Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

La ducha y el baño de espuma es para ella algo muy relajante. Le gusta en verano darse una buena ducha cuando vuelve a casa después de la jornada laboral con el calor estival. Le refresca y deja como nueva, renovada. Igual le pasa por las mañanas, necesita una buena ducha para ponerse en marcha, antes que un buen café cargado es necesario un buen chorro de agua cayendo por su cabeza y deslizándose por su cuerpo que se desentumece del abrazo del sueño. En invierno, de vez en cuando, le gusta un baño con mucha espuma y agua calentita, cerrar los ojos y dejar su mente en blanco, solo sentir el agua y las sales penetrar, hidratar y suavizar su piel. En esas ocasiones de placentero bienestar, después de los primeros minutos de huida mental y desconexión con la rutina, los pensamientos vuelven a ella poco a poco y comienza a revisar el día pasado, la semana pasada, el mes acontecido, y así, al final hace recuento sin darse cuenta de su vida, no puede evitarlo. Se cuestiona porqué está donde está, feliz, sola, “single” como está de moda decir ahora, sin pareja ni carga familiar, y aunque no le pesa, a veces echa en falta tener un hombre cerca, pero es cierto que cuando quiere sexo no le cuesta encontrarlo. Luego le sobra a su lado, quiere volver rápido a su singularidad, huyendo del emparejamiento, de la dualidad, quiere ese sentir de dominio total sobre todo lo que viva. Ya tuvo un él, que la anuló hasta solo quererle y no quererse y después solo quedó el silencio. Pero no puede evitar que cuando en su vida cesa el ruido y manda esa ausencia de sonido, él se hace presente brevemente.

Ella descubrió su cuerpo algo tarde, nunca fue mojigata en el tema sexual, pero tampoco se obsesionó con buscar el placer corporal, no tuvo esos ataques de calentura que en la adolescencia le transmitían padecer sus amigas. Ya algo más mayor sí que se le despertó un buen apetito sexual y aprendió a disfrutar de él. A veces se piensa a sí misma como una persona que se inicia tarde en las cosas, pero no siente que se quede rezagada, más bien se dice que las cosas le llegan en el momento que mejor le vienen a su vida, desde hace tiempo intenta ser optimista, ver las cosas sin dramatismo, aunque es cierto que no siempre lo consigue. Ahora, con bastantes más años a esos de los primeros impulsos, desinhibida por completo, se ha ido encontrando a ella misma.

En esos días de duchas veraniegas, en ciertas ocasiones vuelve no solo con el calor producto de la época de estío, sino también un calor interior, y al refrescarse, la ducha fría no aplaca ese fervor sexual que trajo y necesita desfogarse, y el chorro de agua es un magnifico masajeador, bien dirigido, un cosquilleo refulge entre las piernas, y ayudado por unos dedos ya expertos, consiguen dar placer a un clítoris deseoso de un contacto que haga subir por su espalda un espasmo eléctrico, espasmo que sale de sus entrañas, dejándola doblada y extasiada. Aunque en esos casos de onanismo, es durante los baños de espuma que se da en invierno, cuando más disfruta de ese roce y fricción en la parte elevada de la vulva, sintiendo esa calidez del agua a la vez que las yemas de sus dedos presionan y circundan toda la zona, centro de ese placer, y surge un profundo suspiro y jadeo, acompañado de leve taquicardia que hincha su pecho en busca de un aire que siente que le falta, hasta llegar al orgasmo.

En estos últimos años abandonó un tabú que tenía desde la adolescencia, pero que por cierta casualidad descubrió placentero no hace demasiado tiempo. Duchándose y enjabonándose, al pasar por la parte anal, introdujo levemente un dedo por allí de forma azarosa, nunca tuvo tentaciones de buscar deleite por ese lugar, que por Freud sabía que en la que infancia se encuentra placer en el control del esfínter denominándola fase anal, y aunque ya había visto muchas escenas de sexo en las que mujeres conseguían gozar aprovechando las terminaciones nerviosas de ese orificio, ella siempre lo rechazó, hasta aquel día, en el que al ver la facilidad con que pudo introducir su dedo por la lubricidad del gel utilizado, y sin dolor para ella, decidió, siempre abierta a nuevas sensaciones, explorar y probar  a dar un pequeño masaje, presionando los lados, avanzando poco a poco en busca de las paredes internas de la vagina, que al sentir esa compresión se excitó invitándola a seguir con el juego. Siguió investigando un breve rato, con cuidado y sorpresa a la vez por lo que estaba haciendo, y aunque estaba bastante excitada prefirió parar, dejarlo y posponerlo para otra ocasión, no sin antes masturbarse, esa  fruición despertada tenía que aplacarla, y tan excitada estaba por esas sensaciones que aún contenían su cuerpo que tardó muy poco en correrse fuerte, muy fuerte.

Para repetir esa sensación, ese descubrimiento, decidió que ya era hora de tener juguetes eróticos para sus momentos de intima búsqueda de autosatisfacción, nunca se había comprado un consolador, y había llegado el momento, y ya que se lanzaba pensó que un pack completo sería lo ideal para también ampliar a su recién estrenado juego y nuevo hallazgo. Su soledad elegida, a veces triste, al menos sería lo más placentera que pudiera, y desde entonces sus baños son aún mejores.

 

*La protagonista del relato con sus manos, como en la canción de Bebe, busca satisfacer las ausencias elegidas.

Con mis manos

Bebe Pa fuera telarañas

Anuncios