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Soy tonta. Mi madre ya me lo decía desde pequeña, -“Hija, tú eres tonta”-. Cuando volvía a casa y le contaba algún desencuentro con alguna amiga, siempre me decía que era demasiado buena, que por eso mis amigas me tomaban por “el pito del sereno”, también frase que mi madre me decía mucho y que hasta hace poco no sabía muy bien el origen del dicho, seguro que ella tampoco lo sabía. Luego pasados algunos años cuando le contaba algo del trabajo, me repetía lo mismo de mi bobería, cuando tenía que hacer horas extras y me tiraba una semana entera saliendo a las mil, – “Hija, que no vas a heredar la empresa, que no te tomen el pelo”-, me decía, y yo claro, le contestaba que si fuera fácil decir que no, lo diría, que la cosa está mal como para que te echen del trabajo por no estar disponible para lo que quieran. Ella, arremetía y arremete contra mí diciendo que mi problema de siempre había sido que nunca he sabido decir que no, que de joven ya me pasaba con mis amigas, que siempre volvía a casa lamentándome de cosas que sucedían por decir que sí cuando no era la mejor opción y ahora, además de con las amigas con el trabajo. Y no quiere ni pensar cuando me decida con los chicos, y entonces es cuando yo entro en cólera y le digo que me deje vivir, y que deje el tema, y el de los chicos más aún. Pero las madres ya se sabe como son y no dejan el tema, y menos si se les indica que lo dejen estar, ahí no hay quién les gane para insistir y tocar los  ovarios. Siempre le he contado todo, o eso cree ella, por eso piensa que chicos no ha habido nunca en mi vida, y por ello me dice ahora que trabajando tantas horas nunca conseguiré tiempo para encontrar un novio, por eso se pone pesada con el tema chicos en cuanto puede. Y volvemos a las andadas y a las discusiones y al portazo antes de la puerta de mi habitación y ahora de la puerta de su casa puesto que yo ya no vivo con ella. Luego como soy tonta, me da remordimientos y tengo que llamarle a disculparme por mi comportamiento, y es que en parte mi madre va a tener razón y eso encima me encabrona más. Los sin sabores con los chicos quedaban al margen de las conversaciones con mi madre, al principio era por pudor, el pudor que se tiene con los padres a contarles los primeros juegos amorosos, dudando si serían aprobados por ellos o más bien castigándote sin salir para evitarlos. El caso es que nunca le conté ningún posible noviete de adolescente, ni después en la universidad. Los dolores del corazón en la tierna juventud los curaba con las amigas, como casi todas hemos hecho siempre. Al llegar a casa conseguía rehacerme de los disgustos y parecer que todo iba bien, pero no iba bien. En mi habitación me hartaba a llorar como cualquier hija de vecina, cuando el chico que me gustaba ni me miraba, o se iba a dar el lote con una amiga o conocida, pero nunca con servidora que era la que estaba más por sus huesos, como ya se lo había contado como secreto a la mejor amiga, y ésta lo había soltado a los cuatro vientos. Y como soy tonta, si alguno que no fuese el amor platónico me decía algo, yo como quién oye llover, ni caso, curso tras curso, y pasaron los años y mis experiencias sexuales fueron tan esporádicas y poco profundas que empezaron a crearme trauma, y mis amigas se ponían pesadas en plan mi madre con el tema de mi tontería, -“Chica tú eres tonta, con el cuerpo que tienes y no te das buenas alegrías”-, tengo que decir que por suerte o desgracia tengo un buen cuerpo, buenos pechos, y una cara agradable. Hasta que ya por fin algo cambió dentro de mí y me empecé a liberar, y ahora si puedo y me gusta alguno, dejo a Platón plantado y me voy con el tipo de turno a la cama, o adonde se tercie. No hay que pensar que ahora frivolizo con las relaciones, que traumatizada he pasado de ser una estrecha a ser una ninfómana, lo que hago es divertirme con el sexo y los sentimientos ya llegarán. Y Ahí está el problema que muchas más de las veces que desearía creo que los sentimientos han llegado y aparecen con un halo de felicidad y flores y aromas de primavera que luego son hedores de vertedero. Y aquí vuelve a aparecer mi madre, esta vez en mi cabeza, -“Hija, tú eres tonta”-.

 

 

*Las madres siempre se nos muestran y revelan cual “Casandras” y las negamos como a aquella. Pero antes o después sucumbimos y decimos que tenía razón cuando nos hablaba de nuestra idiotez y atolondramiento y nos decía cabecita loca. Y como en la canción de Amaral la sentimos en nuestras horas bajas como ángel de la guarda.

Cabecita loca

Una pequeña parte del mundo amaral

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