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Ese verano, no recuerdo exactamente qué año era, tu prima llegó desde Sevilla, vino a pasarlo en casa de tus tíos, en el portal al lado del nuestro. Por aquel entonces tú trabajabas y estudiabas, o solo trabajabas, o solo estudiabas y ya habías dejado la peluquería, no recuerdo muy bien. El caso es que tan ocupada andabas que de un tiempo a esa aparte era difícil verte, y por las tardes muchas veces estabas con Ana en su casa. En cambio, yo estaba sin trabajar y había acabado las clases, con todo un verano para aburrirme. La llegada de tu prima era un cambio a lo que había en el barrio, un soplo de aire fresco, a lo rancio que se me tornaba todo, al hastío que el horizonte veraniego cernía sobre los meses próximos y quizás más allá, en esos instantes la vida se me hacía difícil, no sabía hacia dónde iría, qué sería de mi futuro. Los estudios no los llevé al ritmo que hubiese debido, habiendo suspendido algún curso por estúpido, por no presentarme a los exámenes de septiembre de una asignatura sin importancia lectiva.

Ella era, si no recuerdo mal, algún año mayor que nosotros, quizás un par de ellos. Sigo sin tener muy claro esos detalles. Cierto que me atraía, y tonteaba con ella. En esa época a un chico le atraen casi todas las chicas, y más si es atractiva, y ella lo era, o así lo recuerdo, y sobre todo tenía un buen cuerpo y unos pechos grandes, esto último a los chicos en esa edad nos atrapa mucho, (será el instinto animal). Contigo era complicado coincidir, y cada vez te me antojabas más lejana, como si estuvieses intentando escapar del barrio, de los que estábamos allí, como si no tuvieses mucho que ver con nosotros, con nuestras inquietudes que no eran las mismas las de unos y otros pero que podrían parecer las mismas, y tú sí que las veías todas ellas lejanas de las tuyas. Siempre te imaginaba lejos de aquel barrio de gente pobre sin demasiados recursos económicos, buscando una mejora, buscando un mejor futuro apartado de aquel lugar. Yo también añoraba esa posibilidad, pero ciertamente sin mucha creencia en conseguirlo, era como algo utópico e idealizado.

Cuando salíamos los fines de semana a la discoteca, no hacía mucho que éramos admitidos en ellas, tú casi nunca te venías con nosotros, preferías hacer otras cosas y te ibas con Ana, por otros lugares, en busca de otros amigos, o ya con otros amigos, que os daban otras conversaciones, otras compañías diferentes a las ya conocidas con nosotros, probablemente más interesantes para vosotras por ser novedosas, nunca lo supe. Era evidente que no rechazabas nuestra compañía, pero sí que iniciaste otro camino para ir alejándote. Te me hiciste inalcanzable y tu prima era algo nuevo. En las horas matinales, cercanas al medio día, con el calor del verano en plena efervescencia, o en la caída de la tarde, cuando el sol caía, me bajaba al portal para intentar coincidir con ella, unas veces solo, otras con el resto de amigos que éramos en el barrio. Ella con ese acento sevillano que me parecía tan gracioso, y dándome coba. Cómo no pensar en que podía enrollarme con ella, pasando tantos ratos juntos. Aunque por otra parte era consciente de que solo sería un ligue de verano, un ligue con fecha de caducidad, cuando al final del estío ella regresase a su ciudad, además ella allí tenía pareja, aunque estaban en crisis, por eso ella se había venido a Madrid, para distanciarse de él un tiempo, creo.

Hoy me recuerdas que yo tonteaba con ella, y que quizás ello abundó en que dieras por cerrada una perspectiva futura entre ambos, entre dos que nos gustábamos desde hacía años, desde nuestros juegos de chavales y en la primera pubertad, dos que nunca supimos como decirnos “me gustas”. Recuerdo aquella noche de la que me hablas, en la que tu prima y una vecina nuestra se fueron a casa de la hermana de ésta para hacer de canguros, y nos hicieron la propuesta de ir allí a mí y a otro amigo mayor que nosotros. La cosa no salió como me esperaba, y no fui yo el agraciado en pasar con tu prima la noche o, mejor dicho, la media noche, pues nos marchamos de madrugada. Fue una media encerrona que me habían hecho a mí, puesto que los dos, tanto tu prima como el amigo, ya tenían en vista culminar aquella noche juntos, lo que por otra parte ya iba intuyendo, y yo debía ser la pareja de nuestra vecina, a la cual gustaba, pero que hasta ese momento, yo no había sido partícipe de ello. La noche se me presentaba fácil para liarme con ella, pero teniendo en cuenta que era de la edad de mi hermana, y por esta diferencia de edad, que ahora con el tiempo es absurda, pero en ese momento no lo era, nunca me había planteado ni fijado como una posibilidad tener relaciones con ella, generando ese día la frustración de nuestra vecina, que sintió que era rechazada. Por lo que la noche fue una noche de frustraciones compartidas,  la de ella y la mía, puesto que mi objetivo real se había ido a una habitación con otra persona, y la noche pasó sin que yo hiciese nada, con nadie.

Ahora, tras largos años me entero de que alguien te informó de esa noche, y que fue el detonante final para borrarme de tu imaginario futuro. Si al inicio del verano casi no te veía, al final del mismo, ya nunca más nos vimos. Nunca se me pasó por la cabeza que este acontecimiento fuese conocido por ti, es más,  por nadie. Creía yo que en aquellos días no lo supo prácticamente nadie, y me sorprende. Entiendo que ese tonteo con tu prima te molestase, pero nos traicionamos por el deseo que nos ciega, y más en épocas en las que todo es un torrente y todo avanza como en una riera que se lleva por delante lo que está varado en los lados. Mirando aquel verano, lo recuerdo como el último de una época. Y ahora sé por qué fue nuestro último verano, aunque realmente ya venía diluyéndose como te contaba, con la ausencia de salidas en común los fines de semana. En cierta manera envidiaba a Fernando, que estaba más próximo a vosotras, y se llevaba tan bien con Ana, y subía a su casa, y mientras tanto yo sin saberlo, estaba fuera, en la calle, solo en espera de ser rescatado de la soledad que tanto me acompañaba. Y me dolía muchísimo veros salir por el portal, después de haber pasado la tarde los tres en casa de ella, y yo no había sido convidado, no habíais contado conmigo para estar. Y solo quería eso, estar, para permanecer cerca de ti, para seguir soñando y disfrutando de tu compañía, y oír que dijeses ese Guau!!, de sorpresa y admiración por cualquier cosa. Pero ya acechaba en mi cabeza la imposibilidad de que yo estuviese en tu órbita, me veía lanzado al espacio como satélite que debiera buscar otro planeta en el que orbitar. Y me quedé tanto tiempo esperando un gesto, una palabra que nunca llegó. Y quise hacer un gesto, y decir alguna palabra que tampoco brotó jamás. Y se fue, y se terminó, aquel verano en el que tu prima acabó por separarnos.

*Los Elegantes dicen adiós al verano como cierre de una época, igual que el protagonista que tuvo un verano en el que cerró una etapa. Un final de verano aunque sin ese adiós que le avisase que aquello acaba por completo.

Adiós al verano

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