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Ella le observaba desde la cama, le gustaba mirarle cuando se vestía, seguir sus movimientos por la alcoba, con todos sus rituales, repetidos una y otra vez. Sacando la ropa del armario; el pantalón, la camisa o el polo, o camiseta si pensaba ir más sport, eligiendo el cinturón y el calzado más apropiado con el fin de coordinarlo con el resto del atuendo según los tonos escogidos. Casi cada día cambiaba de zapatos, siempre acorde con los colores y el estilo del resto del vestuario. Después, de la cómoda elegía la ropa interior y los calcetines, estos también con el ánimo de que no desentonasen entre pantalón y zapatos o zapatillas en algunos casos. Colocaba sobre los pies de la cama todas las prendas y seguidamente comenzaba a vestirse. Ella disfrutaba con ese trajinar repetitivo cada mañana, verle desenvolverse en silencio, concentrado en esa labor le divertía, y no podía dejar de sonreír cuando él, plantado delante del armario movía las perchas de un lado a otro despacio para no hacer demasiado ruido, y se demoraba en la elección, en esos casos ella ya sabía que estaba bloqueado y que dudaba que ponerse, esto le pasaba de vez en cuando, cuando tenía en mente varias opciones y no se decidía por una o por otra. A veces se quedaba dormida otras veía todo el proceso de engalanamiento hasta el final, entonces le decía lo guapo que estaba, lo elegante que se había puesto. Él, contestaba que no era para tanto, que iba normal. Pero ella insistía y le preguntaba si tenía alguna reunión o comida especial. Y él siempre le decía: – Con el tiempo me di cuenta que no hay que esperar al domingo para endomingarse o estrenar, quizás surja algo… no, no pienses mal, quiero decir que surja lo más temido y ya nunca haya domingos, y el traje se quede sin estrenar… -. Hoy, ella mira toda su ropa, toda estrenada, toda bien aprovechada, nada olvidado como fondo de armario, nunca quiso tener cosas que no se fuese a poner o que tuviesen que esperar a una ocasión especial para hacerlo, decía que si llegaba esa ocasión ya se lo compraría o vería cómo se las apañaría con lo que ya tuviese. Cierto que en alguna ocasión tuvo que salir el mismo día con premura en busca de una camisa que ponerse, la que tenía pensado utilizar ya no estaba para fiestas elegantes, de tanto uso. Ya no habrá más estrenos, como ya no habrá más rituales de paseos por la alcoba, de un lado a otro entrando y saliendo del baño y esa parada frente al armario dándole la espalda, esa espalda que se ha quedado eterna, congelada en su retina.

 

 

*Nuestra protagonista se queda pensando en la jugada del destino, y que peor que el olvido fue volverlo a ver… como nos dice la canción.

**NA: Como siempre, cada uno de mis textos lo envuelvo con una canción que complete y cierre el círculo de lo que quiero contar, hoy vale la pena publicar este relato breve sólo por escuchar la canción de Quique González con Rebeca Jiménez, que engarzo con el texto dándole un significado que quizás no tenga, pero que en cualquier caso yo le vi esa lejana posible lectura… imaginado a esa mujer pensado que el destino le jugó una mala pasada y quizás de haberlo sabido… todo hubiese sido diferente o incluso, quizás no hubiese sido, para evitarse este dolor.

***NA: A Josep, que de un comentario que hice en una entrada de su blog, me surgió la necesidad de abrigar esas palabras con una historia.

De haberlo sabido

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