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Contigo siempre me muevo, -nos movemos-, al son de tus labios, al son de tu boca. Si el beso es apremiante y agitado las manos se nos vuelven veloces y presurosas, y los cuerpos van detrás rudos y bruscos, despezándose con cierta violencia, pero si el beso es lento y sosegado, el resto del cuerpo se contagia de esa cadencia y las manos se nos vuelven suaves plumas acariciadoras que se toman su tiempo para saber y explorar el cuerpo del otro, y ellos, los cuerpos, se amoldan con delicados movimientos. Todos los actos se acomodan al dictado de las bocas, y tu boca me dicta lo que deseas en cada momento, unas veces me guías por la desbocada locura y otras por el cuerdo actuar, tu boca es mi perdición, hasta que ella no me da paso no sé cómo obrar, ella manda y yo obedezco. Tus ojos me dicen que avance y que me lance, pero es tú boca la que después toma el mando y me para y me voltea y me dice así o asá, o me incita; ¡vamos!, o por el contrario; basta de lamernos es hora de regresar. El cuerpo quiere participar, e ir todo él detrás de la lengua, meterse en tú boca que ya no es boca es toda tu carnalidad. Carnalidad que se hace insoportable al verte con esos vaqueros que te quedan tan bien, ajustando toda tu figura, marcando un culo perfecto y unos muslos que parecen más contundentes por las apreturas de la tela de lo que son en realidad, y no puedo dejar de mirar cuando, sabedora de ello, te giras delante de mí al llegar a mí encuentro, en un bar o en una estación de metro o en la misma calle, no pudiendo dejar de pensar cuánto me gustaría que estuviesen a mi alcance ya mismo en otro lugar más íntimo. Y a veces, cuando ha sido posible llevarlo a efecto pronto, ese deseo y esa calentura siguen al recordarlo después, cuando ya no estás, cuando me has abandonado, y sigo colgado de tu figura y de tus labios, de toda tu boca; que es jugo que es agua que es vida y que me hunde un poco más en la perdición. Y ese ardor persiste más aún al pensarte en el inicio loco, no hace tanto tiempo, con ese cuerpo de nívea ondina de desfachatez atroz en la semioscuridad de mi habitación, tumbada en clandestinidad primero, o tocando el órgano bañada de iridiscencia con mi consentimiento, después. Siempre pareciste maestra aun con tu juventud, mucho más diestra e implacable en esos lances que yo en toda mi madurez.

 

 

 

*Tu boca es mi perdición canta Christina Rosenvinge, como le pasa a nuestro protagonista con su joven y ardorosa amante.

Tu boca

Christina Rosenvinge - tu-labio-superior

 

**NA: Por si quieres saber de donde proviene la perdición:

– Encuentro para la perdición

Encuentro para la perdición (2ª parte)

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