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Resplandor 2 (1)

Lo que me contaron, hoy puede sonar raro, pero en aquella época estaba muy de moda el tema, al menos la prensa se hacía eco de todas esas noticias relacionadas con los sucesos que se decían ocurrir, todos ellos envueltos en un halo de misterio, y que muchas veces, – la mayoría de ellas -, no eran ciertos o tenían una explicación más científica y terrenal que sideral. Los libros que hablaban sobre ello eran “Super Ventas”. Había programas de radio y televisión especializados en “ocultismo” que trataban estos acontecimientos. El cine también se había ocupado de ello desde los inicios, como en aquella genial película “La invasión de los ladrones de cuerpos” y otras menores, pero llegando en esos momentos álgidos de los que hablamos a realizar una de gran éxito comercial con Steven Spielberg como director.

Las fotos mostrando en el cielo naves redondeadas, los llamados platillos volantes, -por esa forma de plato que tenían-, aparecían a menudo en los periódicos y en revistas especializadas siempre con la controversia de si era un montaje fotográfico o si bien era un efecto meteorológico, o globos sonda que hubiesen sido captados por la cámara de uno de éstos cazadores de Ovnis. Tampoco faltaron los relatos de pilotos de aviones comerciales que decían haber sido testigos en sus vuelos del movimiento de luces en el horizonte, sin que estás tuviesen procedencia identificada y que se desplazaban con inusitada rapidez y de forma rara, incluso quedando suspendidas en el aire sin movimiento alguno, algo que en esa época no era posible para las naves ideadas por el ser humano, dando pie a pensar que eso no sería un avión convencional o militar. Los ejércitos recopilaban todas estas informaciones y entrevistaban a las personas que decían haber visto o participado en algunos de estos sucesos, luego hacían informes que se clasificaban como “Alto Secreto” para que el resto de la sociedad no tuviese acceso a ellos; y que en los últimos años se han empezado a desclasificar, viendo la inconsistencia de muchas de esas informaciones.

Los avistamientos de naves extraterrestres se hicieron muy populares, había muchas declaraciones de personas diciendo que las habían visto. Las gentes se reunían en lugares alejados de las ciudades para poder ver esas naves que no eran de la tierra, -generalmente nunca se tenía el éxito esperado, es decir que los avistamientos programados o anunciados por los guías o gurús de este movimiento englobado dentro del “Movimiento Nueva Era”, eran un fracaso, -.

Mucha gente era la que soñaba y deseaba ser partícipe de todo esto, y ser elegidos por los que venían para ser llevados con ellos, una civilización mucho más avanzada, capaz de idear naves interestelares, que venían de los confines del Universo, mucho más allá del Sol, seres procedentes de otras galaxias, fuera de nuestra Vía Láctea.

Se hablaba, no ya solo de vuelos no identificados y luces voladoras, si no de lugares remotos en los que extraterrestres tenían bases secretas dentro de montañas o bajo el océano. Se hizo famoso “El triángulo de las bermudas”, (ya descrito desde el siglo XVI como anómalo), por decirse que dentro del área resultante del triángulo imaginario formado entre Bermudas, Florida y Puerto Rico, desaparecían aviones y barcos o tenían dificultad en la navegación con los aparatos electrónicos, cuando surcaban ese espacio.

Anunciaban la aparición de luces deslumbrantes a las que casi no se podía mirar, y aterrizajes de naves. Se mostraban esos lugares donde había pasado y se veían las marcas creadas al posarse por quedar quemado el pasto o la misma tierra. Y ante algunas desapariciones de gente se hablaba de abducciones por parte de estos seres de fuera de la Tierra. Incluso algunos decían haber sido contactados por los “Extraterrestres” recibiendo mensajes que darnos al resto de la humanidad. Algunos otros hablaban de que fueron abducidos por una nave y devueltos después a la Tierra,  y contaron cómo eran estos seres y sus naves. Uno de los más famosos de estos contactados fue Eugenio Siragusa.

Había mucha mística alrededor de todo aquello, -y supongo que todavía la seguirá habiendo-, y en esas aguas pantanosas había gente, con no muy buenas intenciones y pocos escrúpulos, dispuestos a “orientar” a los que allí caían con la promesa de guiarlos y llevarlos a contactar con aquellos “seres superiores” que llegarían de otros mundos.

Ellos y algunos de sus amigos seguían muy de cerca toda esta información. Se iban los fines de semana al monte de acampada, organizadas por el “club infantil y juvenil” al que pertenecían para distracción y contacto con la naturaleza, pero ellos iban más por el vivo deseo de avistar naves; más fácilmente alejados de la ciudad, se decía.

Eran unos más de los fieles seguidores de los temas paranormales. Escuchaban de madrugada el programa de radio que hablaba de apariciones de espectros, de casas encantadas, de sicofonías que recogían voces del más allá, de relatos de viajes astrales y por supuesto de casos relacionados con el fenómeno OVNI. Todo esto escuchado en la más absoluta oscuridad bajo el amparo de la noche, acrecentaba la atmósfera de esoterismo que les erizaba la piel y acentuaba su militancia a ultranza en lo contado por unos y otros.

En esta atmosfera tan especial y tan excitante, con unos fenómenos que se escapaban a la lógica, los jóvenes eran y – son – propensos a dejarse llevar y engatusar por personas que maquiavélicamente se ganan la confianza de estos chicos. Ansiosos de experiencias estimulantes e iluminadoras, fue fácil llevarles al terreno de los deseos fantasiosos de nuevos mundos y nuevos mesías que les trajesen “la buena nueva” y les llevasen a esos otros mundos idílicos fuera de la tierra.

Como los creyentes de un movimiento religioso, se olvidaban de la lógica y la base científica para dejarse llevar por la fe. Presas de esas fabulaciones, estos jóvenes caían en sectas que captaban a todos estos crédulos, que no dudaban en ningún caso de la veracidad de todo lo que les trasmitían estos idolatrados “Guías” o “Gurús” o “Mesías” autoproclamados, que como si fuese una religión, adornaban su mensaje con una espiritualidad algo dudosa, llevando a sus seguidores incluso al encierro “monacal” para estar todos juntos y reunidos en Comunas a la espera de la llegada de estos Seres Especiales y Espaciales. Lo que acaecía en estas Comunas no se sabe con exactitud; también en esta particularidad queda poco claro lo sucedido en esos momentos y esos lugares de encierro. Quizás haya sensacionalismo en los reportajes que han recorrido e investigado algunas de las “sectas” que formaron parte de aquellos años y aquel movimiento, a veces la información se tinta de amarillo para generar mayor impacto e interés, pero de una o de otra manera lo que se sabe, es que había una fuerte anulación de la personalidad, una alienación total del ser, y en algunos casos incluso esclavismo sexual.

Uno de estos iluminados fue Victorino del Pozo, autor de libros que relataban las andanzas de Eugenio Siragusa, y que en su nombre captaba a gente para la Comuna que hizo o intentó hacer, eso me dijeron, -ya aquello queda lejano y la información es confusa y difícil de contrastar, y lo que ayer parecía nítido hoy se muestra borroso, y todo lo sucedido pareciera que no fue, o al menos no fue como nos lo cuentan o nosotros mismos leemos y entendemos con otra objetividad por la distancia-.

Ellos dos, eran chicos de barrio humilde, dos hermanos en el seno una familia obrera, uno de ellos ya trabajando como aprendiz, el otro aun estudiando. Muy atraídos por este tema, con otros amigos cayeron en las redes de Victorino. En ese estado de ceguera, a esas edades se es muy impresionable, y si alguien es la persona que escribe sobre las vivencias de una “eminencia” dentro del mundo de los contactados, y se presenta como Canciller o Enviado o Representante de este en España, lo tiene fácil para deslumbrar y conseguir tener a todo el grupo de su lado; y éstos harán lo que él les diga pues su voz es la voz de aquel otro que es referencia mundial en el asunto y del que dice ser su extensión.

Hay que tener en cuenta que en aquel entonces la información y las comunicaciones no eran las de ahora, y si alguien decía que era quién era, no acababa siendo fácil contrastar si era verdad o mentira, si era cierto ser el emisario o un suplantador. Y los chicos en su falta de discernimiento están dispuestos a unirse al clan de Victorino, abandonándolo todo.

Ante una situación así, con la amenaza de los hijos a los padres de su próxima marcha para unirse a este grupo dejando el hogar para ir a convivir en comunidad en la gran casa que han estado ayudando a construir en la Sierra,  la desesperación aparece en los padres.

La madre intenta velar por sus hijos, y hacerles ver y entender que no van por buen camino, pero los argumentos de la madre no son oídos por los hijos, están demasiado sordos y ciegos para entender que quizás nada de lo que les cuentan en las charlas sobre las visitas de extraterrestres sea cierto.

Sí entre padres e hijos siempre existe una distancia insalvable en la adolescencia, un conflicto como este lleva la situación al límite, al abismo, al borde de un enorme acantilado que presagia una caída de todos por él. El llanto y la rabia, el desamparo y la depresión tocan a la madre, tendente a ello ya antes, pero que con estos avatares se le está acentuando aún más todo ese dolor que apresa a los depresivos, ese dolor que ella siempre tiene. Qué poder hacer para evitar el desastre, -se preguntan los padres-. No tienen respuestas, no son gente ilustrada, apenas pudieron estudiar ninguno de los dos; no saben a dónde acudir en busca de ayuda, o quizás ni siquiera se lo plantean, ni siquiera se plantean hacer público un problema como este, tan personal, tan vergonzoso incluso, -llegando a pensar que si se sabe, la familia quedaría marcada; aun estando en la ciudad, siguen con esos estigmas de pueblo.-. Y en el desvelo y la angustia de la madre hay un suceso que lo cambia todo.

Una noche se le presenta su madre, la de ella, la abuela de los muchachos, para ponerla sobre aviso y que luche por los chicos, que no los deje marchar, que si se van ya no los volverá a ver; que quizás el mayor, sí que alguna vez lo supere y regrese, pero que el pequeño no, a él, si abandona la casa ya nunca más lo verá. Y le habla más, le dice que esa persona es un impostor y que no tiene buenas intenciones, que debe alejarlos de él antes de que sea demasiado tarde, que deben ponerse en contacto con Siragusa para saber la verdad.

Como en una película de suspense, la fecha de la partida se va aproximando y la madre no sabe qué hacer para evitarlo. Toma una determinación, la de volver a hablar con los muchachos, y a fuerza de pasar por loca, -ella misma duda de que haya sucedido y no que fuese un sueño-, se la juega y les cuenta lo sucedido con la abuela, cómo esa noche de hace unos días, a los pies de la cama se le hizo presente su madre para alertarle y decirle lo que ahora les contaba; -de las falacias y falsedades de aquel individuo que quería llevarles, siendo incierto que fuese el enviado de Siragusa-.

Presupongo la cara de incredulidad de los hermanos, pero teniendo en cuenta que están inmersos en un estado mental en el que todo lo esotérico les atrae y tiene cabida, aun poniendo en duda la veracidad de lo anunciado por su madre, la presencia de espíritus que se comuniquen con los vivos para avisarles de peligros y que velen por ellos, como tantas noches escucharon por la radio, les deja vacilantes y recelosos, entre la perplejidad y la sospecha de que sea un ardid o treta de la madre para evitar su marcha. Después de una acalorada conversación, acceden a escribir una carta ellos personalmente a Eugenio Siragusa como “Gurú” al que tienen en los altares, para esclarecer si es posible la aparición de espíritus y saber si Victorino del Pozo es un enviado de él y está en su nombre formando una Comuna, – un lugar en el que quedar reunidos todos sus seguidores -, o simplemente es alguien que se está aprovechando de todo este tema.

Y se mandó la carta y llegó respuesta, -respuesta que no pudo fabricar la madre como podríamos pensar, pues apenas sabía escribir-. La contestación libró a aquellos chavales de entrar en una posible “Secta”. Dando en la carta fe, que era posible la aparición de seres fallecidos y negando que Victorino del Pozo estuviese haciendo una labor encomendada por él, como así trasladaba a todos sus fieles seguidores. Y como voz de amo y señor, los muchachos creyeron todo lo dicho en la misiva, y tomaron distancia de aquel embaucador que aprovechaba la credulidad de almas inocentes, esperanzadas en no estar solas en el universo y encontrarse con otros seres.

Hoy, todo aquello queda tan lejano que puede que hasta los protagonistas no recuerden con certeza lo sucedido, o lo intenten recordar cómo anécdota nimia y tonta, sin darle importancia a aquellos días cruciales en sus vidas, – nada hubiese sido como es ahora sí aquello hubiese sido resuelto de otra manera-, e incluso puede que lo quieran dejar escondido, no parece muy de cuerdos estar metido en todo lo acaecido, aunque creer en seres de otro mundo sea el Mundo Estelar o de Ultratumba, siempre ha sido una idea muy presente en la humanidad. Desde Siempre se ha mirado hacía los cementerios y hacia las estrellas buscando respuestas con cierto recelo, respeto y miedo, pero con anhelo de encontrar, y quizás ellos aún sigan con ese deseo, y vuelvan a creer, o quizás, en realidad, nunca lo dejaron de hacer.

 

(1) Foto: Alberto Diéguez

*Nuestro afán por las estrellas y buscando la vida en ellas nos ha llevado a estaciones espaciales como nos canta M Clan, en donde al final lo único que encontramos es soledad y el deseo de regresar.

Llamando a la Tierra

M-Clan-Usar_y_Tirar-Frontal

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