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Están incómodos, la incomodidad que les produce el silencio, ese silencio que en nuestras vidas queremos evitar, sobre todo con extraños con los que no nos sentimos afines. Los viejos tiempos traen estos silencios que se tintan de cierta comicidad para aliviar esa tensión y ese desasosiego de las voces calladas.

Sentados, rodeados de gente pero al margen de todos, en aquel lugar donde situaron su encuentro, en esta estación de estío, de suaves calores en la que nos hallamos, en la cual siempre estamos con el ánimo abierto y con la urgencia de experiencias nuevas o renovadas, o traídas de antes, de las ya pasadas, pero sin duda, con el deseo de exprimirlas como vida atrapada; ahí están los tres, mirándose con la sonrisa algo forzada.

El reencuentro de viejos amigos trae al presente el pasado de aquellos días que compartieron, un pasado que se agazapa en un rincón pero que siempre está, el pasado nunca deja de ser presente, lo ya sucedido y vivido no queda atrás, si no que forma parte de cada hora, de cada minuto, de cada instante del ahora. Lo recordado, a veces, no se sabe si ha sucedido tal cual lo contamos o ni siquiera si ha ocurrido, pero al contarlo y creer que ha sucedido, ya es como si hubiese sucedido, si es que no sucedió de esa manera.

El presente siempre está modificado por el pasado, que no es pasado, puesto que cuando recordamos ya es presente, y las decisiones de ahora están teñidas por lo que pasó, que ya es actor activo de lo que pasa, pues la conversación, las determinaciones que tomamos están motivadas por lo ya acontecido que es el motor de lo que hoy hacemos, de lo que hoy oficiamos. Después de un momento de miradas esquivas, finalmente comienzan las palabras a hacerse camino, y de repente fluyen raudas, y el verbo hace partícipe a los tres del presente que comparten en este espacio de tiempo que se muestra hoy de tres cuando antes fue de dos. Los actos del pasado que aparecen como una visualización tan real que parece que pasan ahora, y ciertamente son ahora pues la incomodidad de algunas de las imágenes a uno de los partícipes le ponen en guardia, y comienza a utilizar la ironía y la maledicencia en sus respuestas y comentarios, y busca con sus preguntas saber lo que cree que se le oculta. Y los nombres que surgen en la conversación, conocidos para dos y desconocidos para el tercero, crea discordia, y revela que el presente no es del todo compartido porque él no forma parte de escenas que están en la esquina del presente del otro, de la pareja que hoy no es su pareja y es pareja de su amiga por lo compartido. Los celos infundados o con fundamento, pues nunca se sabe en el fondo si lo hay, puesto que no podemos saberlo, no estuvimos allí. Nos tenemos que ceñir a lo que nos cuentan y lo contado a veces no es claro y transparente a nuestro entendimiento, y las sombras nos oscurecen el presente al salir las vivencias de ayer a pasear un rato por la habitación que se comparte. Y en este estado de excitación dolorosa se encuentra, por sentir que lo sentido por ellas no es compartido con él, y se siente apartado, como si le lanzasen fuera del presente, y ya duda si será parte del futuro o quedará para la nostalgia de otro presente en el que no será activo participante.

La incomodidad inicial de ellas ya se diluyó, y desparecida, brota la satisfacción del reencuentro, de vivir este presente tan adornado por muebles del pasado que toman actualidad como elementos renovados, ”vintage” que llaman ahora, y adquieren un cariz nuevo, más atractivo quizás incluso que cuando fueron allí puestos. Y él, cada vez se siente más pequeño, más vulnerable, más fuera del lugar compartido por los tres, y las dudas que nunca tuvo aparecen con fuerza, y la envidia de no haber disfrutado de aquella existencia, lo llena todo y se levanta y se va y quisiera que cuando volviese ella, la amiga de su pareja se hubiese hecho humo, que ese presente no hubiese sido, pero ya es tarde, ahora él tiene un nuevo presente marcado por lo acontecido a otros y del que ahora ya no se podrá desasir, acaba de recibir una herencia de la que no podrá despojarse, y allí en el baño frente al espejo, con toda la pesadumbre que le agota, siente que todo se ha derrumbado, que ahora los nombres y lugares oídos son sus lugares aún no habiéndolos conocido, ni disfrutado, y ahora se siente más vacío, se da cuenta de lo poco que ha vivido, de que no entiende nada de lo sucedido hasta el día de hoy, que la mentira maquilla todo. Todas las vivencias están pérfidamente delimitadas por medias verdades, evidencias que dejan de serlo, transformándose en engaño. Y comenzamos a percibir, quizás equivocadamente, falsedad y disimulo en quien creemos que nos ama y nos quiere, y así pensando en ello, sigue mirándose en el espejo, que le devuelve una imagen que no conoce, aunque la observa con detenimiento y percibe que no se reconoce en esa imagen, pero tampoco en el fondo, en lo que hay tras ese rostro. Se da cuenta de que no se conoce a sí mismo. Y esa vida de certezas que tenía hasta la llegada de la vieja amiga de su pareja se frustró de un plumazo, y se pregunta si quiere volver al encuentro de ambas, pues entiende que todo ha quedado trastocado por esa pretérita presencia, que ya es presencia presente, y que se ha entrometido de tal manera en su vida que ahora no sabe por dónde ir, se ha dado cuenta de que no comparte tantas cosas con quien todo creía que compartía, que ya nada puede ser igual, él no puede fingir que todo da igual.

*Nuestro protagonista en el relato se ha topado con que el presente se le ha trastocado, sin entender muy bien que ha sucedido. Como Efecto Mariposa que no entiende hoy de nada en su canción.

Hoy no entiendo de nada

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