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No estar, no querer jugar. Bajo la persiana para no ver, cierro las ventanas para no oír, no me llaméis, no voy a salir. Ya mi piel no quiere sentir. Huyo de todo, no entendéis que quiero cesar de seguir, ausentarme de vosotros y que vosotros os ausentéis de mí. Dimito de lo que esperáis de mi, ya no quiero defraudarme, ni traicionarme, solo busco vivir, pero lejos de aquí. No quiero formar parte vosotros ni que vosotros forméis parte de mí, no quiero justificarme solo quiero dormir. Descansar de vuestras rutinas que me absorben la vida, esa que ya no quiero vivir, y cerrar los ojos para no ver, y cerrarlos para poder huir. Los amores que me donáis no los quiero, esos me atan a este mundo y necesito romper con ello, por eso no puedo seguir. Encerrado en mí, buscando solo la manera de sacarme de dentro este vacío que lo llena todo y ahoga y asfixia, es la manera que tengo de desasirme de lo que rodea mi existencia, que quizás ya no quiera.

Partir, esa palabra, dice tanto a la vez para mí, significa emprender el viaje pero también significa ruptura, por eso quizás ese verbo que lo llena todo, que lo aúna todo, sea el que ronda constantemente en mi cabeza. Inicio de un viaje, búsqueda de un nuevo destino, quizás no espacial pero si mental, marchar hacia un nuevo horizonte, emigrar hacia nuevos sentimientos que no estén emponzoñados por lo baldío y lo que nos ha secado. Mudarse y mudar a los otros, por otros nuevos o mejor por ningunos, para ser solo y solitario, para no sufrir, y no dañar. Abandonar el lugar, y los sentimientos, quedarse carente de afectos y emociones, ser un Ser vacuo. Irse, no ser. Partir también es cortar, fragmentar, romper con todo lo que hay, o creemos que hay, pues llegado este momento dudo de que haya algo. Miro dentro y lo que hallo es el enrarecimiento que lo llena todo. Separar y separarnos, eso es partir. Separar de nosotros lo que no queremos o hemos dejado de querer, y aquello que se agotó y que antes nos daba fuerzas y razones para ser y estar, y todo esto nos lleva a separarnos sin muy bien saber el fin de ello, el motivo que nos empuja, pero que nos obliga a correr hacia un lugar nuevo, como tierra prometida donde descansar. Descanso para nosotros y para los que nos rodean, puesto que nuestro estado anímico, osco y duro les hace mal y nos hace mal a nosotros. Y todo se vuelve noche en este encierro que necesito, y no sé ni siquiera, si quiero que llegue el día. Si prefiero quedarme así en la oscuridad tenebrosa y que la tristeza sea razón de ser, razón de vida, o esperar que un rayo de luz me devuelva las ganas de vida, o romper por siempre con esta rutina.

 

*Christina Rosenvinge pide que la dejen dormir, al igual que en el relato el protagonista pide que le dejen no ser, no estar en este lugar.

Cerrado

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