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Es duro decir se acabó, y sobre todo es duro sentirlo, sentir ese frío que llega cuando ya no hay llama, sentir que ya no se ama ni cuando se ama, cuando uno se derrama sin amor, es como si se diluyese en la nada, como si se fuese la esencia vital, que se debería guardar para quién verdaderamente te ama. Y no quiero sentir el hielo en mi piel, prefiero no tener que pasar por ese trago, prefiero si me das a elegir, quedarme a tu lado. No puedo recordar los momento malos que fueron muchos menos que los que no fueron malos, que los buenos son mil veces más recordados y placenteros que los malos pasados. Si me das a elegir, aquellos malos instantes quedan borrados y jamás serán traídos a nuestros días, quedarán en el pasado, nunca volverán a nosotros, si me das a elegir, los dejaré desterrados, y quisiera por siempre apartarlos de tu lado. Traigo a mi cabeza los días de sonrisas, y miradas cómplices que tan feliz me han hecho, que han generado esa locura por ti, ese deseo desenfrenado de quedarme a tu lado, de sentir tus manos jugando con mi pelo enmarañado, como cuando el heno era colchón y sábana para nuestros cuerpos enredados, jugando a conocernos mientras nos enamorábamos. Y desde entonces solo quiero quedarme a tu lado. El verano nos trajo noches estrelladas agarrados de la mano, frío en la madrugada que nos hacía acurrucarnos, buscando el calor de cuerpos abrazados, cuerpos que tiritaban de sentirnos dichosos y afortunados. La pasión despertada a cada paso, a cada segundo compartido, que celosos guardábamos a los ojos de los otros amigos. Argucias para no dejarnos descubrir, mentiras piadosas para huir de las miradas clandestinas, juntos nos perdíamos por callejones sin salida.

Y tú ahora dudas de todo, me dices que no estás segura de que las noches antiguas sean el mejor recodo en el que cimentar el futuro, que lo piense, que quizás el cansancio desgastó la relación de algún modo, que lo que hubo quizás quedó trillado en aquellas eras, en aquellos estíos tardíos. Los mismos que rememorábamos en las tardes de invierno frío, cuando volvíamos a juntar nuestros cuerpos en los paseos por los parques cercanos al río, ahora me los muestras como deseos esquivos, momentos arruinados, pasado el tiempo en el que lo vivimos. Y no entiendo nada, yo que he traicionado todo mi ideario por estar a tu lado,  y deje de volar, porque sin ti no vivo,  te lo repito: Si me das a elegir me quedo contigo. Y temo que no me des a elegir y tenga que emprender el camino. Y temo que no me das a elegir, temo que tú ya has emprendido un viaje con otro destino.

 

*Hoy empecé a escribir, y al buscar música para ajustar al texto, fue el texto el que se empezó a transmutar y acoplarse a la música que escuché de Manu Chao, dando como resultado el relato que os he dejado hoy. La música es una vieja canción de Los chunguitos que Manu Chao nos versiona y es la que escuchaba para el relato, pero como homenaje al original y a mi barrio, hoy os dejo las dos versiones.

Me quedo contigo”                               “Me quedo contigo

    

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