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En el blog “el bic naranja”, su autor Fernando Vicente, los viernes propone un ejercicio de creatividad, mostrando un vídeo o una foto para que cada uno desarrolle y cuente la historia que le sugiera ese elemento; catalizador y detonante. Esta vez su propuesta fue diferente y en vez de una provocación visual fue textual. Traigo aquí mi aportación que hice empujado por lo que proponía, llevándolo al extremo.

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El accidente.

Todo cambio en aquel accidente de tráfico aunque quizás pudo ser un año antes cuando tuvo el ictus que durante un tiempo le dejó temporalmente con negligencia hemisférica. Sintió que la vida se le truncaba y ponía muy cuesta arriba en ese momento, luchó por superarlo y superarse de aquel revés, fue duro para él y para los de su alrededor, sobre todo en esos momento en los que tuvo brotes del síndrome de Charles Bonnety, en los que parecía haber perdido la cabeza con sus visiones, angustiando a todos los que le querían. Por suerte aquello fue remitiendo, y aunque tuvo durante un tiempo visión ciega no viendo todos los objetos que estaban a su vista, poco a poco fue recuperando todo el campo de visión, y así empezó a dejar de sentirse un inválido tan joven, poco había pasado desde sus cuarenta. A los ocho meses del infarto cerebral ya casi estaba recuperado del todo y con ánimo para volver a trabajar, necesitaba salir de ese encierro rutinario del enfermo sin demasiado horizonte. El médico le dijo que podía volver a conducir por la mejoría de su vista, y esto fue otro empujón hacía la normalidad.

Volvía a ser octubre un año después y por fin regresaba a su puesto de trabajo, el siempre odiado trabajo se convertía en una bendición. Con pareja, tras un tiempo de oscurantismo anímico tras su divorcio y un año negro por la enfermedad parecía que la vida se le mostraba desde cero, una oportunidad nueva para la felicidad.

Tres días disfrutando la euforia, y al cuarto, volvía el desastre. Fue visto y no visto. El impacto brutal dejó el coche para desguace, el vehículo que lo embistió a gran velocidad se saltó el semáforo justo en el fatídico momento en el que él pasaba por ese cruce. De ese instante realmente no recuerda nada, sabe lo que le contaron, que tuvieron que sacarle los bomberos al quedar atrapado dentro del coche y cómo los presentes pensaban que estaría muerto; había mucha sangre y él estaba entre un amasijo de metal y plástico. Los creyentes hablarían de un milagro, los que creen en el destino pensarían que no le había llegado su hora, y otros, que simplemente tuvo buena suerte.

Cuando recuperó la conciencia varios días después en el hospital, estaba bastante sedado por los múltiples traumatismos resultantes de la colisión; Los órganos internos no sufrieron daños preocupantes, y a nivel sicomotriz no tenía problemas con sus extremidades, al menos no había quedado paralítico; aunque no le permitían moverse por las costillas rotas y por las cervicales que sí habían sufrido con el impacto y un collarín las inmovilizaba. Las primeras horas al despertar, algo desorientado sufría de akinetopsia, al principio no lo percibió pero al momento que entró una enfermera y se dirigió hacia él pensó que algo andaba mal, la veía desplazarse como fotograma a fotograma, además veía el mobiliario de su entorno como encogido, mucho más pequeño de lo que debería ser, le vino a la mente Alicia. Él no sabía que estaba sufriendo micropsia. Las pruebas oculares que le habían realizado habían dado como resultado que el ojo debería ver con normalidad, pero no estaban seguros de que el cerebro no hubiese sufrido daños irreversibles, con la recuperación de la conciencia podrían empezar a evaluar si esos daños que en las pruebas diagnósticas se perfilaban como posibles se hacían realidad y mostraban su cara más amarga. Esos primeros problemas visuales fueron desapareciendo a los pocos días, los médicos en ese momento pensaron que quizás fuera como una especie de reajuste, como cuando una máquina ha sido desconectada y necesita unos minutos para volver a sincronizar los diferentes periféricos. Esos mismos días en algunos test visuales detectaron que tenía problemas para interpretar objetos de su entorno, los veía pero no podía saber que eran, como si fuese la primera vez que lo veía o se le hubiese borrado la palabra para designarlo; pronto se dieron cuenta que el problema no era visual, los ojos ya trabajaban correctamente pero era el cerebro el que no interpretaba lo visualizado el diagnostico no podía ser otro, estaba padeciendo agnosia visual, y aunque había mejorado y superado otros problemas visuales, eran pesimistas ante este diagnóstico que constataba el mal presagio de que el cerebro había quedado dañado.

Fue tomando conciencia de lo sucedido según le fueron contando el accidente. Durante su estancia en el hospital no dejó ni un día de maldecir su mala suerte en la vida, se lamentaba de su destino, llegando a pensar hasta en la superstición del mal de ojo; -¿Quién me quiere mal? ¿Quién me ha echado el cenizo?

Tardó cinco largos meses en salir del hospital, el estado físico había tenido una recuperación relativamente rápida, pero la parte neurológica llevó más tiempo, hasta que los doctores decidieron permitirle la salida del hospital y que acudiese periódicamente a las consultas. Ahora hace vida casi normal en la residencia en la que está internado desde que por el síndrome de Capgras se hizo insostenible la convivencia con él por los brotes tan continuados. No se fía de nadie, piensa que todos lo quieren engañar y que suplantan a sus familiares para conseguir su fin, piensa que todo el mundo le quiere joder la vida; – ¿Qué he hecho yo para que la gente me quiera mal? Hoy cumple cuarenta y ocho años, hoy otra vez no entenderá porqué algunos extraños vienen a verlo con su chica y una tarta.

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.     *El protagonista termina moviéndose entre lo visionario y la realidad… como nos canta Supersubmarina.

Supersubmarina

Supersubmarina - Supersubmarina Ep

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****NA: Vicente en su propuesta nos decía:

La semana pasada leí este artículo sobre trastornos visuales que me hizo pensar acerca de lo mucho que dependemos de que nuestros ojos no nos engañen. Y se me ocurrió que tal vez podríais escribir historias relacionadas con alguno de estos trastornos:

negligencia hemisférica: incapacidad para ver nada lo que sucede en la mitad izquierda de tu campo de visión.

síndrome de Charles Bonnet: los que lo sufren, ciegos o personas con visión mermada, experimentan alucinaciones visuales que les hacen “ver” con todo detalle imágenes lógicas (gente, lugares…) o totalmente disparatadas.

visión ciega: el cerebro no es capaz de interpretar parte de las imágenes que los ojos le transmiten por lo que el paciente no ve algunos objetos de su campo visual. Sin embargo, si debe esquivar esos mismos objetos, el cerebro los “verá” y ordenará al cuerpo que los sortee.

akinetopsia o incapacidad para ver el movimiento: las personas que la sufren perciben el movimiento como una sucesión de imágenes fijas.

micropsia: percepción de lo que te rodea como más pequeño de lo que en realidad es.

agnosia visual: la persona es incapaz de reconocer o comprender estímulos visuales. Puede ver con normalidad,  pero es incapaz de interpretar25 lo que está viendo.

síndrome de Capgras o de los dobles: quien lo padece es incapaz de asociar el rostro de un ser querido con dicha persona y lo considera un impostor.

Reconozco que esta semana os lo he puesto difícil, pero, si lo pensáis, un protagonista con alguno de estos trastornos os dará mucho juego.

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** Como puse al inicio, yo lo llevé al extremo y mi personaje sufrió todo, y no sólo uno de los trastornos.

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