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Me dice que la música forma parte de nuestra vida y que todas las personas tenemos en la cabeza una banda sonora, esas canciones que nos han acompañado en el avanzar de los años y conforman un paisaje sonoro de nuestro pasado, de los días vividos, desde la infancia hasta ahora, y que cada día estamos abiertas a dejar entrar una nueva canción o melodía a esa lista. Es inevitable. Nuestro futuro irá musicado también, y antes de ser pasado, justo ahí, cuando ya haya dejado de ser presente es cuando esa música formará parte de nosotros. No todas nos gustan por igual pero hasta esas que no son nuestras preferidas nos transportan en el tiempo. Algunas realmente no han sido elegidas por nosotros para quedarse grabadas en ese imaginario CD o MP4 de nuestra mente, son la BSO de otros, pero nosotros estábamos con ellos y cuando lo oímos nos llevan a ese momento. Suele pasar con el tiempo de nuestra infancia o primera adolescencia, que esa música oída forma parte de nosotros porque era la de otros cercanos; nuestros hermanos o padres, o simplemente son la música del momento, de la época, y sonaba incesantemente, e inconscientemente se nos quedó grabada y no lo sabemos hasta que surge de nuevo en cualquier ocasión, y ¡zas!, nos vemos de regreso a ese instante, y ya no es música de ellos sino nuestra. Sé que tiene razón, pero además de con la música nos pasa con otras percepciones; aromas, sabores, imágenes, paisajes, lecturas, aunque tengo que reconocerle que la música es más potente y más fácil de que entre insospechadamente en acción. Tiene razón cuando me dice; la música está por todas partes. Por ejemplo, andando por la calle te puede llegar por músicos callejeros o en los pasillos del metro o cuando vamos viajando en él, de repente surge esa melodía que te saca de la lectura en la que estás enfrascado, por ese músico que acaba de entrar al vagón y al ponerse en marcha el convoy, toca, y nos despierta sentimientos e imágenes, y a veces nos da un escalofrío y la piel erizada nos duele. Nos duele por la nostalgia y la melancolía que arrasa todo nuestro cuerpo, nos quedamos con la vista perdida en el suelo o mirando la página de ese libro que llevamos entre las manos o en algún pasajero que realmente no vemos puesto que miramos más allá, mucho más allá. Son canciones y sonidos que nos evocan momentos y situaciones a veces placenteras y alegres y otras no tanto, incluso algunas verdaderamente dolorosas. –Es lo que te ha pasado a ti, me dice. Y yo sólo asiento con la cabeza, quisiera decirle que no sólo con la música, también las voces y las palabras moduladas en un tono conocido nos mueven en el tiempo. Me gustaría contarle que hoy le recordé de nuevo, que una voz a mi espalda me hizo darme la vuelta con el corazón agitado, y aunque no pertenecía a quién esperaba y deseaba, yo ya estaba en otro lugar con él, con el dueño verdadero de esa voz, apartada de todos los que me rodeaban en ese momento. Pero no le cuento, no quiero que vuelva a regañarme por agarrarme a su recuerdo a la más mínima oportunidad. Ya me tiró de las orejas antes, cuando le dije que desde que lo dejamos, desde que se fue, ya no hay música en mi vida, que él se la llevó, me secuestró el placer de escucharla, es tanta la música que me evoca a él. Por eso hablamos de la música, de ahí sus palabras diciéndome que es imposible lo que le cuento, que la música forma parte de nosotros como pasa en una película, y que nadie se puede llevar nuestra música, toda nuestra música, sería como si nos robasen la memoria, y sí algunas veces aparecen sin avisar los recuerdos que acompañaron esa música, es normal, son cosas que no se pueden evitar y hay que aprender a convivir con ello aunque sintamos algo de daño, pero seguro que hay mucha música que te trae a otras personas, otras situaciones, que sí son agradables y felices. Intentar borrar canciones o autoextirpar de nosotros algunas de ellas es extirpar parte de nuestra vida. Yo le había contado que hay canciones que no las puedo escuchar, que significan demasiado, y me gustaría que sé esfumasen por completo. Hace un par de días al poner la radio sonó una canción y mi mundo se empezó a resquebrajar, esos cimientos que tantos meses me ha costado ir proyectando, a las primeras de cambio, se tambalean y me dejan hecha mierda. Ella con cariño me ha abroncado. Es un gran apoyo, siempre está ahí, a mi lado, y me ha contado todo eso de nuestra banda sonora, y que no debemos renunciar a los recuerdos, somos lo que somos por lo vivido y eso nos ayuda a seguir, la música forma parte de ello y ayuda a sentir de nuevo, sentir cosas que ya están en el pasado, sí, pero que es necesario revivirlas de vez en cuando, pasar página pero no olvidar. Debemos poder disfrutar de la música y sentir con ella, aunque es verdad que no siempre eso sentido es agradable y hasta el antes bello quejido de un violín resulta doloroso como una puñalada, pero no debemos renunciar a ello, la música es la vida, es lo vivido. Y me ha acariciado y me ha abrazado y me ha dicho que si me dejo ella me cuidará, que si yo quisiera, estaría dispuestas a tener mucha música compartida por las dos.

 

 

*A veces pensar que es sólo una canción, como canta Amaral, es lo que necesitaríamos para calmar el corazón.

Es sólo una canción

Gato rojo dragon negro amaral

 

 

**NA: Todos tenemos una BSO en nuestra vida, y este blog también tiene la suya. Cada texto lleva muy unida una canción que a veces dice mucho más que lo relatado y siempre completa lo escrito, me atrevería a decir que para entender por entero lo que dicen las palabras debería terminarse escuchando la melodía y la letra de las canciones que las acompañan.

Para facilitar el seguimiento de esta Banda Sonora, he creado la página BSD, en donde he compilado todas las canciones hasta el momento publicadas y en donde se irán añadiendo las que vayan completando las futuras entradas. Ahora puedes venir en busca sólo de canciones desafectadas para esos días en los que el ánimo te lo pide. Incluso quizás te apetece hacer el camino inverso y descubrir nuevos relatos guiado por la música que quieres escuchar; eligiendo una canción y descubriendo las letras que le acompañan.

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