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Una noche interminable, una petición incansable de acomodarse en su hogar, una canción, un salón alfombrado, un sofá acogedor, unas caricias lentas, un desnudarse veloz, unos cuerpos unidos, unas pieles sedientas de ardor. El alcohol desapareciendo, ¿¡qué hacemos aquí los dos!?  De lado, ella pide ser insertada, él no lo logra por bisoñez. Un; vamos al suelo, que no compenetro con esta estrechez.

La alfombra acolchada recibe la desnudez, a cuatro patas y a embestidas pide ella descender al abismo del orgasmo y la dulce placidez. No hay precauciones adoptadas, locura a la que atender, ella extasiada, él derramándose en urgente retirada, la espalda empapada de blanca miel, cae agotado y aturdido abrazando aquel cuerpo consumido que tiene debajo de él.

Años pasaron, y se repitió la noche interminable, pero no hubo petición incansable, y sí invitación sorpresiva, no hubo salón alfombrado, ni sofá acogedor, y sí cama y colchón, sábanas caídas a los lados apartadas con fervor. No hubo estrecheces, sí caricias y ternuras y sexo sin premura, hubo sueño después del amor, tras ella decirle; mucho mejor, aunque del todo no estuvo mal aquella vez, poco que ver con esta ocasión; aprendiste a follar, nada que ver con aquella primera intención.

 

 

*Pereza nos canta sobre aquella inolvidable primera aproximación.

Aproximación

Pereza-Aproximaciones-Frontal

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