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Calor, hacía calor, viajando en bicicleta por aquellas carreteras sin tráfico, juegos en la era, deseo en la chopera, la infancia y la adolescencia nos tienen los sentimientos a flor de piel, en ese momento no lo sabes pero ahora con el tiempo lo sé. Ese verano llegué sin conocer a nadie, los días primeros fueron de aburrimiento y soledad, de lento pasar, horas y horas sin nada que hacer salvo leer, pasados unos días, por medio de mi tía conseguí hacer un amigo, este me brindó la posibilidad de conocer más chicos en ese lugar que para mí era en un inicio un destierro, quién quiere ir a un lugar a comenzar de la nada y menos a esa edad, pero hice amigos con los que compartí todas las tardes, en la hora de la siesta toda la tranquilidad del verano caía sobre las calles vacías, jugando a las cartas tirados allí en las pequeñas aceras, muy pegados a la pared, huidizos del sol justiciero que caía en las horas de sesteo, compartí las mañanas, recuerdo las dominicales en la plaza de la iglesia, siempre esperando que saliesen los demás de ella, yo nunca entraba, ya desde joven me produjo rechazo y aversión el mundo de los altares, nunca entendí el paraíso prometido, el nirvana conseguido por escuchar y comulgar con cierto tipo que dice entablar cierta amistad con un tal Dios. A la salida de mis amigos, todo el mundo endomingado, ellos y yo, buscábamos la diversión que en aquellos tiempos y que aquellos días consistía en poca cosa, bajar al bar, jugar a futbolín, o simplemente estar, sobre todo estar, e intentar coincidir con las chicas del lugar, que realmente no eran del lugar si no forasteras como la mayoría éramos. Yo no atraje mucho su atención, ellas no me hicieron demasiado caso, pero yo me enamoré; delgada, morena, seria y risueña a la vez, ella me gustaba pero nunca se lo hice saber, y yo siempre pensé que le gusté, complicidades me lo hacían creer, mi pasó por su vida fue tan vacuo que recordar las fantasías que cada noche recreaba me hacen meditar lo tonto que podemos ser cuando pensamos querer, las noches pasaban deseando llegase el día para verla, para encontrarla, salía por las mañanas en busca de su posible encuentro, cuando sabía que era ilusorio, sus rutinas nunca le hacían aparecer antes de la tarde avanzada, las madres a las chicas no las dejaban salir por las mañanas, pero yo impenitente no dejaba de intentarlo, y una tras otra me retiraba amargado, y las tardes y las noches coincidentes no llegaron a tener ese final deseado de amor correspondido que yo siempre tuve en mente, un buscado y desesperado destino fatuo, y se acabó el verano.

Y vuelto a mi ciudad, siempre idealizaba la posibilidad de un encuentro casual, fortuito, involuntario, y pasaron los años y más tiempo que años, un invierno helado en la mente, que es lo que hace que todo se congele, que quede en el pasado, y cuando menos lo esperé, un verano, una voz me dijo tu eres quién eres, y yo dije sí, y la imagen que apareció ante mí, no la reconocí, bueno sí, pero no como antaño, ya no era esa figura que mi memoria guardaba bajo candado, apareció un espectro que no era de mi pasado, era otra cosa que ya no distinguí, ella se interesaba por mí, y yo me decía que es tarde que hoy no, que hace diez años sí, pero que lo arrebatador que le parecía hoy me dolía de lo laso que fui para ella en el pasado, lo que hoy ella quería me hacía daño por no haberlo atendido allá en el tiempo que yo por ella todo lo hubiese dado, y marché con todo el pensamiento nublado y oscuro y dudando de lo que me había pasado, cuando lo quise no fue y hoy que ni me seduce ni lo quiero el tiempo me lo ha puesto fácilmente a mano, y esa herida que se abrió en aquel lugar, de golpe se cierra y queda sanada.

 

 

.     *Los recuerdos nos hacen esperar la señal pero esa no llega y cuando llega ya no es lo que esperabamos, hoy acompañan el texto Los Secretos lacónicos como siempre.

La calle del olvido”  “No vuelvas nunca más

.     **NA: Publicado originalmente el 3 de Febrero de 2012. Hoy, con leves cambios, recibe una segunda oportunidad.

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