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Desde mi sitio le pude ver la pierna, el muslo libre de tela, piel al aire hasta la rodilla, donde comenzaba una bota alta, estilo mosquetero que tan de moda están o estuvieron no hace demasiado, las modas son tan rápidas y pasajeras que nunca sabes si algo está de moda o demodé. Al sentarme a mi mesa, no había reparado en ella, en su extremidad, cuando dirigí la mirada a ese grupo que lo formaban tres hombres y una mujer, ella de espaldas con melena larga, quizás tuvo las piernas cruzadas como suelen estar las mujeres cuando están sentadas, como costumbre por indicación en la niñez de que las chicas recatadas debían estar con las piernas cruzadas, y no semi-abiertas o abiertas como chicos.

En espera del segundo plato, hice un repaso visual al local, como entretenimiento en la demora, y fue en ese momento cuando me percate de ello, quizás volví mi mirada a aquella mesa en busca de esa melena vista antes, siempre una melena larga, lisa o rizada, más aún estas últimas, sean castañas, morenas, rubias o pelirrojas, te crea unas expectativas de belleza en el ser que la porta, quizás por ello las religiones en general hacen que las mujeres lleven el pelo tapado o recogido y escondido a la vista, para evitar despertar en el hombre pensamientos y deseos que según sus doctrinas son sucios y negativos para el ser humano, especialmente para los hombres, convirtiendo a las mujeres en portadoras y culpables de la tentación al vicio.

En ese momento es cuando vi que llevaba minifalda, la piel blanca en contraste con la oscuridad de la ropa y las botas, entiendo que fue lo que me llamó la atención y despertó en mí el interés, una piel al aire y más si es en la parte alta de la pierna más allá de la rodilla o en el escote si es en la parte alta del cuerpo, siempre llama la atención, al menos de los hombres. La minifalda era con algo de vuelo, y caía breve, casi por todo el lateral de la silla, esto quería decir que ella no estaba del todo sentada sobre la tela, al menos parte de sus glúteos, como sus muslos descansaban directamente en la madera del asiento, me excite con este pensamiento. Ella en el momento que hice este descubrimiento tenía las piernas levemente separadas, imagine el interior de sus muslos tensos. No se la veía incómoda por tener su piel al contacto con algo diferente a una tela, en roce con algo menos suave, y pensé que estaría acostumbrada, es más, pensé que muchas mujeres estarían acostumbradas a que su cuerpo esté en fricción con el mobiliario donde se sientan. La rugosa madera de las sillas o bancos, el frío de la piedra o el mármol de los asientos del metro o de algunos parques, sobre todo en las épocas en las que portando falda no llevan medias o pantys. Volví a fijarme en ella, ahora tenía las piernas cruzadas y no veía su carne, pero me fijé que su breve falda por la parte de atrás, quedaba posada en la silla, y no bajo su cuerpo, con lo que era por completo su culo libre de tela el que estaba sobre el asiento. Imaginé que llevaba tanga y que los dos carrillos estaban allí libres al aire, ahora algo tensos al estar las piernas cruzadas, y los muslos internos rozándose uno con el otro, imaginé ese tacto suave de piel con piel, fantaseé que ella sentiría su propia suavidad, y le gustaría. Volví a mi plato para seguir comiendo, pero no pude evitar enseguida echar la vista hacia aquella parte del restaurante, otra vez estaba con las piernas descruzadas, un poco más abiertas que antes. Por la vestimenta y su larga melena y por el muslo visto, – volvía a estar bastante visible-, pensé que sería joven, no jovenzuela, pero no más de veinticinco, cuando mi sorpresa fue mayor al verle el rostro, se giró en busca del camarero, ella tendría cerca de cuarenta. Era de esas mujeres que aparenta menos edad con su vestimenta que en el rostro que tienen, que si bien no denota todos sus años vividos, si que desmienten los pensados al ver su indumentaria, al igual que las hay al contrario, visten poco acorde a su juventud. Sentí casi mayor excitación con este descubrimiento de la edad, las mujeres jóvenes me atraen, pero las que son ya más maduras me seducen si cabe más. Sentí hasta que mi sexo se endurecía algo y notaba mayor apretura en la bragueta. Me sonreí al imaginar de nuevo como estaban las nalgas al contacto con la silla y no con la falda, y me llevó a recordar qué fácil es acceder con esas faldas a la piel del trasero y a la vulva, cuando el deseo se hace camino consentido y permitido y disfrutado, y me hizo pensar en el “Ramal Norte” de Metro.

 

*El protagonista del relato se deja llevar por esa visión reveladora para su recuerdo y su deseo lascivo y de voyeur, como en la canción de Estopa.

La raja de tu falda

Estopa

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