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Incluso, sin haber estado contaminado por nuestro seguimiento del caso, yo al leerlo lo hubiese percibido. Era evidente que el crimen no era un crimen político, aunque ella detentase tantos cargos en la administración pública de su región, mi experiencia me decía claramente que no iban por ahí los tiros, -nunca mejor dicho-. Los Periódicos y las redes sociales echaban humo elucubrando con una venganza por diferencias políticas, unos diciendo que; “quién siembra vientos recoge tempestades”, otros que; “a esto nos ha llevado la crispación política”. Pero ninguno de ellos tenía razón, era una lectura muy sencilla e interesada la de esas afirmaciones. Era bastante evidente si te paras a pensar un poco, en este país las diferencias políticas no se suelen resolver así, salvo de algunos trastornados, y que en casos de este tipo, descerrajar cuatro tiros en mitad de la calle, suena más a ajuste de cuentas o venganza o despecho, y afloran enseguida, con poco que te informes, las causas reales. Pero el deseo de dar una opinión con inmediatez lleva a que se hagan análisis apresurados y equivocados o interesados, hasta de las desgracias se quiere sacar tajada y beneficio tanto los partidarios de la víctima como los detractores y enemigos de la misma. Mucho antes de informarse a fondo, aparecen las primeras hipótesis en los medios, también demasiado raudas como para estar fundamentas. Un despido, una sentencia en contra desestimando la reclamación de indemnización, era el otro argumento que se ponía como móvil para el asesinato, pero no cuadraba que la autora fuese otra persona y no la despedida, que fuese la madre no encajaba en el asunto. Si algunos de los opinantes, se hubiese parado a pensar antes de lanzar sus opiniones a los cuatro vientos, no tendrían que estar rectificando como siempre.

Nos había contratado su novio, el de la fallecida, y en nuestro seguimiento e investigación nos topamos con lo que no esperábamos, bueno, sí que lo esperábamos puesto que las sospechas del novio parecían tener bastante fundamento, por eso aceptamos el caso, no solemos aceptar casos en los que dudamos de la veracidad de la exposición del cliente que nos quiere contratar. Seis meses atrás, cuando empezó toda la investigación, nos costó bastante movernos con sigilo en el seguimiento y recogida de información sobre el objetivo. Era una persona con mucho poder e influencia y había que andarse con pies de plomo, cualquier paso en falso nos delataría, era fácil que alguna de las personas consultadas o preguntadas le fuese con el cuento de que hay gente husmeando por ahí sobre ella y sus intimidades. Este tipo de gente se granjea con facilidad lealtades y más si ha hecho algo por uno. Aunque de igual manera atraen enemigos, por eso mismo, por no haber hecho lo que estimaban que debían haber realizado en su favor o incluso por pensar que han dado a otros lo que estimaban que era suyo. Hay muchos intereses económicos que dependen de decisiones que se muestran arbitrarias y caciquiles y eso conlleva fuertes alianzas y amistades con unos, y grandes enemistades con otros que se sienten vilipendiados y perjudicados. Nuestra profesionalidad hizo que los tres miembros que estuvimos inmersos en la investigación no cometiésemos errores, nuestra maquinaria estaba bien engrasada, aunque no fue fácil ir encajando el sentido de sus movimientos puesto que con tantos cargos las excusas y coartadas para moverse sin una rutina habitual era a veces desesperante. El trabajo de campo fue bastante duro durante los meses que estuvimos tras sus idas y venidas con un seguimiento constante, día y noche, con una climatología bastante adversa. Nosotros no estábamos acostumbrados a esa exigencia climática, no éramos de aquella latitud, nos habíamos desplazado a esa ciudad en la que el invierno es un “crudo invierno”. Nuestro cliente optó por nosotros por nuestra buena fama dentro del sector y además, por no ser de la ciudad, nos aclaró. El seguimiento fue un poco de locos, bastantes contactos y reuniones se sucedían fuera de los múltiples despachos que ella tenía, por lo que no sabíamos qué nos iba a deparar cada día. Solía almorzar a menudo con personas de diferentes ámbitos; gente anónima, políticos de su partido y de los de la oposición, funcionarios, y muchos empresarios, tanto de las empresas participadas en las que ella tenía toma de decisiones como de otras que entendemos intentaban hacérsele presentes por si en un futuro surgiese algún posible negocio o adjudicación. Lo más llamativo era que en muchas ocasiones los comensales eran compañeros de gerencia o de consorcio o de consejería, y que en vez de reunirse en los despachos lo hacía siempre con unas buenas viandas de por medio, que claro está, cargaban a la empresa o consejería o consorcio en cuestión, sin ninguna necesidad de haberse llevado a cabo ese gasto. Los mejores restaurantes de la ciudad eran testigos y acogían a estos comensales. No sabíamos exactamente que trataban en esas comidas, nunca pusimos micrófonos, nuestro cometido no era saber lo que se hablaba, nuestro fin era averiguar con quién se veía, más que de lo que se decía. Su vida social era igualmente viva, saliendo a menudo de cena y recibiendo amigos en su casa, amigos que variaban bastante, pero algunos de ellos eran más constantes y repetían más a menudo. Las pesquisas hicieron que poco a poco el caso tomase sentido, fuimos hilando unas y otras informaciones, hasta llegar a la conclusión final; las sospechas de él eran fundadas. Aunque el cliente no sabía quién podía ser su amante, nosotros ya sí que podíamos darle esa información. Ella se veía con otro como intuía quién nos contrató. Era uno de las personas que más repetía esas visitas a su casa y aunque siempre terminaba por marcharse, en muchas ocasiones lo hacía bien entrada la madrugada, y en algunos casos no lo vimos salir hasta el día siguiente. Descubrimos que esto venía de lejos, de muy lejos. El hombre con el que tenía una relación íntima al margen de su novio oficial era amigo de ella desde hacía muchos años y estaba casado. La mujer del amante conocía a nuestra investigada, es más, ambas mujeres eran bastante amigas también. Conocidas desde su juventud, compañeras de partido político y con una relación de familiaridad notable. Esto no nos sorprendió, pues en muchos de los casos investigados han dado estos mismos resultados, los amantes suelen pertenecer a un entorno muy cercano y conocen bien a los terceros en discordia.

El informe concluyente se lo dimos una semana antes del incidente en aquel puente. Al oír las noticias me sentí mal, pensé que en un arrebato él se había vengado de la ofensa que quizás sintió por considerarse engañado por ella. Uno cuando hace un trabajo y lo da por cerrado no es responsable de los actos que puedan producirse seguidamente. Aunque nunca ha llegado a nuestro conocimiento una acción violenta o de maltrato o definitiva como es un asesinato, uno siempre se pone en alerta con noticas de violencia de género, por si le fuesen familiares los nombres de los involucrados.

En muchos casos, y de forma habitual, es que al descubrirse finalmente la afrenta se produzca una separación de la pareja no muy amistosa. Pero no siempre es así, en todos estos años he visto muchas cosas y reacciones diferentes; desde que el cliente haya roto el informe delante nuestro pidiendo destruir todo lo archivado en la investigación, hasta en otras ocasiones llevarse el cliente el informe pero con la intención de guardarlo en un cajón e intentar olvidarlo. Es curioso como en estos casos la confirmación y constatación de sus dudas y miedos y de que era real lo que pensaban, les bastaba, y simplemente deseaban seguir con su vida en una farsa de desconocimiento. He visto bastantes veces esa reacción, pero aún no la comprendo, seguir la vida como si todo fuese bien, no deja de generarme estupor. ¿Qué soledades quiere uno espantar o dejar al margen como para obviar y asumir que uno no es lo principal para otra persona? ¿Qué oscuridades quieres evitar cerrando los ojos?  Esta forma de encararlo lo he vivido con clientes de ambos sexos. Se de otros casos en la que las parejas se han puesto frente a frente y lo han hablado y han superado la situación como un error cometido por el otro pero que estiman no es lo suficientemente grave para romper el amor que se tienen y ese deseo de seguir conviviendo y envejeciendo juntos. Me pregunto, si la duda no planeará constantemente en esa relación, y cuando uno se ausente por días, el otro no tendrá la sombra del posible engaño acechante. Si se hará gigante esa duda; si ha pasado una vez por que no se ha de repetir. Sería un pensamiento lógico y desquiciante para mi entender, los celos son indomables y si de por sí lo son en el recelo y la sospecha, mayor deberá ser cuando hay certeza y reconocimiento de haber sucedido lo temido ya en alguna ocasión.

Había pasado sólo una semana y ella había sido abatida en ese puente, muerta con cuatro tiros en su cuerpo y el culpable no era mi cliente. Respiré hondo al saberlo. El móvil del asesinato aún se mostraba como una incógnita para  la policía y los medios de comunicación. La presunta asesina parecía tener la sangre fría ante la policía, y eso estaba generando dudas en entender los motivos del posible acto y de su forma  tan febril de llevarlo a cabo. Parece que la relación entre la fallecida y su amante, no debía de saberlo demasiada gente, pero yo intuyo que de alguna manera ella descubrió o llegó a la misma conclusión del informe que nosotros hicimos para nuestro cliente. Eso sí, por la premeditación que pareciera que hay en el asesinato, no creo que hubiese descubierto el engaño hace poco, los datos recogidos en su piso de la ciudad llevan a pensar a la policía que llevaba rumiando el acto de venganza desde hace dos años, pero sin un plan preciso de cómo realizarlo, y esto descoloca más aún a los investigadores; programar un asesinato sin buscarse una coartada que te libre de acusación, y sin prepararse un plan de fuga del lugar del atentado, no estaba dentro de la lógica policial. Si al menos no lo hubiese llevado a cabo a plena luz del día y en un lugar tan transitado, y sí por la noche y en lugar apartado quizás podrían entenderlo y no verlo como un “pronto” o enajenación transitoria.  Pero  ellos no saben lo que yo sé, y no pueden llegar, en este caso, a la conclusión de que el despecho nubla el entendimiento y que no se terminan de planear las cosas cuando el odio se cruza por los ojos. La venganza pasional no atiende a la lógica y la rabia desatada no deja pensar en las consecuencias que ese acto, aun siendo premeditado, podrá tener en su vida futura. Dicen que en la cárcel se la ve tranquila como si se hubiese quitado un peso de encima, como si hubiese cumplido con un deber que la liberó de una mala sangre que le volvía loca.

 

 

*Como Radio Futura nos canta; se cruzaron los deseos en el puente azul y a las nubes se fue el pensamiento.

 “El puente azul

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