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En el blog “el bic naranja”, su autor Fernando Vicente, los viernes propone un ejercicio de creatividad, mostrando un vídeo o una foto para que cada uno desarrolle y cuente la historia que le sugiera ese elemento; catalizador y detonante. Me traigo aquí mi aportación que hice allí a vuela pluma, sobre la foto de abajo de Gina Vásquez.

It takes an ocean

 

El pez volador.

El pez volador no consolaba la tristeza de la niña. Aunque le dijeron que era verdad, que existían, que había peces que volaban. Ella no daba crédito, les miraba con incredulidad, le tomaban por tonta, pensaban que aún era esa pequeña que vio un dibujo de un pez volando en un cuento. Nunca le entendieron, nunca entendieron que no quisiese decirles nada, que no musitase ninguna palabra desde que nació. Y aquella tarde cuando se lo llevaron allí para demostrárselo, en aquella playa en donde le gustaba estar sola, oyendo el oleaje, sintió pena y lástima por ese pez que habían metido en un globo, por ese encierro en el que estaba aquel pececillo, y que representaba toda la opresión que ella sentía, esa pesadez y ahogo que nadie entendía, y esas ganas de no vivir que tuvo desde el principio.

 

 

*Quisiera preguntarle a esa niña qué dragones le acosan para sentirse así desde nada más llegar, antes de poner en marcha su reloj, ese que nos canta Aute mirando al mar.

 

El niño que miraba el mar

 

**NA: No teniendo mucho tiempo para relatos nuevos, me vuelvo a traer algo escrito por mí en otros lugares a golpe de improvisación. Lo traigo tal cual salió, con sus virtudes y sus defectos; cuando uno lo relee siente la tentación de cambiarlo o desarrollarlo, pero eso, ya sería otra cosa diferente al reto de escribirlo en un momento de inspiración.

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