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Ella.

Gracias por tus buenos deseos. Yo también espero que todo te vaya bien y que te cuides. Recordar todo aquello me produjo una sensación rara. No sé cómo explicarlo, no soy buena con las palabras. Pero me salieron sentimientos encontrados, me siento extraña en esta situación, hasta me pongo colorada, que niñería, ¿verdad? Sacaste algo que tenía olvidado, creo que no había vuelto a pensar en esa época, pero al escribirme me surgieron muchos sentimientos y recuerdos, que pensé olvidados. Y creo que prefiero dejarlos donde estaban, ya sé que no olvidados, pero sí que sigan un poco tapados. Ha pasado mucho tiempo de aquellos años, y cada uno tenemos nuestras vidas, y parece que somos felices y eso me alegra.

Seguiremos en contacto.

 

Él

He releído tantas veces tu carta, tu escrito, tu pequeña sinopsis de vida de aquellos días, que en mi carta anterior con la excitación inicial y el deseo de contestarte tan rápido como pudiese, no me paré a reflexionar sobre algunas de tus palabras, quizás porque me centré más en mí y me cegaron las imágenes del pasado y solo te veía a ti y a mí y el barrio y los que nos rodeaban, pero creo que no supe ver lo que no podía ver porque nunca estuve presente, y que se podía traslucir en lo que dijiste.

Puede que me equivoque y esa carga negativa que en estos días he ido intuyendo y ahora veo claramente solo sea imaginación mía y nada de ello sucedió, aunque sí que me vino a la cabeza, que odiabas el trabajo que tenías y querías conseguir dejarlo como fuese. Eso sí que lo recuerdo con claridad, habías empezado en ello antes de los quince años y ya buscabas retomar los estudios que habías tenido que abandonar, y que empezaste a compatibilizar para salir de aquello. Y estas frases: “y aquello tan “humano “me golpeó en la sesera”  (…) “y lo malo de entrar en un mundo de adultos tan precoz es que a veces no se asimila, y eso me pasó a mí. Empecé a ver a los chicos como monstruos, me costó superarlo”, son las que me han hecho pensar que pudo pasar algo que solo de pensarlo me da escalofríos; Pensar que pudo haber abusos, físicos o psicológicos o ambos, me pone los pelos de punta, sentir que esa preciosa sonrisa se mutaba en la soledad en mueca de tristeza y agobio y miedo. Estas palabras me hacen entender más aún, esa necesidad perentoria que tenías de huir, de huir de todo, de salir de aquello que te debía estar asfixiando y que no dejaste que se viese. Cierto que ahora recuerdo, es increíble que aparezcan nítidas en mi memoria palabras tan lejanas, pero recuerdo vivamente como hiciste algún comentario de lo sucedido alguna vez donde trabajabas, y las palabras burdas y soeces, con dobles intenciones que te dedicaban esos adultos, que veían ya en ti una mujer por lo desarrollada que estabas, y por lo hermosa que te habías convertido casi antes de tiempo, o al menos antes de que tú te dieses cuenta. Y ahora sé que eso hizo mella en ti, mirándote en esta imagen que he rescatado, lo que veo en la fotografía es esa sonrisa tímida que tanto me gustaba pero que guardaba secretos que nadie sabía. Y tras esa figura en el papel, me llaga la música, la que tanto escuché a solas en mi habitación evocándote, con esa “cinta” de Aute, grabada de aquella que tú me habías prestado, y que oía incesantemente, junto con esa otra de Sabina que era lo último que había sacado. Tumbado en la cama, largas horas. Desde entonces esas canciones son tú en mí, son lo que ha quedado de aquellos rostros que ya no nos pertenecen.

Cuídate.

 

 

*Como dice Aute en su canción, cuando todo se difumina y se borra y solo vemos la alquimia, queda la música que nos salva.

            “Queda la música

Aute - Entre amigos

 

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