien cómo fue pero se vio charlando con una muchacha, él tenía veinte años aunque no los aparentaba, su cara de niño quizás fue lo que atrajo a la chica, ella le dijo que tenía dieciocho, tiempo después supo que le mintió, eran algunos menos, la noche avanzó y pasado el tiempo se encontró fuera del local con ella, besándose apasionadamente, tenía unos dulces labios y besaba como los ángeles, él confuso y aturdido por el alcohol no se creía lo que estaba pasando, momentos antes la vio con alguien que creyó eran sus padres y ella ahora no parecía esconderse de nadie, algo raro si estuviese en lo cierto en su primer pensamiento, y estuvieron mucho tiempo abrazados, mirándose, besándose y mimándose primero en el local y después en la noche fría, noche de invierno, a la intemperie, sin lugar donde seguir su mutuo asedio, y llegó la despedida, teléfonos cambiados y direcciones donde escribir. Eran de ciudades distintas, no muy lejanas, pero no cercanas como para una proximidad habitual y entre ambos comenzó una relación epistolar. Solo se volvieron a ver una vez, ella en un hospital operada de apendicitis y él visitándola, fue la segunda vez que consiguió saborear sus dulces labios, húmedos y deliciosos, con suaves besos, lentos y sosegados, tranquilos y graduales, cada vez más intensos y tórridos, con el ardor y bochorno recorriendo todo el cuerpo, rememoraban aquella primera vez que se besaron tan delicadamente, con tanta pausa y calma como esta vez, allí con aire fresco en esta ocasión con tanto calor de hospital, pero el tiempo de visita se acabó y esa boca ya sólo sería recuerdo y evocación, sobre todo evocación que es ese estado en el que no ya nos acordamos de lo que fue, sino que lo traemos hasta nuestro lado como fantasma para recrearnos de esas sensaciones e incluso sentir que las revivimos, que esos labios vuelven a rozar los nuestros que aquella boca se junta a nuestra boca y las manos acarician el rostro y tocan y agarran la cintura, y nos sentimos seguros y no queremos zafarnos de esa presión y sentimos la respiración del otro junto a nuestro cuello. Esa reminiscencia del pasado le mantuvo durante mucho tiempo ido, sus cartas eran delirantes de amor y ensueño y emoción, y ella cada vez espaciaba más sus respuestas y todo se fue diluyendo con la distancia y el imposible encuentro, él siguió escribiendo y cada vez parecía más hundido y deprimido, y las cartas se mojaban con lágrimas de estremecimiento, ella a lo lejos siguió siendo su consuelo y alivio, era en quién volcar todas sus tristezas y desamparos y desalientos de su vida, y tras un periodo de silencio sin escribir lo hizo con más nostalgia y ahogo y pesadumbre que nunca, y esta vez tan mal lo debió ver ella que le contestó que si necesitaba ayuda. Entonces él se dio cuenta que era injusto cargar en ella toda esa aflicción y amargura y tomando conciencia que si la quería no podía fustigarla con sus congojas, quiso quitarle ese peso y la liberó de esas penas que no eran las suyas, las de ella sino de él y su cabeza trastornada y todo se perdió en la nada, ya no hubo donde escribir, donde arrojar todo su dolor y se sintió huérfano y solo, tremendamente solo y tan falto de ilusión que decidió dejar de vivir, tenía tantas cicatrices en su interior que sólo quería descansar y conseguir la paz.

 

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.     *La locura nos llega de recrearnos en el dolor y el recuerdo y nos vamos llenando de cicatrices internas difíciles de cerrar, hoy nos lo cuenta El canto del loco.

Un millón de cicatrices”                     “Peter Pan

 

.     **NA: Publicado originalmente el 8 de Febrero de 2012. Hoy recibe una segunda oportunidad.

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