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Llegas a casa con tu falda ajustada,

te miro con el deseo de antaño,

cuando en los oscuros portales nos desfogamos.

Y vuelvo a querer hacerlo,

hoy en la comodidad del hogar,

volviendo a sentirnos furtivos.

Y deslizar la falda hacía arriba,

sin desabrocharla, sin quitarla,

subiéndola por las caderas,

lentamente,

dejando ver poco a poco,

abriéndose paso sosegado los muslos,

tersos y tensos,

desprendiéndose de la tela,

quedando al aire cada vez más piel,

viendo como la vista se ensancha,

de la delgadez de la rodilla

a la amplitud y carnalidad,

músculo turgente.

La falda sigue su camino,

ya deja ver la curva, el pliegue,

la redondez que se adivina

y que pronto se verá,

avanza en su ascensión vertical,

y ya lo que se adivinaba es toda redondez,

imán para las manos, la vista y el falo emergente.

Todo queda a la luz tenue,

giro de cuerpo que se muestra y cede,

y esa plasticidad de los glúteos invita

al acercamiento y al tacto,

y te doblas por la cintura,

volviendo la media luna en luna llena,

esperándome,

deseando la embestida con cincel,

erecto ariete de sangre y miel.

 

 

*Hay momentos en que uno necesita retomar el pasado aunque sea en otro lugar en otro estado, y volver a mojarlo todo como antaño, como nos canta Aute.

Mojándolo todo

Luis_Eduardo_Aute-Alevosia-Frontal

 

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