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Estaba en un proceso de debilidad mental, no hacía más que cuestionarse todo, cualquier cosa se le hacía cuesta arriba, lo más nimio era una montaña a subir, cualquier revés se le volvía como un drama insuperable. Intentaba darse ánimos el solo con mensajes del tipo de los que se dan en los libros de autoayuda, comparando la vida a cosas cotidianas, para dar sentido a lo sucedido y dar un giro a los problemas que le asaltaban o situaciones que se le presentaban y que él , al menos, veía siempre como problemas.

Si era una noche estrellada y estaba angustiado, para encontrar la paz se dejaba llevar por la observación del firmamento y se decía: “la vida es como luz de luna; unas veces brilla resplandeciente y otras es toda ausencia, toda oscuridad”. Porque ante el universo que se le mostraba esa noche con esa luna y estrellas brillantes, a él se le había mostrado su día negro por completo, cayéndosele encima todo su universo personal.

El sabía que no tenía que dar tanta importancia a las cosas e intentaba trivializar. A veces en casa viendo un partido de fútbol dejaba su mente en blanco – o verde casi mejor dicho por el color del césped -, que era por el que se dejaba llevar. No atendía realmente al juego de los contendientes si no que se le iba el santo al cielo en busca de rescatar alguna imagen de lo último que le estaba intranquilizando. La duda de si conseguiría o no el ascenso en el trabajo lo estaba amargando últimamente, y entonces caía en la cuenta que allí, en casa, no iba a poder solucionar nada, y realmente en el trabajo tampoco, sus jefes ya sabían de su valía y no estaba en su mano que la balanza se decantase por él, y entonces volvía a ser consciente de la imagen de la tele y se decía: “la vida es como el Fútbol; no siempre el que mejor juega es el que se lleva la victoria” . Y cogía la cerveza e intentaba olvidarse de que llevaba más de medio año pidiendo esa mejora laboral, aunque sabía que en estos tiempos de despidos casi era descabellado exigir lo que creía que se merecía y le debían.

La situación del país tampoco le ayudaba mucho, leer las noticias era hablar de recortes y despidos, y estafa política y robos y desarticulación de los beneficios sociales que se tenían, que no eran muchos, pero más de los que los nuevos gobernantes iban a dejar. Y esa rabia que le entraba intentaba racionalizarla y pensar que son cosas de la vida, y se decía: “la vida es como la Política; nunca se sabe en qué momento nos corromperá”.

Aunque él pensaba que nunca sería un tipo corrupto. Mucha gente le decía que no se podía ser taxativo con esas afirmaciones, que quizás llegase un momento en el que si optase a ello él también entraría por el aro, todos somos débiles, le decían, y él que se conocía bien negaba esa posibilidad y se decía: “la vida es como los principios; si los pierdes será un vagar sin rumbo”.

Y cuando pensaba en esto último, en su vagar por la vida, sin un destino claro, sin saber bien el camino por el que avanzar, a veces por veredas estrechas sin margen para la elección, y dejándose llevar las más de las veces fuese como fuese la senda o la intersección o la encrucijada en la que se encontrase, realmente, en casi todas las ocasiones, se dejaba ir sin mucha consciencia ni convicción del motivo de su elección, y entonces se preguntaba para qué seguir, si el destino al que llegar era una incógnita y no sabía ni siquiera si quería despejarla ni si le gustaría aquello por lo que seguía avanzando, y en esos momentos, se decía: “La vida es como los libros; queremos y auto-imponemos llegar a la última página, pero nadie nos obliga a seguir hasta el final”.

Y entonces, cogía un libro y seguía leyendo.

*Como dice Manolo García en su canción “Renacerás. Si no te empeñas en querer sufrir”. Nuestro hombre en sus bajos momentos, respira e intenta confiar y volver a creer, y sigue leyendo.

NA: Leyendo a adwoa, descubro su entrada “el reto de los aforismos baratos” en la que se deja llevar por el reto iniciado por otra bloguera, Marina massobreloslunes, y a su vez nos incita a seguir con esta rueda sobre “aforismo baratos”. Yo no he dado para los diez que pedía el reto, pero me dejé seducir por el tema y vestí mis cinco aforismos sencillotes con un relato. Lo leído arriba fue el resultado.

Por respirar

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