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Tiene lo mejor que nunca hubiese imaginado. Toda su vida se sintió a la deriva, y cuando mira hacia atrás ve el trayecto recorrido, y de pronto siente a su lado todo el presente pasado, compañeros de viaje que van junto a él, situaciones que se repiten en su mente y hasta llega a visualizar, aunque algunas quizás algo distorsionadas por la distancia, puesto que aunque siguen con él, van rezagadas. Ella le llegó como una brújula con la que no perderse, el derrotero por el que se estaba deslizando comenzaba a ser peligroso, y con su aparición, deslindó y esclareció cuál debería ser la senda a seguir. Y cuando se le tuerce el pensamiento como hoy, se siente mal, injusto con ella, injusto con él. La sensación de desilusión de lo que tiene, le quema. Todo le parece insustancial. Insatisfacción es la palabra que mejor define su estado. Cuando le ataca ese virus de nostalgias y deseos, cuando lo que posee le parece no ya poco, pero sí no ser lo que quisiera que fuese, cuando lo material no le llena y lo emocional se le atraganta y le ahoga, cuando esto le pasa la depresión le entristece de tal manera que teme por su salud mental. Y hoy está al borde de un abismo.

Su pareja regresa del aseo, con ánimos renovados y deslumbrante vitalidad. Él respira hondo, temía que con lo sucedido antes de marcharse, volviese con la tez mutada por la seriedad y las suspicacias, ahora la preocupación es no dejarlas a solas, de momento, por si la amiga le cuenta, aunque sea de pasada, su comentario invitador a la huída.

La amiga toma el relevo de su pareja, iniciando el camino hacia los aseos, y es ahora entre la pareja donde surge el silencio, que no es incómodo. Con la gente que se conoce y estima, el silencio no es turbador, no sentimos la necesidad de cubrirlo constantemente con palabrería, con sonidos, con ruidos que nos asusten menos que la ausencia de ellos. Al fin ella rompe el silencio, preguntando que si está a disgusto, y él le contesta que no, pero ella insiste en que entonces cuál es el motivo del comportamiento tan raro que está teniendo. Empieza a sentirse algo acorralado. Decide dar una respuesta evasiva, diciendo que es una percepción de ella, incluso contraataca, diciendo que al fin y al cabo, no es que él esté raro si no que está un poco al margen de ellas, puesto que están comentando recuerdos que le dejan sin posibilidad de intervenir, él no estaba en aquellas situaciones, solo podía ser mero escuchador de las aventuras relatadas por ellas. Le dice que se divierte viendo como las “batallitas” del pasado les traen a la cara la felicidad de momentos perdidos, que se las ve radiantes. De pronto ella le hace un comentario que lo pone en guardia, aún esperándolo no lo esperaba ya allí mismo, pensó que sería al regreso cuando ya se hubiesen despedido de la amiga, cuando los comentarios sobre la cita, empezasen a deslizarse entre ambos con algún reproche sobre el comportamiento poco adecuado de él. Pero tan rápido, no lo creía, le hizo repetirlo como si no la hubiese oído bien para tomarse tiempo de pensar en qué sería lo más correcto decir. Y tomó la decisión de no mentir puesto que se notaría demasiado, era tan evidente que decir lo contrario lo hubiese dejado a los pies de los caballos, es mejor una verdad innegable a una mentira muy clara por lo patente de la realidad. Prefirió contestar con un lacónico, “Sí, la verdad que sí que lo es”.

Y era tan cierto que era guapa y simpática, que negarlo era hacer el ridículo, incluso podría generar más desconfianza en su pareja. Ella le dijo que ya había notado por sus miradas que le gustaba. Más atrapado todavía se sentía, demasiado transparente para su pareja, que le conocía a la perfección, no se le escapaba nada de él, como cuando salía una locutora de Telediario y le hacía el mismo comentario, y él solo torcía un poco la boca con una mueca de medio sonrisa, como pillado en renuncio, y negando la verdad. Él enrojeció. Qué podía decir para salvar la situación. Optó por callar. A veces es lo mejor, no hablar. Al hablar se comenten errores, se dicen palabras que nos descubren y nos dejan indefensos por destapar lo encerrado y guardado con precisión para sentirnos protegidos y preservar lo conquistado. Hablar en ocasiones genera un derroche de frases que nos desnudan dejándonos a la intemperie, al frío cortante de miradas gélidas por la incomprensión de palabras que quizás no queríamos decir, que se nos escaparon por decir sin querer decir y que al final dicen más de lo que quisiéramos que hubiesen dicho. Esas ocasiones en las que queremos utilizar la verborrea para enmascarar y no ser claros, que queremos disfrazar el no decir diciendo muchas cosas, que sean vacuas, pero sin darnos cuenta empezamos a filtrar verdades que quisiéramos no decir, que se revelan tras las engañosas locuciones traídas por vocablos que intentan enmarañar y distraer. Por eso él decide guardar silencio. Cree que si habla, dirá lo que no quiere decir. Necesita pensar si sincerarse o no, si dar un paso al frente o no moverse, si mostrar toda la debilidad de su ser, o seguir con su fachada de tranquilidad y control. Si seguir con todo como hasta ahora o salir corriendo, salir en busca de lo que echa en falta en su vida, al menos lo que echa en falta hoy. Si él, que lo tiene todo completamente no se conforma con ello y abiertamente lo menta, o sigue conformándose con una vida que no le llena.

 

*Anni B Sweet nos deja esta versión para el recopilatorio de Mun Records, en la que el protagonista de la canción como nuestro personaje, teniéndolo todo le parece poco.

Completamente

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