Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Ella.

Está claro que nos falló eso, decirnos las cosas.

Mira, yo de verdad tengo muy buenos recuerdos y me quedo con eso. Éramos unos pipiolos y nuestros actos surgían a golpe de mata. Los chicos en esa edad sois más carnales, creo que nosotras no tanto, es más, yo pensaba en mi príncipe, en mi mundo de hadas, siempre he sido muy infantiloide y aquello tan “humano “me golpeó en la sesera. Por entonces ya trabajaba, y lo malo de entrar en un mundo de adultos tan precoz es que a veces no se asimila, y eso me pasó a mí. Empecé a ver a los chicos como monstruos, me costó superarlo, de hecho no salí a la calle durante años, eso sí, me lié a hacer cursos de todo tipo. No quería estar en nuestro barrio, por eso me quedaba a dormir en casa de un tío mío.
Nuestro vecino el pobrecillo se paso esa época tirándome los tejos, y me agobiaba mucho. Luego fui cerrándome en mí y así estuve años. No encajaba en ningún sitio. La situación de nuestro barrio es verdad que no me llamaba la atención. Los hombres, la mayoría del tiempo en el bar, y las mujeres en casa con los niños…..no sé, en ese futuro no me veía. Y de las pocas familias que no hacían eso era la tuya, para mí inalcanzable. Luego, un verano coincidí con Anabel bastante, y me dijo que me fuera con ella al pueblo de vacaciones, no sé si debido a que mi madre le dijo a la suya que estaba preocupada pues no salía de casa, el caso es que así lo hice, me marché con ella. Me lo pase bien, allí dejé de pensar en la rutina que hasta el momento me rodeaba y volví a la realidad de la vida que no era tan mala como yo creía, ni los chicos tan tiranos como creía también.
Luego, ya casi no entraba en casa. Salía mucho con ella y empecé a ver todo diferente poco a poco. Eso sí, con un horizonte distinto al del barrio, que seguía siendo mi objetivo, alejarme de él, buscar otros lugares, otros escenarios en los que sentirme bien. De todas formas, en mi mundo fui feliz, sé que me perdí cosas pero que le voy a hacer.
Me quedo con nuestra pequeña experiencia que fue muy bonita, aunque como dices fue nada, solo deseo frustrado, y ahora hemos tenido esta oportunidad para hacer lo que no hicimos en su día, comunicarnos.

Él.

Completamente de acuerdo con lo que me escribes.

Con esto que me cuentas de dormir en casa de tu tío, empiezo a comprender por qué en mis esperas tú muchas veces no aparecías y tenía que marchame y desistir de verte, y no comprendía donde te podías haber metido y me volvía a casa todo taciturno, envidiando con quién estuvieses.

Me alegra ver que no me equivocaba demasiado en lo que presentía y veía en ti. La parte del rechazo a los chicos y los hombres también la llegué a apreciar. Y me alegra que aún con tu auto-encierro lo vivieras feliz.

Respecto a que te tirasen los tejos yo creo que en el barrio nadie dejó de hacerlo, me río pensándolo. Pero nunca pensé que él fuese uno de ellos.

Una curiosidad, antes de cambiarnos al barrio, tu vecina del patio de enfrente, la que era de nuestra edad, con los pechos enormes, no sé si recuerdas, una vez me llegó a decir que pensaba que tú y yo estábamos juntos, por como estábamos siempre y como nos mirábamos.

Recuerdo cuando te esperaba a la vuelta de la calle para que nadie viese que habíamos quedado para dar una vuelta o para ir a jugar a baloncesto, puesto que tus padres estaban allí apostados a la fresca de la tarde con los vecinos. A ellos, tus padres, no les gustaba que estuvieses con chicos. Luego, como dices, te fuiste alejando más y más, y en tu afán de cambio, de abandono de aquel lugar, me fuiste apartando, y fui creyendo y asimilando que yo no era lo que esperabas para tu futuro, y comencé a buscar otros caminos.

Me es grato ver que perdiste algunos de tus miedos, que conseguiste salir del barrio y no tener aquella vida de bar y ama de casa contrapuesta, y que encontrases a alguien que te hiciese feliz con hijos incluidos.

Es verdad, como hemos coincidido, en la carnalidad de los chicos frente a las chicas en esa época, pero yo en el fondo era bastante infantil como tú, no quiero que esto te suene mal, pero siempre he sido un poco chica en ese sentido y, creo que es por haber estado rodeado de ellas desde mi infancia, en mi calle con la hijas del vecino del final de la calle, siempre jugando en su patio, y de las que de una de ellas, de muy pequeño me enamoré, aunque es curioso que se me haya borrado su nombre, a veces intento recordarlo y no lo consigo, ahora mismo sí que me ha venido, pero llevaba años sin conseguirlo, que curioso. También en la escuela, estuve casi siempre rodeado de chicas; fui el primero que hizo una clase mixta en mi colegio, y durante varios cursos no fuimos más que dos o tres chicos en mi clase. Además mi cuerpo que se desarrolló tan tarde no ayudaba a ser un machote y que perdiese esa inseguridad y vergüenza que he tenido constantemente.

Siempre la vergüenza, siempre ese sentido del ridículo que es ridículo en sí. Poco a poco me he ido desembarazando de todos estos traumas. Y con los años, aunque algo vergonzoso, soy más lanzado.

Y claro, sin duda decirte todo esto a ti en estas cartas, eso sí que ha sido una catarsis. Me alegra haberte encontrado y que hayamos vuelto a comunicarnos. Quizás mejor que en el pasado. Además haciéndolo por escrito puede que haya sido más fácil hablar y decir y sacar lo que es y está guardado.

Cuídate.

 

*Los protagonistas del relato, se pensaron muchas veces, pero hasta ahora no se decidieron a escribirse y traer al hoy aquello de ayer, como en la canción de El último de la fila.

Llanto de Pasión

Como-la-cabeza-al-sombrero

Anuncios