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Antes era más fácil volver sin temor, el humo del tabaco lo camuflaba y ensuciaba todo, ahora ya no, ahora cuando vuelvo no hay nada que pueda ocultar el olor; el perfume en mi ropa, en mis manos, en mi cuello, en mi cuerpo, el aroma de otras esencias femeninas que no son las conocidas por ella, no las suyas. Aunque no sea demasiado tarde, siempre espero y deseo que esté dormida, para no tener que acercarme enseguida a darle un beso, así no habrá posibilidad de que descubra el acto ilícito en nuestro pacto de pareja, pero por si acaso no estuviese aún con el sueño cogido, entro en la estancia con rápido sigilo y en silencio me dirijo al baño como para no molestar, falsamente. La realidad es que regreso con la angustia de ser descubierto, y por eso enseguida voy al baño, para despojarme de las prendas y llevarlas al cesto de ropa sucia; la ropa es imán para los perfumes que quedan entre sus fibras con facilidad y perduran en el tiempo si no son lavadas, y me lavo las manos y el rostro, de nuevo, para quedar impregnado con el aroma familiar del jabón común, y eliminar todo atisbo de otros olores delatadores, aunque las manos y la cara ya pasaron por un lavado en el cuarto de baño del local o de la casa en donde estuve, si hubo ésta, siguen con ese aroma metido en mi nariz, quizá ya solo esté dentro de mí, en mi cerebro, y esté recreándolo de tal manera que me lo hace presente sin ya estarlo. Vuelvo a llevarme la mano hacía la cara, aproximo los dedos a la nariz, aspiro y aún me llega de entre mis dedos ese olor a sexo, que en el transitar interior de mis exploradores dedos se empaparon con ese jugo viscoso de penetrante olor producto del deseo y el placer, y que se ha quedado impregnando de tal manera que parece estar dentro de la piel, persisto en limpiarlas con más jabón, aunque es ridículo pensar que aún puede quedar su olor allí, lo creo, pienso que quizás sea bajo las uñas en donde quede un atisbo de ello; en la fogosidad del momento uno busca con denuedo el placer de ella y en ese fragor, las yemas y las falanges no son con lo único que se acaricia, sino que también las uñas intervienen sin control, rozando y arrastrando con cierto violento trajinar, indelicadamente, incluso haciendo pequeños rasgados inconscientes que sólo ella percibirá al día siguiente con pequeña molestia y leve dolor, que le hará recordar quién hurgo con violento placer horas antes en sus entrañas, e insisto en su limpieza con un cepillo de uñas. Me daría una ducha para evitar cualquier huella posible de rastrear por un olfato tan fino como el de ella, antes, cuando el humo, había un excusa perfecta para un baño al regreso de la fiesta y la celebración, meterse en la cama con ese asqueroso olor era algo que nunca nos gustó, traerse adentro de las sábanas esa suciedad siempre quisimos evitarlo, y más ese olor a tabaco que se queda impregnado en el cabello, incluso en las manos aún sin haber cogido un solo cigarro, y que nos llevaba a darnos una ducha rápida, no hay nada más placentero que te reciban unas sábanas limpias y con grato olor y meterse entre ellas recién aseado, haciendo de ello una comunión que nos eleva al sueño y la relajación total al llegar la noche o la madrugada tras el cansancio del día o del trasnoche, pero ya esa excusa se diluyó. Uno en su paranoia piensa que quizás podría haberse dado un baño en aquella casa después del sexo, si es que hubo casa, pero enseguida se da cuenta que eso sería aún más delatador, llegar oliendo a más limpio que cuando uno se marchó es como el olor a lejía que pone en aviso a la policía tras la pista de un sospechoso, evidenciando que hubo excesivo empeño en la limpieza de aquel lugar. Frente al espejo mientras seco mis manos y mi cara y mi cuello, sigo percibiendo el sabor de sus besos, el olor de ella, el dulce aroma de su perfume que en días no se irá de mi cabeza, y el olor acre de su sexo que creeré llevar como astillas de bambú bajo las uñas en una falaz tortura de remordimientos, e instintivamente hará que lleve mis dedos a olfatearlos absurdamente como un demente. Miro el espejo y veo una mueca de tristeza y debilidad, y echo de menos el humo con el que emboscarse para un regreso menos temeroso cuando el alcohol y ardor han sido incontrolables.

 

 

 

.     *Como en la canción de Sabina, quizás el protagonista sabe que todo es mejor con ella, y sin embargo…

Y sin embargo

Yo_Mi_Me_Contigo sabina -front

 

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