Etiquetas

, , , , , , , , , , , , ,

Desde mi mesa en el bar, observaba a aquella pareja que parecía algo distante, bueno mejor dicho muy distante. Las caras muy largas denotaban el enfado, no estaban en su mejor día, era evidente. No se miraban, los ojos de ella con la vista perdida en lontananza, yendo tras la vidriera que daba a la calle, en busca de transeúntes que la llevasen lejos de allí. Él con la vista en la mesa, jugueteando con el vaso, (que estaba) lleno de cerveza, solo le había proferido un pequeño sorbo nada más traerla, ya hacía al menos 10 minutos.- Se le va a calentar- pensé. Desde que llegaron no habían cruzado casi palabra, salvo un inicial reproche de ella  nada más sentarse, en cuanto el camarero desapreció de su lado a por las bebidas que habían pedido. Ella, pelirroja, con melena abundante recogido en una coleta, y con esa belleza algo dura de las mujeres con ese color de pelo, tenía pecas, no demasiadas, las justas para darle un toque singular a su rostro. Ni muchas ni pocas, se diría que se eligió la cantidad justa para no afear la cara y sí para hacerla más atractiva, uno mirándola, desearía contarle esos lunares de un marrón suave, que se ven algo más por estar sobre una tez lechosa, pero que por efecto del sol, había tintado en un tono algo bronceado, no mucho, pues este tipo de pieles si se pasan con el sol, se enrojece demasiado y no toma ese color tostado. Me pareció reconocer en esa muchacha en su paso veloz cerca de mí a una actriz, y quizás eso es lo que me hizo interesarme en ellos, a él no lo reconocía. Después, ya el interés no era por ser una persona con posible fama, no era actriz de primera fila, pero sí de carrera incipiente y posiblemente podría destacar en el futuro. Como digo, no fue ese el objeto de mí interés, fue más el intentar descubrir cuál era el motivo de esa desavenencia, porqué estaban con ese enfado, qué se traslucía en sus rostros y sus gestos. El cuerpo nos dice mucho de nuestro estado anímico, y en este caso era un libro abierto, sus cuerpos aún estando cerca mostraban una predisposición al alejamiento, un alejamiento que deseaban. Cosa que me llamó la atención más si cabe: Porqué seguir allí si no querían estar allí. Los ojos no se miraban frente a frente, la vista huidiza delataba que mirarse era reprocharse, enfrentarse con los ojos del otro podría hacer que tuviesen que hablarse y quizás si hablaban, podrían decirse palabras hirientes, quizás ese fuese el motivo esencial de no mirarse, no hacerse más daño. Él intentó un leve acercamiento verbal, dijo algo inaudible para mí, no estaba próximo a ellos, por una parte esto me beneficiaba para poder observar sin ser descubierto pero por otro lado me daba rabia, pues no podía escuchar nada de lo dicho. Me gusta escuchar y elucubrar sobre lo que veo que me rodea y me llama la atención, por eso lo que sucede cerca o no tan cerca, me genera expectación, igualmente voy paseando por las calles y una ventana abierta con las cortinas descorridas atrae por completo mi necesidad de mirar y espiar lo hallado allí, me intereso por la decoración, por cómo viven los que habitan el lugar, imagino cómo será la estancia completa, pues solo vislumbro una muy pequeña parte de ella. Cualquiera podría decir que soy un cotilla y si bien no es exacto, sí que  en el sentido visual mi actitud se podría definir así, aunque en mi caso me atrevería a decir que en su sentido más suave y menos malicioso del término, diría que es más en sentido de voyeur, pues es búsqueda visual y no de saber para utilizarlo como información en beneficio propio o de daño de los otros.

En este caso como no había tenido una visión anterior de la posible discusión, o un gesto o una voz más alta que otra en la que hubiese podido intuir de dónde venía ese enojo, era más intrigante saber de dónde procedía la riña. Ella giró su cabeza, tras las palabras de él, espetándole algo y volviendo a mirar por el ventanal. Se la veía realmente enfadada. Él cogió aire e hizo un gesto de malestar, girando su cuerpo hacia un lado, dio un trago largo de la cerveza. Ella no había probado su bebida de refresco, quizás el nudo que tenía en la garganta no le dejaba tragar, quizás la angustia de la situación le hacía no tener ganas de nada, ni de beber, ni de conversar. Pero sí que se le notaba una ira contenida, un chispazo en sus ojos, dejaba ver que podría llorar si se dejase llevar, seguramente en otro lugar, sin público, seguro que ya estaría soltando lágrimas. Intentaba imaginar qué dolor le había infligido él, qué se habría derrumbado entre los dos. Sin duda era una gran decepción para ella, más que para él, o al menos él no parecía sufrirlo tanto, no parecía tan afectado. En la cara de ella había preguntas sin respuesta. Allí seguían sin hablarse, en tenso silencio, con muchas conversaciones alrededor de ellos, con muchos ruidos que para ellos quedaban en segundo plano, como banda sonora, a un inminente adiós. Desde mi mesa era partícipe de su tristeza, sobre todo la de ella. No sé porqué pero la entendía y a la vez la compadecía, era una situación incómoda para la pareja, e incluso lo estaba siendo para mí. A él le veía como verdugo e inspirador de esta situación, ella parecía preguntarle, aún sin mirarle, sin dirigirle la palabra; qué quería de ella, dónde habían quedado esos días por los que por ella vivía, qué hacía allí aún. Porqué destruyó el amor que le dio con ilusión. Porqué no se marchaba ya, y dejaba de regodearse del dolor que le estaba produciendo. En completo silencio, parecía estar gritándole ¡Vete!.

 

.     *El silencio muchas veces dice más que las palabras. Desde la distancia ese silencio nos habla a los que observamos, como en el relato, que nos muestra el final y el adiós de una relación, un silencio que parece estar diciendo márcharte, vete, igual que en la versión que hace Marlango de esta canción para la banda sonora de Malas Temporadas.

Vete

Anuncios