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La veo en braguitas blancas, ahora ya no está. Braguitas blancas y camiseta también blanca, pero se fue de mi vista. Continúo mirando, observo desde la ventana, la persiana, mi persiana no me deja ver con nitidez. Vuelve a aparecer, es un blanco inmaculado que se ve muy bien, incluso muy brillante diría; coge algo y desaparece de nuevo. Sigo impasible con la vista al frente, en leve penumbra. No me impaciento, un minuto, dos, y un tercero pasan; y sigue sin volver a aparecer por delante de la ventana. Ahora sí me desespero, quiero que entre en mi campo visual de nuevo, deseo que suceda algo. Intento imaginar qué hace en otra parte de la habitación, creo que está en el baño, pero no lo sé con certeza. Quizás se esté dando un baño o una ducha relajante con toda el agua cayendo por su cabeza y su cuerpo, bajo un chorro de los llamados “lluvia”, que ahora se estilan. Y dejo volar mi imaginación y veo caer esa agua por sus cabellos y sus hombros y más, bajando y cayendo hacia sus pechos, pechos que creo que deben ser turgentes, antes vislumbré bajo aquella camiseta blanca esa posibilidad.

Él tampoco está al alcance de mi vista, a él también le vi con ropa interior, unos boxes ajustados y el torso desnudo. Pasó por delante de la ventana un par de veces, también asió algo y ya no le he vuelto a ver. Ahora aparece un momento, pero ha sido brevísimo, ya no está, se marchó hacia la parte a la que ella se desplazó. Me dejo llevar otra vez por las posibilidades que se estén dando en aquel lugar, al margen de lo que veo. Llevo aquí plantado bastante rato, y no hay novedades, sigo mirando al frente, al interior de esa ventana que me brinda la posibilidad de ver su interior por la luz encendida, ya es de noche.

Son más o menos jóvenes, en torno a los treinta y tantos, pudiera ser que cercanos a los cuarenta. Al verles ya a medio desnudar, y no siendo una hora avanzada de la tarde-noche pensé que quizás iban a tener sexo, y yo podría estar invitado a verlo si no cerraban el cortinaje de la ventana. Por eso me he quedado en el balcón frente a aquella ventana que se me muestra como una pantalla de cine. La pantalla de una sala X, lugar que nunca he visitado, lo más que he visto de cine “porno” ha sido algunas imágenes de películas en vídeo, nunca una película al completo, algunas escenas en Internet, sí que también he visto, a veces son estimulantes.

Están tardando en aparecer los dos. Si se hubiesen duchado por turnos, uno de los dos ya habría salido hacia la habitación y le hubiese visto pasar por delante de la ventana. Imagino que se están duchando juntos, que ella entró antes bajo el chorro de agua y él se demoro unos segundos, lo justo para que ella ya tuviese todo el cabello y el cuerpo mojado, cuando él se ha dispuesto a acompañarla. Ella no fue al baño con la intención de ducharse juntos y ni siquiera él, pero al verla tan atractiva toda mojada, decidió entrar para hacerlo junto a ella.

Ella se sorprende un poco, pero enseguida se sonríe y se echa a un lado para hacerle hueco, el espacio no es estrecho pero tampoco de gran dimensión. Le da un beso en el cuello y ella se estremece levemente, la ha empezado a tocar los pechos, los tiene suaves, tersos y deslizantes por el agua, a él le encanta sentir esa sensación en el tacto de sus manos, y al pasar los dedos por los pezones ha notado como estos se han endurecido. Se pone detrás de ella, a su espalda, y rodeando con sus brazos todo su cuerpo la sigue tocando los pechos, la aproxima hacia él, y ella ya siente el pene de él bastante erecto rozándole las nalgas. Ella, traviesa, mueve su culo por la zona genital de él, y la erección termina por ascender vertiginosa, tanto que ya ella nota sus testículos sobre su culo y el pene deslizarse apoyado verticalmente por el inicio de su espalda. Ella busca a tientas con su mano hacia atrás, y nota la verga dura de él. La agarra y la masajea con suave fruición. El agua sigue cayendo ya sobre los dos, como si estuviesen bajo la lluvia en algún callejón, al que han tenido que apartarse para poder aliviar la calentura que traían por la calle, como en aquellas imágenes de “Nueve semanas y media”. Ella siente gran calor en la entrepierna, ya toda húmeda de sus secreciones por la excitación. Sigue con el miembro viril bien agarrado. Él deja una de las manos en el pecho izquierdo y con la otra, deslizándola suave y lentamente por toda la tripa y el vientre hasta el vello púbico recortado graciosamente, por el que él pasa rápidamente en busca del ansiado clítoris que presiona con su dedo corazón. Ella da un leve respingo al sentir esa presión, y enseguida abre un poco las piernas y baja el falo para que encuentre sitio entre las piernas. Él entiende lo que ella quiere, que es lo mismo que él. Ella se pone un poco de puntillas para que el pueda encontrar la manera de penetrarla desde esa postura posterior, y con facilidad consigue que entre en su vagina, él lo hace con delicadeza pero no evitando que ella sienta la dureza del miembro abrirse paso por las cavidades del placer. Da un nimio gemido, y entonces él comienza a follarla con ímpetu, ella se dobla un poco hacia adelante apoyando sus manos en la pared, y siente como él sigue con ritmo entrando y saliendo, ahora parando y moviendo circularmente para que perciba en todas las partes de su interior el pene, y ya con tal excitación, ambos están a punto de correrse , y con los últimos movimientos acompasados él ya no aguanta más y se viene dentro de ella, apretando toda su pelvis contra el cuerpo de la pareja y a la vez la mujer se está corriendo, y aprieta sus nalgas contra las caderas de él, para sentir bien el falo dentro, que ya comienza a estar sin esa tensión de hace unos segundos cuando el placer venidero le mantenía duro y vibrante. Él queda abrazado sobre la espalda de ella jadeante, y ella coge resuello saboreando este instante de placer.

Se abrazan y besan con gran amor. Y comienzan a ducharse.

Ahora les veo aparecer frente a la ventana, ambos con albornoz y sonrientes, sin duda lo han pasado bien, parecen felices. Y esa imagen me hace daño, la tristeza me embarga, otra vez me siento solo. Cada vez que allí, enfrente, veo las parejas de las que no consigo formar parte, de las que en otro tiempo huía y ahora anhelo, me ataca este malestar. Me veo como ese amante de madera que he sido, sin sentimientos, como un tarugo insensible, que no da afecto ni deja que se lo den, pero que en la soledad, frente a esas vistas y esas ausencias añoro y pido que me quieran.

 

*Luis Eduardo Aute acompañado de varios cantantes jóvenes como Christina Rosenvinge, Nacho Vegas, La Bien Querida, Shinoflow, Marc Ros (Sidonie) y Sílvia Comesnos, cantan esta petición y deseo de ser querido como el protagonista del relato quisiera para sí.

Quiéreme

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