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Se deja llevar por el ensueño, de pronto siente a alguien en la habitación abre los ojos y ve que ella se acerca hacia la cama, le mira y le sonríe. Se despoja de esa camiseta dejándole ver aquel sujetador visto antes, simple, liso, sin encajes, de esos funcionales sin costuras para que no se noten con camisetas ajustadas. La ve quitarse aquel pantalón de algodón que le hace parecer que está en su propia casa, y ya la descubre en ropa interior un instante, pues enseguida se quita el tanga con un movimiento que a él le resulta lo más sexy del mundo, bajándolo hasta media pierna y luego con un leve movimiento de caderas y piernas, haciéndolo descender hasta el suelo. Se quita despacio del sujetador y deja al descubierto los senos. Ella retira la sábana que le está cubriendo, y puede ver que ya tiene una erección incipiente. Se aproxima desde los pies de la cama.

Piensa; “vaya, sí que es decidida”

Él, entre la sorpresa y la estupefacción no puede dejar de mirarla. La ve acercarse y esa desnudez se le vuelve la belleza mayor del mundo. Sigue con el pelo recogido, pero un mechón se ha escapado de la goma que lo sujeta en coleta y le da un aire muy sexy, siempre le gustaron esos pelos liberados y que dan al rostro un aire entre la ingenuidad y la picardía. Llega hasta él y le besa, siente la calidez de esos labios carnosos, que ella tiene, muy diferentes de los suyos no muy gruesos. Siente la boca de ella fresca como agua de montaña, sus lenguas se encuentran y enredan y juguetean, suavemente. La avidez se abre camino y ya sus lenguas parecen echar un pulso, aprietan sus bocas casi hasta el dolor. Solo sus bocas se han tocado hasta ese momento. Ella se tumba junto a él, y por fin puede sentir la piel de ella rozar la suya, piel morena, que al roce con la de él le parece extremadamente suave y delicada. Ella se gira y se tumba encima, sus pechos caen lentamente sobre el pectoral de él, le parecen una delicia al contacto con su piel, los siente en su pecho, blandos pero duros a la vez, no entiende como algo puede tener estas dos características pero le parece una maravilla. Ella comienza a besarle otra vez, y sus lenguas vuelven a enfrentarse como en una batalla, en la que van y vienen oleadas de desenfreno y de languidez. Ella va haciendo y deshaciendo de él. Le guía sus manos por donde quiere que exploren. Él, bajo el influjo de un encantamiento, acata cada orden, mandato y movimiento que ella le induce a hacer.

Sienten como sus sexos se acoplan y ella con movimientos circulares en un principio y violento vaivén después, explorando el placer. Ambos están gozando y todo sin una palabra, solo respiraciones acompasadas en ciertos momentos y desacompasadas a ratos, buscando el deleite y el orgasmo, que llega fuerte como una explosión interior que les une como almas encontradas después de mucho penar, y se abrazan y alargando esa unión, ese estado de comunión. Dibujan una mueca de cansancio placentero adornado con una sonrisa de disfrute, por el hecho de goce consumado.

Siente su mano agarrando su propio sexo, agarrándoselo para evitar lo inevitable, no ha llegado a tiempo, se ha derramado manchando su mano, el pijama y las sábanas. Abre los ojos. Está solo. Ha polucionado dormido.

Oye la puerta abrirse y una voz que dice: -me marcho.

No le salen palabras. No se mueve. Sólo mira hacia la puerta.

–          ¿No te habré despertado?

–          No, no.

–          Bueno, mejórate.

–          Gra, gracias.

–          ¿Te pasa algo?

–          No, nada, ehh, ¿te duchaste?

–          Sí, te dejé la toalla en el otro cuarto.

–          Muy bien, que te vaya bien el día.

Violento, todo empapado y un poco avergonzado, oye por fin un Chao y la puerta de la calle cerrarse.

Se queda mirando el techo, se siente como un imbécil.

  FIN

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