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Prólogo.

Hay historias que surgen y se desarrollan y toman un cariz u otro según se van uniendo las palabras que se eligen para dar cuerpo al texto. Se pueden contar con un tono u otro, dependiendo de cómo se quiere que llegue ese mensaje, de manera simple y directa o barroca y enrevesada, adornada de utopía o más cruda y visceral, elegante o chabacana,  incluso supeditándolo a un estilo u otro según el lector final.

Una historia te puede atraer lectores pero esa misma historia desarrollada de otra manera te puede apartar lectores. En este relato, una misma historia un tanto vana y vulgar, tendrá desde un momento de la misma dos desarrollos diferentes, cada lector podrá elegir que lectura hacer. La lectura del Editor o la del Autor. Para facilitar por cual decantarse una matización: Como se puede entender la del autor está menos tamizada, es más cruda y mundana, ya se sabe cómo son los editores, ven más allá que el autor y defienden el negocio y por extensión creen defender al autor de sí mismo y así evitar dilapidar su crédito para con los lectores.

 

Una mujer decidida (o un ensueño)

Enfermo, en la cama, algo sudoroso por la fiebre, se encuentra mejor que los días anteriores. Soñoliento, un poco cansado, -es curioso como a veces nos acabamos de despertar, acabamos de salir del sueño, que debería haber sido reparador y por el contrario estamos agotados como si acabáramos de correr unos kilómetros, incluso en ocasiones hasta parece que nos falta el resuello-. Pero esta vez es algo normal. Lleva tres días en casa con un fuerte catarro, aunque hoy parece que ya está recuperándose, se siente algo mejor. Piensa que le ha mirado un tuerto, lleva mala racha, no sale de una cuando ya está en otra. Casi ha empalmado este gripazo con el ataque de alergia que le dio hace quince días, incluso al inicio parecía que era lo mismo que se alargaba, hasta que ya le empezó el subidón de fiebre.  Antes estuvo con migrañas, y también se fastidió una muñeca, no sabe cómo, pero tendrá que ir al fisioterapeuta a que le dé un diagnóstico, no se le va el dolor: vamos que no son unos meses para recordar.

Este enclaustramiento solitario, le ha venido como una losa mental. Ha hecho que le dé tiempo a pensar, y es lo peor que le podía pasar, además del malestar físico que se le acentuase con el psíquico. Desde que rompió con Valeria, no está muy bien. Fue de mutuo acuerdo, cada uno veía que juntos no serían felices, y optaron por una decisión adulta y valiente, dejarlo. Pero él la sigue queriendo y la sigue teniendo como referencia. Algo malísimo, ya se lo ha dicho él así mismo: -“ tengo que pasar página”. Este ser aún su horizonte hace que le cueste buscar nuevos paisajes. Desde que lo dejaron no ha vuelto a estar con ninguna mujer, ha salido con alguna, pero lo que es estar en la cama, nada.

Valeria, oh!!, Valeria, su argentinita. Cuatro años con ella y ahora huérfano de su compañía la echa mucho en falta. Tiene que hacer algo para sacársela de la cabeza. Él ya está fuera, muy fuera de la de ella,  eso lo sabe, pero no puede evitarlo, y sabe perfectamente que le hace mal seguir viéndola de vez en cuando y hablando por teléfono, y viendo lo que hace por Facebook, a ratos muriendo de celos y a ratos feliz de estar libre, esa libertad que añoraba cuando estaba con ella. Y eso que eran dos almas unidas pero que casi tenían vidas paralelas, lo que les llevó a la conclusión que era mejor desunir las almas y ser coherentes con sus vidas diarias. Lo crudamente cotidiano siempre se impone a lo etéreo y transcendental.

Son las diez de la mañana, y decide levantarse a tomar algo de desayuno; un zumo y un café con poca leche, no tiene hambre pero sí sed, y además piensa que le vendrá bien meter algo al cuerpo, en los últimos días apenas comió nada por el malestar general. Al terminar va al dormitorio, levanta la persiana y abre la ventana para ventilar un poco, se quita el pijama con el que ha estado durmiendo y desnudo se dirige al cuarto de baño que hay en su misma habitación para darse una ducha después de la sudada que se ha dado por el resfriado, le gustará sentirse aseado, y ponerse otro pijama para después cambiar las sábanas y ya todo limpio, volver descansar y dormirse, y si no duerme por falta de sueño, -sería lógico llevaba trece horas durmiendo del tirón-, podría leer o ver televisión o navegar por internet, incluso quizás ver algo de porno, últimamente sin relaciones desde hace más de seis meses es una manera de relajar su deseo sexual. Muy a gusto, ya está saboreando ese posible momento cuando empieza a abrir el grifo. A mitad de ducha cree haber oído algo, como una puerta cerrarse, pero en su casa no puede ser, no hay nadie más que él, piensa que sería una puerta de los vecinos, desde el baño se les oye hasta las discusiones. Afina el oído, le llega el sonido de la aspiradora de los vecinos que le confirma que están en casa.  Termina la reconfortante ducha, coge su albornoz se lo pone y se seca el cuerpo con él, coge una toalla y se seca el pelo. Sale del baño a la habitación y se despoja del albornoz quedándose desnudo, se mira al espejo de cuerpo entero que hay en la pared, y ve que tiene mejor cara que estos días de atrás, mira la barriga y se dice que tiene que salir a correr ya, si lo pospone aquello va a seguir creciendo sin vuelta atrás, aún está a tiempo de mantener esa grasa de más a raya. Observa un poco alucinado, mira un poco más abajo, tiene el pene bastante gordo, no hay motivo para ello, pero se ríe, y se dice que parece que este “tipo” tenga vida propia al margen de él. Vuelve a oír algo de ruido. Se queda escuchando. Ya no se oye nada. Decide abrir la puerta de su habitación e ir por el pasillo hacía el salón a conectar internet y de paso entrar en la cocina para coger una botella de agua. A medio camino, justo cuando transita al lado de la habitación próxima a la suya, ve a alguien allí, y se pega un susto de muerte por la sorpresa. Allí aparece Alejandra, que a su vez ante la sorpresa de verle, también se sobresalta.

Uff, él resopla, ella hace lo mismo, y musita un; “disculpa”.

–          Joodder!! que susto.

–          Lo siento, no sabía que había gente en casa, he venido un poco antes, para salir más pronto.

Ella está en tanga y sujetador, él se da rápidamente la vuelta para intentar no verla en ropa interior, pero se le queda grabada esa figura en la cabeza, ella ha cogido instintivamente una camiseta engurruñándola contra su cuerpo y con los brazos cruzados ha tapado sus pechos. La situación ha resultado algo violenta. Él habla desde el pasillo, apartado a un lado de la puerta.

–          Vale, vale, no pasa nada, es que como no te esperaba hasta después. La culpa también es mía, lo siento, no te avisé que estaba en casa, que estaba enfermo.

En ese momento él se da cuenta de que está desnudo, y se va a su habitación a ponerse algo, y antes de que le dé tiempo oye que tocan a la puerta.

–          ¿Sí?

–          Nada, que ya estoy visible, y que voy a empezar a limpiar.

–          Ok, en un segundo salgo.

–          Vale.

Coge el pijama limpio que tenía pensado ponerse, y sale de la habitación, ella está al otro lado de la puerta aun esperando. Con camiseta blanca de tirantes, y un pantalón gris de algodón de esos cómodos para estar por casa, y zapatillas deportivas. Lleva el pelo recogido en una coleta, nunca se lo vio así. Bueno realmente la había visto solo tres veces. La primera vez que quedó para ver si le interesaba trabajar en su casa como “empleada doméstica” cuatro horas semanales, -llegó a ella mediante la recomendación de una amiga que la tenía empleada en su casa-, ya hace un año de eso. Las dos siguientes veces que la vio fueron encuentros breves cuando ella llegó y coincidió que el salía de la casa. El horario acordado era matinal, para que hiciese las labores mientras él estaba en el trabajo. El resto de comunicación entre ambos era con alguna llamada telefónica y unos mensajes escritos en una libreta con instrucciones sobre qué hacer, sobre todo cuando había algún cambio respecto a la rutina. Aunque desde hace un par de meses que ella tiene Whatsapp, se escriben por ese medio, y no solo para darse instrucciones sobre la casa, incluso han coqueteado y hablado de tomarse algo un día juntos.

–          Perdona por lo de antes, estaba cambiándome de ropa para trabajar.

–          No pasa nada, es lógico que utilices otro vestuario para limpiar, ya te dije que si además querías ducharte al finalizar de tu jornada, que no había problema. Hace calor en la casa y sí trajinas pues eso, mi propia experiencia cuando yo limpiaba es que terminas sudando.

–          Sí, en verano sí que a veces me tengo que duchar, como habrás podido comprobar por la toalla en el cesto de la ropa sucia. Y te lo agradezco, no me gusta ir en el metro demasiado sudada.

–          Perfecto! Perdona si te incomodé al verte en ropa interior

–          No te preocupes, además he salido ganando yo, (acompaña este comentario con una espléndida sonrisa)

–          Mm, bueno si, perdona, es que ando desnudo por la casa a menudo y, bueno, siento el espectáculo, si fuese un “Boys”, todavía.

Ella echa una carcajada.

–          Que exagerado, estás estupendo.

–          Gracias por el cumplido, hago lo que puedo, pero no veo resultados…-(sonríe). No quiero ser irreverente pero tú sí que estás bien!.

–          Bueno, me has dicho que estás enfermo, ¿necesitas algo?.

–          No, nada, me voy a meter en la cama ahora, me acabo de duchar. Bueno primero cambiaré las sábanas.

–          ¿Te ayudo con la cama?

–          No, comienza con la tarea, mejor por el salón y dejas mi cuarto para el final, luego te dejo libre la habitación, para que la repases.

–          Ok.

Él cambia las sábanas y se acuesta, pone la tele, pero no encuentra canal interesante, la deja en un canal con reportajes de cómo se fabrican diferentes cosas, pero con el tedio y los ruidos de fondo que J hace se queda dormido con la imagen de ella con ese tanga negro y el sujetador blanco.

Se despierta, cuando siente que hay alguien en la habitación.

–          Disculpa, te he despertado.

–          No importa, ya te dejo la habitación.

–          O si quieres quedarte no me molestas.

–          No, mejor me voy un momento al salón.

–          Como quieras.

Se da cuenta que tiene un problema, una erección bastante considerable. A ver cómo se las arregla para que ella no lo vea, decide, sujetársela con la goma de pantalón, como esas tribus amazónicas que ha visto en la televisión alguna vez. Con eso y al ponerse la chaqueta tipo chándal con capucha nada queda evidente.

Pasa por la habitación donde se estaba cambiando Alejandra, y coge un libro para leer en el salón mientras espera. Comienza la lectura pero no pasa de la primera página, se le enredan las letras con los pensamientos, y estos se están imponiendo en la batalla. Valeria siempre gana cuando aparece en la contienda. Desearía llamarla y contarle lo mal que ha estado y lo mal que se encuentra, quisiera pedirle que le haga una visita, que no tiene a quién llamar, con quién compartir. Que en un año sin ella se siente perdido, sin el apoyo que era al regresar al hogar, aunque sabe que es verdad que muchas de las veces no estaba al regreso, o al poco se marchaba, o al contrario era él el que se ausentaba por salidas con gentes que no eran comunes ni de uno del otro, y que se fueron imponiendo a las salidas en común con amigos comunes o incluso a las salidas de ambos solos para disfrutar de una cena o de una obra de teatro. Un año sin nadie, un año, todo un año.

Una voz le saca de sus pensamientos, una voz que dice que ya acabó.

Regresa a la cama. Ella le dice que va a ponerse a planchar. La casa solo tiene dos habitaciones la suya y la de invitados que utiliza como despacho y es donde tiene el cesto de ropa limpia para plancha, es ahí donde por indicación de él hace la plancha.

En la cama, consulta en Internet el periódico son su tableta, pero enseguida lo deja, no le apetece leer. Pone el televisor en el mismo canal que antes, pero no le presta atención, empieza a pensar en ella, no en Valeria, si no en Alejandra. Es guapa, eso no hay duda, para los cuarenta y cinco años que tiene está fantástica de cuerpo, mucho mejor que él a sus treinta y nueve. Además cree que le gusta, sabe que está separada y sin pareja, se lo contó en aquella primera entrevista, aunque él ya lo sabía por su amiga. Quizás él se decida a invitarle por fin un día a quedar y ella acepte, se la ve una mujer decidida.

 

Elige la continuación: “Versión Editor” o “Versión Autor

 

*Nuestro protagonista siente que ella es un volcán como en la canción de La unión

Ella es un volcán

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