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Me temo que vienen a buscarme. No me mires así con esa angustia que me harás llorar, sabíamos que este día podía llegar, que nos podían separar y alejar antes o después, que no entenderán la situación y lo que estamos viviendo y menos aun lo que hemos vivido durante estos meses. Sabíamos que no cejarían hasta dar conmigo. Me he ido preparando para este momento y tú deberías haberlo hecho también. Pero no temas por el futuro, descuida que haré lo posible para explicarles que todo estuvo bien, que tu trato fue inmejorable. Me diste calor cuando tuve frío, me ofreciste los mejores alimentos que podías encontrar, y buena lectura para los ratos de soledad, esos que tanto te preocupaba que me hiciesen desesperar y pensar negativamente. Me consolaste y sosegaste cuando la sombra de la tristeza me ponía los ojos vidriosos allá en los inicios. Ven aquí y abrázame, dame un último abrazo. No te pongas nervioso, siento tu respiración demasiado acelerada, tranquilízate, necesitamos calma. Quizás la separación no sea larga, quizás enseguida podamos volver a estar justos.

No sé cómo será la primera noche sin ti en muchas noches. Me lo he estado preguntando durante la última semana. Tenía la premonición de que esto se podía acabar, que el fin estaba cerca, y por ello me preguntaba cómo pasaré esa primera oscuridad en mi cama sintiendo la soledad envolverme, helándome, como muchas veces aquí, y no te hallarás para echarme una manta por encima y decirme; si necesitas más calor me avisas. Cómo lo afrontaré. Seguro que no podré conciliar el sueño, y tú no estarás para darme conversación, para hablarme del proyecto, de los motivos, de las necesidades de tomar decisiones dolorosas y no siempre fáciles, de que el fin es lo esencial y que no hay otra vía de escape que la tomada para la lucha, las demás nos llevan a una vía muerta.

Intentemos no hacer ruido, pero me temo que no nos servirá de mucho; por los golpes, ya deben de tener certeza de nuestra situación, ya deben de haber dado con los compañeros que están allá afuera, y en breve darán con la entrada. Pronto oiremos el mecanismo accionarse, pronto escucharemos gritos y preguntas y mi nombre, pronto tendré que contestar aun a mi pesar.  Y habrá caos y confusión, y amenazas e insultos para ti, y palabras de calma, sosiego y serenidad para mí. Saldremos, y la luz me cegará y el aire fresco entrará en mis pulmones, y quizá sienta ahogo por ser otro aire, más fuerte y puro y limpio que el viciado de este encierro, de estos cuatro metros cuadrados, que siempre recordaré.

 

 

*Diego Vasallo nos lo dice; la vida te lleva por caminos raros. Como a nuestra protagonista que le volcó el sentimiento que no debiera ser afectuoso, y ahora quizás suela visitar el bar del aeropuerto.

La vida te lleva por caminos raros

diego vasallo-los abismos cotidianos

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