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Tuve un escalofrío. No supe el motivo, ni de dónde provino, quizás podía ser una corriente de aire la que me erizó. Pero como no había brisa y sí hacía calor, creí encontrar la reacción del cuerpo en ese motivo, el del calor. Hay veces que cuando viene un golpe de calor el cuerpo lo refleja con un escalofrío, al menos a mi me pasa. Luego pensé más detenidamente, que no era algo externo, era algo que me venía de dentro. Podría, siendo cursi, decir que era del corazón, pero voy a ser más racional, me vino de la mente, del deseo de traerte a mi lado que me asaltó. Recrearte sin tu permiso. Ese permiso vetado largo tiempo atrás, cuando decidiste negarme el visado. Y fue lo que me pasó, vi tu imagen y el frío me recorrió,  casi sin darme cuenta estaba viendo tus ojos brillantes, que se cerraban lánguidamente, provocando que esos parpados ya caídos no pudiesen ser si no besados por mis labios decididos. Tus manos exultantes de vida por tocarme, por acariciarme, por recorrer primero mi rostro con suave roce, buscan rápido mis palmas para acariciar los surcos de mi vida, que sueño serán también los de tu vida. Siento la delicadeza de tus yemas como avanzan hasta encontrar el abismo entre mis dedos, y dejarse caer por ellos, enlazar tus dedos con mis dedos, y apretar las manos como si fuese de vida asidero. Y en ese estrujarnos y apretarnos, hay mucho, hay sentimiento desbocado, ese acto nimio es amor desaforado. Esa opresión de manos, este estrecharnos, es darnos los miembros que a otros privamos, que para otros evitamos. Y agarrados nos acercamos, para que tras las manos vayan los antebrazos que se rozan y sienten la piel suave del otro, en esa parte sensible y delicada del interior del brazo. Y tras esa breve fricción, las manos al soltarse exploran con destreza, con caricia sincera, ese mar de venas. Las manos desprendidas, ya libres, salen ociosas en busca del cuerpo, en busca de una cintura que es el sosegado paso hacía la espalda que tentar, espalda que recorrer y abrazar, para así nuestros cuerpos juntar. Esa espalda que me diste para no verme y no mirarme a los ojos, espalda que me denegaste, hoy sí voy a rodear con todas mis fuerzas. Y ceñido mi cuerpo al tuyo, noto tus pechos sobre mi pecho. Y esa blanda dureza, me excita, y despierta en mí todo el deseo sexual que hasta el momento solo era tierno deseo, y mis manos están tentadas a buscar esos senos cálidos que siento en mi cuerpo.  Y Tan cerca y próxima te sostengo, que no puedo evitar que el roce de mi cuello en tu cuello me haga estremecer  y percibir que mi sexo se inflama, y mi boca busca ese preciado espacio del cuerpo que es tu cuello, que al contacto de mis labios, recibe un placer que lanza por todo tu ser con desenfreno.  Locura que hoy no podrás sortear, hoy mando en este sueño, y apartado de estos trances hace tiempo, hoy mi pensamiento es fiero, hoy no podrás eludir mis besos. Y te retengo junto a mí, y mi boca ávida de ti, busca subir hasta tu oído para musitarte el amor que te tengo y que necesito. Avanzo con mi mejilla por tu mejilla convertida en desierto de calor incandescente. Tus labios quedan a un paso de mis besos guardados,  que vengo esta noche a entregar. Déjame rozar mi nariz por el borde de tus parpados, recorrer todo tu rostro que con respiración entrecortada ahoga mi alma. Y no puedo demorar más lanzarme en pro de tus labios que se abren para recibir los míos, para recoger mis besos y toda mi vida que va en ellos, y esa atracción que ejerces en mí hace que me diluya por tu boca, esperando que hoy no me digas que no, que hoy si me abras tu cama y recorramos nuestros cuerpos con la pausa necesaria de un amor infinito que ya vimos finito. Y me quedo llorando, triste y desvalido, sé que este fue un recorrido de éxodo definitivo.

 

*Nadie nos puede impedir soñar con nuestro amado, aunque nos haya negado su presencia en el presente o en el pasado, en sueños no lo puede hacer. Y a veces nos ataca el deseo de estar y recordar y nos dejamos llevar hasta que se nos arrebata el alma… Toni Zenet nos pone música para este soñar, para el que él pide permiso…

Soñar contigo

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