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Ayer soñé que me iba lejos de la casa, que ya no estaba cerca del árbol de mi niñez. Ayer soñé que se me curaban todos los desafectos de golpe, que los afectos encontrados borraban todos los otros desacordes, que aquel ojo azul, me había rescatado de la sombra y daba una nueva luz, alejando la oscuridad inmisericorde, y me perdía en toda su inmensidad, y me envolvía de verbo y plástica greguería.

Soñé que entraba en un jardín de violetas enormes, que un tiempo estuvieron dormidas pero ya no lo estaban, despertaron para inundar de su perfume todo el vergel donde me esperaban unos bellos ojos insomnes, de mirada cálida y sensual, y sexual brillo de pupilas, que atrapan en la noche, que llevan a la catarsis de deseados y anhelados amores.  Allí, en aquel lugar, sobre una mesa, como en una comedieta de teatro absurdo, me encuentro un menú delicioso con aromas de cierzo, y ese viento me recuerda que el desajuste social también es un desafecto y un desaliento que quizás también lo encuentre curado en este sueño.

Llevado a este edén por un piloto en vuelo nocturno, que con su ideario, recordé noches de infortunio, cuando la lectura me llevaba a otro mundo, para refugiarme de este universo absurdo, y mientras recreaba esos momentos con gran sentimiento, de fondo, traído por el viento, oigo canto gregoriano que me traslada a tiempos lejanos. Y salgo como melómano loco en busca de su origen monástico, por una senda al margen del camino principal, y me desvío, sigo un arroyo y veo el agua avanzar y me pregunto por cuantos ríos pasará, y en su vagar percibo sonidos de versos perdidos, de recuerdos mediterráneos, y en su viaje hacía el mar, veo a lo lejos mover la noria de un molinero que por allí quería habitar, aunque su sueño era viajar.

Las aguas fluían por un bosquecillo donde los makis no tenían casas y pescaban con balas en el anzuelo, estaban perdidos, no les quedaba nada, más que silencio en los bolsillos, acostumbrados a tanto sigilo. Y aquel paraje me pareció una foto de otro tiempo y necesitaría mil palabras para describir su belleza, su tranquilidad, y su sosiego, que me devolvió a la mente, un recuerdo de niñez, hechizado por aquella felicidad como surgida a través de una lente, distorsionada por exceso de autoestima, transformada en cálido verano, estío de sol y bicicleta, de primeros amores perdidos, amores no cumplidos. Ese pensamiento me traía un mar de palabras, una verborrea mental, de delirios, de tiempo ya indefinido, que me mareaba y se traslucía en fantasías inconexas, que me llevaban de la tumba de Tutankhamon en un Egipto de película, al desvarío de un Fhurer que como un diablo con la espina rota, mata moscas con el rabo. Y salto a Bulgaria sin entender nada, necesitado de una realidad necesitada y al final caigo rendido como si tomase frutos envenenados, de este bosque enmarañado del que salgo alucinado, y me arrastro ciego cual Borges hasta la arena de una playa que me parece la del río de la plata, donde una gaviota sensible mira con nostalgia la imagen varada de una mujer. Una Eva llena de poesía, como Venus nacida, surgida del mar dentro del espacio de una concha, como si hubiese ido naufragando por los mares de la vida y hoy traída a esta costa por la marea, después de una tormenta, como en otro tiempo llegaron los restos de la Baquedano, se muestra desnuda con la piel sajada por los guijarros, por el azote del viento y los sinsabores cotidianos. Y despierto como en un cuento de paranoia relativista que me deja a la vista mi alter ego, dulce y ácido de desafectos infundados, que soy yo, y de los que no me he librado. Y dejo de soñar, y agotado me doy cuenta que hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol.

*Hoy he traído un escrito onírico en el que entráis todos los que me seguís y habéis hecho posible pasar de las 4.000 visitas. Sin vuestra lectura quizás no hubiese insistido con mis desafectos. Espero que cada uno se haya visto en el texto y encontrado (en negrita), en el pequeño guiño que os he hecho. Un recuerdo para todos los que alguna vez me leen pero que no sé quiénes son y no entraron en el cuento, también para ellos todo mi afecto y mis respetos.

La música para el relato, se la cojo prestada a Silvio Rodríguez que siempre me despierta con esta canción ese deseo de regresar al hogar, para descansar y estar al lado de nuestro ser amado.

Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol

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