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Tonto y Peliroja- Danioska

Observaba desde mi mesa con mi cerveza a medio terminar la fauna de aquel local. Aunque suene un poco feo ese término y parezca degradante, es lo que mejor describe el conjunto habido en aquel lugar. Variopinta gente con un comportamiento común, el de desconectar del trabajo y ligar. Era un bar “estiloso”, de esos con decoración moderna y que ahora se denominan “Afterwork”, vamos, el lugar donde se queda uno a tomar algo después del trabajo, lo que antes siempre decíamos cañear en cualquier “bareto”, ahora tiene ese anglicismo, que me parece horroroso, presuntuoso y pedante.

Había quedado allí con unos amigos que se estaban retrasando, hacía tiempo que no quedábamos y nos conminamos a intentar recuperar las quedadas de antaño y éste era el primero de los intentos. El lugar elegido por uno de ellos por proximidad a su trabajo, era desconocido por el resto, incluido yo. Quedé un poco desconcertado, no era el estilo de locales que nos gustaba frecuentar hace años, pensé que habíamos cambiado y nuestros gustos también, al menos, sin duda, del que nos citó en ese bar.

Al llegar pedí de beber, no era cuestión de estar esperando  sin tomar nada,  se pasa mejor el rato con una cerveza en la mano y oteando el panorama, eso siempre me gustó, observar el comportamiento de los demás y claro, deleitarme la vista si hubiese alguna chica guapa o varias, entonces el tiempo pasa volado, puesto que uno incluso empieza a vagar con la imaginación sobre posibles conquistas con alguna de ellas, pensando que me miraba o yo esbozaba una leve sonrisa y ella se aproximaba sin ninguna duda, una chica lanzada. Otra fantasía era que nos mirábamos de soslayo durante bastante rato hasta que ya al final me decidía a buscar un encuentro fortuito, como pasar cerca al ir al baño y buscar cualquier excusa peregrina para entablar conversación, vamos las fantasías de cualquiera que quiera ligar en plan fácil sin mucho que rogar y que nunca se dan. Seguía en ello, en el bar, echando un vistazo. El lugar no era feo. Entonces fue cuando reparé en ellos. Ella era una pelirroja llamativa, de las que les gusta serlo, quiero decir,  llamar la atención y concentrar las miradas de ellos e incluso de ellas, las mujeres son así, no les basta con acaparar la atención de los hombres, necesitan sentirse envidiadas por otra mujeres, en su lucha, ellas siempre están compitiendo. Su vestido “palabra de honor”, dejaba a la vista sus hombros y brazos, con la piel muy blanca, de porcelana, típica de las mujeres con ese color de pelo. No se puede negar que era muy guapa, era la más atractiva del local. Ciertamente esa piel atraía como un imán, daban ganas de ir a acariciarla, seguramente desprendía un olor igualmente de atrayente. Todo en ella estaba cuidado para hacer caer a sus pies a cualquiera. Su peinado perfecto. Sus manos, con uñas largas, las uñas largas siempre me atrajeron, estaban pintadas del mismo tono de su lápiz de labios. Labios no exagerados que se dibujaban perfectos en su rostro, unos labios invitadores para el beso. Sujetaba el vaso de su combinado con una mano mientras miraba coqueta colocándose la melena tras la oreja de vez en cuando como acto reflejo, en un gesto de seducción hacia el hombre que hace unos minutos se le había aproximado. Toda ella era seducción. El hombre que estaba con ella se atusaba el nudo de la corbata, con aire ufano y petulante, con ese aire de seguridad que llevan los tipos que se creen irresistibles. Con su traje negro y camisa del mismo color, sobre la que destacaba una corbata roja. Llevaba una vestimenta un poco pasada de moda, hace años se llevó mucho ese estilo, traje y camisa del mismo color, a veces la corbata era del mismo tono también, quedando el conjunto con aspecto monocromático, la mayoría de las veces siendo el negro ese color. En la actualidad algunos siguen anclados en esa vestimenta, como algún entrenador de fútbol de cuyo equipo no soy seguidor, más bien lo soy del equipo de la acera de enfrente, pero ya pasó de moda como antes, no es tan “chic” – que palabra también poco en boga, ahora se habla más de “cool”-, los extranjerismos nos abordan a cada momento y más si es para dar nombres y etiquetas, que quedan más elegantes dichas en otro idioma. Seguía observando el aspecto de aquel individuo y pensaba que hay gente que cuando se siente cómoda con una forma de vestir le cuesta salirse de esa indumentaria, así pasen cien años y cien modas. Está bien no ser víctima de la moda, pero tampoco hay que agarrarse a una como si en ello fuese la vida. El pelo engominado hacia atrás denotaba más aún ese aire trasnochado de “yuppie”. Con una sonrisa de oreja a oreja, se le veía que era fanfarrón y bromista, lo despedía por todos su poros, claramente no podía ocultarlo, pero también claramente no lo quería ocultar, intentaba ser arrollador en su expresión corporal, transmitir la seguridad de su seguridad. El típico tío que ves, y no piensas nada bueno de él, salvo que es un poco “gilipollas”. Me imaginé que le estaba diciendo esas frase que transitamos todos, lugares comunes en el acercamiento, incluso pensé que sería capaz de decir una frase en el que fuese incluida la palabra “nena”, o más todavía, le veía capaz de esa frase tan antigua; “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?”, entre la gracieta por anticuada y el intento de sorpresa por utilizar la misma anacrónica expresión. Ella le seguía el “rollo”, nunca entendí que esos tipos gustasen a las mujeres, pero claro, supongo que para gustos los colores, y mi color también habrá a muchas que no les guste, a la mayoría diría yo, y recapacitaba sobre esto, mientras observaba a la extraña pareja, aunque en el fondo no era nada extraña, los dos típicos habitantes de esos lugares de copas y pavoneo como animales que lucirse, él siendo gracioso y divertido, ella mostrándose como “Mujer fatal”. Pensándolo bien el extraño era yo en aquel bar. Me miré, y vi que la gente estaría diciéndose lo mismo sobre mí; ¿Qué hace ese tipejo aquí?  Me di cuenta que mi vestimenta, tan “casual” – que se dice ahora – se daba de “hostias” con la del resto de seres que por allí pululaban.  Miré alrededor, y en ese momento fui consciente de que no era el lugar al que me gustaría volver, es más, estaba deseando que llegasen mis colegas para poder salir de ese antro de pijerío.

 

*Hay frases que vienen de lejos, casi son atemporales y hasta se convierten en canciones como la mítica de los Burning. Frases pasadas de moda que ya casi no se usan literales, se nos revelan anacrónicas, pero con otros modos, con otras modernidades, se busca decir lo mismo.

**NA: Este es el resultado de mi propuesta ante el reto lanzado por agniezka, en el que había que escribir un texto inspirado en la imagen de “el tonto y la pelirroja” que ella adjuntaba y que aparece arriba… Espero que haya quedado digno.

¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?

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