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En los círculos de entendidos, era vox populi que ese famoso motociclista ya años retirado estaba liado con aquel locutor de las carreras de toda la vida, igualmente que se decía que ese cantante no siempre terminaba acompañado por fans del otro sexo, y era un secreto a voces que ese político que llegó al gobierno tenía un gran admirador rubio que le solía acompañar por su tierra natal, y que aquel jugador de fútbol era visitado en los entrenamientos por ese otro cantante famoso. Era menos conocido que ese humorista de un dúo de éxito, casado, buscaba otra compañía que no fuese su esposa ni tampoco ninguna mujer. Tampoco se estaba muy al tanto de que ese roquero era aficionado a los efebos y a los tan jovenzuelos. Fuera de esos entornos endogámicos todo era menos visible, pero algo se hablaba. En aquellos años, los armarios estaban entreabiertos, y se salía y entraba con sigilo a la luz del día y sin disimulo con la sombra nocturna o a ras de paredes protectoras, de apliques o de focos indirectos que no enseñasen todo el rostro. El ropero ahora casi está de par en par, la corrala más que nunca sabe, aunque hace como que se extraña o escandaliza, cuando todo lo saben con mayor o menor certeza. Los años hacen que la pluma no se esconda, se vio muy claro con aquel actor, que fue galán por su planta y profunda voz, durante toda la vida con una máscara de macho para afuera y una veleidad para detrás de las bambalinas, que muchos “pasilleaban” ya, pero que nadie decía a voz alzada, ni siquiera cuando él ya no lo escondía o no era capaz de esconderlo. Incluso casi ni se nombra después de su muerte. También ese presentador que de joven dejaba entrever sus gustos pero que con los años y la fama como respaldo, ahora aireaba y llevaba al exceso y la banalización su tendencia sexual. Los años quitan caretas y enseñan rostros, dan seguridad o aplomo a quién le dominaba la vergüenza y el disimulo, y queriéndolo o sin quererlo van mostrándose como son, quizás ya cansados de tanto histrión falsario. Embozado siempre y con tapujos en todo momento, sintiéndose atrapado, no pudiendo ser en público lo que se es en privado, coartándose a sí mismo y no viviendo una vida plena. También alejarse y distanciarse ayuda a vivirlo de otra manera, como esa cantante muy famosa que solo dejó ver desde tierras londinenses que lo especial de darse la mano es hacerlo por debajo del mantel. Quizás deban pasar años o alejarse para que la caricatura de uno mismo en ese espejo que sólo descubrimos cuando nadie nos ve, no nos asuste y seamos capaces de no taparnos los oídos para no escuchar el vocerío del patio que ya sabe que lo que callamos y escondemos está tan a la vista que es obsceno seguir con el fingimiento. Pero dejar pasar los años o tener que abandonar el entorno se hace duro, y aunque sea liberación, también es dolor. Y mientras pienso esto, sigo con el paño tapando el espejo, sigo evitando la luz del día, sigo haciendo oídos sordos a los entendidos, que se afanan en llamar a la puerta y decir que estamos en otro tiempo, que viva sin antifaz, que no cercene parte de mí por imposición social. Me digo que lo importante no es evitar el bullicio de afuera de la casa, si no lo que me pierdo por no salir a pecho descubierto sin importarme ese murmullo, y ser fuera como soy dentro; aunque tampoco quiero el alarde ni entiendo porque ha de haberlo, la normalidad de esto como lo de ellos es lo que prefiero, qué más da y que importancia puede tener la sexualidad de cada ser, sólo deseo vivir y querer como cualquiera, pero aun los ojos y las palabras de los demás me abruman como si me sojuzgasen constantemente, y me encuentro más cómodo en la penumbra y a la luz tenue, o al caer el sol, para pasar por entre el vecindario que insiste en el chismorreo, y en el vocerío de patio.

*Cuando nadie nos ve podemos ser o no ser, como canta Alejandro Sanz, creyéndonos a salvo de las miradas y murmullos del patio.

Cuando nadie me ve

Alejandro-Sanz-el alma al aire - YouTube Vídeo

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