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Cuando se me cayó prácticamente encima, me asusté. Un peso enorme sobre mí se abalanzaba, el hombre caía hacía mí como saco de patatas, con la cara lívida; bueno eso lo vi después, estaba a su lado, con lo que la cara la vi cuando le agarraba a duras penas para no caer los dos al suelo, con su peso muerto, casi inconsciente y con los ojos cerrados, tambaleantes ambos.

Intenté apoyarlo contra la pared del ascensor para evitar la caída y que se deslizase más suave hacia el suelo, a la vez que yo me flexionaba, para que no se golpease contra el suelo, o con el espejo del ascensor. Era un poco angustioso, esos instantes  son breves pero se hacen largos. Guardé la calma, no podía hacer gran cosa hasta no llegar abajo, a la planta cero que es donde nos dirigíamos los dos. Tenía la esperanza de que allí hubiese alguien para ayudarme a sacarlo del habitáculo y luego llamar a una ambulancia, tenía el móvil en un bolso y no podía cogerlo hasta poder desembarazarme del cuerpo. No le había conseguido posar del todo, y la cabeza se le movía como si no fuese del cuerpo inerte, como de pelele se le movía, como esos bebés que aún o tienen fuerza para sujetar su cabeza. Al llegar a la planta cero, la que daba salida al edificio, no había nadie esperando el ascensor,  – “Joder!!” pensé -.

Tuve que arreglármelas para sacarle afuera del ascensor y dejarle tumbado en el suelo. Por fin llamé a emergencias para pedir ayuda, me pidieron su nombre, y como no lo sabía me sugirieron que mirase su documentación, me dio un poco de pudor, iba a tener que registrarle, es algo violento, buscar y sacar de los bolsillos algo privado sin consentimiento y sin el conocimiento de quién es dueño, pero no era momento para divagar sobre si era correcto o no, aunque en esta situación sí que me lo pareciese por el bien del individuo. Vestido con vaqueros y chaqueta “americana”, encontré su cartera y un folio doblado, di su nombre y apellidos a la persona que me atendía al otro lado del teléfono de emergencias y me dijo que en diez minutos como máximo llegaría una ambulancia a donde nos encontrábamos.

Volví a colocar su cartera en el bolsillo interior de la chaqueta donde lo encontré, y cuando iba a guardar la hoja de papel me entró la tentación de desplegarlo para ver qué era, quizás fuese algo relativo a la salud del individuo, hay gente que lleva siempre consigo toda una retahíla de instrucciones por si les sucede algo; una desgracia o un accidente o un imprevisto que pueda poner en riesgo su vida y con ello esquivar algún error en su tratamiento, una guía para los sanitarios, bien por padecer de alguna enfermedad muy específica o por tener alergias a algunas sustancias o alimentos o medicamentos o a veces todo a la vez, que podrían suponer una pista para evitar empeoramiento del caso en vez de una mejora o solución al problema con la medicación elegida.

Dudé, pero finalmente desplegué la hoja, y rápido entendí que no era el caso de un informe médico a modo de documento informativo, estaba manuscrito y si fuese el caso pensado estaría escrito de manera más “profesional”; a máquina que se decía antes.

Pensé que debería devolverlo a su lugar sin entrometerme en su lectura, pero me pudo la curiosidad. La letra no era limpia ni fácil de leer, parecía una letra temblorosa, más al inicio, luego algo más firme y sosegada, pero toda ella como de escritura rápida, quiero decir, como esas veces en las que escribimos con premura sin la capacidad de hacerlo con cuidado, lento y legible, para su mejor comprensión por terceros, si no más como impulso por sacar rápido lo que tenemos en la cabeza, pensando que se nos puede escapar y dejar de expresarlo por olvidarlo si no lo plasmamos raudos, y la mano va mucho más lenta que los pensamientos que nos afloran y abordan en el entendimiento que muchas veces se muestra más como insensatez, y una palabra casi está encima de la otra, pisándose el espacio. Pero la primera frase fue cataléptica y no pude evitar quedar pasmado y seguir leyendo.

 

“Cuando comienza, angustia y preocupa. Ves mal, pierdes parte de la visión.

Es como si no viese del todo, intento analizarlo, intento encontrar las palabras para si tengo que contarlo y explicarlo, decirlo de la manera más descriptiva para que quien lo lea y lo oiga lo entienda fácilmente y me pueda ayudar. Lo que me sucede intento que no me lleve al pánico, intento guardar la calma, empezaré desde el principio.

Voy en el coche y miro a un lado y a otro, guiño un ojo y luego el otro, cuando tengo los dos abiertos el problema está focalizado más en el lado izquierdo,  no en sí en el ojo izquierdo no podría decir que el ojo izquierdo es el que funciona mal aunque sí que es verdad que es en la parte periférica izquierda en la que veo el problema (mejor dicho, no veo). Y es ese el problema que lo que miro no lo veo completamente, hay una parte como si no estuviera, como si en una imagen con señal digital fallasen los pixeles, como si en un puzle faltasen algunas piezas que no evitan que una el conjunto pero si hay perdidos algunos detalles, también noto en la parte lateral como un brillo y como si todo vibrara o si se ondulase como en esas imágenes producto por el calor que se ven  en las carreteras a la altura del asfalto o también en el horizonte de los desiertos. Lo que creo es que mi cerebro no consigue juntar correctamente todas las piezas que el ojo percibe, más que ocular pienso en un problema neuronal. Me alegro de no ir conduciendo, creo que sería un peligro, además tendría que decírselo a mi pareja, a la que hasta el momento he dejado al margen, sé  que se preocuparía y prefiero no trasladarle este estado un poco terrorífico.

Cierro los ojos y los abro con la esperanza de que al abrirlos todo vuelva a la normalidad, pero no es así, casi todo sigue igual.  Llego al trabajo y enciendo el ordenador, el teclado no está completo, bueno, quiero decir que no lo veo completo, pero la inercia y la costumbre hace que los dedos se depositen en las teclas correctas para meter la contraseña, los textos y los números no los percibo bien, me levanto a por agua, pienso que este estado visual puede ser por bajada de tensión, sé que ingerir líquido, cualquier líquido, hace que la tensión suba algo cuando está demasiado baja. A la tercera taza creo que he mejorado algo y me autoconvenzo que era la tensión y no otra cosa más grave. Pero empiezo a tener lo que temía me llegaría y es el dolor de cabeza, que me empieza leve, muy leve, pero que se va abriendo paso, aunque ya me adelanté y tomé un analgésico. Mi percepción es rara, estoy un poco mal, me preocupa que lo que leo en la pantalla del ordenador no lo entiendo bien. Leo pero no capto la idea, lo que en el conjunto del texto se quiere transmitir, esto me pone algo nervioso. Me voy al baño, tanta agua me hace tener ganas de mear. La vista sigue igual, quizás algo mejor,  ya no faltan piezas pero estoy un poco entre cansado y mareado. Pero no encuentro el adjetivo con el que describirlo y hacerlo entender. Temo que algo está sucediendo hasta el estómago me está revolviendo. Me gustaría irme a casa y meterme en la cama, apagar las luces y dormir, cerrar los ojos y dormir, no me da miedo no despertar, es preferible a sentirme así. Creo que lo haré, me voy.”

 

*El protagonista sufre un pequeño shock, un choque por ese cuerpo en el suelo y ese monstruo devorador creciendo en aquel papel entre sus manos, sintiendo gran fragilidad como en la canción de Nacha Pop.

Lucha de gigantes

Nacha Pop - el momento

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