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El recuerdo de la madre siempre fue bueno, no tenía constancia de grandes castigos, ni de amenazas, ni engaños para provecho de ella en desventaja de ellos por la inocencia de estos que debían oírlo y sufrirlo, o quizás traicionó al recuerdo verdadero y lo invistió de bondad, por ser la madre una figura referente, alguien que cuidó y protegió de las desventuras iniciales, cuando púberes no sabían ni por donde se andaban ni por donde debían andar, quizás demasiado protectora para con los pequeños o quizás demasiado “falderos” estos dos últimos, que se llevaban largos años con el resto, y de los que quizás no se ocupó de la misma manera, -de los mayores-, por las necesidades de la época, dura época para sacar a una familia numerosa adelante, con el trabajo en el hogar y fuera de él, para traer salario con el que completar al del padre y poder dar de comer a los hijos, que pronto se tuvieron que poner a trabajar. Los años aquellos de los que ahora hace memoria, se muestran algo confusos, incluso sin saber muy bien lo que es vivido o contado por otros miembros de la familia, los hermanos que sí que por la proximidad en edad y lo traviesos que eran, fueron quebradero de cabeza para ella, para la madre, y a ellos sí que quizás les contó milongas, falsos cuentos para tenerlos atados en corto y que no se le desmelenasen en exceso, ya que además delegó en ellos el cuidado del cuarto niño cuando llegó, no sin cierta sorpresa por no ser buscado con insistencia aunque sí buscado.

De esas conversaciones sobre lo que debió ser algo de patraña por parte de la madre, o actos negados por ella, recuerda pocas cosas, pero una la tiene clara en su memoria y fue el vuelo de la zapatilla, como toda madre de aquel periodo, y que si bien para él no fue en exceso desenfundada de su pie, sí que fue testigo de un  acto de lanzamiento de este objeto hacia uno de los hermanos con certero tino en la ceja de éste con herida “contuso-cortante” incluida. Un clásico de las madres de antes,  no de las de ahora que no zurran a los hijos, a veces no por deseo, si no por no ser denunciada por terceros.

De pequeño los otros niños contaban cosas fantásticas, como que había hombres peligrosos con sacos que se los podrían llevar si no eran buenos, y en el colegio había un grupo malévolo llamado la “Mano Negra”.  Pero no consta que fuese la madre cómplice de estas tretas y falsedades comunes en los mentideros. Si bien recuerda la norma impuesta, menos terrorífica, cuando iban a la piscina de que pasasen dos horas después de comer para bañarse o en su defecto para evitar este receso en el divertimento en el agua, había que ir inmediatamente al chapuzón mojándose las muñecas y nuca primero, antes de que pasase media hora, puesto que a partir de esos 30 minutos, ya no había “tu tía” y se podía cortar la digestión. Quizás esto no era en sí una mentira y sí algo de saber popular, pero nunca se probó científicamente si esto era verdad. Otra milonguilla era un remedio contra el mareo, algo así como  que había que ponerse esparadrapo en forma de cruz en el ombligo durante el viaje en coche o autocar, aunque realmente no queda muy asegurado que la madre alentase ese remedio. Como decía la memoria es falsa y juega a despistarnos, sobre todo cuando lo que ha de recordarse no fue marcado y repetido con insistencia en los años a los que nos queremos remitir.

Son tópicos quizás pero sucede, lo de que los malos recuerdos y mentiras vertidas en los niños se borran con facilidad y solo sobreviven los buenos y felices momentos, y más si están tamizados por ser el padre o la madre los responsables de lo sucedido y vivido. Puede que lo de los engaños para mantenernos controlados, algunos los hayamos dejado en un cajón y olvidados por completo o al finalizar esos años nos hicieran un lavado de cerebro, que todo es posible.

 

 

Nota al texto:

*El juego consiste en decir tres Milonguillas contadas por nuestras madres y poner un vídeo de un “zapateao” hecho por uno mismo.

    **By, me metió en este juego del “Milongueo” de las madres, y se me hacía difícil aceptar, pues no ha sido mi madre de muchas mentiras al menos en mi recuerdo, pero bueno al final aquí he dejado un breve relato con el tema de las posibles falsedades que las madres vierten sobre los niños, siempre según ellas por el bien de los vástagos, esos locos bajitos que hay que domesticar como dice la canción de Serrat.

Esos locos bajitos

Serrat-En_Transito-Frontal

***Momento congelado de “Zapateao” uzbeko sobre cojín.

Zapateo uzbeko

^^Mis candidatos son los siguientes blogs para continuar con las milongas, si quieren claro. 

AgniezkaUna cabeza SembradaKarmelComedietaSin Sueño

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