Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Por fin te he tenido, esta noche te he tenido, esta noche la he pasado contigo, soñaba hace tanto con este momento que se hacía eterno y hoy me paseé por tu cuerpo con todos mis sentidos. Mis manos, mis labios, unidos con un mismo fin, el placer de estar contigo y darte placer que siempre es mi mayor anhelo, y mis ojos que no querían perder detalles lo han grabado a fuego. Había preparado tanto este momento que no podía ni quería dejar nada a la improvisación, aunque todo ha sido improvisado y no esperado hoy, pero si fantaseado mil veces cada vez que te alejabas y yo cerraba los ojos para quedarme con esa imagen, para robarte el alma como dicen algunos indígenas cuando les hacen fotografías.

Y de pronto todo se hizo presente y real. Tú estás aquí a mi lado. Despacio, lento, suave, es tu petición, siempre tranquilo, todo tranquilo, relajado. No quieres ningún estrés, el sosiego es tu fin, te gusta saborear los momentos y dices que eso solo se puede hacer despacio, con calma, relajadamente. Y así lo hago, alargando cada uno de mis besos, cada una de mis caricias, muy suavemente, enredándome a tu cuerpo, y tú dejándome hacer.

Miro tu desnudez que es la mía, la de mi alma ante ti, estoy despojado de todo en tu presencia. Y tu cuerpo resplandece en la semioscuridad en la que nos encontramos, donde me puedo recrear con tus curvas rotundas de mujer, alejada de las sílfides doncellas que poco me atraen. Mis manos no resisten más tiempo estar alejadas de tu piel, y se lanzan al tacto de tus senos que solícitos me esperan y me atraen como imanes. Mis dedos buscan tus pezones, y después se deslizan por el contorno abismal hasta tu vientre, surcándolo seguidamente hasta llegar a ese vello púbico tan recortado por el que retozo y me recreo un rato, y me dejo llevar en busca de ese punto donde la yema de mi dedo te hace estremecer, con leve opresión inicial, y después con un pequeño masaje para aumentar poco a poco la presión y el movimiento rítmico de mi dedo que ya no es uno si no dos. Y mis labios ardientes recorren tus pechos, y se detienen en la cúspide rosada que en el fragor del encuentro se tornan carmesí. Mi lengua sale en busca de tu pezón que lame con delicadeza y mis dientes aprietan esa dureza hiniesta, redonda y alargada a la vez, como canica deforme que tanto me excita ver así y jugar con ella. Pero no me detengo ahí, sigo besándote toda la piel que se muestra como estepa entre tus pechos y el surco entre tus piernas. Paro mi mano y tú destensas por un segundo todos tus músculos contraídos por ese gusto que te está recorriendo todo el cuerpo, y tiene su centro en ese punto, vulva volcánica, a la que me dirijo ávido de que se encuentre con mi boca, que pretende besar, y succionar. Deslizo mi lengua por todo tu sexo, de abajo a arriba, rozando todos tus labios cómplices de mi boca, y tú sientes mi respiración entre tus piernas. Ese aire que exhalo te hace sentir cosquillas, que te hacen sonreír. Y te retuerces aún más, cuando mi lengua pasa con deleite por tu clítoris, y mis labios lo aprisionan con cuidado de no hacer daño pero dar placer, y tú ya agarras mi cabeza pues ya no puedes soportar dilatar ese orgasmo venidero que te está recorriendo todo el cuerpo, tu piel tersa se encrespa y sientes como por la nuca el cabello también. Y te dejas llevar, y yo al ver tu placer lo convierto en mi placer y mi sexo duro y erecto, no aguanta más su flujo interno y me corro contigo, a la vez, y mi semen deja toda la sabana empapada, dando y recibiendo placer, y exhaustos seguimos uno al lado del otro con la respiración alterada y sin resuello pero felices. Y una leve lágrima se me escapa, cuando despierto mojado por tanta felicidad y desventura por no ser cierto lo sucedido. Y conformarme con tenerte en sueños es lo que me queda desde que me dijiste: “ni sueñes que te quiero”.

 

*Raimundo Amador y Andrés Calamaro nos cantan el gustito de estar enterradito entre unas piernas, como en el delirio del sueño.

Ay que gustito pa mis orejas

Anuncios